La Transición



En Venezuela vivimos o en una dictadura autocrática y militarista, porque el poder está concentrado en una élite que no reconoce límites y hace lo que le da la gana; o bajo una tiranía, porque el tipo que ejerce la presidencia está allí por medios ilegítimos e ilícitos.

Pero el resultado es que no vivimos en democracia: Hay represión y tortura con detención de dirigentes políticos; no hay estado de derecho y se violan los derechos humanos; expropian, roban e invaden empresas y propiedades; se destruye el país y se ha entregado nuestra soberanía a Cuba. Esta destrucción es intencional y parte de un plan contra todos los venezolanos.

Esto no puede continuar. Todos queremos un cambio y tenemos la responsabilidad de prepararnos para la transición, la reconstrucción y la unificación de Venezuela. Estamos en la obligación de cambiar este régimen en forma práctica, rápida e inmediata; en forma pacífica e institucional y lograr una transición cívico-militar. Y no podemos excluir la intervención militar porque es constitucional, apoyada en la obligación que tenemos todos los ciudadanos de restituir el orden interrumpido y porque los militares son la policía de la Constitución.

La transición es ya inevitable. Por eso debemos prepararnos para que sea exitosa y termine con la incertidumbre. El régimen se está desmoronando, se debilita día a día, implosionan sus colectivos y chocan con las fuerzas armadas, se destruye el sistema de salud; no se construyen viviendas, no hay cemento, ni cabillas, ni medicinas, ni se produce nada. ¿Dónde están los dólares del ingreso petrolero? Del otro lado, las fuerzas democráticas de la oposición están avanzando unitariamente, se consolidan como una opción de triunfo y acceso al poder; establecen puntos claves, discuten propuestas y alternativas para lograr el cambio; y se fortalecen con el Congreso Ciudadano, cuya misión concreta es lograr acuerdos y compromisos sobre el programa de lucha pacífica para avanzar en el cambio y lograr la transición al país que queremos.

Tenemos muchas cosas por hacer, pero cualquier transición debe garantizar un marco electoral adecuado para la relegitimación de los poderes públicos. Debemos cambiar el sistema electoral para garantizar elecciones auténticas; nombrar rectores verdaderamente independientes; depurar el registro electoral; rescatar la representación proporcional de las minorías; y recuperar la confianza necesaria para superar cualquier emergencia nacional.

Ya este régimen no da para más. Llegará a empujones al 2015, pero no pasará de febrero o marzo.