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Un Corazón "ASÍ" de grande...

Cuando oímos o decimos esta expresión, nos vienen a la mente unos brazos abiertos de par en par, casi queriendo abarcar el infinito. Unos brazos que desvelan un interior rico y lleno, una medida rebosante, una vida colmada.

No podría ser de otra forma, pues una persona con “un corazón “así” de grande…”, es una persona profunda y a la vez cercana; entrañable y comprensiva, capaz de albergar dentro de ella los problemas y preocupaciones de los demás y aportarles una ayuda efectiva.
Una persona con “un corazón “así” de grande…", ha alcanzado la unidad, la coherencia y la madurez que le permiten ser objetiva y cordial; ser lúcida y apasionada, porque el corazón es el símbolo de la profundidad y la hondura, y sólo quien consigue dilatar su corazón más allá de sus “mezquitas” visiones, está en camino de vislumbrar la luz, de otear horizontes lejanos, está muy cerca de experimentar la auténtica armonía en el fondo de su ser. 

Quien ha sido capaz de unir la grandeza de Dios con la miseria del hombre, el amor sublime con la entrega incondicional, la misericordia con la redención, la ternura con el perdón.., ha tenido que hacerlo con “un corazón “así” de grande…", que se ha dilatado sin medida, con un Corazón semejante al de Dios, con un Corazón que se ha erigido en emblema y enseña del hombre:
EL CORAZÓN DE JESÚS. 
Su Corazón es la profundidad misma del hombre. Manantial de Vida de donde brota agua fecunda (Jn. 7, 37; 19,34). 
 TRES “GRANDEZAS” DE ESTE CORAZÓN: 
Primera: (Lc. 15, 3-7) Corazón que ama y sufre, que busca y libera. Amor de Jesús, que no mide las consecuencias, que no calcula, que se arriesga y busca la oveja perdida, para acogerla con ternura, para ponerla sobre sus hombros, para re-conducirla al redil. Buen Pastor que abre sus brazos y su Corazón para estrechar con fuerza a la oveja perdida, pero que ama igualmente al resto fiel que quedó en el aprisco. 
Por eso, un Corazón “ASÍ” de grande…, sólo puede ser el de JESÚS. 

Segunda: (Jn. 19, 31-37) El signo supremo del Amor, es un Corazón traspasado. No son palabras, sino hechos que han comprometido por completo su vida. Jesús en la cruz nos habla de un Amor que se da hasta el extremo, hasta la muerte. Amor entregado, pero Amor fecundo manifestado en los símbolos de vida “del agua y la sangre” que brotan de ese Corazón traspasado. Allí, el Corazón de Jesús nos comunica Vida amando y nos ama comunicando la Vida que nace de su costado. 
 Esta claro que, un Corazón “ASÍ” de grande…, sólo puede ser el de JESÚS. 

Tercera: (Mt. 11, 25-30 : Jesús invita desde el ejemplo, se define “manso y humilde de corazón”. Actitud dócil a la Voluntad del Padre, docilidad de corazón. Actitud valiente, Corazón misericordioso, tolerante, pronto para el perdón, pero también exigente. Corazón acogedor para los cansados del camino. Corazón amplio donde caben todas las penas y dolores, todos los fracasos y caídas. 
Es seguro que, un Corazón “ASÍ” de grande…, sólo puede ser el de JESÚS. 

Al celebrar la Fiesta del Corazón de Jesús, dejemos que nos contagie de su Amor, de su Inmensidad. Dejemos que dilate las fronteras de nuestro vivir, que nos abra horizontes amplios, que nos conduzca hasta las necesidades de nuestros hermanos y seamos capaces de aligerar cargas de sus espaldas, así, poco a poco, al lado de su Gran Corazón…, nuestro corazón se hará “ASÍ” de grande… 
A. Castro

LAS DOS MESAS: Solemnidad de Corpus Christi

En la solemnidad de Corpus Christi, el papa Francisco, a partir de la cita bíblica de Deuteronomio 8, 2-3 “El Señor, tu Dios, [...] te alimentó con el maná, que tú no conocías”, nos expone cómo el hambre del Pueblo de Israel es el reflejo del hambre del hombre de hoy. 
Lo expresa así:
”Además del hambre física, el hombre lleva en sí otra hambre: un hambre que no puede saciarse con el alimento ordinario. Es hambre de vida, hambre de amor, hambre de eternidad. Y el signo del maná –al igual que toda la experiencia del Éxodo– también contenía en sí misma esta dimensión: era figura de un alimento que satisface esa hambre profunda que existe en el hombre”.
Del signo del maná al sacramento de la Eucaristía
Con el simbolismo de “las dos mesas” nos invita a responder a estas preguntas: 
“¿Y yo? ¿Dónde quiero comer? ¿En qué mesa quiero alimentarme? ¿En la mesa del Señor? ¿O sueño con comer alimentos sabrosos, pero en la esclavitud? Además, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi memoria? ¿La del Señor que me salva o la del ajo y las cebollas de la esclavitud? ¿Con qué memoria sacio mi alma?” 
Cuando hoy acompañemos por nuestras calles a Jesús en el sacramento de la Eucaristía, sepamos agradecer su gesto de amor redentor.
                                                                                                                 A. Castro

DIOS ES TRINIDAD: Solemnidad de la Santísima Trinidad

El icono de LA TRINIDAD de Rublev, nos ofrece una extraordinaria lección teológica entrelazada con símbolos, gestos, colores y personajes. Esta Solemnidad de la Santísima Trinidad es un momento adecuado para profundizar en este Misterio.

LA TRINIDAD. Andrei Rublev. Siglo XV
Este icono representa el pasaje del Génesis (capítulo 18 ) en el que tres jóvenes visitaron a Abraham y éste les acoge con gran hospitalidad.
También dice el texto que fue el mismo Señor quien se apareció por medio de ellos. Este capítulo recibe el nombre de la “aparición de Mambré”.
Rublev, en su obra, de la Trinidad no está tan interesado en la hospitalidad de Abraham como en la meditación sobre la Trinidad, Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Es un icono lleno de movimiento. Dios es tres, pero en unidad. Por otro lado, es un icono rectangular y sólo hay tres ángeles.
Hay un lado libre, el frontal. ¿Por qué este espacio vacío? Este espacio es para nosotros, para ocupar nuestro lugar en la mesa; estamos invitados a la cena. Este icono, que en principio era de bienvenida, se transforma en el icono de Dios recibiéndonos a nosotros.
En el icono de Rublev el cordero se ha sustituido por una copa que simboliza a Cristo entregado por nosotros totalmente. Es el centro del icono. El árbol que aparece es símbolo de la cruz, símbolo de que Cristo entrega su vida .
Observamos cómo los ángeles mantienen una Conversación, fijándonos en sus manos. Los ángeles del icono sostienen un bastón. Este significa que son peregrinos. Los primeros cristianos eran grupos de peregrinos que iban al encuentro de otros para anunciar el evangelio.
 Los tres ángeles están en un banquete. La comida en el Antiguo Testamento tenía una dimensión religiosa. “Al final de los tiempos, Dios dará un gran banquete para todos los pueblos”.

En cuanto a nosotros, si acogemos el regalo de Dios y seguimos su camino acabamos siendo testigos de Dios para otros, es decir, acabamos siendo iconos de la Trinidad. Llamados a vivir en comunidad, llamados a la unidad en el amor.
Para leer más                            Para ver y cantar 

BUENOS DÍAS

Al inicio de la jornada escolar, en este tiempo pascual, seamos compañeros de camino para nuestros adolescentes. Si rezamos con ellos este !Buenos días! atractivo y sugerente, seguro que descubren a  JESUS VIVO Y RESUCITADO. Seguro que, como Tomás, afianzan su fe en el Resucitado.
Aquí dejo este recurso. Es, realmente precioso.

A LAS PUERTAS DE LA VIDA

          Vivimos en la era de las Comunicaciones. Hace más de 40 días iniciamos un “viaje virtual” que nos llevaría al PAÍS DE LA VIDA.
Realizamos la primera parada en el “DESIERTO”. Allí sentimos el deseo de convertirnos a los valores del Reino, a la oración, a la solidaridad…
La segunda parada, en el TABOR, fue un preludio de la Vida Nueva y Transfigurada que nos aguardaba en la Pascua.
En las siguientes paradas con la Samaritana, con el ciego de nacimiento y con Lázaro, reconfortamos nuestra fe, con el Agua Viva, con la Luz y con la Vida resucitada del amigo de Jesús.
En este viaje, hemos hecho paradas, pero no anclajes, no hay sitios definitivos, porque vamos hacia la VIDA, hacia la PASCUA y no podemos poner nuestra tienda en el camino.
Hace unos días se vislumbraba el final de este “viaje virtual”. Era la última parada que nos preparaba para vivir con intensidad la entrada en el  País de la Vida. El domingo pasado, alzamos nuestras “PALMAS y RAMOS”, para aclamar a Jesús. Palmas y ramos, que son símbolo de:
             La reconciliación entre Dios y los hombres
             La paz frente a la guerra
             La unidad frente a la división
             El amor frente al rechazo
             La fraternidad frente a la insolidaridad

         ¡Escucha, escucha !… YA RESUENA, ALLÁ A LO LEJOS, EL ALELUYA….
         Porque…
Ya estamos llegando al final del trayecto, ya estamos entrando en el PAÍS DE LA VIDA.

         Permanece a la espera, porque esta noche, en la VIGILIA PASCUAL, es la última parada de este “viaje virtual” y se nos invita a entrar en la VIDA, en la PASCUA REAL, que nos trae Cristo Resucitado.
¡¡¡FELICIDADES!!!
                                                                                           A. Castro


SÁBADO SANTO // Estaba al pie de la cruz

Estaba al pie de la cruz,
bebiendo todo el dolor
que derramaba Jesús,
que fue a la cruz por amor.

Al pie de la cruz estaba María,
clavada su alma en cruz de dolor.
Al pie de la cruz penaba y sufría
la madre que al mundo nos dio al Redentor.

Al pie de la cruz estaba María,
la madre que Cristo por madre nos dio.
Al pie de la cruz, la cruz compartía
y nos engendraba en sangre y dolor.
                                                                                    (J. Madurga) 
Clic para cantar y orar con María al pie de la cruz

VIERNES SANTO // Postrado ante la cruz


JUEVES SANTO// ¡ Lávame, mi Señor !

                                     ¿Lavarme Tú a mí los pies?
                                     Hazme comprender que, el camino del servicio
                                     es una llave que abre la puerta del cielo.

                                              ¡LÁVAME, MI SEÑOR! 
                                    Para que, mis manos, puedan acariciar rostros dolorido,
                                    para que, mis pies, puedan acompañar hermanos perdidos.
                                    ¡Sigue habiendo tantos pies que lavar!

                                             ¡LÁVAME, MI SEÑOR! 
                                   sigue habiendo tanta oscuridad que iluminar
                                   tantas cadenas que romper,
                                   pan y vino para el pobre quiero ser.

                                             ¡LÁVAME, MI SEÑOR! 
                                   Porque, si algo tiene el Jueves Santo,
                                   es Misterio de amor y de ternura
                                   Misterio de Sacerdocio y aroma de Eucaristía,
                                   Misterio de tu presencia que siempre permanecerá
                                   y estallará en el altar.

                                            ¡LÁVAME, MI SEÑOR! 
                                  Y así, cada vez que comamos de este pan,
                                  porque, cada vez que bebamos de este vino,
                                  recordaremos tu querer y tu deseo
                                  nos llenaremos con tu Memorial y tu Palabra
                                  con tu gesto de siervo arrodillado.
                                                                                                 (J. Leoz) 

DOMINGO DE RAMOS // Palmas y olivos

                                Como Jerusalén con su traje festivo,
                                vestida de palmeras, coronada de olivos,
                                viene la cristiandad en son de romería
                                a inaugurar tu Pascua con cantos de alegría.

                                Ibas como va el sol a un ocaso de gloria;
                                cantaban ya tu muerte al cantar tu victoria,
                                pero tú eres el Rey, el Señor, el Dios Fuerte,
                                la vida que renace del fondo de la muerte.

                                Tú que amas a Israel y bendices sus cantos,
                                complácete en nosotros, el pueblo de los santos;
                                Dios de toda bondad, que acoges en tu seno
                                cuanto hay entre los hombres, sencillamente bueno.
(Liturgia occidental)