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Todos somos el Minotauro en la red

Esta primavera cumplirán los Silenos cinco años. Un lustro es mucho tiempo en la vida de un blog, porque cada día se abren miles y muchos menos logran sobrevivir. La tarea requiere la constancia del autor, pareja en buena medida al interés de los lectores. Sin embargo, en la red todo acaba dispersándose. La red ya no es un océano: va camino de ser un universo. Los senderos se bifurcan, las encrucijadas se multiplican por cien, por mil, y brotan laberintos que generan dentro de sí otros laberintos. Todos somos el Minotauro en la red. Los cantos de sirena de Facebook, Twiter y otros inventos gregarios recientes arrebatan lectores al blog, y entre esos lectores escapan a menudo los amigos. Cuesta seguirles el rastro en este dédalo intangible. Menos mal que quedan algunos paladines, cultivadores del espacio recogido y la palabra selecta, como Benítez Ariza, Rivero Taravillo, Valls, Álvaro Valverde, García Martín, Norberto L. Romero, Antón Castro, Gemma Pellicer...  Todavía hay norte para quienes navegamos perdidos.

"Fuera pijamas" en Documenta Mínima


Documenta Mínima se hace eco de mi Fuera pijamas. Se trata de un blog que nace con el propósito de "reseñar todos los libros dedicados a esos subgéneros supuestamente menores, las microformas". Como podrá verse, los autores del blog no hacen reseñas críticas, sino que reproducen alguno de los textos de los libros seleccionados. Un eco de la publicación que siempre se agradece.

Blog y Facebook

Ayer cancelé mi cuenta con Facebook. No voy a denostar aquí las redes sociales, pero mi experiencia no ha sido lo suficientemente grata como para quedarme. Después de algunos meses de prueba, he descubierto aspectos que no me gustan. El principal es que la mayor parte de lo que escribe la gente son chorradas (yo mismo me vi escribiendo algunas, contagiado) sobre su vida privada que no me interesan lo más mínimo. Tampoco me gusta que el usuario no tenga el control de todo lo que se dice (o de las imágenes que se cuelgan) de él. Recientemente vi en el perfil de un amigo que alguien le había enviado una especie de encuesta en la que le preguntaba qué ratos buenos había pasado conmigo. (¿?) Es cierto que uno de sus valores es que se establece contacto con amigos o conocidos a los que perdimos el rastro, pero también he observado en mi caso que, pasada la euforia primera, la comunicación ha acabado reduciéndose a los de siempre, a los mismos con los que mantengo contacto real y a quienes ya me visitaban en el blog. Por ello, me he despedido dando las señas de estos silenos, para quien aún no los conozca, porque aquí me siento más a gusto, aunque lo que escriba no aparezca simultáneamente en centenares de perfiles a la vez.

Un adiós inocente, inocente

En vista de los muchos amigos que me han expresado su preocupación (algunos por correo privado) por el cierre de este blog, adelanto dos horas (sobre las 00.00 h., fin de la jornada) la confesión de que, como algunos ya sospecharon, se trataba de una inocente inocentada. Hay toreros y cantantes (ay, Raphael) que anuncian su retirada sin descanso y, como si los dioses les hubiesen regalado una longevidad mayor que la de su admirado público, siguen erre que erre hasta el hastío. Yo espero no llegar a tanto, pero, de momento, estos silenos continuarán su danza, máxime cuando en el día de hoy han sucitado el comentario de personas que no suelen dejarlos, lo cual me hace pensar que al otro lado sigue habiendo lectores silenciosos. Gracias, amigos, por el interés y el apoyo. Entre todos hemos hecho más verosímil esta broma.

(Imagen: el paquidermo Pinocho del zoo de Jerez. Fuente: Silenos)

Adiós de los Silenos

Queridos amigos, después de mucho pensarlo (que si sí, que si no, que si sí...), el corifeo de estos Silenos ha decidido retirarles la licencia de baile o, lo que es lo mismo, a partir de hoy dejarán de bailar. La razón es bien simple: están cansandos de una danza que ya no despierta el interés de muchos de vosotros (ya apenas dejáis comentarios), como si hubieseis decicido emigrar a otras latitudes más amables. Como digo, lo he pensado mucho, porque sé que hay lectores incondicionales que (esos sí) nos echarán de menos. Pero es hora de cambios, de empezar una nueva andadura sin las cadenas de internet. Quizás alguien piense que, si no tienes una ventana en la red, no existes; sin embargo, todos existíamos antes y, si las Parcas lo permiten, seguiremos existiendo después de echar la persiana.
.....Ahora bien, que mis Silenos no bailen no significa que yo, corifeo en segundo plano, abandone la grata tarea de visitaros. Mientras la presbicia no lo impida, seguiré subiendo a la nave de los locos que navega por los mares literarios y convive en cada singladura con la tormenta en un vaso de agua; contemplaré esa columna de humo que asoma por el horizonte de la bahía gaditana, cercana al taller de los oficios del diletante, al sur de ese territorio mágico que es trópico de la Mancha; buscaré a los amigos por estos andurriales, aunque ello suponga el peligroso juego de poner la vida en el filo de una espada; haré nueva carrera con un máster en nubes y hurgaré en el subconciente de la memoria métrica, sin que ello signifique el abandono de los sueños en la memoria. Sé que alguien dirá ah de la vida, o tal vez atribuya esta despedida al humor mío, pero ha de saber que todo lo que nos rodea es un mero mercado de espejismos, menos grato que el Café Arcadia donde se sirve, en copas exquisitas, fuego con nieve. Como veis, las cosas no cambiarán mucho, porque, al margen de los días, seguirá habiendo antojos ultramar y una puerta falsa por la que seguiré sintiendo caricias perplejas o viajaré hasta la isla de Elca, el reino de Hansel en Baviera o el recién descubierto Japón de los libros. En definitiva, con una lágrima en el ojo izquierdo, que es el de las emociones inmediatas, me despido de todos vosotros para vivir los días de mis noches, tal vez con la imaginaria del alma. En cualquier caso, ha llegado la hora de dedicar el pasado que me espera a mi afición callada: una caña de pescar y el mar por montera.

Feliz Año 2011.


De vez en cuando, un anónimo


La red tiene esas cosas: que hay muchos necios parapetados detrás del anonimato. De vez en cuando recibo algún comentario sin firma que rezuma mala leche, y lo tiro directamente a la papelera, no sin antes responderle con algún dardo. Me pregunto por qué hay gente que pierde el tiempo con estas majaderías. Salvo un par de personas, creo no haber alimentado enemistades. ¿Proceden de este ínclito par? Es posible, pero no es justo atribuir la ponzoña sin pruebas. En caso de que no sea así, menos entiendo que alguien, acaso al otro lado del país o del planeta, sienta placer escribiendo mamarrachadas contra un perfecto desconocido. Acepto cualquier crítica sobre lo que escribo en este blog, y las publicaré siempre que se adornen con esa extraña prenda en estos días que es el respeto y vengan rubricadas. La basura, en cambio, sólo cabe en la papelera.

(Gárgola del Museo de Cluny, París. Fuente: Silenos)

Nuevos silenos

Estos silenos se acercan a las 50,000 visitas. Aprovecho para renovar su imagen y, de paso, la mía. Noviembre no es mal mes para remodelar la fachada.

Mudez, balbuceo, vagancia


Esta mañana me he dicho que estos silenos se me están acostumbrando a la vagancia y, como el baile es ejercicio noble y saludable, me he quebrado los cascos por darles negocio (en su sentido etimológico: nec -otium, que estos silenos saben latines), pero hete aquí que no ha sido posible. Esta tarde he vuelto al empeño, sin más resultado que un borrador borrado. Anochece en mi ciudad y, comoquiera que soy terco para ciertas cosas, me he propuesto que no se vayan a la espesura de los bosques sin danzar un poco. Éste es el pobre resultado de mis esfuerzos, del que ellos harán, a buen seguro, merecido escarnio. Porque hay días mudos, o, en todo caso, de balbuceo torpe, en los que escribo por no aflojar velas y seguir apostando por los vientos. Lo cual es sólo eso: una apuesta. Y en las apuestas nos jugamos (y con frecuencia perdemos) soplos de vida y jirones de hacienda.

La crisis bloguera


Ya es un locus communis que los blogueros, pasado el arrobo inicial por el invento y una vez asumido que la hiperactividad primera sólo pueden mantenerla contadas personas (por ejemplo, Benítez Ariza, que ofrece entrada casi a diario), se cuestionen si merece la pena el empeño de mantener viva esta ventana (véase Memoria métrica). La mayoría concluye afirmativamente, luego de confesar que deben limitar el número de entradas a dos o tres semanales. Cuando los sicólogos de la red aún andan analizando este fenónemo, ahora otra sombra amenaza con mermar la blogosfera: las redes sociales, especialmente Facebook. Porque allí no es necesario escribir más de una o dos líneas, y cualquier ocurrencia tiene rango suficiente para ser expuesta en la plaza pública, mientras que un blog que se precie regala con cierta profusión un fruto selecto. Porque allí esa ocurrencia se muestra en la página principal de dos o tres mil personas a la vez, según aumente tu nómina de amigos, mientras que los lectores del blog se reducen a quienes te conocen, a quienes llegan rebotados de esos blogs amigos y a quienes se topan por casualidad con tu web y deciden convertirse en vecinos. Algunos de mis lectores y yo mismo navegamos en las dos aguas, pero sabemos que el blog es nave recia, con sólido motor de bancada, frente a los esquifes inestables de las redes sociales. Cuando me preguntan por esta doble faena, no puedo evitar expresar mis preferencias por los Silenos, sin sentir por ello el pudor que sentiría cualquier buen padre al excluir de su afecto más cercano a otro de los hijos. Eso sí, me gustaría que bailasen más y mejor, pero aún estoy aprendiendo el difícil oficio de corifeo.

2 añitos en danza


Hoy cumplen estos silenos dos años de baile. Vosotros sois los responsables. Gracias a todos mis lectores, fieles y esporádicos. Brindo por vosotros. con vino griego. Os dejo un enlace a una de las primeras entradas, en la que explicaba el sentido del título del blog.