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Mi Cuba en La nave de los locos

Con mi mujer (a la izquierda) y mi hermana Lola
Hoy en La nave de los locos aparece una crónica mía de un viaje a Cuba ya lejano. Cuesta reconocerse en una vieja fotografía. Cuesta tomar conciencia del vertiginoso ritmo que adquiere (¿cuándo? ¿qué hacíamos entonces?) la vida. Fue en el verano de 1996.

La madre de todos los horrores

A esa incertidumbre, madre de todos los horrores, me refería en mi entrada anterior: toma uno un tren cualquiera, camino de un descanso, de una reunión de trabajo o de vuelta de un viaje, sin saber que en un kilómetro maldito alguien o algo ha torcido, cuando no segado, el curso de tu vida. El verano, por alguna extraña razón que se me escapa, siempre ha sido estación de desastres colectivos. Acaso las altas temperaturas deterioran algún pistón del colosal engranaje y este falla donde menos lo esperamos. Simples mortales, estamos condenados a morir. Nos sobreviven una mesa barata, un pedazo de asfalto, la balaustrada hortera de un parque provinciano... Nos sobrevivirán, en estos tiempos de exposición y subasta, nuestras páginas en las redes sociales. Yo me iré, y seguirán estos silenos bailando por un tiempo. Es certidumbre que no hace sino aumentar el desasosiego de la incertidumbre mencionada. Nunca me dijeron que vivir suponía esquivar un tren desbocado, un coche enloquecido, un rayo vengador, una enfermedad parásita, una bala perdida, la cornisa podrida de tu propio edificio...

En la plaza de Chueca

"Tragedia y Comedia", de Angelica Kauffmann
En la plaza de Chueca, sentado en una terraza, un hombre de voz campanuda y gafas de capo repite, como un ritornelo, la misma advertencia:
- ¡Bastante drama tenemos, Mercedes!
Yo procuro seguir en lo mío, leyendo el libro de Zúñiga que acabo de comprar en Las tres rosas amarillas (por cierto, me dice José Luis que hay brotes verdes en el mercado del libro), pero el hombre, cuya voz percute en la mañana sin pájaros, insiste:
- ¡Bastante drama tenemos, Mercedes!
Y sí, acabo levantándome de la mesa y dándole la razón, y me alejo pensando en que siempre hay una Mercedes detrás de todo drama.

La muerte de Alpha Pam y el año de Hollande

Alpha Pam
La muerte en Mallorca el 21 de abril del joven senegalés Alpha Pam ilustra bien el desprecio de la derecha española hacia los inmigrantes. Las reformas de la ministra Ana Mato (no podía apellidarse de otro modo) han cerrado la puerta a la asistencia médica de muchos sin papeles. Alpha era uno de ellos, y murió de tuberculosis. Una muerte del siglo XIX para la España del siglo XXI. 
La vergüenza y repugnancia que me provoca esta muerte me llevan a París, hace un año. Un día como hoy François Hollande fue elegido presidente de la República Francesa. Entonces yo vivía en el nº 6 del boulevard de Strasbourg, junto al Théâtre Comédia. Recuerdo los días previos, el trecho final de la campaña en aquel barrio, donde hay una grande y visible comunidad de inmigrantes. Frente a la derecha de Zarkozy, que clamaba por el cierre de fronteras, la izquierda de Hollande representaba la esperanza para muchos con y sin papeles. Quien haya vivido una temporada en París sabe que esa bella ciudad no se concibe sin el maridaje de las razas. Aquella tarde del domingo 6 de mayo fui invitado por mi casera y su marido a compartir los tensos momentos en escrutinio en casa de unos amigos, todos partidarios del cambio. Éramos una docena, en torno a una gran mesa con comida casera, cerveza y vino. Todos daban por hecho que ganaría Hollande. En España ya teníamos a Rajoy en la Moncloa, por lo que yo también deseaba su victoria. Hoy los periódicos franceses y de medio mundo traen la noticia de su caída en picado en las encuestas, del deterioro de su imagen y el olvido de muchas de sus promesas. Me gustaría saber qué piensan aquellos parisinos, qué los inmigrantes que apostaron por el cambio. Me gustaría saber en qué medida se respira le retour de Zarkozy. Berlusconi ya apareja su vuelta en Italia y, quién sabe, tal vez Aznar lo haga en España. El sentimiento de salvapatrias es consustancial a la derecha. Y esos mismos salvapatrias son los que tratan a los inmigrantes como escoria. Alpha Pam es la prueba.

La necesidad, madre del ingenio

Qué duda cabe: la necesidad aviva el ingenio. Hasta hace poco en España recurríamos al ejemplo de los cubanos, capaces de hacer rodar como vehículo un cacharro desvencijado o de vender al turista jabones fabricados con la sustancia más insólita. Hoy los ejemplos están aquí, en España. Los gobernantes lo llaman, con su lenguaje altisonante y las más de las veces huero, "perfil emprendedor", y en los documentos universitarios empieza a florecer, como un hongo invasivo, el palabro "emprendeduría". Mas no quiero hoy llevar el asunto in malam partem. Todo lo contrario. Ayer, en mitad del bullicio carnavalesco, me informaban de algunas iniciativas que son dignas de encomio. Una amiga organiza una tertulia en inglés en su casa, con precio módico de entrada que incluye refrigerio. Otra amiga, escritora, y un conocido pintor montan una pequeña editorial, de tirada selecta. Otro amigo escritor tiene en mente hacer lo propio con libros artesanales. Todo ello mientras muchas editoriales esperan cabizbajas una ayuda estatal. Ah, que no se me olvide: un colectivo de periodistas se reúne y se organiza para, en breve, dar un fruto sorpresa, independiente. Mis aplausos. Y mi colaboración, en lo posible, para que tales proyectos germinen en el páramo hispano.

Los niños de Heverlee

En verano de 1997 y en invierno de 2009 pasé sendos períodos de tres meses en Lovaina, la ciudad universitaria flamenca, donde conservo a algunos buenos amigos. Seis meses de convivencia con los belgas que ya forman parte de mi vida. Desde allí viajé en innumerables ocasiones a Bruselas, en algunas a Gante, Brujas, Lieja, Namur, Malinas y otras poblaciones más pequeñas. Algunos fines de semana paseé por el barrio de Heverlee, que es una suerte de prolongación de Lovaina hacia el sur. Como aquella mañana de domingo en la que visité, dando un rodeo por calles para mí nuevas, la Abdij van Park ("Abadía del Parque"). Lo recuerdo claramente porque por primera vez me había dejado crecer la barba hasta un límite intolerable. Hoy contemplo las fotos que hice entonces con profunda tristeza. Yo soy padre, pero no es necesario serlo para sentir un escalofrío de terror al pensar en los niños. Los pobres niños de Heverlee. Mi abrazo, amigos belgas.

(Abdij van Park, Lovaina, Heverlee. Fuente: Silenos)

Mudanzas y desasosiego

Tarde soleada en el Sur, pese al frío siberiano. Como las cigüeñas y otras aves migratorias en busca de climas más bonancibles, así nos visita el frío siberiano, huyendo de sí mismo. Hace una semana justa celebrábamos el día de san Blas en un pueblo serrano, Benaocaz, y, en contra del dicho ("Por san Blas, la cigüeña verás"), no vimos cigüeña alguna. Los mayores advierten de las extrañas mudanzas de la naturaleza, que los más instruidos titulan, con énfasis apocalíptico, hechos contra natura. Quizás porque voy cumpliendo años, me parece percibir extraños paisajes, geografías que cuesta localizar en los mapas. Garzón es un indicio de esa inquietante transmutación.

Las siete trompetas

Tiembla la tierra marina bajo la isla de Hierro, acaso como réplica a otros temblores de alcance continental. Aún no trae este otoño la caída de las hojas y ya van cayendo, uno tras otro, los zapateros que nos gobiernan a golpe de miedo y aviso de apocalipsis. En esta zozobra en que se ha convertido nuestra vida diaria en los últimos meses, me acuerdo a menudo de la tesis de la película Bowling for Columbine (2002) de Michel Moore: el poder político y económico mantiene vivo en EEUU el miedo a la inseguridad ciudadana, porque de esa manera el negocio de las armas sigue boyante y se contenta a los sectores de la ultraderecha norteamericana. En Europa y EEUU el Cordero ya ha roto los siete sellos, los siete ángeles ya han tocado sus trompetas (con la séptima se produjeron relámpagos, fragor de truenos, temblor de tierras...) y al final todos gritaremos aleluya por la salvación divina, que tendrá el rostro compungido y gemelos de oro cerrando la boca de las mangas.

Reproducción del Apocalipsis del Beato de El Escorial.
Fuente: http://www.arteguias.com/tablas-beato-escorial.htm

La poética de lo menudo y el legado de Pedro



He de confesar que no esperaba tanta respuesta, en pleno agosto, a la entrada anterior sobre el microrrelato, porque no solo se ha producido debate aquí, sino también en Facebook, propiciado por un enlace de Jesús Esnaola a estos Silenos. Incluso ha intervenido uno de los participantes en el mentado concurso del Suplemento. Constato que hay interés al respecto y preocupación (o cabreo) ante el abuso de la etiqueta "microrrelato". Otro día hablaremos por extenso de los autores de opera magna que miran con ojos displicentes esta escritura condensada y escurridiza, pues entienden que son "primorcicos" de escritorzuelos, ocio de diletantes. El asunto recuerda a las críticas que recibieron los poetas neotéricos latinos, con Catulo a la cabeza, cuando empezaron a escribir poemas sobre asuntos menores, menudencias a veces, frente a la tradición sagrada y pomposa de la épica. Catulo y los suyos seguían un mandato poético del gran Calímaco, según el cual un "libro grande es un gran mal" (méga biblíon, méga kakón), y se entregaban por ello a volúmenes breves que daban cobertura a esa "poética de lo menudo". ¿Sería buena estrategia esgrimir estas auctoritates para dignificar el microrrelato, si los nombres de Aub, Arreola, Moyano, Monterroso, Merino, Mateos y otros tantos ya no bastan? No sé, no sé. Me temo que antes habría que explicar a muchos de estos autores de lo sagrado quién fue el gran Calímaco?





* * * * *



Sobre la llegada del Papa se habla mucho en la red. Hay quien ha expresado la paradoja de que el líder de la juventud católica sea un anciano de 84 años, lo cual, bien mirado, no es paradoja tal, si tenemos en cuenta que dicha juventud blande por bandera una doctrina que arrastra una vejez de siglos. Lo que me sigue causando estupor (y pánico) es que, en el siglo XXI, la mitra del que llaman heredero del trono de Pedro sea capaz de movilizar a tantos leales en todo el mundo, en una suerte de tour turístico global, con destino Madrid, que se asemeja a las grandes concentraciones políticas del siglo XX. Y lo peor de todo es que el heredero de Pedro hace mucho que no tiene nada ni de Pedro ni de cristiano, si por tal entendemos la observancia de la doctrina del Evangelio, y sí, en cambio, reproduce los modos de la casta sacerdotal judía censurados por Jesucristo. Sería bueno saber cuántos jóvenes proclamarían que esa JMJ no va con ellos, que ese no es su líder. Pero sin banderines de colores nadie existe, nadie es nada.



(Gárgola en la iglesia de St. Gervais, París. Fuente: Silenos)

Versos y microrrelatos en el Puerto III


A principios de abril recibí una extraña invitación. Mi amiga Carmen Sánchez, miembro activo de la Asociación de Personas Lectoras de Cádiz (hermosa la declaración de intenciones que se lee en su web: Proyecto de apoyo de las personas lectoras a quienes aman los libros y no pueden leerlos), me propuso participar con ellos en una lectura poética para un grupo de presos en el Puerto III, con objeto de conmemorar el Día del Libro. Desde hace varios años -me dijo- ellos (dos, tres personas de la Asociación) acudían cada viernes a la prisión durante una hora a una sesión de lectura colectiva. En este caso no porque los presos no supieran leer o estuviesen impedidos para ello, como sucede con otros colectivos, sino porque con esta actividad colaboran con el programa de reeducación dirigido por Carlos en la cárcel. Antes de que yo dijese nada, me advirtieron de que no cobraría ni un céntimo por ello (es la segunda vez en poco tiempo que me invitan a una colaboración esporádica y me hacen la misma advertencia, como si quienes escribimos llevásemos en la frente una especie de sello pecuniario). Como hace ya años no hago ascos a experiencias nuevas y admiro la excelente labor de difusión de la lectura y el libro que hace esta Asociación, invirtiendo su propio dinero y su tiempo libre, dije que iría encantado. Lo primero que me llamó la atención fue que Carmen, Elena y Armando se detuvieron en el vestíbulo de la puerta principal a saludar cariñosamente a una joven. Tal era el afecto prodigado, que no se me ocurrió pensar que fuese (como me dijeron luego) una reclusa excarcelada poco antes y miembro del programa de lectura. Dentro, ya en la puerta de la sala, se repitieron los abrazos y besos con hombres y mujeres de varias nacionalidades (Argentina, Colombia, Georgia, Rumanía... y, por supuesto, España). Entre ellos también se saludaban afectuosamente, ya que pertenecen a módulos diferentes y muchos se ven tan solo en esa ocasión semanal. Repartimos libros y claveles (a falta de rosas), Armando me presentó como el escritor invitado y comenzó el acto, según la "tarea" propuesta el viernes anterior: cada uno debía preparar la lectura de un autor/a de su tierra, para, en el espacio de dos o tres minutos, ofrecerla a los compañeros. Así fueron desfilando uno tras otro, leyendo los más, pese a ser extranjeros, con una facilidad que ya quisieran muchos universitarios españoles. Cada intervención se cerraba con un aplauso y a veces se oía, entre los asientos, cómo se acogía al lector con muestras de aprobación o cariñosos consejos. Después de la intervención de Carmen y Elena estaba previsto que yo agotará los veinte minutos restantes con la lectura de versos y relatos míos. Abandoné la mesa y bajé de la tarima para estar más cerca de ellos (eran unos treinta), como siempre hago en mis clases, y procuré simplemente satisfacer la más mínima expectativa que tuviesen. Debo decir que no recuerdo haber estado en un acto donde hubiese un público más respetuoso y entregado. El silencio absoluto durante mis intervenciones, el respeto en las preguntas, el interés mostrado al final por cuestiones literarias convirtió aquella experiencia en algo inolvidable. Al terminar el acto dejé en la biblioteca del centro ejemplares de mis libros y nos hicimos una foto de grupo. Me autorizaron a publicarla en este blog (hasta hace poco no la he recibido, de ahí la demora) y ahora, cuando julio va llegando a su meta, yo les devuelvo la hospitalidad con la ingratitud de no recordar sus nombres, aun cuando tengo bien grabado cada momento de aquella tarde de lectura compartida. Un abrazo.

(Armando me presenta)

El nombrecito de la rosa o la literatura light

La prensa de hoy trae la noticia: Umberto Eco "aligerará" El nombre de la rosa para atraer a nuevos públicos. La nueva versión italiana estará en las librerías el 5 de octubre. Leí el libro en los años ochenta del siglo pasado, siendo estudiante del primer o segundo año de carrera. Para quien barruntaba entonces que se dedicaría a la Filología Clásica, la novela de Eco fue un descubrimiento y un goce en varios sentidos. La he releído en estos años un par de veces más y he visto hasta en cuatro ocasiones (que ahora recuerde) la película de Jean Jacques Annaud. Dedicado ya al estudio de la literatura latina de los siglos XV-XVI, con incursiones en la medieval, y, por esto mismo, en contacto habitual con códices e impresos quinientistas, la novela de Eco me supo mejor en cada relectura. La ambientación de los scriptoria medievales y su papel imprescindible en la pervivencia de la literatura clásica, la sombra alargada de Aristóteles, las discusiones en torno a la pobreza de los franciscanos, la fascinación por los códices, la trama policiaca, los guiños a Sherlock Holmes, Borges, la biblioteca de Alejandría... todo ello ha convertido el libro de Eco en un hito en la historia de la novela contemporánea. Es más, la estela de crímenes bajo sotana, los secretos abominables en catacumbas, el desciframiento de enigmas judeocristianos, cuando no masónicos, protestantes... no se entendería sin la historia que viven Guillermo de Baskerville y Adso de Melk. Por eso, la noticia de hoy me llena de estupor. ¿A qué viene esta versión light? ¿Qué necesidad hay de ella? ¿Para qué quiere Eco más lectores cuando se trata de uno de los libros más leídos en las últimas décadas? Aparte del embrollo que esto ocasiona a los historiadores de la literatura, para quienes seguimos disfrutando de las aventuras del franciscano ilustrado y orgulloso, la noticia huele a lo de siempre: bajemos el nivel para que lleguen los que no llegan, en lugar de estimular a esos mismos a que suban y alcancen mayores cotas de saber. Dicho en otras palabras, huele a ESO (para mis lectores no españoles: Enseñanza Secundaria Obligatoria = homogeneización de niveles, pero por abajo) y la rebaja paulatina de nivel que vivimos en la universidades. Sin embargo, no me esperaba algo así de un hombre como Eco, atento siempre a los relieves más recónditos e interesantes de la historia y la cultura (ahí están sus libros para demostrarlo). No quiero pensar que esto sea una concesión a la legión de fans de Harry Potter, la saga Crepúsculo y aledaños; es decir, la gallina de los huevos de oro de la adolescencia. Tampoco creo que, a estas alturas, Eco necesite el regreso a la primera línea mediática editorial. ¿Qué suprimirá en este El nombrecito de la rosa? ¿El deleite visual ante los códices de Beato de Liébana, Plinio el Viejo o Estrabón, o las discusiones de los franciscanos con la embajada papal? Porque a buen seguro que no aligera el peso de los crímenes de los pobres benedictinos. Tampoco parece disparatado aventurar que habrá película de la versión breve. Si Eco justifica su decisión en la necesidad de popularizar su novela, más grave me parece, insisto, cuando se trata de una obra tan leída durante décadas. Es como si Cervantes suprimiera del Quijote largas escenas, acaso tediosas, como, por ejemplo, los parlamentos pastoriles y otros episodios, dejándolo en un relato simplón de capa y espada. O como si Dante redujera de su Divina comedia el poso teológico y el resultado fuera un viaje al Más Allá estilo Disney. Porque no nos engañemos, si Eco ha dado este paso, no tardará en vender los derechos a la compañía del ratón que llaman Mickey.

El blog de los otros

No sé si a estas alturas (casi tres años) este blog mantiene el número de lectores o se ha ido desinflando, en cuyo caso la culpa solo es achacable a este pobre corifeo. Me pregunto a menudo cómo mis queridos José Manuel Benítez Ariza, Fernando Valls o Antonio Rivero Taravillo, por citar solo una muestra, pueden darle cuerda a diario (o casi) a la maquinaria de sus bitácoras, teniendo como tienen (me consta) tantas ocupaciones. ¡Y cómo es posible que escriban (sobre todo los dos primeros) entradas tan extensas! Al margen de que se sea más o menos versátil, más o menos culto, más o menos ingenioso, hay que tener tiempo, agua escurridiza que a todos se nos va entre los dedos. A menudo me acuerdo de mi madre, cuando de niños nos preguntaba, angustiada por la falta de ideas, ¿qué hago hoy de comer? A veces me pregunto, urgido porque los Silenos piden cuerda, ¿qué diablos escribo hoy? Porque este blog tiene, al menos en teoría, espíritu variable y no quiere ser una repetición de etiquetas (microrrelatos, poemas...). Sé que una sola idea, bien trabada, puede ser digna de quedar colgada de los hilos y expuesta al público, pero, ¿qué es una buena idea? Ayer me sobrevino una noticia de actualidad, curiosa, merecedora de comentario, mas como vino se me fue por causa del tiempo escurridizo que decía antes. Con todo, no me resisto a terminar mencionando al menos lo que recuerdo de ella, sobre todo por los lazos que me unen a Bélgica: hartos de meses sin gobierno, a una responsable política se le había ocurrido proponer a sus colegas mujeres que siguieran el ejemplo de Lisístrata, la heroína de Aristófanes que abanderó una huelga de sexo con los esposos en tanto que durara la guerra. Si prospera la idea, las belgas podrían dejar tan noble y sana actividad hasta que sus maridos y demás compañeros formen, de una vez por todas, un gobierno. Política, literatura clásica y sexo. La primera estresa, la segunda relaja y la tercera...

(Juegos animales en el zoo de Jerez de la Frontera)

Ahora todos son tiranos...

Ahora todos son tiranos. De ayer a hoy. Tiranos de Túnez, de Egipto, de Libia... Ayer, en la víspera del clamor popular, no eran tiranos todavía. Llevaban años amasando una fortuna a costa de la pobreza de su pueblo, años de política despótica y nepotismo vergonzante, años de represión de toda disidencia, pero no eran tiranos todavía. EEUU y la UE dicen ahora que son tiranos, que hay que congelarles las fortunas familiares y estrangular su poder autocrático. Y, como por arte de metamorfosis ovidiana, la prensa mundial, las televisiones y todos nosotros, antes tan ajenos, vemos con claridad que son unos tiranos que solo merecen el exilio o, incluso, la muerte.

* * *

Mientras eso acontece en las regiones de la arabía, en Sevilla, cristiana y casi primaveral, hay preludio de azahares. Anoche, por San Lorenzo, los costaleros del Gran Poder cargaban un armazón de madera que prefigura, en materia y espíritu, el paso verdadero. Imagino lo que debe de costar a un recién llegado de otras tierras entender que aquello no era más que un ensayo, que la gente guardaba respetuoso silencio porque en Sevilla se hace apología del silencio al paso de las imágenes, aunque sea
in absentia.

* * *

Ando en estos días acabando
Brillan monedas oxidadas (muy logrado oxímoron), de Juan Eduardo Zúñiga. Hay algo en el lenguaje de Zúñiga que brilla más que sus monedas, porque, con ser memorioso, no lo ha vencido la pátina del tiempo. Campaneros, chalanes, sacristanes, estudiantes y otros especímenes humanos en situaciones turbadoras, a veces en espera angustiosa de un destino inexorable, como el que vislumbra Pascuala en "Conjuro de marzo", quizás el más inquietante de todos los cuentos. No puedo evitar sentirme seducido y admirado cuando un escritor maneja con maestría literaria la lengua. Cada vez son menos, frente a una gran turba de escritores que creen que basta con saber sumar a un sujeto su verbo y su complemento directo. Leer, por ejemplo, a Álvaro Cunqueiro, o a este Zúñiga de esplendor maduro es siempre una lección placentera y provechosa.

(Gadafi, tirano libio, antes y ahora)

De El Cairo a Madrid: un ejemplo

La cacareada "refundación" del capitalismo anunciada al comienzo de la crisis ha pasado de largo, como Mister Marshall en el pueblo de Villar del Río, pues los bancos y los mercados siguen amasando los euros que a los demás nos faltan. Lo que son las cosas, ahora resulta que el Mundo Árabe, a voz en grito y sin miedo a los toques de queda, protagoniza una verdadera revolución que no se alza solo contra la tiranía, sino también (tanto monta) contra su enriquecimiento, que es el empobrecimiento del pueblo. Qué lección. Y yo me pregunto por qué no seguimos su ejemplo y, del mismo modo que se han echado a la calle para echar a su casa (o fuera, como en Túnez) a los mandatarios de larga duración, no salimos en España a la calle para echar a los políticos long-life, a cuya longevidad unen, en la mayoría de los casos, una soberana mediocridad. ¿Por qué no salimos a las calles y, a voz en grito, decimos a los políticos españoles que ya no soportamos más su bajura de miras, sus escasas entendederas, su cinismo chulesco? Hasta tanto eso ocurra, doy paseos por mi habitación gritando Fuera Mubarak.


Medardo Fraile y la docencia

Leo en estos días Antes del futuro imperfecto, de Medardo Fraile. Hay en estas historias un elenco de maestros y profesores que se ganan el afecto del lector en pocas líneas: la jovencísima Oria, que enseña la primera declinación latina con ilustración florida; don Eloy Millán, cuyo nombre se desdobla según los alumnos que lo invoquen; el padre Ciriaco, con "nombre de futbolista y olorcillo a incienso"; o Senén Pérez, a ratos bedel pelotero, a ratos sustituto en las clases de historia medieval. Son sólo algunos de los docentes que sirven a Fraile para reconstruir escenas de clase, de un tiempo que podría ser el de hoy, porque estas historias no rinden pleitesía a la corriente de cuéntame que hastía en la televisión y en una porción casposa de la literatura, sino que parten de pequeños encuentros en las clases para desplegar ante los ojos del lector algunas aristas de la vida que ya se abre ante sus bulliciosos alumnos. Baste como ejemplo "El cabezota", donde un alumno se queja de que su compañero de delante no le deja ver con su gran cabeza y don Luis, el maestro, reflexiona sobre las cabezotas peligrosas de verdad, "cabezotas con autoridad, prestigio, títulos". Leo este libro mientras en Túnez, Egipto, Yemen... parece haberse perdido el miedo a exigir públicamente una vida mejor, y pienso que esa es, en gran medida, la tarea del maestro: inculcar en sus alumnos ese estímulo, ensanchando las cuatro paredes decoradas del aula donde huele a bocadillo y colonia maternal.

¿Feliz Navidad?

Aunque no hago apostasía de la tradición familiar en estas fechas, la Navidad nunca fue fiesta de mi agrado. Por más que el solsticio invernal active la reconquista de la luz por las huestes del Sol Invicto, el ejército de las sombras aún tardará en retroceder. Acontece, por tanto, en días oscuros. Oscuro es el recuerdo, cada vez más abrumador, de los muertos. Oscura la memoria de los vivos que nos siguen jodiendo la vida. Oscura la perspectiva del año venidero, del que sólo tiene noticia cierta el dios Jano. Oscura -por depauperada- la tradición de los regalos, pues el engendro Noel-Magos es la prueba indiscutible de cómo bajo el manto de la "interculturalidad" se abriga la globalización consumista. Oscuro el espíritu insolidario (Berlanga, maestro Berlanga). Oscuras las nubes con que los banqueros y los políticos han sembrado el horizonte de ayer. Por ello prefiero las fiestas de primavera, con cantos y ofrendas a la primitiva Ceres, a la Tierra, a Dea Dia. Pero, con todo, lectores habituales de estos Silenos, visitantes ocasionales y otras especies de blogueros, os deseo

FELIZ NAVIDAD


(Donatus Park nevado en 2009. Lovaina. Fuente: Silenos)

La conquista silenciosa


Tal vez fue hace dos décadas. Sin duda en un despacho gris con una foto de Mao como testigo impertérrito. Tal vez fueron convocados algunos empresarios. Sin duda la idea brotó después de horas de cavilación y modorra. Lo cierto es que aquel día comenzó la conquista silenciosa de Occidente. Un general longevo, curtido en la guerra de trincheras, alumbró las formas del nuevo avance. Un ejército discreto, ejemplar en la entrega a la causa. La expansión imparable metro a metro cuadrado: sesenta en esta calle, ciento diez en aquel bulevar, doscientos cuarenta en esa avenida. Todos los locales hermanados, esperando la comunicación paredaña venidera. Y el tiempo, ah el tiempo. Todas las horas del día y parte de la noche. Hasta hoy se esfuerzan, afables, por aprender las lenguas de los países que conquistan, pero llegará el día en que sean tantos, que nosotros, pobres indígenas, habremos de aprender la suya. Los chinos, que son más sabios porque el sol les regala las primeras horas, saben que la victoria se esconde en el espacio y en el tiempo. Y mientras esperan celebrarlo, se ganan la vida vendiéndonos cachivaches y baratijas.

(Imagen: artillería del juego Risk)

El Cielo y el Infierno


Arde Oriente Próximo de nuevo, y aquí nos quejamos por sufrir otros calores, más llevaderos cerca del mar. Mientras escribo esto, de la calle llegan músicas entrecruzadas: trompetas y tambores de una banda que ensaya para no importa qué festejo (quizás la Semana Santa del año próximo) y la sirena de una ambulancia. Músicas que entrechocan, como entrechocan el Cielo y el Infierno. Dicen quienes conocen la Franja que son hermosas sus playas mediterráneas. Quizás por eso el nombre de Gaza signifique en latín "tesoro". Cuánto explican los nombres...


¿Para qué puñetas sirve un microrrelato?


¿Para qué puñetas sirve un microrrelato? ¿Para qué puñetas vale un poema? Hoy me he levantado con el eco persistente de estas cuestiones, que no son propias, pero sí demasiado frecuentes en las bocas ajenas. Imagino que es como preguntar para qué sirve detenerse a contemplar en el campo un escuadrón de hormigas en pleno ajetreo, o para qué vale inspirar con el empeño de oler la resaca matutina del mar después de una noche de tormenta. Lo cierto es que a veces incluso a quienes procuramos mantenernos lejos del pragmatismo literario nos asaltan dudas. Porque con el menoscabo del tiempo, el tiempo se vuelve más preciado, y en mucho de lo que hacemos surge sin remedio la sensación de pérdida, de vana ocupación que resta ocupación a proyectos más provechosos. Es posible que muchos de vosotros os hayáis preguntado en algún momento si realmente al elegir (¿se elige como se elige la barra de pan o un hotel en París?) la forma de vida, no estabais renunciando a otras mil formas acaso más certeras. A veces tengo esa impresión, cuando hago cómputo de lo mucho que he dedicado al estudio y la lectura, y no puedo evitar que ello repercuta sobre la tarea literaria, recuperada después de años de silencio. Ahora tengo en prensa (Montcada-DeBarris, Barcelona) un libro con ochenta microrrelatos, al que he dedicado más de dos años, y un poemario fruto del último trienio (Isla de Siltolá, Sevilla), amén de algunos microrrelatos en un próximo libro editado por Fernando Valls y un par de poemas en el número 2 de la Revista Isla de Siltolá. Y, sin embargo, lejos de estar feliz por este extraño (por novedoso) parto múltiple, no puedo evitar una cierta desazón, como si temiera que en esos escritos no estuviera el yo que soy, sino el yo que busca, indaga y persigue con inquietud no sabe qué, el yo que se cuestiona, después de escribirlos, para qué puñetas sirve un microrrelatos y para qué puñetas vale un poema en esta vida de renuncias y elecciones.

(Parque de San Donato, Lovaina. Fuente: Silenos)