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La calidad literaria en España, a partir de un comentario de Claudio Magris

Dedica Claudio Magris un capítulo de El Danubio a Marianne von Willemer (también conocida como Marianne Jung), la Suleika amante de Goethe. Aparte de reivindicar su trabajo de poetisa en el Diván de Oriente y Occidente de Goethe, Magris introduce una digresión sobre la calidad media de las obras que se escriben:
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Cualquier parroquiano de la sociedad literaria puede ser un autor decoroso y, en la práctica, lo es realmente con suma frecuencia; los libros auténticamente horrorosos son escasos y un clamoroso fracaso literario es un caso anómalo respecto de la aculturación estilística media, de la misma manera que lo es un vistoso error de ortografía respecto de la difundida alfabetización.
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La primera edición de El Danubio salió publicada en 1986, época en la que Internet era aún el futuro, al menos en países como Italia y España. ¿Pensará hoy lo mismo Magris? ¿Seguirá manteniendo que la media de calidad de las obras literaria es tan "decorosa", ahora que Internet hace visible a una legión de parroquianos que exhibe sin pudor perlas de sus escritos ya en letra de molde? En el caso de España, ¿es alta la calidad media de lo que se escribe? Y si se publican tantos volúmenes al año, ¿qué mecanismos serían fiables para una valoración de este tipo, porque no hay crítico, por muy superhombre que sea, que pueda leerlo todo. Aquí no valen ni los listados de libros más vendidos, ni la gracia concedida por los premios literarios, porque si los primeros son hijos del mercado, los premios son dádivas que se reparten entre amigos. ¿Quién tiene la suficiencia de un Magris para hacer una afirmación tan rotunda?
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(Cito por la traducción de Joaquín Jordá (Barcelona, Anagrama, 2009)

Anomalías de octubre

Octubre se ha vuelto estival. En este otoño anómalo, con árboles urbanos que se caen y virus apocalípticos, un calor húmedo recorre los cuerpos y agosta los espíritus. Con poco esfuerzo que se haga, el sudor asoma para recordarnos que somos, en gran medida, agua y sangre. Esta tarde me ha ocurrido, mientras enderezaba un poema empeñado en torcerse, en crecer a su aire, en encaminarse hacia latitudes poco aconsejables. Qué trabajo da un verso. Qué fatiga provoca cuando viene indómito. 
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Quizá por mor de esta anomalía estacional, ando leyendo cinco libros a la vez. Ya van mediados la novela que Vargas Llosa dedicó a Flora Tristán y a su nieto, Paul Gaugin (El paraíso en la otra esquina), y el portentoso recorrido de Claudio Magris por ese Danubio inacabable. También está avanzada la lectura de Tardes de Salamanca, el poemario que amablemente me ha enviado Jaime Siles. Y, entre uno y otro y otro, me deleito con dos libros de mi querido Italo Calvino: El camino de san Giovanni y Los libros de los otros, ya mencionado en el post anterior. Lectura y sudor en estas jornadas nada otoñales y tan virulentas.
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Microrrelato y tradición clásica (1): Ana Tapia

Una de las características del microrrelato hispanoamericano es la reescritura humorística de los mitos clásicos. La veneración hacia esa Biblia de los Gentiles que fueron a finales de la Edad Media las Metamorfosis de Ovidio se convierte, merced a esta subversión, en desapego de las auctoritates (Homero es uno de los más desacralizados) y en parodia de su legado. La cultivaron, entre otros maestros, Julio Torri, Juan José Arreola y Enrique Anderson Imbert. Y la tradición sigue en nuestros días a ambos lados del Atlántico en los relatos de Ana María Shua, Raúl Brasca, René Avilés Fabila, Lilian Elphick, Javier Tomeo, José María Merino, Juan Gracia Armendáriz o Gustavo Martín Garzo.
En el largo rastreo que he hecho en los dos últimos años he constatado que dicha estela, que arranca en Homero, continúa en los autores jóvenes, o no tan jóvenes pero que empiezan a cultivar el que Irene Andres-Suárez ha llamado el "cuarto género narrativo". Doy la primera entrega de lo que será una serie.
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ANA TAPIA
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El otro mito
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...Céfiro tuvo un hermano al que llamaban El Invertido que, en vez de soplar, aspiraba el aire con todas sus fuerzas. Y tanto aspiró, que se infló, cayó en el pico de una montaña, rodó ladera abajo, se despeñó y:
...a) Murió de forma inmediata
...b) Tal vez sobrevivió, a pesar de todo
...Pero lo cierto es que ya no aparece en ninguno de los libros de mitología.
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(Del libro Kiriwina, Granada, Fin de Viaje, 2012, p. 58)

De un libro nuevo, una muestra

Os dejo una muestra de un libro nuevo de microrrelatos, inspirado íntegramente en París, que anda estos días en busca de editor.
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Arthur y Paul
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Cercano el alba de un día abrileño, dos noctámbulos caminan abrazados por la rue Lepic camino del boulevar de Clichy. Se adivina que son asiduos de Montmartre porque celebran las bondades de la noche y muestran el desaliño indumentario como signo de distinción. Arthur y Paul son bien conocidos en los tugurios y prostíbulos por su desmedida adicción a la poesía. Acostumbran a declamar acodados en la penumbra de la barra, ante la fascinación de las putas y la mirada lánguida de los gays. Cuando Arthur no zozobra como un barco ebrio y Paul dirige con magisterio el ceremonial de las fiestas galantes, congregan en torno a sí a un auditorio atento, respetuoso y hasta émulo de sus virtudes literarias. Por la rue Lepic suelen bajar poco antes de que despunte el día, siempre juntos, siempre ebrios, luego de haber derramado versos blancos en las sábanas amigas.

Nuevo número (20) de "Campo de Agramante"

Mientras suena en mi estudio How am I to know? en la voz undosa de Shirley Horn, leo el poema "Verde en la fotografía", un inédito del poeta zaragozano Rosendo Tello (Me lleva hacia la fuente una música / cantada, no aprendida, por los pájaros). Sigo ambas músicas hasta donde puedo, pues esta tarde azulada mi ventana se ha quedado sin pájaros. Luego me marcho al mar con "No todo es mar", poema también inédito, de Vicente Aleixandre  (Porque la sangre, no, no hace espuma en las venas). Y de ahí paso a los árboles de hojas secas de "Papiro amoroso", otro inédito, de Rafael Adolfo Téllez (No sé desde qué árboles caían / como recios papiros / hasta el suelo / unas cuantas hojas secas, / lentas, tercas). Estos y otros inéditos me han llegado por correo, como parte de la última cosecha de Campo de Agramante, la revista de la Fundación Caballero Bonald que capitanean Jesús Fernández Palacios (dirección) y Josefa Parra Ramos (subdirección). Sale puntual, al filo del otoño, como corresponde al número semestral de primavera-verano. 
.  ..Otros frutos son artículos sobre Gil de Biedma (Styliani Voutsa), Rosendo Tello (Juan Marqués), José M. Castellet (Alex Broch), Julia Uceda (Blás Sánchez Dueñas), Vicente Núñez (Celia Fernández), Blas de Otero  (Juan José Lanz) y la presencia de Nueva York en la poesía española (Fernando Guzmán Simón). Añádanse los relatos "La caracola" de Juana Salabert, e "Historia de Susana", de Pepa Merlo
.  ..Como es habitual, la revista se cierra con el capítulo "Notas de lectura", donde se reseñan los siguientes libros: A. Gamoneda, Canción errónea, Tusquets, Barcelona 2010 (José Ramón Ripoll); Francisco Pleguezuelo, Obra completa, Quorum Editores, Cádiz, 2013 (Antonio Serrano Cueto); Rosendo Rello, Magia en la montaña, Prames, Zaragoza, 2013 (Juan Marqués); José Manuel Caballero Bonald, Regresos a Argónida en 33 entrevistas, Prensa Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2011 (Juan Carlos Abril); Francisco Brines, Aún no, Bartleby, Madrid, 2012 (Álvaro Salvador); Sergio Arlandis (ed.), Huésped del tiempo esquivo. Francisco Brines y su mundo poético, Renacimiento, Sevilla, 2013 (Juan Carlos Sierra); Antología cercada [1947], Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2012 (Alejandro Duque Amusco); Antonio Soler, Una historia violenta, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2013 (Rafael Ballesteros); Francisco Núñez Roldán, Jaque al Peón, Algaida, Sevilla, 2013 (Julio Manuel de la Rosa); Fruta extraña. Casi un siglo de poesía española del jazz, ed. J. Ignacio Guijarro, Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2013 (José Manuel Benítez Ariza).
.  ..Shirley Horn canta Summer (Estaté) cuando concluyo esta entrada. La tarde va menguando y siguen ausentes los pájaros, que imagino en la fuente de Tello, en el mar de Aleixandre, en los árboles de hojas caducas de Téllez.

Silencio, lecturas y fragua de versos

Disculparán los lectores de estos Silenos el silencio prolongado. Si hasta hace un mes se debía a que otras ocupaciones me tenían cautivo, ahora se debe a que no tengo más acceso a la red que esta cafetería aledaña a un centro comercial, cercano a la zona de playa donde suelo pasar parte del verano. Si a ello añadimos que nunca hemos querido televisor en esta estancia estival, el resultado es una jornada larga, plena de lecturas y escritura, con alguna visita (obligada) al cine de verano. Me he traído cuentos de Chéjov (en la edición de Paul Viejo) y Thomas Mann (en Edhasa), obras de Italo Calvino para relectura, el Rojo de Pamuk y poesía francesa en Gallimard (Paul Éluard y otros). Ando además a la zaga con varios versos que una vez se presentaron, se enquistaron e insisten en permanecer en el limbo de los versos solitarios, impidiendo que aflore el resto del poema. Creo que fue JRJ quien dijo que las Musas insuflan el primer verso, pero el resto es trabajo, duro trabajo ("canto obstinado") de taller. Cincel y martillo bajo el sol, apremiante, del Mediterráneo.

Ángel Crespo en Campo de Agramante

Eres tu mi maestro, tú mi autor:
eres tú solo aquel del que he tomado
el bello estilo que me diera honor
(Dante, Divina comedia, Infierno I 85-87. Trad. A. Crespo)
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Trae la última semana de la primavera el recuerdo de otro ángel poético. Con el sol ya en declive alzado sobre la balaustrada de la Alameda Apodaca, desde el salón de actos del Centro Cultural Reina Sofía veíamos el mar rizado de poniente. Mar al otro lado de los balcones; dentro, un campo fértil que llega desde la campiña jerezana: Campo de Agramante, la revista literaria de la Fundación Caballero Bonald. La gaditana Fundación Carlos Edmundo de Ory acogía el acto de presentación del número 19, dedicado a Ángel Crespo, poeta, traductor y crítico de arte. Más de cien páginas sobre la figura y obra de un poeta de grandeza poco reconocida en esta España tan corta de miras literarias en vida de los autores, pero tan propensa a las florituras en la póstuma pervivencia. He aquí las aportaciones notables de esta entrega:
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- "Ángel Crespo: poesía y humanismo" (José M. Caballero Bonald).
- "La natural emoción de Ángel Crespo" (Antonio Colinas).
- "Primera poesías: entre el juego postista y la especulación simbólica".
- "Poesía y porvenir"  (Ignacio García Crespo).
- "Los espejos del aire" (Juan A. Masoliver Ródenas).
- "Ángel Crespo y Juan Ramón Jiménez. Los dioses descielados" (Soledad González Ródenas).
- "Los trabajos y los días. Fragmentos de un diario" (Ángel Crespo).
- "Cabalgando un buey solitario" (Clara Janés).
- "Ángel Crespo, crítico literario: poética y pensamiento crítico" (Jaume Pont).
- "Ángel Crespo y la crítica de arte: su trayectoria" (Pilar Gómez Bedate).
- "Armonía de las bóvedas florentinas, fraternidad artística y forma humana. Una flor para Ángel Crespo y su poesía, desde Florencia" (Cristina Isoldi).
- "Ángel Crespo traducido por Arthur Terry" (Gareth Walters).
- "Biografía de Ángel Crespo, hombre sinónimo de libro" (José María Balcells).
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Añádanse, para enriquecer el volumen aún más, poemas inéditos de Antonio Colinas, Jaime Siles y Antonio Lucas, así como las habituales "Notas de lectura" o reseñas de libros recientes.
El acto de presentación, a cargo de Jesús Fernández Palacios y Josefa Parra, contó con la inestimable presencia de la viuda del poeta, Pilar Gómez Bedate, que habló de sus poemas primeros y la consideración que a Crespo le merecían. La acompañaba en la mesa un amigo de ambos, el escultor e ilustrador Fernando Navarro, quien evocó la convivencia amistosa y fecunda en el pueblo de Calaceite (Teruel), donde Ángel, Pilar y Fernando tenían residencia. Fernando, además, ha ilustrado la revista homenaje al amigo.
Concluido el acto, unos cuantos insatisfechos continuamos la conversación entre vinos y tapas al aire apacible de la noche. Descubrí que, además de la admiración por el excelente traductor de Dante, otros vínculos me unían a Pilar Gómez, Fernando y su esposa Pilar: el pueblo de Alcañiz, cercano a Calaceite, adonde labores profesionales me han llevado al menos en seis ocasiones en las últimas dos décadas. Hemos quedado en vernos allí, o en Calaceite, el próximo año. Será un placer seguir hablando de Ángel Crespo con quienes tan bien lo conocen.

Lanseros y Valverde aplacan el levante

La presentación de libros de poesía tiene algo de epifanía en diferido, algo de alumbramiento ya tardío. Y también de titánico esfuerzo por mostrar lo que brotó un día, cada vez más lejano, acaso en la soledad de un parque, o en mitad de un tumulto inspirador de soledades. Ayer, casi mediado junio, el viento de levante (por el brazo ejecutor del Centro Andaluz de las Letras) trajo a Cádiz a dos poetas andaluces cuyas voces ya forman parte del páramo poético. Raquel Lanseros, curtida en versos y premios, y Fernando Valverde, no menos favorecido por las Musas y procurador de encuentros donde la poesía habla y callan los poetas. Fueron presentados, respectivamente, por otros dos vates del Sur: Luis García Gil y Javier Vela. La tarde, ventosa e impertinente, contuvo su ímpetu y amainó durante el acto, dejando el tiempo adelgazado en un susurro, grato susurro. Raquel celebraba la vida y sus bondades, porque Las pequeñas espinas son pequeñas, mientras que Fernando abundaba en La insistencia del daño por madrugadas, ayeres y precipicios. Qué proeza venir a cantar versos en tardes de azote levantisco. Qué placer haber compartido esa calma, ese sorbo de agua en el secarral de este tiempo español tan anodino.




Otro poeta Ángel (Mendoza) y su luz de hoy

Hay poetas que labran su obra con callada dedicación, como si no quisieran hacer ruido con el martillo y el escoplo, y cada cierto tiempo asoman para regalarnos un poemario que es primor de ebanista, fruto en sazón. Es el caso de Ángel Mendoza, poeta de El Puerto de Santa María, cuyo quinto libro de poemas ha visto la luz en el sello Libros Canto y Cuento, la meritoria editorial jerezana que ha levantado otro poeta del Sur: José Mateos. Cuatro años después de su Pájaro negro (Siltolá), Mendoza vuelve con La luz de hoy a un tema que ya es medular en su poética: el tiempo. La niñez retorna como refugio luminoso frente a las sombras de hoy (Después, vuelta al Infierno / oliendo a Paraíso) y la memoria deviene reducto y bálsamo contra el paso acelerado y doloroso de la vida (Semáforo verde, / la vida que pasa). Poesía intimista y existencial, dolorosamente humana, que revela el desamparo creciente del adulto ante la vejez (Somos miedo que crece, / nostalgia de otra luna, / dolor de hacernos viejos). Ese desamparo cobra mayor dimensión cuando se toma conciencia de que una vida significa la renuncia a todas las demás, la insignificancia del hombre en el universo (Triste luz de bombilla / bajo infinitos astros). De ahí que la huida (¿hacia dónde?) sea una opción (Cualquier camino para susurrar / el idioma secreto de la vida). Pero no todo es sombrío en la visión del poeta. Luce la primavera en "Música de marzo" con reminiscencias machadianas (En las ramas de los sauces / el jilguero ha florecido, / los álamos blancos gritan / el verde azul de los ríos) y en otro poema de la estación florida, "Las palabras de mayo", se lanza un conjuro contra la desazón (Si mires donde mires / todo es agua podrida, / será que no encontraste / la llave de tu fuente). Lo mismo sucede en "Azúcar", cuya lluvia gozosa (está lloviendo azúcar. Mójate / del invierno más dulce de tu vida) contrarresta la lluvia sin ilusión de "Dos vidas"(Llueve sin ilusión y está la madrugada / limpiando las señales de un cuerpo que no es tuyo).
Los lectores de poesía deberían seguir el camino firme de este poeta, de este otro Ángel del verso español que, como Valente, clamaba en "Límite": Qué oscuro el borde de la luz / donde ya nada / reaparece".

El Japón de Mª. Ángeles Robles: qué grato descubrimiento

A veces acontece la alegría por triplicado: una editorial de factura siempre exquisita, una escritora que alumbra su primer libro, un fruto granado, puras delicatessen. A quienes conocemos desde hace años a Mª. Ángeles Robles no nos extraña tan delicioso fruto: había (hay) en ella fuerzas telúricas en contenida ebullición, el magma despacioso de la poesía que asoma para quedarse, para desplegar luminarias en esa senda en penumbra por la que todos transitamos. Su blog, El Japón de los libros, ya nos había regalado perlas de esta pasión ahora impresa. Tiene este opúsculo la circularidad del ciclo agrícola, pues se inicia con la floración temprana de las retamas y concluye con un tributo a la luna primaveral, la que luce su frialdad blanca muy de mañana (p. 119). Así define la autora la almendra del libro: Yo creo que Una senda en la penumbra. Hacia el corazón de Japón es un dietario emocional que tiene como telón de fondo mis lecturas japonesas (p. 11). Japón entrevisto, imaginado, visitado desde el remoto Occidente a través de Yukio Mishima, Miyamoto Musashi, Kamo no Chômei, Haruki Murakami, Natsume Sôseki, Yanusari Kawabata, Sei Shônagon y otros muchos referentes, entre los que brilla con luz propia Lafcadio Hearn, el occidental subyugado por la cultura japonesa con el que la autora, confiesa, inició este camino. Un libro que es revelación de un mundo lejano y, a la vez, de un mundo propio, interior, que aflora en cada pieza breve, en cada haiku, en cada mirada agradecida a las bondades de la naturaleza, a los relieves complejos de nuestra vida, que es breve fulgor. Pocos libros he leído últimamente tan dignos, tan honestamente abiertos al corazón no sólo de Japón, sino también de los lectores, y con una prosa tan bellamente escrita. Basten dos fragmentos de sendas piezas para que el lector se anime a descubrirlo en su integridad.
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EL FIN DEL FIN
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A los que creemos en la religión de la naturaleza nos queda el consuelo de ver a los que han desaparecido en el temblor sublime de los álamos.  (p. 17)

NUBES QUE PASAN
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Yo también te seguiría, como tu fiel Sora, a través de valles y montañas. Contemplaría contigo la luna, que es más hermosa sobre el monte Obatute. Recorrería senderos, que hoy no existen, hasta aquel templo que guarda la espesura. Y me sentaría a beber el sake de la hospitalidad en la cabaña aislada que construiste, junto al río Sumida, para huir del mundo. Como tú, cerraría la puerta a todo, menos a la lluvia insidiosa que se cuela por el tejado, y me dejaría arrastrar por el viento, como hacen las nubes. (p. 105)
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Eloy Tizón o el juego de los contrarios

.....“Algo tendrá el agua cuando la bendicen”, piensa el próximo lector contemplando el chapuzón de la cubierta. “De tantas reseñas elogiosas, de tanta laudatio en boca ajena solo puede inferirse la bendición de ese agua envolvente, de apariencia cálida”, añade mientras se dirige con el volumen a la caja de la librería. Pero aún no ha empezado la lectura, querido Eloy; aún no ha descubierto, entre el asombro y la inquietud, que nada es infalible, que nada responde a una simple ecuación lógica. Que todo es matemática fallida. O más bien, que está a punto de iniciar un viaje desconcertante a lomos del péndulo de Foucault.
.....En Técnicas de iluminación adquiere rango primordial la validez de los contrarios. Muy pronto el lector se siente arrastrado al mismo tiempo a un camino y su opuesto, a un acá y un allá: “Todo es hola y adiós” (p. 14). Y este vaivén, que acontece por igual en la mente y cuerpo de los personajes, se confirma poco después: “Uno está convencido de ello y también de lo contrario” (p. 17). He aquí la almendra de este libro: el extravío de los seres humanos, la vacilación constante, la elección de “no elegir, no rechazar” (p. 16), conforme a un extraño código que alimenta por igual la cobardía y el valor (p. 44). Son seres que buscan sin norte (o simplemente caminan y caminan, como el protagonista del primer relato, “Fotosíntesis”), sin saber muchas veces qué buscan, aunque esa búsqueda los lleve a quedarse “a las puertas del paraíso” (p. 18). Al autor le gusta situar a sus personajes en territorios marginales, en la frontera de lo que es y no es. Alegra, la protagonista de “Ciudad dormitorio”, lo suscribe: “Hay una hora en la que no está claro si subes al último metro de la noche o al primer metro de la mañana, si vas o vuelves, una hora morfina, ni sí ni no, entrecruzada, ni dormida ni despierta” (p. 36). Veo algo de temor medieval en ello, querido Eloy. El hombre del Medievo, tan seguro con la clasificación de lo existente, se sentía vulnerable ante las cosas y los seres que habitan en territorios idefinidos, inclasificables (el crepúsculo, instante en el que se funden el día y la noche; las encrucijadas, como aquella célebre en la que titubeó el mismísmo Hércules; los animales híbridos, como el mono, mitad hombre, mitad bestia…). En ese espacio anidaban las fuerzas ocultas.
.....No hay duda de que los personajes de este libro llevan latentes dos fuerzas, si bien muy distintas: una que los empuja hacia delante y otra que los frena, incluso los hace retroceder. Tizón ha sido pródigo en expresiones de esta oscilación: “Es domingo o merece ser domingo” (p. 21); “Iban y venían lámparas” (p. 29); “Así era todo, noches y días, ocio y empleo, escasez y abundancia” (p. 43); “cuánto las quiero, las aborrrezco” (p. 57); “Queda en el aire el vago temblor de una ambulancia [...] o quiza por aquí nunca pasó una ambulancia” (p. 61); “entrar y salir” (p. 73); “Algo empieza y algo termina, un ojo se apaga y otro se enciende” (p. 75); “Casarse y tener hijos. No casarse y no tener hijos” (p. 85); “No nos caía ni bien ni mal” (p. 88); “ni muy lejos ni muy cerca” (p. 92); “lágrimas de risa, de pena, de risa” (p. 96); “despacio o rápido (p. 142); “se abrían y cerraban, se abrían y cerraban” (p. 148). Sin embargo, no cabe ver renuncia o derrota, porque reconocer el desaliento no significa no combatirlo: “No estábamos dispuestos a darnos por vencidos, nos negábamos al desaliento” (30). 
.....Esta situación de precariedad en la que viven (”todo tendía al desequilibro y al esguince, al apagamiento y la precariedad”, p. 31) queda subrayada por manifestaciones varias de la vacilación: “¿Dónde estábamos y cuándo? ¿Para qué estábamos? […] “no me preguntes por qué” (p. 28); “Dios sabría por qué” (p. 30); “entraban ganas de, no sé” (p. 35); “Dudo” (p. 58); “Dudaba. Rectificaba” (pp. 66, 77); “¿Qué hacemos”? (p. 81); “la gente duda sobre qué será mejor, si abrir el paraguas o no” (p. 111-112); “No sé” (p. 117); “no me atrevía” (p. 123); “no sé por qué” (p. 138); “no sé qué más” (p. 141); “Cada día comprendo menos cosas y las comprendo peor. No me entiendo ni yo” (p. 143); “no entiende por qué motivo” (p. 147); “no entiendo por qué” (p. 148); “no se sabía por qué” (p. 153); “Quién sabe” (p. 156); “¿Qué quiénes somos?” (157); “Pero quién, dónde, cómo, cuándo” (p. 161). 
.....El deambular de los personajes ─que es tu deambular, Eloy, bien lo sabes─ por escenarios ya sórdidos e inhóspitos, ya luminosos y amables, se presenta sobre dos fondos bien maridados: el destello poético y el absurdo, a veces surrealista (aquí asoma un autor que ha bebido de la literatura fantástica). Porque este libro es un puzle de imágenes en cascada, donde la filosofía que mantiene en vilo a los personajes (abundan las frases sentenciosas, fruto del cuestionamiento constante) se asienta en hechos insólitos convertidos en cotidianos. En “Merecía ser domingo” encontramos una lluvia incesante de ropa, besos con sabor a playa normanda, un río que cuenta monedas y un concierto de músicos con chaqué en un lago congelado. En “Ciudad dormitorio” un hombre lleva transplantado un corazón de vaca, un grupo de ciervos pasta entre las estrellas y hay árboles que eructan pájaros. En otro relato, “Volver a Oz”, un hombre doma mecedoras. En “Alrededor de la boda”, la novia asiste a clase en la universidad con un cesto lleno de tortugas, a una mujer china le arde el pelo en la Gran Vía de Madrid y crecen champiñones en la guantera del descapotable en el que viajan los tres amigos invitados a la boda. El amor de “El cielo en casa” se muestra en caricias con las que la protagonista llega a un éxtasis astronómico, animal y celeste: “Hubo eclipses de luna, auroras boreales rozándonos las mejillas, estampidas de cebras y coros de ángeles, yo lo vi” (120). Por otra parte, a veces las sentencias se revisten con el color del absurdo: “Aquel que cena caracoles no merece estar solo” (15)...... 
.....En lo lingüístico también parece haber tenido reflejo ese vaivén de las almas. El autor alterna, con magisterio indudable, la brevedad y la abundancia. Para la primera se sirve de frases cortas (“Ser dos. Todo era mirada”, 25; Casa. Campo. Camino”, 28; “Me echan. Quiero perderme”, 54; “Mesas. Sillas. Árboles con cuello de jirafa”, 92; “Fuimos. Llegamos. Aparcamos. Entramos”, 121) y de la elipsis, presente en el comienzo in medias res (por ejemplo, el de  “La calidad del aire”: “Lo siguiente que sé es que salgo de la fiesta el lunes por la mañana”, 55) y en las frases truncadas (“Quiero decirte algo, compartir contigo un secreto, necesito confesarte que”, 25; “Me teñí el pelo de verde, y eso que a mí el verde”, 126; “Hasta que un día”, espléndido cierre del último relato y de todo el libro, 162). Pero, como decía, esta brevitas no impide que el autor se entregue a prolijas descripciones (por ejemplo, la visión desde el avión de la tierra en “Los horarios cambiados”, 74); e incluso se permita una mirada borgiana al universo encerrado en lo pequeño, como sucede con la cartera del protagonista de “La calidad del aire” (“La billetera y las llaves ocupan, en el espacio, unos 10 cm2. Toda nuestra civilización depende de esos 10 cm2. Siglos de cultura y gastronomía, escuelas artísticas, movimientos teológicos, avances y retrocesos científicos, investigaciones filosóficas, tratados morales y políticos, teoría económica […]”, 59) y con la maleta de la mujer que lo persigue en ese mismo relato, maleta en la que cabe “un universo en sí misma, con sus crisis, su microclima y sus accidentes orográficos” (67).
.....Añadamos a ello un flujo ágil, veloz a veces, de las ideas y los acontecimientos. Una suerte de río que avanza y retrocede, golpea los cantos del lecho, se desborda en algunos tramos del cauce, mantiene al lector siempre alerta a sus efímeras metamorfosis. 
.....Ante un libro así, querido Eloy, y pese a la zozobra del viaje, no queda sino concluir afirmando tajantemente que sí, que este agua que lo baña es agua bendita. Mi admirada felicitación.

Mis cuentos en el blog de Antón Castro

El escritor y periodista Antón Castro publica hoy en su blog tres relatos míos. Muchas gracias, Antón. Podéis leerlos AQUÍ.

Antología de Cátedra: el cuento español según los autores

...Casi tanto como los cuentos antologados por Ángeles Encinar para Cátedra me interesan las respuestas que los 38 autores le han dado a dos cuestiones planteadas: a) la tendencia del cuento español en las últimas décadas; b) autores fundamentales de finales del XX y lo que llevamos del XXI. He realizado una lectura despaciosa de todas las propuestas, contrastándolas y agrupándolas en bloques más o menos semejantes. Aunque el resultado que ofrezco ha de tomarse con las reservas pertinentes (los antologados solo representan una parte de los escritores españoles de cuentos, los errores de apreciación o cómputo que yo haya podido cometer, el silencio de autores cuya opinión sería sin duda valiosa...), creo, sin embargo, que son datos suficientes para extraer algunas conclusiones. 

a) Tendencia

- El cuento español es heterogéneo, permeable, ecléctico e híbrido: 14 autores.
- Magisterio de la narrativa nortemaericana: 6.
- No hay una tendencia clara: 5
- Superación del realismo y mayor presencia de lo fantástico, lo fabuloso y el absurdo: 5.
- Magisterio de la narrativa hispanoamericana: 4.
- Emancipación: 4.  
- Influencia de autores centroeuropeos: 1. 
- Se impone el realismo: 1. 
- Dos tendencias: el cuento fantástico y el realista: 1.
- Dos tendencias: el cuento fantástico y el microrrelato: 1.
- Cierto realismo naturalista, urbano y posmoderno: 1.

b) Autores
...
...Aunque la pregunta se refería solo a autores fundamentales (españoles y extranjeros), muchas de las propuestas añaden otros nombres, a veces en largos listados que no responden a ninguna prelación. Por otra parte, en algunos casos es de suponer que en la selección de autores han influido lazos de amistad o afinidad literaria. Y hay quienes han incluido a escritores que han cultivado el cuento de manera excepcional o que solo cultivan el microrrelato. Estos son todos por orden de frecuencia (señalo en negrita a los autores recogidos en el libro).

Del ámbito hispano

12 autores citan a C. Fernández Cubas.
10 > José Mª. Merino.
9 > Julio Cortázar, Eloy Tizón.
8 > Quim Monzó, Hipólito G. Navarro.
7 > Ignacio Aldecoa, Jorge Luis Borges.
6 > J. Eduardo Zúñiga, Carlos Castán, Roberto Bolaño. 
5 > Gonzalo Calcedo, Ana Mª. Matute, Fernando Aramburu, Manuel Moyano, Ángel Olgoso.
4 > Jon Bilbao, Félix J. Palma, Ángel Zapata, Medardo Fraile, Sergi Pàmies, Fernando Iwasaki, Andrés Neuman, Luis Magrinyà, Augusto Monterroso.
3 > Julio Ramón Ribeyro, Cristina Grande, Jesús Ortega, Óscar Esquivias, Luis Mateo Díez, Cristian Crusat, Patricia Esteban Erlés, Medardo Fraile, Juan Jacinto Muñoz Rengel.
2 > Carmen Martín Gaite, Paul Viejo, Clara Obligado, Juan Bonilla, Elvira Navarro, Miguel Ángel Muñoz, Sara Mesa, Ignacio Martínez de Pisón, Cristina Cerrada, Horacio Quiroga, Ana Mª. Shua, Eva Puyó, Esther García Llovet, Ana Blandiana, Antonio Pereyra, Javier Sáez de Ibarra, David Roas, Care Santos, Isabel González, Isabel Mellado, Rodolfo Fogwill, Samanta Schweblin, Inés Mendoza.
1 > Daniel Cascón, Pepe Cervera, Andrés Ibáñez, Enrique Vila-Matas, Patricio Pron, Javier Calvo, Juan Gómez Bárcena, Víctor A. Antón, Matías Candeira, Álvaro Enrigue, César Aira, Miguel A. Zapata, Rodrigo Rey Rosa, Nuria Labari, Juan Carlos Méndez Guédez, Adolfo García Ortega, Ricardo Méndez Salmón, Eduardo Jordá, José María Conget, Javier Tomeo, Juan Pedro Aparicio, Pere Calders, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Manuel Longares, Pedro Zarraluki, Jordi Puntí, José Alberto García Avilés, Ginés Sánchez, Jesús, Edgardo Cozarinsky, Carrasco, Juan Carlos Márquez, Juan Carlos Onetti, José Donayre, Daniel Sueiro, Joer Saer, Felisberto Hernández, Ángel Fernández Santos, Miguel Delibes, Max Aub, Javier Pérez Andújar, Esteban Padrós de Palacios, Alberto Luque Cortina, Alfonso Fernández Burgos, Juan Benet, Pablo Andrés Escapa, Blas Matamoro, Víctor García Antón, José Manuel Martín Peña, Antonio Dafos, Guillermo Martínez, Fernando Clemot, Francesc Serés, Ignacio Vidal-Fosch, Guillermo Busutil, Miguel Torga, Manuel Longares, Mercedes Cebrián, Gemma Pellicer, Ismael Grasa, Ignacio Ferrando, García Martín, Alberto Chimal, Marcelo Birmajer, Gustavo Nielsen, Raúl Brasca, Jorge Riestra, Eugenio Mandrini, Andrés Ehrenhau, Eduardo Berti, José Güich, Guadalupe Nettel, Miguel Serrano Larraz, Enrique Prochazka, Braulio Ortiz Poole, Rafael Dieste, Carola Aikin, Marcos Giralt Torrente. 
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Extranjeros

12 autores citan a Raymond Carver. 
9> Alice Munro. 
8> John Cheever, David Foster Wallace. 
7> Anton Chéjov, Lorrie Moore. 
4> Richard Ford. 
3> Doroty Parker, Edgar Allan Poe, Franz Kafka, Ethan Canin, Wells Tower, Flannery O’Connor, Haruki Murakami, Lydia Davis. 
2> Clarice Lispector, Italo Calvino, Pierre Michon, Truman Capote, Ian McEwan, John Updike, Tobias Wolf, Scott Fitzgerald, Heminway, Guy de  Maupassant, Don DeLillo. 
1> Eudora Welty, E. T. A. Hoffmann, Leon Tolstói, Heinrich von Kleist, Danilo Kis, Nicolái Leskov, Herman Melville, Samuel Beckett, Nicolái Gógol, Kjell Askidsen, Amy Hempel, Dave Eggers, Richard Russo, Milijenko Jergovic, Ingo Schulze, Katherine Anne Porter, Katherine Mansfield, Marguerite Duras, Charles Bukowsky, Milas Kundera, Olivier Adam, Amy Hempel, Julian Barnes, Charles Baxter, Leonard Michaels, Joyce Carol Oates, Elena Ferrante, Djuna Bernes, Ted Hughes, J. D. Salinger, Kazuo Isighuro, Thom Jones, Julian Barnes, Svetislav Basara, Dan Rhodes, A. M. Homes, Michel Chabon, Rudyard Kipling, Mavis Gallant, J. G. Ballard, Antonio Tabucchi, Aleksandar Hemon, Peter Stamm, Robert Coover, Slawomir Mrozek, Fleur Jaeggy, Etgar Keret, Bernard Quriny, Miroslav Penkov, Nancy Lee, W. S. Sebald, Milorad Pavic, Alice Erian, Sherman Alexie, Boris Vian, Yasutaka Tsutsui, Ray Bradbury, Stanislaw Lem,  Donald Barthelme, Dino Buzzati, Isak Dinesen, Saki, Herta Müller, Henry James, Slawomir Mrozek, Edgar Keret, Claire Keegan, Yoko Tawada.

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Aspectos sobre los que llamo la atención

1.- Escritores españoles incluidos en la antología no citados por sus compañeros: Pilar Adón, Felipe Benítez Reyes, Almudena Grandes, Irene Jiménez, Berta Marsé, Ricardo Menéndez Salmón, Julia Otxoa, Pedro Ugarte y Berta Vias Mahou. No creo que deba yo ahora glosar los méritos al respecto de Benítez Reyes o Julia Otxoa.
2.- No hay sopresas con respecto a los autores de cabecera: Fernández Cubas, Merino, Cortázar, Carver, Wallace, Munro y Cheever. 
3.- Subida notable de Eloy Tizón e Hipólito G. Navarro.
4.- Papel un tanto relegado de Borges. 
5.- Escasa presencia de narradores franceses (Maupassant casi olvidado).
6.- Escasa presencia de algunos italianos fundamentales para comprender el cuento en el siglo XX, como Dino Buzzati e Italo Calvino. 
7.- Casi nula presencia de Javier Tomeo y algunos escritores hispanoamericanos, como Carpentier, Onetti o Rulfo. 
8.- Inclusión en puestos medios de escritores españoles de trayectoria ascendente, como Castán, Moyano, Olgoso o A. Zapata.
9.- Presencia de jóvenes con pocos libros en su haber: Cristina Grande o Patricia Esteban Erlés.