Marea Blanca: una victoria fruto de la movilización

Comunicado de Izquierda Anticapitalista

El 31 de octubre de 2012, el Presidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González y su Consejero de Sanidad, Fernández Lasquetty, anunciaban la puesta en marcha del llamado Plan de Sostenibilidad del Servicio Madrileño de Salud. Casi 15 meses después, el 27 de enero de 2014, estos dos personajes informaban en rueda de prensa de la retirada del plan de privatización de los 6 hospitales y 27 centros sanitarios públicos, además de la dimisión del Consejero de Sanidad.

1.-Aunque no se ha conseguido echar abajo todo el plan de Sostenibilidad si, al menos, la parte más importante. Entre las pérdidas: la desaparición del Instituto Cardiológico, la reconversión del Hospital Carlos III, la privatización de la Lavandería central de Mejorada del Campo y 3.500 despidos en un año. En el aire el Hospital de la Princesa como referencia geriátrica y algunas cosas más.


Pero lo más importante es que el grueso del plan, que era privatizar la asistencia de 1.300.000 pacientes de la Comunidad y 5.000 médicos y sanitarios, se ha echado abajo. La importancia social de esta victoria entre trabajador@s y usuari@s del sistema público de salud es inmensa. De haberse llevado a cabo la privatización de la sanidad madrileña hubiera dado un salto cualitativo, perdiéndose así una de las conquistas sociales más importantes que tenemos la ciudadanía y los profesionales.

2.- Más allá de esta victoria social, la retirada del grueso del Plan de Sostenibilidad y la dimisión de Lasquetty, representa para el conjunto de la sociedad una victoria estratégica decisiva. Victoria que se viene a sumar en un mismo mes a la conseguida por el barrio burgalés de Gamonal. Por eso la primera lección que hemos aprendido todos y todas es que la lucha vale y que detrás de cada movilización de los trabajadores o del pueblo, se abren las puertas a la recuperación de nuestros derechos.

Las trabajadoras y trabajadores de la sanidad en Madrid han demostrado a lo largo de 15 meses que luchando, uniéndose al conjunto de afectados por los ataques, desarrollando formas de organización independientes de las estrategias paralizantes de las burocracias sindicales se consigue crear un gran bloque social y, al mismo tiempo, debilitar al enemigo. Hoy, el PP de Madrid está más en crisis. Hoy, Sanitas, Capio, Ribera Salud, Hima San Pablo, ACS, Ferrovial, OHL, Sacyr, etcétera han sufrido una derrota y, como consecuencia de ella, medirán un poco más sus pasos en el futuro.

3.- Algunos medios de comunicación resaltaron e identificaron la victoria conseguida con la figura de Tomás Gómez y del PSOE. Nadie negará que la oposición (PSOE, IU) rechazaron en noviembre los planes privatizadores de Ignacio González. Pero de ahí, a extraer como conclusión que lo conseguido se lo debemos a él y al PSOE media un abismo. El PSOE se subió a este carro arrastrado por una Marea social inmensa que movilizó 1.700.000 firmas en diciembre de 2012, 70.000 trabajadores/as del sector en huelga y 950.000 personas en la consulta ciudadana en la primavera del 2013. Todo esto se hizo al margen del aparato político del PSOE por más que se empeñen los medios, la derecha o el mismo PSM en aparecer como los protagonistas. Este es el triunfo de los de abajo frente a los de arriba, y eso también vale para los que hoy están en la oposición pero han contribuido a privatizar la sanidad ya sea en sus gobiernos autonómicos o dando su aprobación a la ley 15/97.

Si de verdad están por hacer una sanidad 100x100 pública, el primer paso sería tener un compromiso para derogar la 15/97, el decreto 16/2012 (que expulsado del sistema sanitario a 900.000 personas en todo el territorio), y recuperar todos los hospitales y centros sanitarios que ellos contribuyeron a privatizar en los últimos 15 años. Si no lo hacen, tendremos que interpretar sus gestos como parte del teatro pre-electoral.
4.- La importancia de esta victoria va más allá de Madrid como la de Gamonal iba más allá de lo que es un barrio obrero de Burgos. Hasta ahora los recortes, los ajustes, el aumento de la explotación y las desigualdades sociales; se recibían con rabia, indignación pero también sin esperanza en la victoria o incluso -en amplios sectores sociales- con mucha resignación. La situación ha empezado a cambiar.

¿Qué pasará ahora con los nuevos conflictos sociales? Los-as trabajadores-as de todos los servicios públicos en el Estado español o de las empresas privadas, las luchas pendientes contra la ley Gallardón o la ley “mordaza”; el resto de las Mareas sociales que han salido a las calles, la gran marcha de la Dignidad que se prepara para el 22 de marzo,… deberán pensar seriamente que ellos y ellas también pueden ganar. No hay una fórmula. Hay un camino abierto por Gamonal y Sanidad que ellos y ellas deberán explorar con todas sus fuerzas.

5.- Izquierda Anticapitalista ha estado apoyando –en la medida de nuestras fuerzas- la Marea Blanca y la lucha de las y los trabajadores sanitarios y no sanitarios. Desde su inicio en los primeros encierros en la primavera del 2012 en el Hospital Ramón y Cajal o el Hospital de La Princesa, hasta la huelga más reciente de las trabajadoras de la Lavandería o de la Limpieza del Hospital Ramón y Cajal.

Sabemos perfectamente lo que ha costado y por eso estamos doblemente satisfechos/as. En medio de estos meses, hemos vivido con ellas momentos de alegría, angustia y, también, mucha desesperación. Pero ha merecido la pena. Y eso se lo debemos única y exclusivamente a los y las trabajadoras de la sanidad y sobre todo a una ciudadanía enormemente concienciada, que no ha bajado la guardia cuando los profesionales empezaban a dar muestras de agotamiento. Ellos y ellas han sido el motor sobre los que giraron los jueces, las instituciones, los partidos y los medios de comunicación.

¡Que aprendan los poderes económicos y políticos! ¡Soplan vientos de cambio!

30 de enero de 2014

EL PP DESCUBRE SU VERDADERO ROSTRO: La memoria del general Yagüe es la de un carnicero fascista

Imagen del general fascista
El pasado 22 de enero se  hizo público que el Ayuntamiento ha cedido el espacio del monasterio de San Juan, (propiedad pública que gestiona el Ayuntamiento) a la Fundación Yagüe que preside su hija , María Eugenia Yagüe, para una exposición conmemorativa del paso del general Yagüe por Burgos.

Desde Izquierda Anticapitalista queremos destacar que el PP  abunda así en su defensa del régimen militar fascista que se alzó contra la legalidad de la República, asoló el país con la inestimable ayuda militar del fascismo italiano y el nazismo alemán e impuso una dictadura sangrienta cuya herencia pervive en 2014.

La Fundación Yagüe  busca la apología de un general caracterizado por el Movimiento Memorialista y la historiografía democrática como “el carnicero de Badajoz”. Se trata pues de una provocación más en un país en que más de cien mil asesinados siguen perdidos en fosas comunes, en que se promocionó a gentes como Emilio Hellín el asesino de Yolanda González y solo ahora, por intervención de la justicia argentina, el juez Ruz, de la Audiencia Nacional, retiró pasaportes a torturadores como Pacheco y Muñecas, imputados por delitos de lesa humanidad.

La biografía del general Yagüe hace imposible cualquier recuerdo que no pase por su condena y degradación militar póstuma.

Inició el golpe de estado el 17 de julio de 1936 por la tarde al ponerse al mando de la guarnición de Melilla formada por legionarios y regulares rifeños para iniciar el golpe militar contra el gobierno democrático republicano elegido en las elecciones generales de febrero. Controlará Ceuta, Tetuán y en definitiva todo el Protectorado Español de África aplastando la escasa resistencia a la legalidad republicana. Pasa con Franco al mando, las tropas del Protectorado a la península el 19 de julio en aviones alemanes nazis y en barcos italianos. En agosto tomará Badajoz, encerrando a l@s republican@s en la plaza de toros que hace de campo de concentración, siendo fusilados más de 4.000 prisioneros sin ningún interrogatorio. El 26 de enero de 1.939 entra en Barcelona e inicia una durísima represión. Partidario de entrar en la 2ª Guerra Mundial junto al Eje hitleriano-fascista.

Desde Izquierda Anticapitalista:

- Exigimos al PP municipal que no permita realizar esta exposición por ensalzar el franquismo.

- Pedimos a la oposición municipal que pida que dicho evento no se celebre en ninguna dependencia municipal, ni se permitan en la ciudad semejantes actos de exaltación del franquismo, a través de uno de sus personajes con marcada ideología fascista.

- Debe de dimitir o ser cesado el Concejal de Cultura del PP, señor Gómez por ser responsable directo de que se haga esta exposición, siendo además uno de los tenientes de alcalde del señor Lacalle. Así como, exigimos la depuración de responsabilidades de todo el equipo del gobierno del PP que tenga conocimiento de esta actividad y no la haya rechazado.

- La legislatura del PP, encabezada por Javier Lacalle es desastrosa. Estos políticos (Lacalle, Ibáñez, Gómez,…) deben de desaparecer del escenario de la política local, especialmente de la municipal, al permitir de nuevo que Burgos se la conozca como “la capital de la Cruzada”, por la intolerancia, el fascismo franquista, la represión brutal, el control oligárquico empresarial por parte de  determinados personajes ricos que manipulan como marionetas a politic@s y ciudadan@s.

Izquierda Anticapitalista, en caso de persistir la actitud municipal de permitir realizar la exposición, promoverá una plataforma de personas, partidos y asociaciones democráticas, tendente al esclarecimiento de la biografía real del carnicero Yagüe, la connivencia del PP con los hechos y su cobertura de la impunidad del régimen franquista, además de promover la movilización social frente a semejante burla sangrienta a las víctimas del franquismo y a quienes fueron represaliados y asesinados por combatirlo.


Jugar mientras conduces ES POSIBLE

Tanto cacharrito, tanto Internet de las cosas, tanto móvil, tablet, reloj, gafas, pulsera, ¡tanta leche!... y oye... ¡¡¡que KITT, el coche fantástico, sigue sin existir!!!.

El glamour y chulería de David Hasselhoff van aparte, practica todos los días frente al espejo y lo conseguirás. ¡Tú puedes!

"Smart cars"

Lo cierto es que se está trabajando en ello, pero claro, no se tarda lo mismo en hacer un coche que una pulsera. El camino se está marcando: BMW y Chevrolet apuestan por los iPhone y su Siri Eyes Free, y parece que ya ha salido algún modelo y se esperan más durante este mismo año. Otros como Ford apuestan por un sistema Sync de Microsoft, sobre el cual tengo unas ganas enormes por ver cómo reproducirán de forma sonora los pantallazos azules (apuesto a que sonará como los pitidos de carga de juegos del ZX Spectrum).

Audi parece hoy por hoy la más atrevida, y apuesta por su propia pantalla Virtual Cockpit integrada en lugar del clásico cuadro de mandos, y apuesta por la estandarización de Android y se alía con Google y otros fabricantes como General Motors, Honda y Hyundai para crear la Open Automotive Alliance.

En fin, aparentemente la baraja está lista y sólo queda echar las cartas. La referencia por ahora es el CES2014, que es donde se han presentado todas estas novedades de los coches, y según eso aparentemente este mismo año se empezarán a ver cosillas en la calle. De hecho, si comparamos las fotos que se están mostrando ahora de los cuadros de mandos de Audi con el de KITT la verdad es que por ahí ya vamos ganando.

Audi Virtual Cockpit
Más Audi, ¡leche!
KITT, vintage a tope pero... ¡más mono!

¿Y qué harán estos smart cars, o como vayan a llamarlos?. Navegador GPS, claro. ¿Y aparte?... ayudas para aparcar, que el coche te lea los wasap y correos, ayudas a la conducción... ¡BOBADAS!. Vale, seguro que el coche conduce mejor que mucha gente pero ¿de verdad te vas a fiar hoy por hoy de lo que conduzca?.

A mi todo eso me da igual. Yo lo único que quiero es que ya que tiene tanto cacharro y tanta gaita, cuando tenga un viaje en el que vaya yo solo conduciendo no tenga que estar aburrido oyendo música o cualquier chorrada que pongan en la radio. Lo que yo quiero es que... ¡PUEDA JUGAR!.

Sin matarme al hacerlo, claro.


¿Cómo puedo jugar sin usar las manos ni apartar la vista?

Esta es la pregunta clave: ¿es posible?. Previsiblemente, al menos cuando la cosa esté lo bastante avanzada, el interfaz con el smart car tiene que ser fundamentalmente a través de la voz. Cada vez que quieras que el coche haga algo, le hablas. Para que reconozca que quieres hablar con él, supongo que al principio seguramente tengas que pulsar un botón o una palanca del volante, pero lo normal es que llegue un momento en que el coche esté continuamente activo esperando a que le digas algo, y que reaccione ante una palabra clave: su nombre. Incluso, se podría poner en "modo conductor solitario" y que reaccionase ante cualquier cosa que le dijeras sin tener que decir su nombre.

Se ha trabajado mucho en reconocimiento de voz últimamente. Antes en inglés todavía, pero en español no reconocía ni papa. Ahora con los avances del Siri de Apple y el Google Now, más otros "outsiders" como Sherpa (que además es español), el reconocimiento de voz está mejorando cada vez más. Ya se puede hablar con el móvil y mientras lo hagas con cierta calma, funciona bastante bien. Cualquiera podéis hacer la prueba con vuestro smartphone, si no lo habéis probado aún. Creo que todavía le falta un puntito para que sea más cómodo, para poder hablar con menos cuidado y que te siga entendiendo, pero no me cabe duda de que se conseguirá.

El coche, por supuesto, también responderá con la voz. La síntesis de voz también funciona muy bien actualmente. Cualquiera que hayáis usado un GPS en vuestro móvil lo habréis visto. Existen otros motores de síntesis de voz más avanzados, que a menudo son de pago. El reto en este caso es conseguir que la voz tenga alma. Que sea capaz de entonar un poco, no sólo leer. ¡Diablos, al menos como lo hacía KITT, que tampoco era el alma de la fiesta!

Entonces, de lo que se trataría es de encontrar un tipo de juego que se pueda jugar sólo con la voz, hablando con el coche. Y que no sea el "veo veo", vaya.

El caso es que existe un tipo de juegos que encaja perfectamente con esta forma de comunicación: las aventuras conversacionales.


Aventuras conversacionales

Sin gráficos: Fotopía

Las aventuras conversacionales, o interactive fiction (IF) como se las conoce en inglés, son un tipo de juego antiiiiiiiiiiiiguo. La primera se considera que es Adventure, data del año 1975 y se programó en Fortran en un PDP-10. O sea, tela. Sin embargo, vamos a ver cómo su simplicidad y su falta (o no necesidad) de gráficos juegan muy en su favor en este caso.

Distribución típica, con gráficos arriba: Alien

En una aventura conversacional, se te cuenta una historia y se te pone en situación y describe tu localización actual mediante texto. Entonces tú, el jugador, escribes también por texto y en lenguaje "natural" lo que quieres hacer. El juego devuelve el resultado de tu acción otra vez como texto, y así sucesivamente, de forma que se crea una conversación entre el juego y tú. La historia va evolucionando con lo que vas haciendo, y se te van presentando retos y puzzles a resolver.

de computeremuzone.com
Puede que te suenen porque en España tuvieron su época dorada en los años 80-90, cuando Aventuras AD lanzó para los ordenadores de 8 bits juegos como La aventura original, Don Quijote, El Jabato o La Diosa de Cozumel. Incluso, por entonces llegaron a España varios juegos en inglés, especialmente El Hobbit, y que obligaron a muchos jóvenes de la época a tirar de diccionario. Aunque ya por entonces la mayor parte de los juegos tenían gráficos descriptivos de las localidades, lo cierto es que dichos gráficos eran normalmente superfluos y no afectaban al desarrollo del juego, y su objetivo fundamentalmente es hacer los juegos más atractivos a la vista (cosa que nos importa poco mientras conducimos).


Este tipo de juegos, evidentemente, encaja perfectamente con un interfaz de voz. Tú dices lo que quieres hacer, el coche responde. Curva cerrada a la derecha, te callas y te concentras. Vuelves al juego, dices lo siguiente... te puedes tirar un montón de tiempo así. Y creo que a la vez, aparentemente no es tan inmersivo como para que pierdas la concentración en la conducción.

Y además... ¡son un tipo de juegos muy divertidos! (incluso si no los comparamos sólo con el veo-veo).

Esta sería una hipotética transcripción de una conversación entre KITT (obviamente llamaríamos así a nuestro coche) y tú, que dé paso a una sesión de jugar una aventura:


KITT: Buenos días, Andrés

Andrés (reemplázalo con tu nombre para disfrutarlo más): Hola, KITT

K: ¿Dónde vamos?

A: Vamos a casa

K: ¿A casa, a la calle Ríos Rosas?

A: Sí, eso es

(KITT programa el GPS y tú mientras arrancas y te pones en camino)

A: KITT, vamos a jugar a Olvido mortal

K: Cargando Olvido mortal. Continuamos la partida que dejaste ayer. ¿Correcto?

A: Sí

KITT: Oficinas
Estás en una especie de oficinas.
No ves ningún cartel que te indique qué lugar es este. La cola se extiende por la alargada localidad, enorme. Por detrás, una pared te impide ver dónde acaba. La fila de gente continúa por una puerta abierta en la pared.
En el otro sentido, las cabezas te impiden ver qué hay al principio de la cola.

La mujer de delante en la cola parece ser la única persona que te presta algo de atención.


(un chalao se te cruza en ese momento y te centras en lo tuyo)

A: Perdona, KITT, ¿puedes repetir?

K: Oficinas.......... (y repite toda la descripción, ¡más majo!)

A: Resumen

K: Despertaste en la cola sin recordar quién eras ni dónde estabas.

A: Inventario

K: Llevas: una cartera (que está cerrada)

A: Abre la cartera

K: Abres la cartera, descubriendo un carnet de identidad y una foto.

A: Mira el carnet

K: Es un carnet de identidad normal y corriente. La foto del carnet está un poco difuminada, pero se ve lo suficiente.

"¿Es posible que ese sea yo?. Desde luego, la cara me resulta familiar, pero no soy siquiera capaz de asegurar tajantemente que sea la mía."


(...)
(y así pasa el tiempo y cuando te quieres dar tiempo estás ya en casa... ¡y no quieres dejar de jugar!)



¿Qué tal, te convence?. ¡¡¡A mi sí!!!

Otra buena noticia es que muchos de estos juegos son multi-plataforma y se ejecutan sobre una máquina virtual. O dicho de otra forma: es muy muy fácil adaptar un intérprete de estos juegos para que se ejecute en un coche y se juegue con la voz. Y automáticamente, en cuanto tengas hecho el intérprete, tienes disponibles cientos, miles de juegos, listos para jugar.

En español, el mejor sitio donde encontrar juegos es la web del CAAD, el sitio donde se reúnen todos los "chalaos" de este tipo de juegos y aúnan esfuerzos alrededor de la aventura. Una de las grandes ventajas que tienen estos juegos, además, es que casi cualquiera puede programar uno. No hace falta ser programador, ni tampoco saber dibujar ni componer música. Esto ha hecho que se cree una comunidad alrededor de ellos y que se sigan programando juegos. En inglés, por otra parte, la comunidad es aún más activa y para descargar juegos tenemos el Interactive Fiction Archive.

Si queréis probar con alguno de estos juegos, ¡qué demonios!. ¡Prueba alguno de los que he hecho yo! Sí, así a lo tonto y mientras hablaba de "esos chalaos" en tercera persona, os metía de tapadillo mis juegos (hechos hace ya un buen montón de años, en el 2001, ahí es ná): Olvido mortal, que ya habéis probado un poco con KITT pero podéis jugar online aquí, y Akbarr.

Forma original en forma de libro: Akbarr


Conclusión

Esto no es más que elucubrar pero, ¿por qué no?. Está todo ahí: los coches ya produciéndose integrados con tecnologías móviles como Android e iPhone, los motores de reconocimiento y síntesis de voz a un puntito de ser cómodos y molones, justo ese puntito de más que daría el interés por el mercado de los coches... y las aventuras conversacionales ahí, listas para que las juguemos charlando con nuestro coche mientras hacemos un viaje.

¿Y vosotros, qué pensáis de todo esto?...

¿Y tú, KITT?. ¿Te apetece que juguemos?.


Sobre “Podemos” e Izquierda Unida

Javier Valdés, Militante de Izquierda Anticapitalista - Andalucía
Seguramente podremos llenar ríos con los artículos que en tan solo una semana han surgido en toda la prensa progresista en relación a la necesaria unidad de la izquierda ante las elecciones europeas. Se está generando un ambiente de presión para que IU coja el guante lanzado inicialmente por Pablo Iglesias y entre en el proceso de Podemos. En ese sentido van la mayoría de los tiros, y ya se han gastado muchas balas. Pues bien, con este artículo no pretendo ser un perro verde, un paria o un ratón “colorao”, aunque de hecho los argumentos que voy a plantear se dirigen “aguas arriba” de ese río que, enarbolando únicamente la unidad de la izquierda, pretende arrastrar a IU hacia Podemos.

Cuando el fin es acabar con el bipartidismo parece que la unidad de la izquierda (sin incluir al PSOE, claro) es el único medio para realizarlo. Pero: ¿nuestro fin es acabar con el bipartidismo? ¿es el bipartidismo el único pilar del régimen nacido de la transición? ¿puede la dominación de clase sobrevivir al bipartidismo? En este sentido pienso que el bipartidismo funciona, aunque sea de manera no intencionada, como el señuelo que hace correr irreflexivamente a los galgos en pos de la unidad de la izquierda. Nuestro fin no puede ser exclusivamente acabar con el bipartidismo, y más si en ese camino pasamos por encima de otras cuestiones estratégicas, cual si la superación del mismo fuera una etapa necesaria en la historia de la emancipación de la clase trabajadora en el estado español. En este sentido, Podemos debe relacionarse de forma política y no sectaria con Izquierda Unida, pero no puede obviar lo que significa para la izquierda y para el movimiento social y sindical en Andalucía el cogobierno de la mano del PSOE, el mismo partido que cambió el artículo 135 de la Constitución, en base al cual el Gobierno Rajoy justifica todos los recortes y regresión de derechos.


Cuando Podemos hace el llamamiento a la unidad a IU, debe de introducir una serie de condicionantes de tipo político. La gestión de los recortes en Andalucía es un lastre demasiado pesado para cualquier iniciativa de izquierdas, no por una cuestión de pureza ideológica, sino por una cuestión de credibilidad política, virtud demasiado denostada últimamente y lamentable no solo en las altas esferas, pero que está en el corazón de la reconstrucción de cualquier iniciativa de izquierdas. Cuando IU cogestiona las políticas de austeridad y recortes en Andalucía, lo que le está diciendo a sus votantes de izquierdas y base social es que no hay horizonte más allá de la gestión blanda del programa saqueador de las clases dominantes. La lección para la clase trabajadora es terrible: no hay otra forma de hacer política. Hoy nos obligan desde Madrid, mañana nos podrán obligar desde Bruselas. Este problema no tiene nada que ver con cuestiones meramente teóricas, porque cuando los trabajadores y trabajadoras -ya sean del Parque de las Ciencias de Granada, de los 4500 docentes interinos despedidos, de las trabajadoras de la ayuda a la dependencia despedidas, de las 850 administrativas represaliadas en el sector educativo, de los y las despedidas en los centros de acogida, de los trabajadores de Delphi, etc.- se ponen de huelga y se movilizan en defensa de sus empleos, lo hacen frente a las delegaciones gestionadas por el PSOE e IU o directamente frente a sus sedes partidarias. Quienes luchan se movilizan contra los recortes vengan de donde vengan, y en la medida en que tiemblan sus condiciones vitales no se tragan el anzuelo de recortes buenos “made in” Sevilla y recortes malos “made in” Madrid. De forma que pasar por alto en el debate sobre Podemos e IU la gestión del cogobierno andaluz es un error inaceptable. Hacerlo supone no comprender que para lograr imponer un programa de oposición a la Troika van a hacer falta algo más que unos comicios electorales, puesto que esto sólo podrá realizarse desde la calle y con el apoyo de una mayoría social movilizada, parte de la cual hoy grita en Andalucía frente a las instituciones capitaneadas por Susana Díaz y Diego Valderas.

Para que Podemos represente una regeneración política de la izquierda y pueda plantear un programa de superación del capitalismo, es necesario que sea una candidatura creíble, no sólo en las formas, sino también en el contenido. En ese sentido es menester que una nueva fuerza política de la izquierda se caracterice por hacer lo que dice, por lo que en Podemos no deberían tener cabida partidos que aplican los recortes y las políticas de austeridad de la Troika. Por lo tanto, una de las formas de relacionarse con IU debería ser la de poner como condición sine qua non para cualquier tipo de unidad electoral la ruptura del cogobierno andaluz, clarificando la relación con el social liberalismo. Este es un elemento político que debería de estar hoy en el centro del debate, y no los lugares comunes a los que se llega cuando se solicita la unidad de la izquierda sin más. Existen, por supuesto, otros nudos gordianos de la política española y europea que hacen que la relación política de Podemos con IU deba enriquecerse con otras cuestiones que ahora no tienen cabida en este texto, pero que no por ello son de menor calado: el derecho de autodeterminación de las nacionalidades oprimidas y el impago de la deuda ilegítima. Elementos políticos, éstos, que valen tanto o más que la superación del bipartidismo y que no podemos relegar a una etapa posterior, como si no hubiera relación entre unos y otros.

La “necesaria” unidad de la izquierda no es un escenario en el que todos y todas nos ponemos una venda, escurrimos el debate, pero vamos de la mano. Hace falta decir para qué esa unidad, puesto que lo que se pretende es que el Gatopardo esta vez se equivoque y cambie todo, no para que no cambie nada, sino para imponer una lógica política desde abajo y a la izquierda: cambiar todo, para que todo (o casi todo) cambie. Y ese sentido a IU hay que decirle que: o se está gestionando las políticas de miseria y barbarie del capital o se está en la calle construyendo las resistencias frente a las mismas. No se puede estar en los dos sitios, porque este tipo de trastornos bipolares de la izquierda no son comprensibles por la mayoría de la población, por lo que suponen un verdadero obstáculo para la regeneración política (no sólo en el sentido electoral) de la izquierda y para la popularización de un programa rupturista.

"Papeles secundarios" se mueve

Eva Prima Pandora (ca. 1550), de Jean Cousin el Viejo
Primera reseña, breve, de Papeles secundarios. En Pandora Magazine.

El rey Mohammed VI vende gran parte de Marruecos a los monarcas del Golfo

El rey Mohammed VI de Marruecos tiene necesidad de la protección de las ricas monarquías del Golfo, cuyas inversiones permiten al país evitar una implosión de consecuencias imprevisibles (un derrocamiento
de la monarquía, la aceleración de la independencia del Sahara Occidental etc). Sin la ayuda de Arabia Saudí y de Qatar, la monarquía marroquí no podría subsistir durante mucho tiempo en medio de la crisis profunda de un país que vive por encima de sus medios y que depende de los miles de millones de dólares que le llegan de fuera -que no tiene- para vender una imagen de apertura y modernidad a Occidente.

Endeudado por encima de sus posibilidades, Marruecos vive, en efecto, gracias a la ayuda financiera saudí y qatarí y no podrá nunca reembolsar la deuda abismal que posee. Todo esto pone en cuestión la independencia, ya hipotética, del país.

Una transacción financiera entre miembros de la familia real saudí y un promotor inmobiliario marroquí ha sacado a la luz la compra masiva de tierras y bienes inmobiliarios por parte de la familia real saudí en el transcurso de los pasados 15 años en Marruecos.
La venta de un terreno de 93 hectáreas en las proximidades de Agadir por parte de los herederos del fallecido príncipe Sultán bin Abdul Aziz al Saúd (padre del actual jefe del servicio de inteligencia saudí, Bandar bin Sultán) ha permitido a los
marroquíes comprender esta realidad.

Sultán, ex ministro de Defensa y príncipe heredero, fue un gran amante de los fastos y las veladas musicales marroquíes. Él adquirió innumerables propiedades y bienes inmuebles en Marruecos a precios bajos gracias a sus estrechos vínculos con el rey Mohammed VI, que le facilitó estas operaciones.

Al cabo de una decena de años, Sultan disponía de uno de los mayores patrimonios inmobiliarios del país, incluyendo palacios y residencias en Casablanca, Agadir y Rachidía.

Después de su muerte, sus herederos han decidido venderlo todo. El palacio de Agadir y el de Rachidia han sido adquiridos por el emir de Qatar, que también ha comprado, por su cuenta, otros numerosos bienes inmuebles en Marruecos. En general, los monarcas del Golfo (principalmente de Arabia Saudí y de Qatar) poseen numerosas propiedades en Marruecos, adquiridas gracias a sus contactos con el rey Mohammed VI, que se esfuerza en lograr su favor a cambio de su apoyo económico.

A estos príncipes y monarcas no se niega absolutamente nada. A escala individual también, el soberano marroquí es socio con ellos en muchos proyectos de inversiones y jugosas transacciones económicas. Mientras que el país sufre una crisis económica, los miembros de las familias reales saudí y qatarí multiplican sus adquisiciones inmobiliarias y obligan a los campesinos pobres a abandonar sus tierras y les privan de aguas subterráneas que son utilizadas para regar el césped de sus suntuosas residencias.

Estas compras masivas, que son vistas por una buena parte de la sociedad marroquí como una nueva forma de colonización por los gobernantes del Golfo, no se detendrán en tanto que el rey Mohammed VI tenga necesidad de la protección de estas monarquías para mantener a flote su economía y proteger su trono.

AL-MANAR (Grupo de Comunicación libanés)

Una gran victoria y algunas derrotas

Ayer 27 de enero de 2014, el presidente Ignacio González, anunciaba su derrota. Con tono triste y apesadumbrado comunicaba en rueda de prensa dos noticias espectaculares: la retirada del plan de privatización de los seis hospitales públicos (tras la nueva suspensión cautelar) y la dimisión del Consejero de sanidad Fernández Lasquetty. Unos minutos después, éste, explicaba abatido que había presentado su renuncia ante el Presidente pues se consideraba responsable del mal llamado Plan de Sostenibilidad del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS).
Es una alegría inmensa la que sentimos los profesionales y usuarios de la sanidad pública. Han sido quince meses de conflicto en donde hemos hecho huelgas, recogida de firmas, encierros en nuestros hospitales y centros de salud, mareas blancas en las calles, concentraciones ante las empresas adjudicatarias o incluso, una consulta ciudadana que recabó el apoyo de casi un millón de madrileños. Ha merecido la pena.

Ahora sin embargo también nos acordamos de nuestras “bajas” en esta “guerra”. Hemos perdido la Lavandería de Mejorada del Campo, el Instituto Cardiológico, el Hospital Carlos III y nada menos que 3.500 puestos de trabajo en un solo año. Hemos parado la privatización de los seis hospitales, la de los 27 centros de salud y parcialmente la conversión del Hospital Universitario de La Princesa en un geriátrico. Este es el balance que podemos hacer de estos quince meses de lucha: una gran victoria pero también algunas derrotas.
¿Cuáles son las enseñanzas que podemos extraer de este éxito de la Marea Blanca? Trataremos de resumirlos muy brevemente:
- La primera y más importante es la importancia de la movilización social. Aquello que se dice que solo la lucha paga es una verdad descomunal. Frente a los escépticos y los que nos decían que no merecía la pena salir a las calles o hacer huelgas, nosotros, hemos demostrado que cuando los de abajo nos movemos, los de arriba tiemblan. Gamonal abrió un camino que ahora hacemos más profundo la Marea Blanca.
- La segunda gran enseñanza ha sido la unidad entre trabajadores de la sanidad, vecinos y pacientes que hemos conformado una mayoría social poderosa. Ha sido emocionante participar en esas grandes mareas donde las batas blancas se confundían con la gente mayor o no pocos pacientes que acudían con su silla de ruedas o la bala de oxígeno. Era el pueblo en su sentido más amplio, contundente y decidido a luchar hasta el final.
- En tercer lugar el golpe mortal que ha sufrido el PP en Madrid como consecuencia de la Marea Blanca. La división que se ha sentido dentro de sus filas era la expresión del descontento de sus propias bases y electores. En un distrito como el barrio de Salamanca, eran cientos o miles de personas que se nos acercaban al Hospital de La Princesa para decirnos “yo no voté al PP para que me cierren el hospital”. El desgaste político de la derecha en Madrid ha dado un salto cualitativo para ahondar más aún su fractura interna.
- Por último, pero no menos importante, la Marea Blanca nace al calor de “la onda larga” del movimiento 15M. Es su hija mayor. Tal es así que con ella se desarrollan todas las energías positivas de un movimiento basado en la autoorganización desde la base y que no espera a recibir órdenes desde arriba. Somos los propios trabajadores los que formamos plataformas, coordinadoras, asambleas, encierros o consultas ciudadanas. Esa determinación que tuvo el 15M tomando las plazas es la misma que ha mostrado la Marea Blanca durante todos estos meses.
Como decíamos antes, no todo está ganado. Tenemos un largo camino que recorrer y muchos motivos para seguir luchando. Hay que recuperar lo perdido, lo que ya ha sido privatizado antes y la retirada del Plan de Sostenibilidad. Hay que seguir hasta conseguir la derogación de leyes como la 15/97 o la 16/2012 por la que se ha expulsado a 840 mil personas del sistema nacional de salud. Y finalmente, hay que intentar impedir que mediante el sistema de las derivaciones a la sanidad privada, se siga avanzando en la descapitalización y desmantelamiento de nuestro sistema sanitario público.

IZQUIERDA ANTICAPITALISTA SE UNE A LA QUERELLA CONTRA LOS CRÍMENES DEL FRANQUISMO

NOTA DE PRENSA

La Constitución de 1978 no fue precedida por un auténtico proceso constituyente sino por un pacto con el antiguo régimen que impuso un modelo de estado monárquico y centralista

· Izquierda Anticapitalista denuncia a los responsables franquistas de torturar y asesinar a militantes de organizaciones políticas.
· Izquierda Anticapitalista denuncia la impunidad del franquismo.
· "La Ley de Amnistía 46/ 1977 buscaba blindar los crímenes de la dictadura la consideró y considera hoy impugnable desde la imprescriptibilidad de los delitos de genocidio y lesa humanidad"

Madrid, 22 ene 2014.- El Consulado de Argentina en Madrid ha recibido la denuncia de IZQUIERDA ANTICAPITALISTA (IA) por los crímenes cometidos por la dictadura franquista. 

El miembro de la Comisión de Memoria Histórica de IA, Acacio Puig, torturado, encarcelado y represaliado por el franquismo, se ha personado en el Consulado para denunciar a las fuerzas represivas responsables de asesinatos, torturas, detenciones, condenas de cárcel y exilio que sufrieron sus compañeros de la resistencia antifranquista que militaron en el Frente de Liberación Popular (FLP), FOC y ESBA y partidos como la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), LKI, Partido de los Trabajadores de España (PTE) o el Partido Socialista de los Trabajadores (PST). 

En su escrito de adhesión, en forma de denuncia, a la causa penal 4591/10 presentada ante el Juzgado nº 1 de Buenos Aires dirigido por la jueza María Servini, que investiga la querella contra los crímenes del franquismo, "Izquierda Anticapitalista retoma y vindica especialmente la memoria de corrientes políticas derrotadas y perseguidas durante la Guerra y Revolución española, las corrientes encarnadas por el POUM y sus afiliados a diversos sindicatos".

SE DEFENDÍA UNA RUPTURA RADICAL CON EL RÉGIMEN QUE MANTUVO LOS MODOS DEL FASCISMO HISTÓRICO DERROTADO EN EUROPA
IA basa su denuncia en que "Una parte significativa de los hombres y mujeres afiliados a Izquierda Anticapitalista procede de la resistencia antifranquista y contribuyó a la creación de asociaciones, sindicatos y partidos políticos clandestinos". Y destaca que "Desde aquellas organizaciones surgidas en la década de los años 60, se defendía una ruptura radical con el régimen que durante cuatro décadas de dictadura mantuvo, en lo esencial, los modos del fascismo histórico que había sido derrotado en Europa en 1945".

"Sin embargo, en el estado español la dictadura militar fascista perduró mediante la perpetuación del terror que desde 1936 llenó el país de desaparecidos, de fosas comunes, de campos de concentración, de batallones de trabajo esclavo, de cárceles llenas de hombres y mujeres. Se trató de un régimen que con muy escasas modificaciones, mantuvo intacta su estructura corporativa y dictatorial ajena al respeto a las libertades elementales y que castigó a la inmensa mayoría de la población con el miedo, el control y la represión de la policía política, la censura mediática y la opresión ideológica y económica al servicio de la que operaban el conjunto de los aparatos de estado", señala la denuncia.

IZQUIERDA ANTICAPITALISTA se vincula pues a la herencia de quienes ya en 1975 exigían la depuración de esos aparatos de estado, la disolución de aparatos represivos, la apertura de las cárceles y la libertad de prisioneros…también la Asamblea Constituyente previa legalización de partidos y sindicatos. "Y, precisamente porque la Ley de Amnistía 46/ 1977 buscaba blindar los crímenes de la dictadura la consideró y considera hoy impugnable desde la imprescriptibilidad de los delitos de genocidio y lesa humanidad".

EXIGIMOS JUSTICIA Y REPARACIÓN

Para IZQUIERDA ANTICAPITALISTA que recoge así, en su militancia actual, a personas que integraron la llamada “generación TOP (Tribunal de Orden Público, organismo represor del franquismo)”, "la Constitución de 1978 no fue precedida por un auténtico proceso constituyente sino por un pacto con el antiguo régimen que impuso un modelo de estado monárquico y centralista y además no garantizó los derechos sociales ni políticos". IZQUIERDA ANTICAPITALISTA la rechaza y promueve los procesos constituyentes que permitan recuperar derechos y soberanía por personas y pueblos.

Al día de hoy, 38 años después de la muerte del dictador, el amplio Movimiento Memorialista sigue exigiendo justicia, verdad y reparación. Justicia además para las víctimas de la represión global ejercida por el franquismo, justicia pues para el conjunto de la ciudadanía y de los pueblos del estado que sufrieron décadas de represión difusa pero contundente.

Para más información: www.anticapitalistas.org
Contacto en Madrid: 
Acacio Puig: 606145058 Pepe Mejía: 607 69 13 73
Correo electrónico: prensa@anticapitalistas.org

Miguel Romero "Moro", La dignidad revolucionaria

Manuel Garí

El cáncer pudo, finalmente, el 26 de enero en Madrid, con la tenaz resistencia de Miguel Romero Baeza (Melilla, 1945). Periodista y militante revolucionario, que vivió y combatió a la dictadura franquista y al sistema capitalista con la misma pasión, inteligencia y dignidad con la que enfrentó su enfermedad. Nunca perdió la capacidad de indignación frente a la injusticia, siempre se puso del lado de las gentes de abajo, fue inmune al acomodo, en todo momento mantuvo la lucidez analítica y la decisión en la acción. Lo suyo, como ocurrió con tantos otros y otras revolucionarios, primero fue una sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno, luego una opción ética ("con los pobres de la Tierra quiero yo mi suerte echar") y más tarde, sólo más tarde, vinieron la táctica y la estrategia, el partido y el programa. Vivió exactamente como pensaba. Ni una gota de ambición, ni un gramo de lucro. Decentemente. Austeramente. Incorruptible.

Por eso, ya muy deteriorado por la enfermedad, se encontraba como pez en el agua en las plazas del 15-M y en medio de las mareas o en las reuniones y actividades formativas con jóvenes de Izquierda Anticapitalista. Exactamente igual que cuando comenzó a participar en el movimiento estudiantil de los años sesenta, de forma idéntica a su presencia en los piquetes en las huelgas generales o en las movilizaciones primero por la amnistía, luego contra la entrada en la OTAN y la presencia de las bases norteamericanas, en la solidaridad con la frustrada revolución nicaragüense o en cualquier causa que mereciera la pena. Muy particularmente en todos los intentos de organizar la resistencia internacional frente al capitalismo global; de ahí la intensa actividad que desplegó en las actividades en los Foros Sociales Mundiales como el de Porto Alegre.

Con la misma valentía que luchó por conquistar las libertades se enfrentó con los frenos y cortapisas de la Constitución, hija de una Transición que arrumbó las aspiraciones del movimiento obrero de todo el Estado español y de los pueblos de las nacionalidades. Se escapó de sufrir cárcel bajo el franquismo, pero sus artículos en el dossier ¡Viva la República! en la revista Saida le llevaron un mes a prisión por negarse a pagar la fianza que le exigía el juzgado. Paradojas de la vida, alguien que dedicó su juventud a tumbar la dictadura, se vio encarcelado por los nuevos demócratas por defender una forma de gobierno y estado democráticos. Fue un irreductible, jamás aceptó la farsa de los Pactos de la Moncloa ni de un régimen, el de la reforma que hoy hace aguas y en el que no confía la juventud harta, insumisa e indignada.

Moro Moro -nombre por el que le conocíamos sus compañeros y amigos, y con el que se identificaba plenamente- formó parte de la generación del 68 cuando parecía que podíamos cambiar el mundo, cuando -a pesar de la represión- corrían vientos de esperanza y generosidad, tiempos en los que no era una locura ni rareza luchar por la Revolución socialista que, concebíamos bien distinta a la dictadura estalinista, y bien al contrario, pretendíamos que fuera la condición para una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales. Tiempos de generosidad y compromiso, bien alejados del maldito principio rector del ratio coste/beneficio.
Precisamente entonces nos conocimos, en unos momentos en los que, tomando unas palabras suyas dedicadas a Silvino Sariego, forjamos "una amistad entrañable, creada hace más de cuarenta años, cuando amistad y revolución eran inseparables". Moro, además de un luchador, un activista y un lúcido político -de los que jamás cobraron una moneda de las arcas públicas- fue un amigo entrañable e incondicional de sus amigas y amigos para quienes es un orgullo el que hayamos contado con su afecto y confianza. Y compartido vida. Y ahí nació mi amistad y conmilitancia a prueba de pruebas con Moro, Jaime Pastor, Lucía González (¡cómo te echo de menos!), y siguieron llegando nuevas gentes a nuestras vidas: Chato Galante, Justa Montero, Marti Caussa, Petxo Idoyaga y se añadieron gentes, muchas gentes de una lista imposible de reproducir.

Participación política En el año 66 estaba deseando organizarse políticamente, no hubo ni que argumentarle la necesidad de hacerlo, bastó con pasarle una cita. Pronto me di cuenta de la calidad del "fichaje". Y desde entonces ni un solo día de su vida ha dejado de estar organizado para luchar. Porque Moro siempre concibió que la acción o es colectiva y compartida o no es emancipadora. Y democrática. La acción y la organización del movimiento social, para Moro y para quienes hemos compartido la experiencia, debe estar impregnada de democracia, de autogestión, de autorganización. Para él no hay partido que merezca la pena si, aún en las peores condiciones de represión, no es totalmente democrático en su funcionamiento.

Primero militó en el Frente de Liberación Popular (FLP) y tras su disolución fue uno de los fundadores del grupo Comunismo, embrión de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) de cuya dirección formó parte y que durante años representó en los organismos de la Cuarta Internacional, dónde compartió debates, proyectos e ideas con gentes de la envergadura, entre otros, de Ernest Mandel (su maestro), Francisco Louça y Daniel Bensaïd. El "Bensa", su amigo francés, referentes ambos de ambos en sus elaboraciones políticas, con el que mantuvo un diálogo permanente hasta el día de la muerte del filósofo y activista, el 12 de enero de 2010.
Moro jugó un papel clave en el acercamiento entre ETA VI y LCR que culminó en la fusión de ambas organizaciones. Durante años impulsó el desarrollo de las organizaciones revolucionarias en América Latina, años en los que fue director de la edición en castellano de Inprecor, revista política bimestral de LCR. Pero su mayor labor (e ilusión) periodística la volcó en sus artículos para Combate, periódico de esa misma organización de la que fue director en varias etapas, hasta la fusión de su partido con el Movimiento Comunista (MC). Tras el fracaso de esa unificación, formó parte de Espacio Alternativo, corriente de IU, que en 2008 abandonó la coalición y se convirtió en Izquierda Anticapitalista, organización de la que seguía formando parte activamente Miguel Romero.

Viento Sur Creó la revista bimestral Viento Sur, publicación con una importante influencia en la izquierda alternativa, de la que ha sido editor -y principal impulsor- durante los 131 números aparecidos hasta el día de hoy. Esta ha sido su principal contribución en los últimos años, incluidos los de su larga enfermedad, desde la revista de papel o la web. Labor periodística que ha compaginado con su participación en foros y mesas redondas, conferencias y charlas formativas, trabajado en durante años en ACSUR-Las Segovias y la autoría de obras como ¡Viva Nicaragüa libre! (1979), La guerra civil española en Euskadi y Catalunya: contrastes y convergencias (2006) y Conversaciones con la izquierda anticapitalista (2012) o su participación como coautor en Porto Alegre se mueve (2003), 1968. El mundo pudo cambiar de base (2008), Enrique Ruano, memoria viva de la transición (2009) y Pobreza 2.0 (2012).

Moro vivió intensamente la vida, exprimió todo aquello que merecía la pena. Disfrutó de su familia hasta el último momento, del amplio clan de los Romero del que se vanagloriaba. Y con razón, añado, una vez los he conocido. Excepto su etapa de París, toda su vida adulta la pasó en Madrid, salvo cortas estancias en otras ciudades, obligado por la clandestinidad. Pero siempre profesó de andaluz. Un andaluz capaz de entender a las gentes de otros pueblos y de respetar su derecho a decidir. Disfrutó de sus amistades. De las antiguas y de las nuevas. De gentes viejas y de gentes casi recién llegadas. No perdió la capacidad de conectar con las siguientes generaciones. Disfrutó de los momentos, de cada momento. Rigió su cotidianeidad por el sabio carpe diem. Por su carácter y por su visión del mundo, "nada humano le era ajeno". Todo le interesaba, desde el impacto de la biotecnología al significado de la obra de Brecht.

Pero sobre todo tenía aficiones. Grandes. Apasionado del flamenco y partidario de Enrique Morente, disfrutaba igualmente con la Sinfonía nº 40 de Mozart o con Tristán e Isolda; fan de los Beatles y de Van Morrison y un buen conocedor del jazz. Pero sobre todo fue un lector empedernido, por supuesto de autores marxistas, pero no sólo; leía a Maiakovski, leía y releía Poeta en Nueva York. Miren por favor todas las contraportadas de Viento Sur y comprobarán el homenaje permanente a García Lorca. Y devoraba novelas desde que, según me contó, de chaval tropezó con La isla del Tesoro. Muy particularmente le apasionaba novela negra. Como a tantos otros revolucionarios. Y el cine. Asiduo asistente al Festival de San Sebastián, es posible que tenga algún record de visionado de Roma cittá aperta o de Viridiana, admirador de Billy Wilder y de Berlanga, en más de un artículo político -no se sabe cómo- encontró la excusa para citar a Lauren Bacall. Y un secreto a voces: cuando jugaba el Barça, el reloj se paraba, y mejor esperar a llamarle tras la retransmisión del partido. Eso, todo eso y más configuraban el mundo polifacético de alguien al que mucha gente solo conoció por su compromiso político.
¡Cuántas y cuántas cosas, amigo, compañero Moro, se podrían contar de ti! No recuerdo ninguna mala. Y sí recordaré siempre los buenos difíciles momentos políticos y personales en los que estuvimos juntos, compañero. Hasta la misma noche que entraste en coma. Un momento antes aún tenías ganas de saber "cómo están las cosas", las de siempre, las tareas del momento.

Si Moro pudiera hacer un balance de su vida, nada lo expresaría mejor que unas palabras que escribió hace décadas, en el artículo Punto y aparte del número 518 de Combate, y que puede explicar su constante esfuerzo por "conectar" con la juventud indignada, con las nuevas generaciones revolucionarias y su obsesión por la renovación, por dar paso:

"No hay más que mirar el esqueleto de artículo que tengo delante. Allí dice en la primera página "relevo". No es una idea muy original, pero es verdad que eso es lo importante. Pasamos el testigo. Hemos recorrido el trayecto que nos tocó, tan distinto del que habíamos imaginado, con todas nuestras fuerzas. No estamos cansados. Aún con todos los obstáculos y tropiezos, nos ha gustado la carrera. Y ahora estamos satisfechos de dejar el testigo en manos que también son las nuestras y seguir adelante. Esto es lo que cuenta y todo lo demás es secundario".

Entrevista a Miguel Romero: Para tejer los desgarrones

ÚLTIMA HORA   26/01/2014
Esta mañana hemos amanecido con la noticia del fallecimiento de nuestro camarada Miguel Romero "Moro". Quienes tuvimos la suerte de conocerle y militar a su lado no olvidaremos su energía militante, su "paciente impaciencia" en la lucha por la transformación social y el ejemplo que  irradiaba. Leamos directamente sus palabras en una entrevista que concedió en 2010 a El Viejo Topo.

¡Que la tierra te sea leve, camarada!




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Miguel Riera / El Viejo Topo
Cuando apareció por la redacción de El Viejo Topo, en 1975, Miguel Romero no era tal, sino el “Moro”, nombre con que había pasado a la clandestinidad en 1966. Desde esa fecha ha mantenido un compromiso militante e intelectual con la izquierda revolucionaria, compromiso que hoy, entre otras actividades, es visible en su papel de editor de la revista Viento Sur, una de las pocas publicaciones de izquierda que perduran en este país.

  -¿Es necesario refundar la izquierda?

-Permíteme que antes empiece con un prólogo. Creo que en un plazo medio, digamos de unos cuatro o cinco años, va a cambiar profundamente el mapa político europeo, a la izquierda de lo que llamamos con el eufemismo de “socialdemocracia”. La naturaleza y el tiempo de lo cambios dependerán especialmente del curso de las luchas sociales frente a la crisis capitalista y de cómo respondan a ellas las organizaciones de lo que podemos llamar el “espacio anticapitalista”, es decir, tanto la izquierda política como la izquierda social.


En lo que se refiere a la izquierda política, pienso que sus diversas corrientes van a enfrentarse a dos pruebas decisivas y que su futuro dependerá de cómo respondan a ellas: la primera, las políticas unitarias, también en sentido político y social, es decir, convergencias, reagrupamientos de organizaciones políticas y experiencias conjuntas con actores sociales en plataformas,

foros, coordinadoras… todos ellos comprometidos, desde su propia experiencia y criterios, en la lucha contra el capitalismo; la segunda, la conversión del discurso anticapitalista en políticas concretas que busquen  conexiones entre los conflictos actuales y los objetivos emancipadores que todavía no tienen un nombre suficientemente aceptado: si se le quiere llamar provisionalmente socialismo del siglo XXI, pues vale.
Está claro que aquí nos encontramos en una mala situación, muy por detrás de los procesos en marcha en Portugal, Francia, Alemania, Grecia, o incluso Polonia o Dinamarca. Hay que tomarse muy en serio cómo dar pasos adelante para levantar expectativas de que las cosas están cambiando y que el futuro no estará determinado por los tres pilares de la “gobernabilidad”, inamovibles desde la transición: la alternancia PSOE-PP, ocasionalmente con apoyos subalternos, el consenso constitucional y el “diálogo social”.

No hay que perder el tiempo, pero estoy muy en desacuerdo con las “urgencias”. En general, son malas para el debate democrático, que necesita tiempo para escuchar, reflexionar, responder de forma que el debate pueda proseguir… Además, necesitamos tiempo para comprender los cambios que se han producido en el mundo al menos en lo que llevamos de siglo. Y en fin, los problemas que tenemos entre las organizaciones de la “izquierda alternativa”: desacuerdos, desencuentros, conflictos…, sin sentir una presión unitaria por la propia debilidad de las luchas sociales, vienen de muy lejos y no pueden resolverse en unos meses. Creo, por otra parte, que la dinámica de la crisis capitalista nos va a dejar algún tiempo de reacción, en el que es de esperar que se desarrollen experiencias, luchas y debates que nos ayuden a encontrar soluciones.  

-Dicho esto, regreso ahora a la pregunta: ¿crees necesario refundar la izquierda?

-Si se trata de crear una nueva fuerza política anticapitalista con capacidad de convergencia de los sectores políticos y sociales necesarios para darle fuerza y credibilidad,  la idea de “refundación” no me parece adecuada. No hay que pelearse más de la cuenta por palabras, pero mejor elegirlas bien.

Por una parte, “refundación” me recuerda inevitablemente a la experiencia italiana que representó Fausto
Bertinotti, en la que un discurso ideológico que se presentaba, con mucho éxito, como antagonista, movimientista, sucumbió a la primera oportunidad de cooptación por el poder. Es una experiencia negativa muy importante y sobre la que, creo, se ha debatido aquí menos de lo que merece. Desde luego, no es un buen precedente.

Por otra parte, “refundación” no es una idea general, sino concretamente el nombre del proyecto de Izquierda Unida. Estuve en la Conferencia en que se presentó este proyecto. Me pareció ver en ella, lo digo muy esquemáticamente, tres componentes: un sector amplio de militantes que hacen un balance muy crítico de la experiencia de la organización durante los últimos años y quieren una renovación a fondo de IU en sentido anticapitalista; un sector, muy poderoso, de la dirección al que sólo le importa una “restauración”, o sea una mejora de imagen de cara a las próximas elecciones; y, finalmente, otro sector de la dirección más identificado con los cambios, pero atrapado en el consenso interno de reparto de “cuotas de poder” y “pacificación” que se alcanzó hace unos meses. Creo que hay que seguir con atención el proceso y mantener la mejor comunicación posible con toda la gente de IU interesada en escuchar y en debatir con otras corrientes. Pero esto no es la “refundación de la izquierda”. Si en un próximo futuro se produjeran procesos de convergencia dentro de lo que antes llamé “espacio anticapitalista”, lo cual sería muy deseable, quizás se les termine llamando “refundación”, pero lo dudo. 

-Hablemos entonces de convergencia de fuerzas en lugar de refundación. La fuerza organizada mayoritaria ahora mismo es IU. Luego estaría Izquierda Anticapitalista, y después ya grupos y plataformas muy pequeños (además de los ex que han decidido quedarse en casa, que son una barbaridad). ¿De quién o quiénes debería surgir la iniciativa para empezar un proceso de esa naturaleza? ¿Existen ahora mismo condiciones para ello?
-Para mayor claridad, empiezo por el final. “Ahora mismo” no veo condiciones para esa convergencia, a la cual habría que añadir una componente que, para mí, es decisiva: la que he llamado antes, “izquierda social”, es decir las y los militantes de movimientos sociales que hacen desde ellos política anticapitalista, pero no se plantean, o no están interesados en construir una organización política.

¿Cuáles son esas condiciones que no veo? Por ejemplo estas cuatro:
La primera, un acuerdo de línea política consistente, o sea, no una lista de reivindicaciones, sino una orientación: cómo vamos a “hacer política” sobre los conflictos principales de nuestra sociedad (relaciones con los poderes del Estado, “conflictos de género”, crisis económica, ecología, bienes comunes, inmigración…); en este aspecto, no cuenta qué organización llega a la supuesta convergencia con más militantes; tendría que haber como punto de partida una coincidencia básica en profundidad, no un “consenso” al uso. 
La segunda, un acuerdo concreto y creíble sobre la democracia interna, que garantice la expresión libre de divergencias y la convivencia (no la coexistencia a la manera “posmoderna”: “respeto”
mucho lo que piensas, pero me tiene sin cuidado…) de distintos puntos de vista.
La tercera, una base social y una dirección protagonizada por gente joven, estudiosa y callejera, sin ninguna ambición política profesional, con una cultura “movimientista” potente, vacunada de sectarismos.
Y en último lugar, en el orden pero no en la importancia, hacen falta “ganas”, es decir expectativas y voluntades de comprometerse en crear algo nuevo, con la confianza de que va servir para salir del pozo en que se encuentra el “espacio anticapitalista” hace ya más de veinte años, desde la derrota en el referéndum sobre la OTAN de 1986.
Este asunto de las “ganas” puede considerarse poco “político”, pero tuvo un papel motor esencial en los dos proyectos de convergencia más interesantes y con más éxito (y también problemas, claro) de los últimos años en Europa: el Bloco en Portugal y el NPA en Francia.

-¿Y en cuanto a quiénes deberían tomar la iniciativa?

-Sin duda, hay mucha gente que no milita en IU o IA que vería con simpatía un proyecto unitario de la izquierda política anticapitalista, pero habitualmente se está pensando en un simple acuerdo electoral que evite la “sopa de siglas” y concentre votos a la izquierda del PSOE; o sea, se plantea el problema como “votante”, pero es escéptica y se siente distante de un compromiso político mayor. En cuanto a los militantes de IU e IA, pienso que, en su gran mayoría,  no ven perspectivas concretas de reagrupamiento. Otra cosa es que el guión de la “refundación” lleve a hablar de búsqueda de confluencias, aperturas, etc., y haya algunos militantes que estén seriamente por la labor.

En definitiva, creo que estamos en una situación de pre-convergencia, en la que los objetivos centrales deberían ser ir creando las condiciones políticas, organizativas, morales… de convergencias futuras, no ponerse a elaborar, o lo que es peor, dar por hechos, manifiestos, calendarios, etc.

En esta pre-convergencia pienso que hay que valorar, sobre todo, las experiencias que van en dirección unitaria y ser muy críticos con las que van en dirección contraria. Por ejemplo, el trabajo común de todo el “espacio anticapitalista”, y mucha otra gente que pueden no considerarse parte de él, en la campaña
contra la presidencia española de la Unión Europea, va en la buena dirección, creando confianzas, costumbres de debatir y buscar acuerdos sobre problemas concretos, relaciones entre “lo social” y “lo político”… En cambio el esperpento castizo de Caja Madrid, que ha terminado entronizando a Rato, Moral Santín y gente de ese tipo, va en la mala dirección.

No creo que en estos momentos puedan ser útiles “grandes iniciativas” por la convergencia: encuentros solemnes, manifiestos, llamamientos de “personalidades”… En cambio me parece que son necesarias iniciativas más modestas que ayuden a conocer y debatir puntos de vista, creen interés mutuo, empujen a tomar en cuenta las opiniones ajenas a la hora de elaborar las propias, no para delimitarse de ellas, sino para buscar qué puede haber en común, etc.

Hace unos días, en el homenaje a Daniel Bensaïd en la Mutualité de París, el filósofo Alain Badiou, que ha tenido debates de fondo, a veces muy ásperos, con Daniel, dijo que le consideraba un “compañero lejano”. Lo dijo cordialmente, sin olvidar los desacuerdos, pero poniendo en primer lugar el respeto y el interés hacia “el otro”. Ya me conformaría yo con que, para empezar, estas fueran aquí las relaciones entre las diferentes corrientes del “espacio anticapitalista”. 

-Ese es un aspecto al que no se le presta demasiada atención, pero que a mí me parece clave: los miembros de las diferentes organizaciones no se sienten compañeros. Ni siquiera en el interior de algunas de ellas puede hablarse de que exista compañerismo, de que se esté por lo mismo. Se imponen rivalidades, familias, envidias, vendettas…
-De acuerdo. Se trata además de algo muy generalizado, que afecta también a organizaciones y movimientos sociales y a gente de cualquier edad y condición. Y hace estragos. Crea una selección negativa entre quienes deciden organizarse: dificulta la entrada de la gente que busca nada más –y nada menos, con la que está cayendo– un mayor compromiso en la acción colectiva, pero no soporta las grescas internas, y en cambio favorece la entrada de quienes incomprensiblemente, disfrutan con ellas, por no decir que viven en ellas, de conspiración en conspiración.

Creo que hay que racionalizar el compromiso militante, lo cual es una de las condiciones para tener una vida colectiva sana en las organizaciones de la izquierda. La política revolucionaria debe ser una pasión, pero no la única. Hacen falta militantes con un compromiso serio, pero abierto, sin obsesionarse con sus siglas, que les interesen y les motiven otros muchos aspectos de la vida, además
de la política. Gente corriente, no héroes, ni que se crean héroes o aspiren a ser reconocidos como tales.
En teoría, las organizaciones de la izquierda se basan en la solidaridad, pero en la práctica frecuentemente
es más fuerte la competencia entre grupos, fracciones, afinidades… o como se les quiera llamar, que consideran que el “enemigo principal” es el discrepante más próximo.

Me gustaría creer que un programa o una línea política identificada radicalmente con objetivos emancipatorios es suficiente para afrontar estas lacras. Pero no es verdad. Sí  creo que es necesario –porque finalmente se trata de oponerse a valores dominantes en la sociedad capitalista, el principio de competencia en primer lugar– pero no es suficiente de ninguna manera. No quiero eludir los problemas que me tocan más de cerca. Cada corriente política tiene sus propios fantasmas y la obligación de combatirlos: el fraccionalismo es un fantasma de la mía.
Creo que hace falta una “revolución cultural” en el espacio anticapitalista que ponga en la base de las relaciones militantes una fraternidad laica –integrada por gente diversa, que discute, tiene conflictos, los trata de resolver por sí misma, democráticamente, sin el recurso a adhesiones incondicionales o líderes carismáticos…– no sólo dentro de cada organización, sino también en las actividades conjuntas: campañas, plataformas, encuentros…

-Vale. ¿Pero cómo se hace eso, partiendo de lo realmente existente?

-Buena pregunta, pero me temo que no soy capaz de dar una buena respuesta. Creo que es difícil conocer bien “lo realmente existente” en el pensamiento y la acción critica, porque está muy disperso y porque faltan dramáticamente canales de comunicación (y políticas de comunicación, que son el “agujero negro” de la “izquierda alternativa” española, pero eso daría para otra entrevista). Por eso las “buenas respuestas” tendrían que elaborarse en marcos militantes colectivos, en los que puede haber una relación directa con todo lo que se mueve “por abajo”, y sobre esta base, se pueden tomar iniciativas que permitan aprender por procedimientos experimentales, analizando lo que funciona bien y lo que funciona mal. En una situación políticamente tan plana, tan bloqueada, incluso tan triste, como la que sufrimos desde hace ya una larguísima temporada, sólo la práctica social puede abrir y descubrir brechas. Mientras tanto, vamos a tientas.

-Eso suena a calendas griegas...

-No, no quiero escurrir el bulto y voy a dar algunas opiniones. Para empezar, se me ocurren sobre todo dificultades y problemas.
Hablamos mucho sobre los procedimientos para enfocar o, pretendidamente, resolver la crisis de la “izquierda alternativa”: “refundación”, “convergencia”… En cambio, se habla mucho menos de lo que me parece la cuestión fundamental: ¿cuál debería ser el objetivo político articulador del espacio anticapitalista a medio plazo? En mi opinión, debería ser desestabilizar hacia la izquierda el sistema político español por medio de la movilización social. Ésta es la única vía para crear expectativas de que pueden lograrse cambios importantes en las cuestiones sociales y políticas que centran la atención de la gente: el paro, la política económica y fiscal, la privatización de los servicios públicos que existen y la inexistencia de servicios públicos esenciales (particularmente en los “cuidados”), el cambio climático, la corrupción en la administración pública, el poder absoluto de los jueces, etc. Esas expectativas son la llave de contacto de la acción social; sólo minorías militantes se pueden movilizar sin esperanzas de obtener resultados tangibles. Y todo el mundo sabe, por experiencia, lo que puede esperarse de la “gobernabilidad” tal como está establecida: en el mejor de los casos, empeorar lentamente. De expectativas como ésta pueden surgir “votos útiles” frente a la derecha, pero no movilización social.

Esa desestabilización tiene que incluir un cambio radical en la izquierda. Con el mapa establecido: es decir, PSOE mayoritario, IU ejerciendo una presión débil y subalterna, CCOO y UGT autolimitadas al “dialogo social”, no existe la menor posibilidad de que se apliquen políticas no ya anticapitalistas, sino incluso que supongan una resistencia eficaz frente a lo que está siendo una ofensiva capitalista en toda regla. Así se muestra, por poner ejemplos recientes, en lo que estamos conociendo estos días sobre la aceptación por parte del gobierno de la rebaja de las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social o cómo los grandes sindicatos van tragando, y haciendo tragar, la “reforma laboral”.

Las políticas que se basan en la “unidad” PSOE+IU+CC OO+UGT se someten y terminan legitimando la “gobernabilidad” existente. Es obvio que una política anticapitalista sólo puede realizarse con un apoyo social muy mayoritario. Pero creo que lo que se necesita ahora es una fuerza social y política fronteriza con la “izquierda mayoritaria”, que asuma un alto grado de conflicto con ella y sea capaz de traducirlo en términos comprensibles para la gente que se considera “de izquierdas”. La “izquierda alternativa” no tiene que refugiarse en la marginalidad, pero tiene que atreverse a ser radical en la política concreta.

Los colegas del Bloco de Esquerda portugués afirman que su objetivo es “la destrucción del mapa político tradicional del país”. Me parece una excelente formulación de un objetivo general de la izquierda anticapitalista europea. En Portugal tienen fuerza para hacer política concreta con esta idea. Aquí está claro que aún estamos lejos de tenerla. Pero al menos hay que saber a dónde queremos llegar, cuál es el horizonte de nuestro trabajo; hay que poner este debate encima de la mesa. 

-¿Poner patas arriba el sistema de partidos vigente?

-Bueno, se podría decir así. Pienso que hay que romper ese cerrojo para hacer que una política anticapitalista sea posible.
Pero para hacernos una idea de las tareas que tenemos por delante, junto con los objetivos es vital conocer bien el punto de partida. Y éste se caracteriza ahora por la disgregación de eso que estoy llamando “espacio anticapitalista”. Hay que ir tejiendo ese desgarrones y para eso, me parece que las tareas más importantes a medio plazo son de “conexión” (o sea, debates, interés y conocimiento de las ideas y propuestas de las diferentes corrientes, con respeto, sin temas prohibidos…) y “articulación” (o sea, organización de acciones comunes…), buscando puntos de encuentro entre los procesos de las diferentes organizaciones y movimientos. “Encuentro” no equivale a “acuerdo”. Por el contrario, creo que es especialmente importante que existan encuentros cuando hay desacuerdos expresos; por tanto, encuentros que convivan con debates sobre los temas más diversos desde cuestiones teóricas a experiencias internacionales, y por supuesto los temas más cercanos de la situación española.

Por el momento, hay bastantes experiencias positivas de articulación con consenso, es decir, limitada a los temas en los que no hay debate, o evitando los temas de real o potencial desacuerdo: así se está trabajando, y bien, en la organización de la campaña alternativa sobre la presidencia española de la UE. Ha habido también alguna experiencia de debate entre portavoces de organizaciones políticas y sociales, por ejemplo en el Foro Social que tuvo lugar en Madrid a finales de enero, pero creo que no funcionó bien, sobre todo por un peso excesivo del pulso entre IU e IA en torno a temas que parecen producto exclusivo de rivalidades mutuas.

-Sin embargo, como has dicho ya antes, no existen aún condiciones para una convergencia consistente.

-Queda mucho por hacer. Las tareas de articulación dependen de las organizaciones. Creo que no hay que perder lo que se ha avanzado, pero quizás se puedan tomar iniciativas más arriesgadas: por ejemplo, una campaña común sobre un tema candente de la actualidad política española en el que se proponga una alternativa radical a la política gubernamental. O quizás alguna iniciativa electoral, pero ésta sería sin duda bastante más complicada y conflictiva.

En cuanto a las tareas de conexión, me parece que no hay que dejarlas en manos de los portavoces y dirigentes de las organizaciones implicadas, aunque sin duda éstos tienen un papel importante y, a largo plazo, decisivo. La discusión puede ser más flexible y más abierta entre personas que no tienen funciones representativas, ni están obligadas a traducir sus opiniones en decisiones colectivas. No me refiero a la terrible figura de “los independientes” -un amigo mío los llama “cascos azules” de la política- que se dotan de un papel arbitral, varios escalones por encima de los conflictos que soportamos el común de los mortales. Me refiero a gente que, esté organizada o no, se implica en los problemas y desafíos de la “izquierda alternativa” y quiere contribuir a resolverlos aportando libremente opiniones propias.

Creo que sería muy positivo que se creara en el espacio anticapitalista una especie de agenda abierta de temas políticos en debate, sobre los que se fomentara la polémica, con réplicas y contrarréplicas serias, respetuosas en las formas y claras en el fondo.

La prensa militante podría (podríamos) tener un papel importante en este asunto. Pero haría falta también algún cambio en las formas. Por ejemplo, en esta entrevista hay alusiones a opiniones que he leído recientemente y con mucho interés de Fernández Steinko, Arriola, Pedro Montes, Rodríguez Villasante, Monereo, Jaime Pastor… Pero no he querido nombrarlos, ni entrar en el debate directo porque no estoy seguro de que eso funcione bien; Jaime es un caso especial, por supuesto, pero con él, como puede imaginar fácilmente quien nos conozca, no abundan los desacuerdos.

Para finalizar, ¿te ha quedado algo en el tintero?

Me gustaría volver sobre un par de temas que han salido en la entrevista, pero de pasada.
En los tiempos de la clandestinidad había que protegerse en primer lugar de la policía. Ahora, sin perderla de vista, creo que hay que fijar la atención en los poderes judicial y mediático. Me parece que no hay suficiente conciencia de estos problemas en la izquierda anticapitalista.

La insumisión frente a un sistema injusto es un derecho democrático, pero ilegal; cuanto más potente sea, mayor será la persecución judicial que sufra. Pese a que no hay grandes conflictos sociales, sobran ya muestras de esta amenaza contra inmigrantes, medios de comunicación disidentes, centros sociales ocupados, clínicas en las que se realizan abortos, acciones de desobediencia civil, manifestaciones o huelgas consideradas “ilegales”, etc.

Hay que crear y desarrollar recursos, dispositivos de defensa… frente a este asedio. Los movimientos de insumisos de los años 80 son un buen referente. También son útiles experiencias internacionales. Se ha difundido recientemente un artículo excelente de Ángel Ferrero (http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/ferrero1.pdfsobre la rebelión ciudadana contra la “poll tax” que contribuyó decisivamente a la caída de Margaret Thatcher. Es una lectura muy recomendable, no ya como memoria, sino como preparación para el futuro.

Por otra parte, aunque hay muchos, y algunos buenos, medios de comunicación alternativos, la izquierda sigue dependiendo, para informarse y para informar, de los medios convencionales, con la excepción muy específica de la izquierda abertzale. El coste político de esta falta de autonomía me parece altísimo, tanto por lo que se oculta como por lo que se tergiversa; no es necesario poner ejemplos porque nos desayunamos cada día con una buena ración de ellos; la aparición de Público ha mejorado el panorama, pero sólo con algunas firmas y en algunos temas.                       
                                                            
No podrá desarrollarse el espacio anticapitalista sin tener autonomía de información respecto a los medios convencionales, es decir, sin contar con medios alternativos que sean utilizados cotidianamente como fuente prioritaria de información, o al menos como “segunda fuente” con la que contrastar la (des) información que se recibe por los medios convencionales.

Tenemos aquí un problema de oferta, pero también un problema de demanda. Empezaré por la demanda: sólo una parte muy reducida de la izquierda “alternativa”, se informa por la prensa alternativa. No es fácil hacerlo, lleva tiempo, hay que saberse mover entre la avalancha de páginas web, hay que comprar o suscribirse a las publicaciones en papel, que no tienen medios ni periodicidad suficiente para contrainformar sobre la actualidad inmediata, etc. Pero,  quizás porque se le considera un objetivo inalcanzable, no me parece que se sienta ampliamente la necesidad de contar con prensa propia, de buena calidad y con capacidad de influencia frente al establishment mediático; además, la difusión que conseguimos los medios existentes está por muy por debajo, no ya del esfuerzo necesario para hacerlos, sino de la calidad, al menos razonable, de lo que hacemos. ¡Qué te voy a contar…!

Pero hay además un problema de oferta: creo que falta un medio, o algunos medios, con una orientación claramente crítica, con una información creíble, que base su agenda en todo lo que se rebela contra el sistema y que pueda conectar con la pluralidad de expresiones de esa rebeldía... No está claro cual podría ser el mejor soporte: yo pienso que la televisión por internet, pero es sólo una idea. En cambio sí está claras al menos dos cosas: la primera, que tendría que estar protagonizado por periodistas jóvenes, y la segunda que tendría que basarse en la cooperación entre diversas organizaciones sociales y políticas y en el compromiso de apoyo de sus afiliados, que son en su conjunto bastantes miles, suficientes en todo caso para sostener económicamente el proyecto. Puestos a buscar la convergencia de la izquierda, ésta sería una herramienta espléndida, insustituible. 

¿Alguna cosa más?

Pues si me lo permites, una de cierre.
No sé si al criticar las “urgencias” y plantear los objetivos de convergencia a medio plazo puedo dar la impresión de que pienso que estos problemas deben aplazarse. Por si acaso, quiero dejar claro que no es esa mi opinión. Construir un referente político de izquierda anticapitalista, con minúsculas, me parece una tarea de máxima actualidad. Y ese referente tendrá que ser la conclusión de un proceso de convergencia entre diferentes componentes del espacio anticapitalista, cuyas posibilidades se están construyendo en la práctica de ahora mismo. Valoro mucho esas posibilidades y espero que la organización politica de la que soy militante, Izquierda Anticapitalista, contribuya a realizarlas. El debate no está en el objetivo; está a mi parecer en lo que toca hacer ahora para alcanzarlo