Trío literario: el dinosaurio, los talleres y el mercadeo de lectores


1.- Hoy, en "Revista del Verano" de El País, Javier Sampedro publica "Microrrelatos", una burla del dinosaurio de Monterroso. El más célebre despertar de la literatura reciente reducido a las cabezadas de sobremesa. Un bicho más de los muchos que pululan por la televisión.

2.-
Hoy, en Babelia, Emiliano Monge ("Escribir para no ser o para ser"), al escribir sobre la teorización en torno a la creación de un personaje literario, dedica perlas como ésta a los talleres literarios: Peores que estos redactores de mentiras son sus primos más cercanos: los maestros de los talleres literarios, esas comadronas especializadas en sacar con fórceps lo que debía sacarse con pujidos, esos caníbales hambrientos que succionan del personaje de su alumno lo único que en verdad era importante: el sudor, la sangre, el músculo, la bilis, esos malabaristas de las horas que cegados por el pago de una próxima visita se vuelven incapaces de aceptar una verdad como un templo: la manera indicada de crear un personaje memorable es fundamentalmente inexplicable.
Todo un alarde de amor hacia ese invento tan... ¿creativo?


3.-
Ayer, en El Cultural de El Mundo, se publica un editorial titulado "10 autores en busca de lector". No sé si por recurrir a una expresión manida o, más bien, por razones publicitarias en sintonía con los sellos editoriales que los publican, lo cierto es que resulta, cuando menos, ridículo presentar a Almudena Grandes, John Le Carré, Mario Vargas Llosa o Fiódor Dostoievski, entre otros, como pobres autores "en busca de lector". Como si no tuvieran legión. Somos los demás, la también legión de innombrados, el ejército invisible de las letras, los que andamos escasos de lectores. Un lector, por caridad.

(Imagen tomada de www.fotoaleph.com)

Deseos estivales


ESPEJISMO (UNISEX) DE VERANO

Estaba en su sitio, junto a la roca de arenisca desprendida del pequeño acantilado. De espaldas al sol, de cara sobre la toalla, los ojos cerrados delante de una revista estival. Los deseos, cuando vienen, nunca vienen solos, y suelen venir revueltos. Como cada día, deseé acariciar su cuerpo: subir el promontorio de los talones, ascender por la larga pendiente de las piernas, escalar sin prisas las dos cumbres hermanas de su culo, descender a la llanura de la espalda y descansar al fin en la umbría de su cabello negro y salino. Pero, ante estos espejismos de verano, lo mejor es conformarse con bajar la mirada y hundir la mano en la arena, buscando, como en la inocente niñez, el frescor en lo profundo. Y si las ganas arrecian, intentar el asalto por túneles bajo tierra.

Qué cosa sea microrrelato



......Muchas personas que conozco, algunas de ellas cultas, no saben o no tienen claro qué cosa sea un microrrelato. No porque no hayan leído ninguno, que quizás sí, sino porque, al leerlo, no tuvieron conciencia de que lo fuera y, por tanto, no les quedó la constancia. Con brevedad, como cuadra a su esencial naturaleza, les explico qué creo yo que puede ser, pero luego, en privado, advierto que a mí también me asaltan dudas, por más que lleve muchos leídos y algunos escritos.

......Se ha dicho que la red propicia el menudeo de los microrrelatos y contribuye de manera escandalosa (en especial los blogs) a la autoedición, sin más filtro que el propio. Advierten estas voces censoras de que ello está animando a mucho ocioso a convertirse en escritor, editor y hasta crítico de "su obra", lo cual genera enorme literatura de postal navideña y carpeta de instituto. No es momento de detenerse en este debate continuo, al que ya he dedicado otras entradas.

......VVolvamos al microrrelato. Voces más autorizadas que la mía, como F. Valls (entre otros muchos escritos dedicados al tema, véase el reciente prólogo a su libro Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos), Ana Mª. Shua (léase, por ejemplo, su ingenioso undecálogo en el blog Puerta Falsa), D. Lagmanovich, R. Brasca, A. Olgoso, J. Mª. Merino, etc., han teorizado o conformado en la práctica algunas características que parecen indudables, como que ha de ser, obviamente:

......1) Un relato brevísimo. No es forzoso que se atenga al esquema introducción-nudo-desenlace, pues bastaría una parte desgajada de una de esas partes, a condición de que "ocurra algo" (y no simplemente "se exponga o describa algo").

......2) Esta breuitas narrativa ha de sustentarse en una breuitas lingüística, es decir, en la medida justa de las palabras (de ahí el uso general de la parataxis y una reducida adjetivación), sin que sobre ni falte nada, aunque hay que reconocer que este exceso o defecto es, sobre todo, un elemento de valoración subjetiva del lector.

......3) Un relato sugerente. Este aspecto es el más complejo, el que requiere mayor oficio, ya que, elevado a grado máximo, puede mermar las posibilidades narrativas. De hecho, en el célebre microrrelato (¿lo es?) del dinosaurio de Monterroso apenas hay narración (de ser fábula greco-latina se diría que es fábula "de posición", contraria, pues, a la fábula de acción o agonal), pero sus posibilidades de evocación son muchas. Ahí reside, entiendo, su éxito.

.......Con esto el guiso está cocinado en lo primordial. Ahora bien, hay otros ingredientes que aderezan el plato. Por ejemplo, un final sorpresivo (aguijoneador incluso, como en el epigrama), que trastoca la lectura que se venía haciendo y, en consecuencia, invita a una inmediata relectura. Igualmente son gustoso condimento las alusiones metaliterarias, históricas, culturales o de cualquier otro tipo, que no pocas veces agradecen los lectores más exigentes. Pero hay que procurar que sean sutiles, como un finísimo trazo en un dibujo. Por otra parte, el autor de microrrelatos (de relatos en general) ha de huir de un trato exagerado con difuntos, resucitados, espectros, caserones misteriosos, sueños, saltos temporales y otros recursos de la literatura fantástica, ya que estas historias se vuelven sustancialmente más previsibles en tan corto espacio. De hecho, un buen microrrelato puede tocar un sencillo hecho cotidiano y devolverlo matizado, abierto a otras miradas. Añádase a todo esto, como colofón, que al microrrelato debe exigírsele calidad literaria, como a un poema o a un relato mayor. Esto es tan esencial, que marcará la diferencia y acallará (o debería) las voces que tachan el microrrelato de nadería o vacuo entretenimiento. Ahora bien, a menor extensión, mayor la dificultad de imprimir un tono literario. ¿Puede hablarse de calidad literaria en las dos frases del dinosaurio de Monterroso? Esto es posible en poesía, mas difícil en tan menguada prosa. Dicho todo lo cual, nos topamos con la receptividad del lector: sus gustos literarios, su bagaje cultural, su conocimiento-valoración del uso del lenguaje, etc.

......Ilustremos todo con algún ejercicio práctico. Escribimos, por ejemplo:



Vine antes acá porque me dijeron que debía familiarizarme con esto y ser yo el que te esperara. Pero yo voy a cumplir treinta años y tú aún no has nacido.



......Cabe preguntarse: ¿es esto un microrrelato? Hay algo de narración, es brevísimo (en fondo y forma) y presenta un final, cuando menos, poco esperado, donde reside la apuesta sugerente. Además añade un alusión literaria, que no desvelo para invitar a mis lectores a encontrarla. ¿Tiene calidad literaria? No, simplemente está escrito con corrección.



......O este otro, variación del primero:



Vine antes acá porque me dijeron que yo debía crearte y no tú a mí. Te juro, Dios, que he puesto en ello todo mi ser y sigo dudando del resultado.



......Algo de narración, más breve aún y con un final menos logrado. Pero, gracias a ese vocativo (palabra clave), el conjunto se muestra más sugerente que el anterior, de mayor recorrido (filósofico-religioso). ¿Tiene calidad literaria? No, simplemente está escrito con corrección.

......Termino ya. No es fácil lograr un microrrelato cerrado, que el lector concluya asistiendo a un movimiento de explosión y expansión literarias. Requiere mucho trabajo de taller y no poco dominio del lenguaje. Pero a esto debe añadirse, en la medida de cada cual, sal literaria, porque, si no es así, el microrrelato corre el riesgo de convertirse en un paria, en un molesto e insulso vecino en la casa común de la narrativa.



(Imagen: gárgola de la Tour St. Jacques, París. Fuente: Silenos)