Los héroes de estos tiempos, Vladimiro Mujica


En un libro muy influyente, Man’s Search for Meaning, escrito en 1948 por Viktor Frankl, un sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz, se adelanta una tesis distinta a la de Freud acerca de que el significado de la vida del hombre era la búsqueda de la felicidad. Frankl expresa que la vida del hombre adquiere significado a través de tres rutas: la trascendencia del trabajo que realiza; a través del amor por otra persona, y a través del heroísmo y el valor en tiempos de exigencia y peligro.

Se trata de una obra corta, escrita por un testigo de excepción de la horrenda obra de aniquilación del nazismo contra los judíos y muchas otras personas que perecieron en los campos de exterminio, y que expresa un sentido de dignidad profunda frente a la adversidad y el crimen convertido en política de Estado.

Quizás sea una comparación un poco exagerada con la circunstancia del nazismo, pero pienso que en los oscuros tiempos que se viven en Venezuela han ido surgiendo héroes que mantienen la llama de la civilidad, el apego por la democracia y la cultura, la valorización del conocimiento y el respeto por los otros. Gente de espacios muy diversos que nos sigue recordando que vendrán otros tiempos y que el otro país existe y se defiende de la imposición y la brutalidad de un régimen oscuro y abusivo.

Probablemente encabezando la lista de nuestros héroes ciudadanos están quienes han arriesgado su libertad y su vida por seguir manteniendo un espacio de diversidad y de oposición política al régimen. Leopoldo López y los alcaldes, nuestros estudiantes atropellados, perseguidos y encarcelados. La jueza Afiuni, el comisario Simonovis. Los sindicalistas de Guayana, los periodistas acosados. Los trabajadores petroleros, despedidos y perseguidos.

La dirigencia de la unidad opositora, Capriles, Torrealba, Machado, Ledezma, Aveledo. Gente que cuando se escriba la historia de estos tiempos oscuros ocupará un espacio destacado.

Junto a los héroes más visibles políticamente, están quienes se distinguen en sus ámbitos permitiendo que siga viva la cultura, la educación y la ciencia. Los directores y profesores de los colegios donde se continúa impartiendo una educación de calidad. Los escritores, académicos y productores de cine que nos siguen recordando que en estas tierras sigue existiendo gente que ama su idioma y que se resiste a caer ante el atropello de quienes corrompen nuestra ciudadanía y nuestra lengua. Especial mención requieren los investigadores y profesores de nuestras universidades y centros de investigación, acosados por un gobierno y su partido que no admiten la libertad de pensamiento. Dentro de unos días comienza la Convención de Asovac en los espacios de la UCV.

Una organización que en medio de tanta barbarie se permite organizar un evento que tiene como lema “ciencia y tecnología para la paz”. En medio del grosero atropello al talento, los organizadores de este evento nos recuerdan que todavía sigue fluyendo la savia del conocimiento por las raíces que alimentan a nuestros jóvenes en las aulas universitarias. A pesar del intento de los comisarios y sátrapas del pensamiento único por esterilizar la creatividad del pueblo venezolano.

Empresarios, como las Empresas Polar, que siguen creyendo en Venezuela. Emprendedores que están dispuestos a seguir aportando su empuje en una situación de controles extremos y sequía económica y enfrentados a un control de cambio que aniquila las posibilidades de crecimiento del país en una maraña de corrupción e incompetencia. Y al lado de ellos los médicos, que siguen dando un combate desigual y noble por la salud del pueblo venezolano a pesar de la desastrosa dirección del sector. Ingenieros que siguen creyendo en edificar obras de calidad a pesar de la escandalosa corruptela que campea dondequiera en el sector público.

A veces uno se levanta avasallado por el pesimismo y piensa en una versión distinta de la mágica expresión utilizada por el director de Tal Cual cuando era ministro de Planificación en el segundo gobierno de Rafael Caldera. “Estamos mal, pero vamos bien”, destacó Petkoff para apuntar a las dificultades de la situación económica del país al tiempo que a las posibilidades de recuperación. Estamos mal y vamos peor, piensa uno en los días de pesimismo. Y el horizonte se oscurece ante tanto ensañamiento contra Venezuela, como si el régimen estuviera empeñado en una carrera atroz por destruir el país.

Pero en los días de optimismo y esperanza, cuando uno se da cuenta de que después de 15 años de atropello la revolución del atraso no ha logrado doblegar al pueblo venezolano, en esos días uno hace suyo el mensaje de sobrevivencia con dignidad de la que nos habla el libro de Frankl. Son los días de los héroes de la democracia y la libertad: los públicos y los anónimos, quienes mantienen viva a la Venezuela posible donde nuevamente se podrá crecer y vivir sin tener que pensar en el exilio o en el temor a la muerte. Imposible saber a ciencia cierta cómo terminarán estos tiempos del oprobio, pero la resistencia ciudadana en que se ha ido convirtiendo el accionar de nuestra gente frente a un régimen oscuro, opresivo e incompetente deja mucho espacio para que cuando se produzca el reencuentro del país rojo con el país azul, estos tiempos serán recordados como un profundo aprendizaje de lo que no debemos ser.