El piano ibérico de Chano Domínguez

Pocos instrumentos más maleables que el piano, que, pese a los puristas que defendieron y defienden que de sus notas solo debe emanar música clásica, lleva décadas permitiendo que sus teclas se presten a otras músicas, a otros ambientes, a veces tugurios sublimados por la poesía canalla: jazz, blues, bossa nova, tango, sonidos étnicos, copla, flamenco... Ray Charles, Herbie Handcock, Tete Montoliu, el tándem Valdés (Bebo y Chucho), Michel Camilo, Brad Mehldau, Lalo Schifrin, Prisca Dávila, Stefano Bollani... son solo algunos nombres. A ellos hace tiempo que se sumó un gaditano, Chano Domínguez, quien ya fuera teclado en Cai, el grupo de rock andaluz (junto con Imán. Califato Independiente) con el que muchos de mi gneración vivimos los primeros conciertos. Ayer noche, recién llegado de México, donde ha ofrecido conciertos con Wynton Marsalis y Paquito D'Rivera, Chano Domínguez presentó en el Teatro Falla de Cádiz su disco Piano ibérico, una compilación de versiones de grandes temas de la música de compositores españoles como Albéniz, Falla, Granados y Mompou, además de tres composiciones propias, como "Mantrería", "Canción triste" y "Cuando te veo pasar". Si ya escuchar al gran Chano Domínguez es una delicia, verlo acompañado por la voz rota (escuela de Camarón) de Blas Córdoba, "El Kejío", la percusión de Israel Suárez, "Piraña", y el taconeo y baile endiablado de Tomás Moreno, "Tomasito", fue un disfrute de los que uno quisiera meterse en el zurrón para sacarlo de vez en cuando. Como no fue posible, le pedimos con aplausos que lo alargara, y Chano tocó unas alegrías de Cádiz arropando a El Kejío. Para llorar de gusto. Espero poder decir algo parecido mañana, después de escuchar esta noche en Sevilla a Cristina Rosenvinge.

Los Ory que conozco

Este es el breve texto con el que contribuí al homenaje a Carlos Edmundo de Ory que se hizo en Cádiz en diciembre pasado:





LOS ORY QUE CONOZCO




Lo sabemos hace tiempo: cuando un poeta se va, se quedan los pájaros cantando sobre la luna negra de un pozo blanco. Ory fue -es- negro sobre blanco, peregrina noche fugaz errático bulto inmenso y sombrío, pero también leche blanca y heno. Ory es -fue- ausencia y canción, cuerpo de niño psíquico en el aire inexistente de un cajón vacío, mas también jinete audaz en los caballos raros del lenguaje. Ory fue -será- amor y disensión, amante corrompido de flores, preceptor de muchachas castas que besan con las puertas y los labios encendidos, pero también un loco con permiso divino que escribió sobre una hoja de papel con una mancha en su virginidad. Estos son los Ory que conozco, los que sobreviven al canto de los pájaros, voces del hombre Carlos Edmundo que se fue mitad soñando y otra mitad dormido.

I Ruta Fernando Quiñones

Estos Silenos cumplen hoy tres años de baile, con un saldo excelente sobre todo de amigos. Para celebrarlo, nos hemos ido esta mañana temprano (las 10,30 es temprano en sábado) a la I Ruta Fernando Quiñones, organizada por Blanca Flores y Juan José Téllez. Gente, gente y más gente (unos ciento veinte, según los organizadores; unos trescientos, según la policía). Una iniciativa necesaria, visto el olvido en que los políticos (sobran todos, como el viento puñetero) tienen a Fernando, el poeta, el narrador, el flamencólogo, el gaditano de veras, el disfrutón de la vida en lo que tiene de bueno, que es bien poco (amor, vino, literatura y más amor...). Y he de decir que la Ruta ha sido un éxito de convocatoria, de entusiasmo, de cante y poesía en las calles de Cádiz (Bar Lucero-iglesia Santo Domingo-Pay-Pay-Callejón de los Piratas-San Juan-Mercado-Palillero-Rosario Cepeda-La Palma-La Caleta), con broche de oro en la estación término (y sigue): la Peña Flamenca Juanito Villar. Un rosario de actos desenfadados, presididos por la sonrisa, que es la mejor presidenta: representación dramática de fragmentos quiñonescos por Montse Torrent y Kiko Butrón; lectura de textos narrativos y periodísticos por Paloma García y José Pettenghi; poesía en labios de Téllez, Mariela y Mauro, hijos de Fernando, Merche Pons, Pepe Maestro, Charo Troncoso, Josefa Parra... Hasta yo me he permitido la licencia de hablar algo de Fernando y leer un par de poemas. Algo había en el aire de Cádiz hoy que invitaba a participar, a cantar por bulerías de haber sabido uno meterse en ese cante, o en otros sones, como el cubano, o el tango, o la copla, o la fusión (sin in)... Pero allí había gente para hacerlo, bien trabajada en la tablas, como el Chipi y La Canalla (especiales, especiales), Carmen de la Jara (¡larga!), Inmaculada Márquez (portento de la naturaleza), Inmaculada Mora (voz secreta del amor oscuro) y Manuel Martín (La Hoguera), Alejo Martínez (prodigio isleño, allí o acá), Ignacio Lobo (voz umbría, nemorosa).
No sé si habrá más rutas en años venideros, pero esta ha sido sonora y será sonada. La viuda de Fernando dijo algo irrefutable: "qué coraje le habrá dado no estar aquí".




























ENHORABUENA, BLANCA Y JUAN JOSÉ

(1: Parte de los asistentes en torno a la estatua de Fernando, donde se hizo ofrenda de arenques y flores; 2: lectura de Josefa Parra; 3: Inmaculada Márquez y Alejo Martínez; 4: Inmaculada Mora y Manuel Martín (La Hoguera); 5: Carmen de la Jara