Un propósito trascendente

Esta cotidianidad abruma. Las exigencias consuetudinarias ocupan el firmamento, la acción táctica se funde con la estrategia, las demandas de la coyuntura no están disociadas de los requerimientos del mediano y largo plazo. La conducción política requiere asimilarlas. Alcanzar el éxito en próximos eventos, especialmente en el proceso electoral del año que viene, puede resultar decisivo para dilucidar el futuro. Estamos conminados a extender nuestra mirada, a "encender las luces altas, junto a las bajas". A elevarnos por encima de la pequeñez y actuar con sentido de grandeza. No es una ilusión utópica, es una obligación y un propósito trascendente.

Los medios igualmente no se disocian de los fines, los propósitos unitarios trascienden lo electoral y sus metas colindantes. La Unidad para nosotros tiene un justo sentido estratégico en su acepción más cabal.

La Unidad resulta imprescindible para construir una sólida alternativa a lo existente, esa misión no se agota el día que se derroté al régimen autoritario y militarista; su alcance también será imprescindible para asumir las tareas de la reconstrucción del país, su tejido institucional y para alcanzar la reconciliación entre los venezolanos. Estamos convencidos que no existe organización que, por sí sola, ni por más personalidad ni liderazgo que posea, o crea poseer, esté en condiciones de cumplir con éxito las complejas tareas de las exigencias planteadas. No se trata de añorar un regreso al pasado, el esfuerzo de reconstrucción supone un alto grado de imaginación, una notable elaboración intelectual y una inmensa labor de dirección muy amplia, que nos coloque a un alto nivel de competitividad frente a los desafíos de la modernidad en todos los órdenes de la vida social y política. Lo que supone la conformación de un nuevo y amplio Acuerdo Social.

Toda transición constituye un acontecimiento original, así lo demuestra la experiencia histórica universal, e incluso las que se produjeron en determinados períodos en Venezuela. Las transiciones no son transportables, ni exportables. Es innegable que resulta sumamente atractivo estudiar y reflexionar acerca de esos interesantes procesos.

Imagino que nuestra transición de tener semejanza con alguna, sería con la chilena, sobre todo por el acuerdo a largo plazo de la Concertación que le permitió gobernar durante dos décadas. No oculto, que además de las lecturas mi visión está influida por la vivencia de tres momentos estelares de ese proceso: fui testigo internacional en el referéndum durante la dictadura donde triunfo el NO, estuve igualmente en las elecciones donde ganó Patricio Aylwin y más recientemente participe de un seminario en Santiago, donde se evaluó la derrota electoral de la Concertación.

Más allá de nuestras vivencias, la naturaleza de la alianza opositora en nuestro país debe adquirir alguna de las características de la Concertación en la nación sureña. También es cierto que todas las transiciones poseen además de sus especificidades, algunos rasgos que le son comunes. En tal sentido existen enseñanzas que no debemos olvidar.

Luis Manuel Esculpí

@lmesculpi