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Lanseros y Valverde aplacan el levante

La presentación de libros de poesía tiene algo de epifanía en diferido, algo de alumbramiento ya tardío. Y también de titánico esfuerzo por mostrar lo que brotó un día, cada vez más lejano, acaso en la soledad de un parque, o en mitad de un tumulto inspirador de soledades. Ayer, casi mediado junio, el viento de levante (por el brazo ejecutor del Centro Andaluz de las Letras) trajo a Cádiz a dos poetas andaluces cuyas voces ya forman parte del páramo poético. Raquel Lanseros, curtida en versos y premios, y Fernando Valverde, no menos favorecido por las Musas y procurador de encuentros donde la poesía habla y callan los poetas. Fueron presentados, respectivamente, por otros dos vates del Sur: Luis García Gil y Javier Vela. La tarde, ventosa e impertinente, contuvo su ímpetu y amainó durante el acto, dejando el tiempo adelgazado en un susurro, grato susurro. Raquel celebraba la vida y sus bondades, porque Las pequeñas espinas son pequeñas, mientras que Fernando abundaba en La insistencia del daño por madrugadas, ayeres y precipicios. Qué proeza venir a cantar versos en tardes de azote levantisco. Qué placer haber compartido esa calma, ese sorbo de agua en el secarral de este tiempo español tan anodino.




El doble (mi hermano y yo)

De un tiempo a esta parte me persigue el fantasma del doble literario. Tal vez porque no le he rendido merecido homenaje en alguno de mis escritos; tal vez porque, con la edad, la vista y el pensamiento juegan a menudo con los desdobles. Lo cierto es que empezó hace meses, se repitió ayer y ha vuelto a suceder hoy. La prensa gaditana funde en confusión que ya parece consolidada la persona de mi hermano, escritor y cineasta, con la mía, más modesta en los perfiles.
El Independiente de Cádiz, 17/05/2013
Algo de parecido físico tenemos (es él quien se parece a mí, pues llegó cuando yo ya estaba), no lo negaré, pero el fruto de nuestros desvelos literarios es diferente. Menos mal que nuestra relación no se asemeja a la de hermanos de leyenda, como Caín y Abel o Rómulo y Remo, lo cual me permite albergar la esperanza de que no hay maleficio en este hermanamiento periodístico. Tal vez la culpa de todo esté en esta foto, tomada el día en que presentamos Cádiz oculto. Historias gaditanas para no dormir, de José Manuel. Confío en que la cosa no acabe quitándonos el sueño:
 
Asociación de la Prensa de Cádiz (19/11/2011)

Literatura y pintura en Benaocaz

Durante estos días festivos en torno a las fiestas de la  Constitución y la Inmaculada, en Benaocaz, pueblo serrano de Cádiz, se ha celebrado la fiesta del arte (Arte para todos). 
Pintores de la zona, muchos de ellos de larga y sólida trayectoria (José A.  Martell, Manuel Morgado, Jose L. Mancilla, Javier Molina, Caridad Soto, Antoniop Benítez, Paco Gil, entre otros), han convertido la pequeña plaza consistorial en una galería al aire libre, incluso bajo la lluvia y la niebla matutinas del viernes. A ellos nos hemos sumado, como el año pasado, dos escritores con vínculos serranos: José Manuel Benítez Ariza y servidor. Mientras ellos exhibían su mercadería de colores, nosotros voceábamos la nuestra de sílabas huidizas. A nuestro lado, Lourdes Rodríguez, llegada desde Sevilla, vendía su bisutería de espirales y geometrías serpentinas. La fiesta se inauguró el jueves, a la hora del ángelus, con la presentación de dos libros nuestros que son maridaje de literatura y arte: el relato Bum (de José Manuel), ilustrado por Javier Molina, y mi poemario Son caminos, ilustrado por Manuel Morgado.
Ofició Nieves Vázquez Recio, la directora de Cuadernos de Kronion, la colección tan bellamente editada por Del Centro Editores (Madrid) que acoge ambos libros. Una buena excusa para un encuentro de amigos en estos tiempos maltrechos. Gracias, como siempre, a Martell y Susana, excelentes anfitriones en toda ocasión que se presente.





(Arriba, en el acto, de izquierda a derecha: Ana Belén García, primera teniente de alcalde del ayuntamiento de Benaocaz; Javier Molina, José Manuel Benítez Ariza, Nieves Vázquez Recio, ASC, Manuel Morgado. En la tercera imagen, Lourdes Rodríguez. Abajo, fachada del ayuntamiento con artistas, escritores y visitantes)

La cofradía de Fernando Quiñones


Ayer, Sábado de Pasión y lágrimas celestiales, a ratos contenidas, a ratos derramadas, celebramos la II Ruta Fernando Quiñones en Cádiz. Blanca Flores y Juan José Téllez, como ya ocurriera el año pasado, se pusieron al frente de esta cofradía de cantaores, artistas, poetas, lectores, actores, amigos, familiares... Un centenar de penitentes de variados e inconfesables pecados, cuyo número fue creciendo a medida que el penar se dejaba oír por las calles. Desde la visita inicial al horno y patio con limonero en Casa Hidalgo, el gallego que frente a la catedral ha empanado, con atún y carne, la infancia de muchos gaditanos, a la ofrenda de flores y arenques en la estatua del escritor, allá en la antesala de la puerta sur de la Caleta, pasando por la calle Flamenco, el Muelle, el monumento a las Cortes, la Asociación de la Prensa, el Casino Gaditano, el Oratorio de San Felipe, el Falla y Varcárcel. Después de tantas estaciones de penitencia, sobrellevadas con literatura y música, la entrada final en el templo: la peña Juanito Villar.



Luego de la necesaria restauración de los fieles, a base de tortillas de camarones y cazón en adobo, se procedió ante el retablo a un variado surtido de oraciones, poéticas las unas, musicales las otras. Ahora, en la resaca pasional de este Domingo de Ramos, recuerdo las letanías sublimes de Paco Medina, Joaquín el Niño de Sola y Javier Ruibal. También se me aparece entre la bruma, cual nueva santísima trinidad, el cante de Carmen de la Jara y Mariana Cornejo con Javier Osuna a la guitarra. Y la gloria, la gloria descendida hasta ese templo entregado en la voz portentosa de Inma Márquez. Y otros muchos que en el día cantaron o escenificaron sus aleluyas, como Antonio Estrada, David Palomar, Antonio Martínez Ares, Antonio Flor o Fernando Lobo. Celebración entre amigos cofrades, con la presencia emocionada de Nadia Consolani y Mauro Quiñones. Tarde mística en Cádiz, que algunos prolongamos, por mor de la fe, en el cafe-bar El Pelícano, escuchando el son montuno del cubano-gaditano Alejo Martínez. Amén.



(Estación de penitencia frente a Juan Sebastián Elcano, en la calle Flamendo,
ante la librería Manuel de Falla, decorada para la ocasión, y en el Casino Gaditano.
Fotografías en blanco y negro de Armando Lara Narbona; foto en color, de Cinty Leiva)

Más información AQUÍ.

¿Para qué sirven las lecturas públicas?

A veces me pregunto si las lecturas públicas sirven para algo. Es de suponer que se hacen por alguno (o varios) de estos propósitos: a) estimular la lectura en quienes sufren alergia a los libros; b) deleitar al bienintencionado auditorio, c) dar publicidad a un título recién salido. Sin embargo, a tantos fines, tantas objecciones. Veamos. El propósito de a es quizás el más inalcanzable, pues los no-lectores (por esa misma naturaleza negativa) no acuden a actos literarios. Y cuando se les ha obligado a asistir, como ocurre con el plan de promoción de la lectura de, pongamos por caso, el Centro Andaluz de las Letras, no pocos (sobre todo si se trata de adolescentes) desconectan las neuronas y se instalan en el territorio de la ausencia-hastío, sabedores de que el martirio tiene pronto final. En el caso de que la lectura tenga como objetivo el deleite (b), estaremos de acuerdo en que ha de darse una premisa previa: que el lector público sea lector deleitoso. Mas esto rara vez sucede. El arte de leer en público es el arte menos común entre poetas y escritores, por limitarme ahora al noble y antiguo colectivo de los escribientes. No hace mucho asistí a la presentación de un libro de poesía en la que un lector "espontáneo", poeta también al parecer, declamaba con voz engolada y azotes del aire, ante un auditorio, me temo (a juzgar por los aplausos), que cifraba la hondura y calidad poéticas en el eco abovedado. En otros casos, en cambio, el resultado suele ser la misma ausencia-hastío susodicha al hablar de la adolescencia. Llegamos así al propósito c. He de decir que este siempre cumple su tarea: la publicidad de un libro recién horneado se garantiza con la sola presencia de una persona, familia o amigo. Si, además, se trata de un autor de renombre y cartelería, el público llena la sala y hace cola al final para llevarse el autógrafo, prenda inequívoca de que, aunque solo sea por un instante efímero, ha existido comunión tangible entre lector y escritor. Ahora bien, ¿ha servido tal acto realmente para publicitar el libro, si los asistentes son los incondicionales, cercanos o ajenos, de tan egregia pluma, quienes en cualquier caso acabarían comprando el libro? El símil con los mítines políticos, tan próximos en el tiempo, es inevitable. Sin embargo, no seamos ingenuos. En uno y otro tipo de acto se busca otro efecto, extraliterario y periférico si se quiere, pero de trascendencia: la noticia en la prensa, la foto reveladora que sigue recordando, como una letanía, que fulano o mengana escribe y, además, vende libros, vende libros, vende libros... Luego la pregunta habría que reformularla: ¿las lecturas públicas repercuten en la venta de libros? Tal vez Teresa, la excelente librera de QiQ (Cádiz), pueda responder a esto, porque, como veis en la fotografía, yo estaba concentrado en la lectura de un fragmento de La memoria amorosa de Carlos Edmundo de Ory. Sucedió el 24 de noviembre, Día de las Librerías.

(Foto: Armando Lara Narbona)

El acto de ayer



Ayer presentamos Zona de incertidumbre.
A estas alturas los actos públicos no me imponen, quizás porque he logrado sacar partido al histrión que todos llevamos dentro (y que supongo que exhibo regularmente en la docencia universitaria), pero la afluencia de amigos, familiares y alumnos todavía me abruma. El afecto sí que tiene su efecto paralizador durante unos segundos. Antonio Rivero Taravillo vino desde Sevilla para estar no sólo a mi lado, sino también cerca de otros dos autores gaditanos que tienen su espacio en Paréntesis: Nieves Vázquez Recio y José Manuel Benítez Ariza. Nieves estuvo espléndida, pues trazó la geografía del libro con la pericia de un cartógrafo y con la finura de la gran lectora y escritora que es. El público agradeció que me abriera el camino para hablar de asuntos diversos: la arquitectura del libro, la importancia del título, la presencia de las miradas desde los cíclopes iniciales, la variedad temática y de registros, la literatura fantástica, el realismo, el cuento, el microrrelato, los espacios urbanos, etc. Me acosté con esa placidez que brinda una jornada feliz. Literatura entre amigos. Qué más puede pedirse.

(Fotos: Armando Lara Narbona)
Hoy, día de la presentación, Zona de incertidumbre en Diario de Cádiz y La voz de Cádiz.








(Foto: Jesús Marín)

Homenaje a Ory en la revista Caleta

La recientemente creada Fundación Carlos Edmundo de Ory, con la colaboración del Ayuntamiento y la Diputación de Cádiz, celebra en estos días (2,3 y4) un homenaje a la persona y obra del poeta gaditano. Exposiciones, lecturas, mesas redondas, conciertos y otros actos cubren estas jornadas que quieren ser un hito en la memoria del poeta vanguardista y provocador que fue Ory ya desde los años grises de la posguerra española. Ayer tarde se presentó un número monográfico de la revista Caleta, que dirige con discreción y sabiduría el poeta José Manuel García Gil. El libro, cuya cubierta ha ilustrado admirablemente el pintor y escultor Luis Quintero (Finie la monotonie! es el lema), recoge un ramillete de impresiones, poemas, dibujos, fotografías y documentos varios aportados por numerosos amigos, escritores, artistas plásticos y cantautores. La nómina de participantes da una idea del interés del libro no sólo para los estudiosos de Ory, sino también para cualquier amante de la poesía: José Manuel García Gil, Solveig de Ory, Francisco Nieva, José Manuel Caballero Bonald, Pablo García Baena, Osías Stutman, Pilar Gómez Bedate, Francisca Aguirre, Pilar Paz Pasamar, Eduardo Tijeras, Arcadio Pardo, Andrés Sánchez Robayna, José Antonio de Ory, Miguel Sánchez-Ostiz, Andrés Sorel, Luis Antonio de Villena, José María Conget, Luis Eduardo Aute, Marco Fonz, Ricardo Cano Gaviria, Rosa Lentini, Rafael Adolfo Téllez, Felipe Benítez reyes, Guadalupe Grande, Alberto Porlan, Uberto Stábile, Amador Palacios, Juan José Téllez, Ángel Petisme, Jorge de Arco, Rafael Ramírez Escoto, Alejandro Luque, José Manuel Benítez Ariza, Manuel Ramos Ortega, José Jurado Morales, Carlos Manuel López Ramos, Fernando Valls, Javier Vela, Antonio Lucas, Antonio Puente, Juan Luis Calbarro, Nieves Vázquez Recio, Matías Ávalos, Antonio Serrano Cueto, Juan Gómez Macías, Jaume Pont, Rafael de Cózar, Jesús Fernández Palacios, José Ramón Ripoll, César Antonio Molina, Rafael Mesado, Félix Grande, Antonio Hernández, Juan Vicente Piqueras, José Fernández de la Sota, Ignacio Martínez-Castignani, Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, Pablo Acevedo, Carmen Camacho, Mercedes Escolano, Luis Felipe Barrio, David Eloy Rodríguez, Alberto Lauro, Isabel Bono, Javier Barreiro, José Luis Rey, José María Gómez Valero, Miguel Ángel García Argüez, Raúl Quinto, Ana Rodríguez-Tenorio, José Jiménez y Laura Lachéroy, viuda del poeta.

Esta ha sido mi aportación:

Lo sabemos hace tiempo: cuando un poeta se va, se quedan los pájaros cantando sobre la luna negra de un pozo blanco. Ory fue -es- negro sobre blanco, peregrina noche fugaz errático bulto inmenso y sombrío, pero también leche blanca y heno. Ory es -fue- ausencia y canción, cuerpo de niño psíquico en el aire inexistente de un cajón vacío, mas también jinete audaz en los caballos raros del lenguaje. Ory fue -será- amor y disensión, amante corrompido de flores, preceptor de muchachas castas que besan con las puertas y los labios encendidos, pero también un loco con permiso divino que escribió sobre una hoja de papel con una mancha en su virginidad. Estos son los Ory que conozco, los que sobreviven al canto de los pájaros, voces del hombre Carlos Edmundo que se fue mitad soñando y otra mitad dormido.


Nieves Vázquez y la fórmula de la eficacia literaria

A Nieves Vázquez Recio, Profesora Titular de Filología Hispánica en la Universidad de Cádiz y buena amiga, se le ocurrió un buen día enviar un libro de cuentos al XXI Premio Tiflos. Antes lo había registrado en el Registro de la Propiedad Intelectual, donde le advirtieron de que "todos los señores" que aparecen en el libro firmando relatos debían dar su consentimiento. Ahí descubrió Nieves que la ficción de su libro se había hecho carne, porque los susodichos autores son todos inventados, en una suerte de homenaje coral que se hace al profesor Alexander Evgénievich Vinográdov. Este Evgénievich, injustamente olvidado por su alergia al academicismo, tiene el mérito de haber descubierto la fórmula que sirve para medir la eficacia literaria, esto es: el resultado de nº de acciones dividido por el nº de páginas. Con este original planteamiento, Nieves ganó el Tiflos y el libro ha salido publicado en Castalia. Yo tuve la suerte de leerlo en verano y disfrute mucho. Los nueve primeros relatos son las aportaciones escritas con que diferentes autores homenajean a Evgénievich, y cuyos nombres y bibliografía son buena muestra del humor y la ironía de Nieves. Así, por ejemplo, Cora Mac es autora de La hecatombre de cien bueyes o el arte de redundar, Harriet Mur escribió El verso enconado, un catálogo de poemas no escritos y Lunita Laredo publicó Pelofilia... El último relato lo firma el propio Evgénievich y ahí muestra su descubrimiento literario. El miércoles pasado Nieves presentó su libro en Cádiz, en compañía de su colega de aulas universitarias, José Jurado. Se habló allí mucho de creación literaria y del tributo que rinde este libro a la literatura y a los lectores. En efecto, por sus páginas desfilan las sombras de Cortázar, Borges, Joyce, Lovecraft, Poe, Keats, Tolkien, Dante, Cervantes, Galdós, Balzac, Baudelaire... E incluso Walter Benjamin, al que Nieves dedica todo un relato. La velocidad literaria es esto y mucho más, y con ella Nieves Vázquez da un salto cualitativo en el camino literario que emprendió hace ya unos años. Porque este libro, que todo amante de la literatura debe leer, ha alcanzado, por ese misterio de la ficción, la eficacia literaria cuya fórmula matemática dice haber inventado su personaje principal.

Nace una editorial en Cádiz

El nacimiento de una librería o una editorial ha de ser celebrado siempre por quienes vivimos entre libros. Más aún en este desfiladero empresarial en el que se ha convertido la crisis. Y más aún si la ciudad que acoge el parto es pequeña, provinciana, isleña y, además, la propia. En Cádiz, ciudad que se empina y busca el cielo a través de más de un centenar de torres miradores, antiguas atalayas para controlar el tráfico marítimo ultramar, nació en primavera Bablé Ediciones, un proyecto dirigido por el periodista Jesús Bablé pensado inicialmente para publicar libros turísticos y comerciales, pero que, apenas cinco meses después, se abre como flor otoñal a la literatura. Para ello se ha sumado a la empresa el poeta José A. Bablé, hermano del editor, que ya dirige la colección "Torre Mirador", creada para albergar obras (prosa y verso) de escritores gaditanos. La apuesta cultural ha echado a andar con un poemario, Domus Viridis, de la poeta Patrizia Marruffi. Es este libro, editado con primor e ilustrado por Patricio Carretié, un jardín doméstico de plantas mimadas por la mano de Marruffi, donde poesía y botánica se abrazan naturalmente, como la hiedra a un muro, en cuatro apartados que delimitan el hábitat: "Media sombra", "Luz parcial", "Luz directa" y "El jardín". Ayer tarde asistimos a la presentación del libro, encomendada a la también escritora Mª. Ángeles Robles Morales. Ya está en pie la primera "torre mirador" de los Bablé, un edificio más con el que esta familia enriquece desde hace años el patrimonio cultural de Cádiz. ¡Enhorabuena y mucha suerte!




Os dejo un poema del libro:


PETROSELINUM CRISPUM

Podría participar en todo aliño
-lustrosas hojas en tres gajos dentados partidas,
y nervudos, angulosos, ramificados tallos-.
Se cuentan de mar y de monte, el oreoselino.
Se afirma de adorno o compostura excesiva.
Y honra a San Pancracio... el discreto perejil.



(Fotografía: Jesús Bablé, Patricia Marruffi y Mª. Ángeles Robles)

Vídeo de J. M. Merino en Cádiz

Durante la presentación y entrevista que hice a José María Merino en Cádiz en la pasada primavera, se rodó un vídeo que ya está disponible en la red. Aquí tenéis el enlace por si queréis verlo. Son siete partes, cuyo orden es inverso: va de abajo a arriba. Click sobre la foto.

(Tened paciencia con el cámara)

El dragón y los sanjorges de Ediciones Ambulantes



El dragón de la crisis arroja llamas a diario y echamos a correr en todas direcciones, campo a través, en busca de refugio en la floresta. Sin embargo, y contra todo pronóstico, sigue habiendo sanjorges que blanden su espada y se enfrentan a la bestia flamígera en la llanura. Ahora los padres de la palabrería política los llaman
emprendedores, pero dejémenos de zarandajas: son los valientes de toda la vida. Como Aline Pereira y Víctor López, dos jóvenes que se ha embarcado en la aventura de montar una editorial, Ediciones Ambulantes, dedicada a la literatura brasileña de ayer y hoy. De momento tienen tres líneas abiertas: la colección Saudade, dedicada a clásicos brasileños traducidos al castellano; la colección 4000 millas, donde tendrán cabida los jóvenes valores de la literatura brasileña; y la colección Equipaje de mano, que posiblemente sea digital, abierta otros autores de otras nacionalidades. Traductores y editores, Aline y Víctor estuvieron ayer en Cádiz, en la librería Quorum Libros, para presentar las primicias de su catálogo, en este caso de la colección Saudade: El alma encantadora de las calles, de Joao do Rio (Paulo Barreto era su nombre original: 1881-1921), un conjunto de escritos que el periodista consagró a las calles de su ciudad, Río de Janeiro:



Trabajos clandestinos, mendicidad, drogas, prostitución, robos, miseria, huelgas, cárceles, etc. Lo más increíble, además de comprobar con qué clase relata todas sus vivencias el autor, es darse cuenta de que, aunque todas las crónicas se publicaran en la prensa brasileña hace más de un siglo, están tan vigentes como el primer día.

Después del acto, durante la cena, los editores hicieron gala de un entusiasmo envidiable, que justificaba sobradamente no solo la aventura empresarial, sino también esa apuesta, que a muchos lectores españoles podrá parecer extraña y arriesgada, de difundir aquí la literatura en lengua portuguesa de ultramar.

¡Mucha suerte!

Poemas en Jerez

Ayer, en Damajuana (Jerez de la Frontera), leí poemas en compañía de Francisca Cortés y Julio Rivera Cross. Una breve crónica AQUÍ, de donde tomo prestada la foto.

Versos y microrrelatos en el Puerto III


A principios de abril recibí una extraña invitación. Mi amiga Carmen Sánchez, miembro activo de la Asociación de Personas Lectoras de Cádiz (hermosa la declaración de intenciones que se lee en su web: Proyecto de apoyo de las personas lectoras a quienes aman los libros y no pueden leerlos), me propuso participar con ellos en una lectura poética para un grupo de presos en el Puerto III, con objeto de conmemorar el Día del Libro. Desde hace varios años -me dijo- ellos (dos, tres personas de la Asociación) acudían cada viernes a la prisión durante una hora a una sesión de lectura colectiva. En este caso no porque los presos no supieran leer o estuviesen impedidos para ello, como sucede con otros colectivos, sino porque con esta actividad colaboran con el programa de reeducación dirigido por Carlos en la cárcel. Antes de que yo dijese nada, me advirtieron de que no cobraría ni un céntimo por ello (es la segunda vez en poco tiempo que me invitan a una colaboración esporádica y me hacen la misma advertencia, como si quienes escribimos llevásemos en la frente una especie de sello pecuniario). Como hace ya años no hago ascos a experiencias nuevas y admiro la excelente labor de difusión de la lectura y el libro que hace esta Asociación, invirtiendo su propio dinero y su tiempo libre, dije que iría encantado. Lo primero que me llamó la atención fue que Carmen, Elena y Armando se detuvieron en el vestíbulo de la puerta principal a saludar cariñosamente a una joven. Tal era el afecto prodigado, que no se me ocurrió pensar que fuese (como me dijeron luego) una reclusa excarcelada poco antes y miembro del programa de lectura. Dentro, ya en la puerta de la sala, se repitieron los abrazos y besos con hombres y mujeres de varias nacionalidades (Argentina, Colombia, Georgia, Rumanía... y, por supuesto, España). Entre ellos también se saludaban afectuosamente, ya que pertenecen a módulos diferentes y muchos se ven tan solo en esa ocasión semanal. Repartimos libros y claveles (a falta de rosas), Armando me presentó como el escritor invitado y comenzó el acto, según la "tarea" propuesta el viernes anterior: cada uno debía preparar la lectura de un autor/a de su tierra, para, en el espacio de dos o tres minutos, ofrecerla a los compañeros. Así fueron desfilando uno tras otro, leyendo los más, pese a ser extranjeros, con una facilidad que ya quisieran muchos universitarios españoles. Cada intervención se cerraba con un aplauso y a veces se oía, entre los asientos, cómo se acogía al lector con muestras de aprobación o cariñosos consejos. Después de la intervención de Carmen y Elena estaba previsto que yo agotará los veinte minutos restantes con la lectura de versos y relatos míos. Abandoné la mesa y bajé de la tarima para estar más cerca de ellos (eran unos treinta), como siempre hago en mis clases, y procuré simplemente satisfacer la más mínima expectativa que tuviesen. Debo decir que no recuerdo haber estado en un acto donde hubiese un público más respetuoso y entregado. El silencio absoluto durante mis intervenciones, el respeto en las preguntas, el interés mostrado al final por cuestiones literarias convirtió aquella experiencia en algo inolvidable. Al terminar el acto dejé en la biblioteca del centro ejemplares de mis libros y nos hicimos una foto de grupo. Me autorizaron a publicarla en este blog (hasta hace poco no la he recibido, de ahí la demora) y ahora, cuando julio va llegando a su meta, yo les devuelvo la hospitalidad con la ingratitud de no recordar sus nombres, aun cuando tengo bien grabado cada momento de aquella tarde de lectura compartida. Un abrazo.

(Armando me presenta)

No quieras ver el páramo en la Feria del Libro de Cádiz

Queridos amigos, hoy domingo presento mi poemario No quieras ver el páramo en la Feria del Libro de Cádiz, en un acto conjunto con Ángel Mendoza, que presenta su Pájaro Negro. Ambos libros han sido publicados por Isla de Siltolá.




Con José María Merino, ayer

Fue un placer. No conocía personalmente a Merino, aunque, además de la lectura de parte de su obra, tenía referencias (todas muy buenas) de quienes sí lo conocen o incluso son sus amigos. Almorzamos en el restaurante de la Escuela de Hostelería, frente al mar de la Alameda gaditana, y entonces pude comprobar que es un estupendo conversador y una grata compañía. Lo recogí por la tarde en el hotel y caminamos hacia el Aulario de la Bomba, sede del Vicerrectorado de Extensión Universitaria, donde iba a tener lugar el acto, dentro del programa Presencias Literarias que la Univesidad de Cádiz organiza desde los años noventa. Después de una breve presentación, entrevisté al narrador durante una hora sobre su narrativa breve, que era la parcela escogida para el acto. Eliminé sobre la marcha algunas cuestiones (había preparado demasiadas) porque Merino hablaba a gusto frente a un público compuesto por muchos estudiantes universitarios. En una hora que cundió como pocas veces, hablamos de su poesía ("la poesía me abandonó), la importancia de la oralidad en su formación de lector y vocación de escritor, la tradición del género fantástico en España, realismo versus fantasía, los temas habituales del género (el doble, el invisible, la metamorfosis...), el conflicto de los personajes, el cuento actual en España., el microrrelato... Incluso bromeamos con algunas anécdotas sobre cómo la ficción puede acabar devorando al autor. Ahí salió a relucir su Eduardo Souto, el personaje que, como el Guadiana, aparece y desaparece en sus cuentos. Le tenía reservada una sopresa: le dije que Eduardo de Souto lo perseguía incluso en Cádiz y saqué de mi cartera un recorte del Diario de Cádiz de ese mismo día, donde el azar (¿?) había querido unir dos noticias: en página de la izquierda, la presencia de Merino en la ciudad; en la de la derecha, la presencia en breve del arquitecto portugués Eduardo de Souto Moura, de manera que, al abrir el periódico, Merino y Souto aparecían juntos. El acto culminó con la intervención del público, que, durante media hora más, preguntaron al escritor detalles de su labor creadora y sus libros. Me despedí de él a las once de la noche, en la puerta de su hotel. Espero que hasta muy pronto.

Ayer, en las Libreras, sin pijamas

...



En la librería gaditana Las libreras se colgó el cartel de "no hay... más sillas". Unas setenta personas quisieron ser testigos de cómo me quitaba el pijama y me quedaba en la flor de la epidermis. Desde la atalaya en la que estábamos Ana Sofía (espléndida presentadora) y yo, veía llegar a amigos, incluso desde otras geografías, que se iban arracimando al fondo del local. Ana estuvo soberbia: dio una lección sucinta de narrativa breve y fue hilando, con la ironía y tino que la caracterizan, los temas centrales de los microrrelatos de Fuera pijamas: la muerte como factor de tensión narrativa, la tradición clásica, los miedos maternos y paternos, lo cotidiano observado desde el sobresalto, el humor...





Después de leer una selección, hablamos de los límites del microrrelato a la luz de formas muy cercanas, como la poesía -y especialmente el epigrama- o la fábula. Coronamos en acto como se debe, con vino, jamón y queso.





Para mí fue una tarde memorable, que prolongamos luego un grupo de magníficos hasta bien entrada la madrugada. Nunca esperé ver a tantos amigos arropando mi desnudez sin pijama. Mil gracias, familia y amigos (Luis T., Arturo, Salu, Tito, Toñi, Mª. Paz, Guillermo, Nieves, Cuco, Hipólito, Celi, Lourdes, Ángel, Mª. Ángeles, Charo, Luis G., Luis Ch., Mª. Carmen, Jesús, Ana, Beatriz, Antonio, Armando, Carmen, Ángeles...). Y gracias redobladas para las anfitrionas, las hermanas Raposo (Auxi, Mª. José, Lola, Susi y Pati), artífices del que ha sido el primero de los muchos actos que esta joven librería nos ofrecerá en días venideros.





Como podéis ver, en la mesa estaba, llegado desde Isla de Siltolá esa misma tarde para no perderse el acto, No quieras ver el páramo. Ya lo dije una vez: los libros se atraen y se emparejan, algo lascivos, a poco que nos descuidemos.



De Montcada



Como ya sabéis, el pasado 15 de octubre presentamos Fuera pijamas en Montcada (Barcelona). Fue un acto grande para un libro pequeño, primicias de una cosecha vacilante. Me sentí cómodo entre amigos (Lluís, Laura, Pilar, Silvia, Sonia, Pedro...), feliz de volver a la ciudad que se fijó en mí hace dos años y me retó a que escribiera un libro de microrrelatos, quizás para cerciorarse de que detrás del premio había algo más que una aparición mariana, quizás porque temía que un autobús circular no hace primavera. Leí algunos microrrelatos, temeroso de que estas piezas mínimas no estuviesen a la altura de las exigencias de los lectores. Pero hubo general asentimiento y común aceptación. Y hasta intervino Pedro Herrero, sentado en primera fila, para comentar con su habitual perspicacia el relato que da título al libro. En la mesa, Sonia Hernández, miembro del jurado de aquel certamen (junto con Juan Antonio Massoliver y Fernando Valls), hizo un preámbulo certero y enjundioso del libro, sugiriéndome la lectura de algunas historias que le habían gustado. No menos atinada fue la intervención de Lluís Maldonado, director del acto y alma máter de la vida cultural montcadense. En primera fila, Laura Grau, discreta como siempre, asistiendo al nacimiento de un libro que debe mucho a su competencia y desvelos. Y sí, Pedro, voy a hablar de la foto de la cubierta. Porque no sólo me sentí primerizo yo con mi opúsculo, sino también una joven de 17 años, Jessica Vega Manjón, a la que Lluís encargó, con toda generosidad, el proyecto de una fotografía que diera luz y cuerpo al libro. Y lo hizo con los temores propios del principiante, pero con la pasión de quien cree haber encontrado un camino anchuroso, una invitación a caminar. Gracias, amigos de Montcada, por esta tarde memorable.



(En la foto, Mª. Elena Pérez, alcaldesa de Montcada i Reixac,

un servidor, Sonia Hernández y Lluís Maldonado)


Aurora Luque y Hércules náufrago



Traída por el viento del este, anunciada por rosáceos dedos, Aurora Luque llega a Cádiz para poner voz y poesía al Hércules Gaditano, al héroe de bronce que hace casi dos décadas emergió de las aguas de Occidente como náufrago mutilado y mordido en las profundidades. Llega Aurora, pues, a los confines del mundo conocido en la Antigüedad, semillero de prodigios y surtidor de islas y jardines míticos. Invitada por la Asociación Qultura, llega para clausurar la temporada de esa hermosa iniciativa que es "Voces en el Museo". Una reliquia y una voz que la glosa, la celebra, la ilumina. Y lo hace Aurora con la calidez de sus versos y el sustento de otros poetas. Porque este Hércules cojo y manco fue una vez íntegro viajero, castigador de monstruos y buscador de tesoros imposibles. Como las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, que acaso llevaba, cual preciado racimo, en la mano izquierda ahora cercenada. Ahí se detiene Aurora, cautiva del jardín y sus espesuras, y logra salir suspendida en la cresta de las olas en dirección a las aguas aledañas del templo de Melqart-Hércules, en el islote, aplanado por los vientos, de Sancti Petri. Va y viene Aurora de Oriente a Occidente, de Grecia a Hesperia, con las alforjas repletas de versos luminosos. Si este Hércules se detuvo alguna vez en la célebre encrucijada, condenado a elegir entre la sabiduría y la belleza material, no hay duda de que preguntó a Aurora qué camino debía tomar.



(Aurora Luque ante la estatuilla. Pilar Vera presentando a Aurora. Fotos de Ana Rodríguez Tenorio)