Discurso de género


(Pronunciada y pronunciado ante oyentas y escuchantas y oyentes y eschuchantes entregadas y entregados, fervorosas y fervorosos aplaudidoras y aplaudidores)

Estimadas amigas y estimados amigos, bien sabéis todas y todos que es para mí un gran honor ser vuestro director, y aún lo es más porque sustituyo en la carga y el cargo a la que ha sido para todas las trabajadoras y todos los trabajadores una excelenta directora. Después de estos años tan difíciles (seguro que las veteranas y los veteranos no recuerdan una época así), ya parece vislumbrarse una salida con su correspondiente salido. Debéis ser optimistas y optimistos, como miembras y miembros que ya estáis incardinadas e incardinados en la senda del futuro. Porque trazar las avenidas del futuro es la tarea y el tareo que juntas y juntos emprendemos en este mismo instante, comprometidas y comprometidos cada una de vosotras y cada uno de nosotros con la superviviencia de ésta que es la casa y el caso de todas y todos. Porque si este barco se hunde, como náufragas y náufragos deambularemos por las arenas y arenos de cualquier playa y playo, y ni siquiera (ni siquiero) nuestras amigas y nuestros amigos podrán socorrernas y socorrernos, sin duda ni dudo necesitadas y necesitados de ayuda y ayudo también ellas y ellos. Así que ánimo y ánima, compañeros y compañeras, subamos por las escaleras y los escaleros que llevan hasta el éxito perfecto y perfecta, hasta la plena satisfacción y el pleno gozo de las unas y los unos. Segidme voluntariosas y voluntariosos en este empeño y empeña: sembraremos la semilla y el semillo para que nuestras hijas y nuestros hijos, nuestras nietas y nuestros nietos puedan algún día disfrutar de las frutas y los frutos que vosotras y nosotros les legaremos. Salud a todas y a todos, sin excepción, amigas y amigos del alma y almo.

No estamos solos


JABALÍN,
ERES UN HIJO DE LA REPUTA


Así, sin más, en fuente Arial, letra tamaño 72 pt., centrado en la página del documento word, estirado a su vez de cabo a rabo en la pantalla de mi pc. Que me titulen así no me escandaliza, ni me asusta que el ordenador se haya encendido mientras dormía la siesta, ni temo haber dejado de vivir solo en este minúsculo apartamento. Lo que de verdad me jode es que el desgraciado o desgraciada escribiente me haya recordado un mote de la escuela que yo creía definitivamente enterrado.

(Jabalí en Doñana. Fuente: Silenos)

JRJ el día de la tormenta perfecta


El sábado pasado, pocas horas antes de que la tormenta perfecta barriese, cual anticipo del Apocalipsis, la Península, visitamos la Casa-Museo de Juan Ramón Jiménez y Zenobia en Moguer. Descubro entre los libros de la biblioteca a un Eurípides en rústica y un Horacio encuadernado en piel con ribetes de oro. ¡Cómo no iba a estar el gran lírico latino entre los libros del gran lírico español! Me entretengo con las menudencias de los objetos personales, y me llaman la atención dos cámaras de retratar de las de entonces, más parecidas a un molinillo de café que a las sofisticadas digitales de ahora. Luego me quedo sorprendido por los frutos pictóricos de esa otra pasión de JRJ, aspecto que ya conocía, pero que no había calibrado justamente. La casa moguereña alberga también un ramillete del Platero y yo internacional. Esos títulos, con caracteres tipográficos tan ajenos a nuestra memoria lectora, parecen hablar de otro burrito, de otro poeta. Hay en esta Casa-Museo una presencia notable de Zenobia (en vídeos y documentos), lo cual es digno de elogio. Camino de La Rábida me pregunto si esta visita ha cambiado en algo mi visión del poeta, mi admiración por sus versos. En algo se equivocó JRJ: él se iría, pero también quedaría como pájaro cantando.