Sobrevaluación con inflación y sin ajuste: trio perverso


En Venezuela, el mercado externo ha venido sustituyendo el mercado interno con el consecuente estrangulamiento del aparato productivo nacional, a la par de estarle confiriendo mayor importancia a las variables vinculadas con las relaciones internacionales y dentro de ellas al tipo de cambio, que pasa a convertirse en una de las más importantes en la actividad económica nacional y un elemento determinante de la estabilidad (o inestabilidad) económica. De igual modo, presenta una clara sobrevaluación o atraso cambiario del bolívar (comparación entre el tipo de cambio real y el tipo de cambio nominal) con relación al US$, habida cuenta de los diferenciales de inflación entre nuestro país y el resto del mundo que en mucho es la causa del desequilibrio macroeconómico y por ende de la crisis socioeconómica e institucional, dando por valido que los niveles de precios y el tipo de cambio se influyen mutuamente con  obvio efecto sobre el comercio exterior y el mercado de divisas hasta configurar un contexto donde las exportaciones no petroleras han venido decreciendo cediendo su espacio a las importaciones, propiciado por el abaratamiento de los productos extranjeros y el desplazamiento de nuestro sector industrial manufacturero y agrícola en favor de un renovado rentismo, al extremo de representar el sector petrolero el 96% del ingreso de divisas.

Nos permitimos una interrogante: ¿Qué es el tipo de cambio? El tipo de cambio es un precio relativo, y por tal razón  el tipo de cambio nominal es la relación cambiaria entre dos monedas (precio de una moneda en términos de otra moneda), a la luz del régimen que adopte un país desde el flexible (el mercado establece la cotización) hasta el tipo de cambio fijo (el Banco Central lo define y controla la oferta de divisas para mantener la paridad), en el entendido que entre estos dos extremos pueden acordarse otros regímenes que impliquen mayor o menor intervención del ente emisor. El tipo de cambio real, representa el precio relativo de una canasta de bienes transables (comercializados internacionalmente para un nivel dado de tipo de cambio) respecto a otras, y se establece de acuerdo a las condiciones del movimiento de los precios en los países implicados los cuales a su vez están definidos en función de los diferenciales en el cambio del nivel de precios, es decir la inflación presente en cada país; o lo que es lo mismo, es el tipo de cambio nominal deflactado por  un índice de precios doméstico y uno externo hasta perfeccionar un tipo de cambio de equilibrio que refleja la comparación de poderes de compra de las dos monedas dado los respectivos niveles de precios. Formulemos otra interrogante: ¿Qué significa la sobrevaluación o atraso del tipo de cambio? El uso del tipo de cambio como herramienta de ajuste (sin devaluar)para corregir desequilibrios macroeconómicos, y en especial para mantener el control de precios como estrategia de lucha contra la inflación, conduce irreversiblemente (al mediano plazo) a una sobrevaluación (atraso cambiario) ante la inflexibilidad (como es nuestro caso) para aumentar las exportaciones (no petroleras) y reducir las importaciones, aunado a la perversidad de resquebrajar el funcionamiento del aparato productivo nacional en su rol de generador, tanto de bienes y servicios como de empleos dignos al no poder competir con importaciones subsidiadas a Bs 6,30/$. Es así, que mantener en Venezuela un tipo de cambio fijo sobrevaluado (sin devaluar) con 4 tipos de cambio interactuantes (Cencoex, Sicad I, Sicad II y paralelo) que se  desenvuelven dentro de un modelo económico carente de perfil y desprovisto de estabilidad jurídica donde cerca del80% de las divisas asignadas son adjudicadas a un tipo de cambio de Bs 6,30 para realizar más del 70% de las importaciones y teniendo un elevado IPC, al tiempo de no utilizar la tasa de cambio como mecanismo de ajuste al desequilibrio externo, coloca al país en un umbral de permanente crisis que intenta soslayarse bajo la versión mediática de estar en presencia de una situación de hostilidad solapada y un enfrentamiento económico continuado entre el Gobierno y el Sector Privado(¿?) en una Nación donde el Estado controla la casi totalidad de los ingresos (haciendo que la sociedad dependa de él y por tanto la subordina), cuando en realidad el verdadero conflicto radica en la indefinición e improvisación marcadamente populista del hecho económico, y haciendo uso de los precios justos como artillería.

La política cambiaria (mecanismos mediante los cuales se fija el tipo de cambio) ha de instrumentarse en armonía con una eficiente política monetaria (participación del Banco Central en el control de la cantidad de dinero en circulación), a la luz de orientarse hacia alguna de dos modalidades concretas: (1) la subvaluación de la moneda para apoyar el crecimiento de la actividad productiva y de la economía en su conjunto, al abaratar y hacer competitiva la producción nacional en el mercado internacional y estimulando por tanto las exportaciones (de bajo impacto al inicio); (2) la sobrevaluación de la moneda, acción que se traduce en un encarecimiento de los productos nacionales (si los hubiere) en el mercado internacional mientras que los productos extranjeros se hacen más baratos en el mercado doméstico, motivando un incremento delas importaciones y desestimulando las exportaciones habida cuenta de ser menos competitivos los productos nacionales en el exterior, todo lo cual conduce ( a veces más tarde que temprano) a un ajuste cambiario (devaluación), que puede ser de un 55% en la Venezuela 2015 con indeseables efectos  financieros, con  fuga de capitales (cerca de US$ 200.000 millones desde 2002 mediante empresas ficticias) y un cruel desabastecimiento impulsado por la escasez de dólares y la paralización del aparato productivo nacional; hasta propiciar más devaluación (¿macrodevaluacion?),  a pesar que el país ha percibido más de US$ 1.500 millardos de ingresos fiscales en los últimos 15 años, ejecutados en gran parte por intermedio de un fallido experimento de “modelo económico”. Tal posibilidad de una macrodevaluacion, se hace probable al momento que el precio de la cesta petrolera nacional se ubicó en 70,83 dólares/barril(14/11/2014) luego de 10 semanas de caída continuada, y cuando las reservas liquidas apenas se sitúan en unos US$ 600 millones (10 días de importaciones) para un total de reservas internacionales (octubre 2014) por US$ 19.700 millones donde el 70% está en barras de oro;  con el agravante que por cada 1 US$ de caída en el precio de nuestra cesta petrolera el sector publico deja de percibir US$ 770 millonesen ingresos netos; lo cual representa una disminución de US$ 17.710 millones con relación al 2013 y de unos US$ 11.550 millones con respecto al 2014; situación que puede traducirse para 2015 en una inflación cercana al 100%, una contracción de al menos un 4%, un déficit fiscal superior al 20% del PIB que obligará (para mantener el nivel de gasto) a un financiamiento monetario mediante la emisión de dinero inorgánico por parte del BCV respaldada con pagarés que entrega Pdvsa a la Tesorería Nacional, generando obviamente más inflación, crisis e inestabilidad.

Una reflexión final: a pesar de nuestra condición de optimista preocupado nos resulta difícil entender declaraciones de voceros oficiales tales como: “el Banco Central no puede ser responsable de todo el equilibrio monetario” (El Universal, 14/11/2014), “No está planteada ninguna devaluación; nosotros seguiremos trabajando con 6,30, con el Sicad I y el Sicad II” (Correo del Orinoco, 10/11/2014); “el dólar paralelo o dólar artificial no es parte del problema que ocupe al Ejecutivo” (El Mundo, 10/11/2014).