¿Por qué las colas?

Es errado inferir que las colas que a diario se observan en comercios y hasta en farmacias de todo el país, son secuelas de un “error coyuntural” de la nueva regencia encabezada por Maduro. Nada más lejos. En 1998 Chávez convenció a la mayoría que la suerte del pueblo estaba amenazada por una grosera economía capitalistatutelada por Estados Unidos. Sin duda fue una incursión espectacular en el campo de la manipulación política nunca vista siquiera al inicio del periodo iniciado en 1958 cuando se instaura la democracia que sucedió la dictadura que, aunque henchida de obras públicas, fue acusada de recibir el apoyo del “malvado imperio”.

El gobierno no se perturba por la cotidianidad de las colas puesto que ha sido su principal promotor. Éstas son secuela de la tozudez pseudoideológica oficial que insiste en instituir una economía monopólica y caudillista. Es cierto que en las últimas seis semanas ha habido un tejido financiero adverso por la tendencia a la baja del precio del barril del petróleo. Pero ello no puede servir de excusa para justificar la calamidad pública de las colas. Los ingresos por exportaciones petroleras promedian para 2014 (hasta hoy) la cantidad de 94,58 dólares por barril. En 2013 fue de 98,08 dólares y 103,42 $ en 2012 (Ministerio del P. P. de Petróleo y Minería). No es, pues, una situación efímera de hoy sino una trama estructural nacida de una ilusión que arruina al país de forma continuada.

La incautación de industrias como las de Guayana, el reemplazo de empresas particulares por públicas en los ámbitos de construcción, alimentación y servicios en general, incrementan la incertidumbre que se vislumbra en las calles colmadas por colas. Ojalá ese proceso humillante, bajo cualquier forma que asuma, no concluya en hecatombe social con secuelas que pudieran ser impredecibles.

Veamos algunos datos del último informe de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) publicado en los diarios Ultimas Noticias, El Mundo-economía y La Voz de América (23-10-14): “Por segundo año consecutivo la inversión privada en Venezuela tuvo una caída del 54% (1.761 millones de dólares) respecto al 2013″. ¿Nada tienen que ver las colas con el clima hostil estimulado por el gobierno contra las inversiones privadas nacionales y extranjeras?

No obstante la reciedumbre de las cifras citadas, el gobierno insiste en dirigir el vector en la misma dirección; hacia la propaganda y no a la apertura. En el proyecto de Ley de Presupuesto para el 2015 entregado por el Ministerio de Finanzas y Economía a la Asamblea, se prevé la asignación de 220,7 millones de bolívares para la recién creada Agencia Venezolana de Publicidad cuya función básica será divulgar las “obras públicas” del gobierno. No basta con la colosal red estatal “en acción” las 24 horas y la potestad caprichosa del jefe de Estado para encadenar durante horas a todos los medios.

La actual subrogante de una supuesta economía socialista, más que beneficios perceptibles en pro de la mayoría, se congrega para producir costosas campañas difundiendo obras y beneficios que no se ven por ningún lado. Los cubanos descubrieron que en sociedades ambiguas como la de ellos y la provocada por Chávez, se hace forzoso el torrente informativo como fuente de poder. Es iluso pensar que el régimen declinará o compartirá de buen grado ese control. Por el contrario, tiende a incrementarlo como en ningún tiempo.

El verdadero milagro sería que no hubiere colas en Venezuela. Bajo ese esquema interventor, al igual que en Cuba, no podía producirse otro corolario. Tampoco se descarta que para su mejor control, este sui géneris socialismo estimule “sistemas restrictivos” que nos ubique donde quiere que estemos: en las colas.