Ferias del Libro: lustre y susurro


Trae la primavera, ya mediada, una nueva Feria del Libro, que es la misma y es distinta según plazas y fuentes. En Cádiz, por ejemplo, es fortaleza, baluarte de casamatas almenadas que miran al mar. Allí poetas, narradores y ensayistas aprestan su munición en pos de efímeras victorias. Toda feria es lustre, pero no toda feria necesita voces que aireen la mercancía. Tratándose de libros, millones de palabras entintadas ya susurran virginalmente tu nombre.

Esperas, temores y sorpresa


Ando como niño asustado y expectante ante la publicación, después del verano, de mi primer poemario (Sevilla: Isla de Siltolá) y de mi primer libro de microrrelatos (Montcada-DeBarris). La vida universitaria (y la otra, la de verdad) me ha enseñado a ser paciente y, sin embargo, hoy me asalta una suerte de inquietud que no imaginaba. En estos días preparo mi intervención en un tribunal de tesis doctoral, escribo el prólogo para otra que se editará en breve, avanzo en una monografía y en una conferencia... y todo eso me parece liviano comparado con los dos libros que nacerán pasados los calores. Ando como niño asustado, quién lo diría, a una semana de cumplir 45 añitos. Pero como la vida se me ha vuelto caprichosa en sus azares, antes de terminar esta entrada, al activar el enlace con la web de la editorial sevillana, me entero de que acaba de salir el número 2 de la Revista Isla de Siltolá, que incluye dos poemas míos. Esta otra espera, que yo había omitido, ha devenido gratísima sorpresa (y más miedo). Gracias, Javier, una vez más, por tus desvelos en beneficio de la poesía.

El hombre menoscabado


Las mordidas nunca vienen solas. A la que nos espera en la nómina de junio, se me ha unido otra más sustancial, corpórea, en mitad del abdomen. No, no se trata de caricias eróticas. Hace tiempo que me desperté una mañana como el lobo que quiso comerse a los cabritillos, con un peso pétreo en las entrañas. Poca cosa. Pero hasta las cosas crecen y se multiplican. Todo ha salido (nunca mejor dicho) bien, pero hoy me siento un hombre menoscabado. Eso sí, algo más ligero.






(Portada de "Los cabritos y el lobo" de Calleja. Fuente: www.todocoleccion.net)