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La higienista bucal


Estupendo, la boca está perfecta. Ni una carie, dijo el dentista, que dio media vuelta y se alejó de mi lado. Su edad, rozando los cincuenta y sus ademanes pausados infundían una tranquilidad que no lograba vencer el miedo cerval que producían su profesión, sus métodos y herramientas. ¿Desea entonces una limpieza de boca?

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Grillo


La chica es guapa, muy guapa, Erbo. Y sonríe sensualmente. No cabe la menor duda de que se siente atraída por ti. Apenas unas palabras amables y te acompañará a casa. – La voz del asistente electrónico personal con visión y audición sale algo metálica del pequeño auricular acoplado en la oreja,  justo por encima del nivel de la música del local. Pepito Grillo o simplemente Grillo es el nombre con el que Erbo ha bautizado a su segunda conciencia. 

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Humedades

Estaba húmeda. Por culpa del calentador. Ese era el delito. Pensarán ustedes que eso no constituye un delito. Un pecado en todo caso. De pensamiento y obra. Aunque tampoco lo sería de obra, pues el pensamiento llevaría a la humedad, pero esta sería involuntaria. Mas eso pertenece al ámbito de lo íntimo y lo que me propongo contarles es un asunto público. La pared del vecino de abajo estaba húmeda. Por culpa de mi calentador de agua. Y su compañía de seguros me llevó a juicio. No teman, no detallaré los pormenores del pleito. Un asunto bien prosaico y aburrido. Tampoco entraré en fantasías sexuales si es lo que estaban pensando. Un juicio que acabó en una orgía sexual con la magistrada siendo repetidamente poseída por el demandado, o sea, yo. Lamento decepcionarles. Tan sólo quiero contarles algunos detalles procesales de la vista. Cuyo motivo ya lo saben. Estaba húmeda. Por culpa del calentador...

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Cala salada

Apenas llegamos a Cala salada, tuve la sensación de que diez días de vacaciones veraniegas iban a ser muchos para un pueblo tan pequeño. Poblado más que pueblo, con una hilera de casa en la misma arena y una carretera tras la segunda fila de casas, Cala salada tenía un hotel, dos chiringuitos, tres restaurantes y quinientas almas en verano. En invierno quedaba reducido a una veintena de habitantes y uno de los dos chiringuitos que abría los fines de semana.

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Cristine

El cielo se había cubierto por obscuros nubarrones. La jarcia se agitaba frenética, azotada por un viento que crecía incesante y levantaba grandes olas. El barómetro no había parado de bajar en las últimas horas y el parte meteorológico no dejaba lugar a dudas: un ciclón tropical se acercaba y barrería dentro de escasas horas las aguas por donde navegaba. La decisión estaba clara, debía alterar mis planes, si es que acaso tenía planes, e ir a tierra lo más rápido que pudiera.

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La charca

Hola amigos!, soy Roberto, Roberto Wilson Batracio, y habéis tenido la enorme suerte de conocerme. Soy una rana macho. Un rano. En realidad soy el rano más divertido, simpático, burlón, admirado y apuesto de toda la charca. Todos los ranos quieren ser mis amigos y no es extraño ya que a mi lado no falta la diversión. El que viene conmigo sabe que tiene la juerga asegurada. Sé como gastar el dinero, en todos los locales me reciben con reverencias, nunca falta la alegría a mi lado. Nuestras farras son memorables. Y todos saben que pueden encontrar ranas hembra a mi alrededor, que revolotean en torno a mí. Sí amigos, porque si alguna debilidad tengo, son las hembras de rana.

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Neuronas

– El gusano de tierra o lombriz común es uno de los seres con el sistema nervioso más simple. Poco más de mil neuronas. Nada en comparación con los cien billones de neuronas que tiene un humano. A pesar de ello, modelizar su sistema nervioso en un superordenador es una tarea colosal. Y yo voy a ser el primero en hacerlo. De ahí la importancia de mi trabajo. ¿Comprendes, Irina?
– Sí cariño. ¡Eres tan rico!
– Irina, por favor. Estoy hablando en serio
– Claro, cariño

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La frutería de Flora

- Buenos días, Flora, es decir, Consuelo.
- Flora está bien.
- ¿Es demasiado tarde?
- No, aún no iba a cerrar. Adelante, David.
Mmm, David. ¡Como me gusta este hombre! Bueno, no solo este. En general me gustan los hombres. Me enloquecen. Me gustan más que comer con los dedos. De entre todos los placeres de la vida es el que más me gusta. Entendámonos, no es que pierda los papeles por ellos ni que corra descerebrada ante el primero que pase, pero cuando encuentro uno que me gusta, no me reservo.

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