Un microrrelato ordenado


SÍNDROME DE ESTOCOLMO

Me ordenaron que los acompañase y, extrañado, obedecí. Me ordenaron que entrase en aquel vehículo y, asustado, obedecí. Me ordenaron que me desnudase en aquella sala inhóspita y, temblando, obedecí. Me ordenaron que me tumbase sobre aquella mesa fría y, tiritanto, obedecí. Cuando me ordenaron que no respirase y permaneciese quieto, obedecí sin sentir ya nada. Y estaré eternamente agradecido a aquellos seres extraños por poner orden en el mayor de los desconciertos.

Un microrrelato con rúbrica


LA FIRMA DEFINITIVA

No es el notario marbellí persona que se inquiete fácilmente. A lo largo de treinta años de profesión ha estampado su rúbrica en cientos de documentos de transacciones importantes: apartamentos de lujo adquiridos por empresarios adúlteros, chalés exclusivos con helipuerto e hipódromo domésticos, yates de eslora inabarcable con grifería áurea, créditos hipotecarios millonarios para promotoras prometedoras… Pero la venta de hoy es diferente, porque hoy el notario va a obtener la contrapartida de su vida. Por eso hoy el notario está inquieto. A la hora en punto, el Diablo acude a la cita con su pluma de oro.

(La imagen está tomada de www.todocolección.net)

De vez en cuando, un anónimo


La red tiene esas cosas: que hay muchos necios parapetados detrás del anonimato. De vez en cuando recibo algún comentario sin firma que rezuma mala leche, y lo tiro directamente a la papelera, no sin antes responderle con algún dardo. Me pregunto por qué hay gente que pierde el tiempo con estas majaderías. Salvo un par de personas, creo no haber alimentado enemistades. ¿Proceden de este ínclito par? Es posible, pero no es justo atribuir la ponzoña sin pruebas. En caso de que no sea así, menos entiendo que alguien, acaso al otro lado del país o del planeta, sienta placer escribiendo mamarrachadas contra un perfecto desconocido. Acepto cualquier crítica sobre lo que escribo en este blog, y las publicaré siempre que se adornen con esa extraña prenda en estos días que es el respeto y vengan rubricadas. La basura, en cambio, sólo cabe en la papelera.

(Gárgola del Museo de Cluny, París. Fuente: Silenos)