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Bestia flamígera, nuevo libro y Emma Bovary

No sé en otros lugares, pero aquí, en el sur, a tiro de piedra de África, octubre se nos ha vuelto una bestia flamígera. No logro acostumbrarme a tan extrañas mudanzas del clima. Para colmo, hoy la noche ha tempraneado, ha llamado a las puertas cuando aún no la esperábamos y se ha enseñoreado de la luz agostada de la tarde. Como quien da un paso al frente y se adueña el primero de un fruto apetecible. Día raro este de un octubre ya muriente: sol y luz de agosto en la mañana, negrura otoñal cuando escribo estas líneas.

* * *

Ya están mis Papeles secundarios próximos a la imprenta. Saldrán en La isla de Siltolá (Sevilla) acaso antes de que cumpla el año. Me gusta el conjunto. Es lo mejor de estos Silenos.

* * *

Pienso en Emma Bovary, corriendo al encuentro de Léon, suspirando en la ventana por una vida diferente. Querida Emma, la vida nunca satisface, nunca se entrega por completo. Hoy brota la dicha en el jardín y mañana languidece y se marchita. Tú deberías saberlo, Emma.

¿Quién me desvela este misterio?




Seguro que alguno de vosotros se ha topado alguna vez con este individuo que se jacta de vencer la gravedad terrestre en las plazas públicas y otros espacios de concurrencia, para pasmo de los asistentes. Lo fotografié en Lisboa, después de escudriñar debajo de sus pies en busca del truco y así poder contar que lo había pillado en un desliz. No hubo forma. Se me antoja que es una metáfora de la virtualidad en que vivimos en esta época, siempre a medio camino entre la levitación seudomística y el aterrizaje forzoso en el suelo. Si alguien conoce el artilugio que esconde el misterio, ruego encarecidamente lo comunique a quienes, como yo, intentamos levitar todos los días y solo logramos sumar magulladuras.

Un microrrelato fragante


FLOR DE ORIENTE

Cada vez que una joven virgen alcanza la cúspide de su primer orgasmo, en los jardines de Cambalú, en los reinos del Gran Kan, abre su sol de cristales y estambres un ejemplar de la mayabonda, la flor más hermosa y misteriosa de Oriente. Una vez abierta, permanece fragante durante unos minutos. Después cierra sus pétalos, como se cierran los dedos prietos de una mano para no volver a abrirse, y se abandona a la muerte mecida por una brisa púrpura que sólo sopla en aquellas tierras remotas.
.....La vida de la mayabonda antes de este florecimiento repentino es desconocida, pues sólo al Jardinero Real del Gran Kan se le permite que escudriñe en sus secretos. Seducido por la leyenda, cuentan que un mercader veneciano osó traspasar el muro que protege este milenario vergel y, según testimonios fidedignos, rindió sus días bajo el sable del verdugo.

.....Los copistas sólo podemos transmitir de generación en generación las más verosímiles conjeturas, que el lector curioso puede encontrar en los bestiarios medievales y otros catálogos florales de Oriente. Las historias que circulan sobre emanaciones seductoras que han transgredido los límites del tiempo y el papel y han arrojado al abismo del Diablo a buenos y esforzados cristianos, son chismes y cuentos de viejas que no merecen ningún crédito.

Desde que el alba...


Desde que el alba corre a presentarnos sus respetos un poco antes, recién despojados de las legañas que alargan la noche, no discierno el espacio de los sonidos. Hay sonidos nocturnos que se apagan durante el día, o permanecen activos en sordina, como ratones huidizos que buscan sus ratoneras. Y parece que también sucede lo contrario. Ahora, por ejemplo, oigo el run run de la lavadora y, más lejos, los bufidos metálicos de una grúa. ¿Quién puede asegurar que en la noche no mantengan su canto, suavizado para no despertar a los quejicas durmientes? ¿Quién puede decir con verdad que cada sonido se limita y recluye a su espacio de luz o sombra? Desde que el alba adelanta los sonidos y los ilumina, siento que la noche adelgaza sus paredes (a pesar de Caballero Bonald) y percibo cada vez más nítidamente el gorgoteo de sus tripas.

(Amanecer en Cabo de Palos, Murcia. Fuente: Silenos)

Anoche soñé, insólita ilusión...


....Anoche tuve un sueño con ribetes literarios y guiños surrealistas. No sé si el culpable de ese gazpacho es este abandonarse a las olas, o el hartón de ibuprofeno y analgésicos que me estoy dando desde hace tres días por mor de una muela muy dolorosa. La historia, según la recuerdo a esta hora de la mañana, es como sigue.
....
.....Acababa yo de regresar de una estancia de varios meses en el extranjero y venía con otra luz en el rostro y algo de olvido de antaño. Ya en casa, no tardó en ponerse en contacto conmigo un joven editor, para comunicarme que mi cómic estaba casi a punto de ir a la imprenta, pero faltaban algunos detalles. Corrí a la editorial ilusionado con la salida de un libro que no recordaba haber escrito o, mejor dicho, ilustrado. Según el editor, como yo había dejado los globos en blanco, ya que los textos estaban en un archivo aparte, y tampoco había dado instrucciones para saber a quién le correspondían qué palabras, ahora debía proceder a darle voz a los personajes. Me fui de allí confuso por tan extraño parto. Lo único que se me ocurrió fue telefonear a un amigo y preguntarle si sabía si, antes de irme al extranjero, yo había terminado y entregado en la editorial un volumen de cómic. No sólo me respondió que era todo todito mío, sino que me devolvió una clave que supuestamente yo le había entregado para la correcta ordenación de los diálogos: MANTEQUILLA. Cada una de las letras -me explicó- correspondía a uno de los personajes, cuyo nombre empezaba por dicha letra (Maltuz, Antistes, Numenio... y así). Comenzando por el primer texto y siguiendo este orden de manera circular, cada globo iría llenándose con las palabras asignadas. Aunque sabía algo más que al principio, seguí deambulando por la calle sin reconocer a los personajes, y cada vez más asustado de que aquello hubiese salido de mi huerto y yo no lo reconociera ni con pistas. Casualmente me encontré con un matrimonio amigo y caí en la cuenta de que él era hombre ingenioso, perito en la conversación, y le pregunté si él era mi guionista. Pero no. Seguí en busca del misterioso colaborador que me sacase de aquel atolladero, cuando sentí repentina sed y entré en un bar. Sentados en la barra había dos viejos de aspecto abandonado bebiendo vino. Ella tenía las gafas de miope y los labios finos de la mecanógrafa que ha dedicado más de cuarenta años a dictarse el propio guión de su vida. Me acerqué y le pregunté si era ella, al fin, mi guionista. Los dos me sonrieron sin decir palabra. Entonces la vieja le pidió al camarero que les llenara las copas del mismo moscatel. Cuando el joven les demandó señalando las botellas abiertas cuál era la marca que estaban bebiendo, la vieja respondió:
.....- Esa, esa, la que pone NOLOTIL.

Misterios familiares


Como hay misterios en los relieves del cielo y del mar y en las grutas de la tierra, también hay misterios domésticos que, muchos años después, siguen sin respuesta. Y no me refiero a rostros virginales exudados en la pared, o a vasos que se mueven nerviosos en un trance de espiritismo. Hay misterios más simples: la desaparición, por ejemplo, de un objeto imprescindible para la vida cotidiana. Pongamos por caso el filtro metálico de la cafetera. ¿Cómo demonios puede perderse algo así, que no cabe por los sumideros de agua ni se confunde, por sus dimensiones, con los restos de basura?
Hace años, cuando era muy joven y vivía con mis padres, alguien nos regaló dos periquitos enjaulados. Yo, como buen adolescente, tenía por entonces constantes arrebatos de libertad, propia y ajena, así que comencé una campaña de concienciación familiar, consistente en repetir una y otra vez que los pájaros debían estar libres, a su aire por las copas de los árboles. Todo fue en vano: los susodichos periquitos seguían miréndome de reojo desde detrás de los barrotes. Una mañana, al despertarnos, encontramos la jaula vacía y la minúscula puerta cerrada y trabada por fuera. ¿Cómo demonios escaparon? ¿Escaparon? Aquel día, y hace ya de esto cerca de treinta años, todos los dedos acusadores se volvieron contra mí, y aún hoy soy el principal sospechoso. De nada sirvió (ni sirve) la evidencia de que aquella noche yo también dormía. Para ellos el caso está resuelto: si no lo hice adrede, lo hice como marioneta del subconsciente. Me condenaron, en verdad, mis antecedentes, porque años atrás me había paseado sonámbulo por el salón de casa, ante los ojos entre atónitos y asustados de mis padres, abrazado a un gran mero que resultó ser mi almohada.
(Una mano en el camino)

No estamos solos


JABALÍN,
ERES UN HIJO DE LA REPUTA


Así, sin más, en fuente Arial, letra tamaño 72 pt., centrado en la página del documento word, estirado a su vez de cabo a rabo en la pantalla de mi pc. Que me titulen así no me escandaliza, ni me asusta que el ordenador se haya encendido mientras dormía la siesta, ni temo haber dejado de vivir solo en este minúsculo apartamento. Lo que de verdad me jode es que el desgraciado o desgraciada escribiente me haya recordado un mote de la escuela que yo creía definitivamente enterrado.

(Jabalí en Doñana. Fuente: Silenos)

Entre por qués y porques


Razones laborales me han impedido en las dos últimas semanas atender el baile de estos silenos como ellos merecen. Ahora que he podido salir un rato al recreo, dejo aquí algunas cuestiones que me asaltan a menudo, cual un machacón ritornelo, supongo que para que no me olvide de que la vida acontece en el exiguo e inestable espacio que hay entre los por qués y los porques. Agradecería un poco de ayuda en este trance vital, pues sé que entre mis lectores hay cráneos privilegiados. Aunque también sé que la propia vida es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

1.- ¿Por qué se ha extendido tanto entre los escritores el abuso del impersonal UNO, convertido ahora en el más personal y determinado de los pronombres?
2.- ¿Por qué el buenismo zapateril ha creado escuela incluso entre los blogueros, de suerte que cada vez proliferan más comentarios del tipo qué bueno, qué bien escribes, justo lo que yo pensaba, no puedo vivir sin tu blog, eres el más guay de la red? ¿Tanto cuesta decir públicamente, por ejemplo, pues no, ese libro que tanto elogias es un mal libro? (Cf. Ridao)
3.- ¿Por qué los relojes parados siempre indican las diez y diez? ¿Acaso en ese justo instante arrancó la maquinaria de la Creación?
4.- ¿Por qué nadie ha inventado todavía un filtro contra los majaderos de internet?
5.- ¿Por qué entre el saxo y el sexo sólo media un intervalo musical?
6.- ¿Por qué cuando nos secamos con la toalla después de la ducha siempre hacemos el mismo recorrido por la faz de nuestro cuerpo? ¿Tan poca capacidad de improvisación tenemos?
7.- ¿Por qué política y estupidez son una pareja tan bien avenida, tan lujuriosamente avenida? ¿Tanto hemos degenerado desde los tiempos de Platón?
8.- ¿Por qué hay tantos cantantes en este país que parecen egresados de una comparsa del Carnaval de Cádiz, paladines del falsete y el rictus lacrimógeno?
9.- ¿Por qué ya no suena en mi calle de jugar el caramillo del afilador?
10.- ¿Por qué UNO escribe en los blogs guays de los amigos desde la diez y diez de la mañana, expuesto a la majadería que se cuela por las rendijas de la red, luego de una noche de saxo que culmina con el repaso circular de la toalla, mientras en la radio se cuecen en el mismo fuego las memeces políticas y el llanto lastimero de los andilucas, cuando lo que UNO querría de verdad es seguir oyendo la música de reclamo del afilador por esas calles inexistentes de la niñez?