El populismo como la gripe se expande en Iberoamérica



La definición de populismo no está clara, algunos diccionarios nos explican que el concepto nace con el Movimiento político ruso de finales del siglo XIX que aspiraba a la formación de un estado socialista de tipo campesino, contrario a la industrialización occidental. Wikipedia nos dice que “El populismo en sentido positivo, lo que define es un sistema en el que el poder recaiga más en el pueblo que en sí mismo, no en que los políticos profesionales gobiernen para la mayor comodidad del pueblo, mientras que en el sentido negativo “El populismo con una significación peyorativa, que es la principalmente usada, es el uso de “medidas de gobierno populares”, destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al estado democrático”.

Hace nueve años, Enrique Krauze escribió un artículo que tituló “Decálogo del populismo Iberoamericano” En resumen nos decía que: 1) El populismo exalta al líder carismático. 2) El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. 3) El populismo fabrica la verdad. 4) El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos. 5) El populista reparte directamente la riqueza. 6) El populista alienta el odio de clases. 7) El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales. 8) El populismo fustiga por sistema al “enemigo exterior”. 9) El populismo desprecia el orden legal. 10) El populismo mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal. http://elpais.com/diario/2005/10/14/opinion/1129240807_850215.html

Flavia Freidenberg, experta en Latinoamérica en la Universidad de Salamanca, define este palabra así: “El populismo puede ser entendido como un estilo de liderazgo caracterizado por la relación directa, carismática, personalista y paternalista entre líder-seguidor, que no reconoce mediaciones organizativas o institucionales, que habla en nombre del pueblo, potencia la oposición de éste a “los otros”, busca cambiar y refundar el statu quo dominante; donde los seguidores están convencidos de las cualidades extraordinarias del líder y creen que gracias a ellas, a los métodos redistributivos y/o al intercambio clientelar que tienen con el líder (tanto material como simbólico), conseguirán mejorar su situación personal o la de su entorno”

Podríamos resumir entonces que el populismo es aquél sistema dirigido por un personaje carismático y paternalista que aprovechándose de la democracia llega al poder, una vez allí, adopta medidas contrarias a la República haciendo que las instituciones funcionen en beneficio de sus propios intereses y no la de los ciudadanos como deber de ser.

Y es que este populismo se presenta hoy día en Iberoamérica como una gripe que infecta a la mayoría de los ciudadanos que no entienden ni reflexionan al respecto.

En Latinoamérica hemos tenido muchos populistas, aquí señalamos entre otros a los finados Juan Domingo Perón, Hugo Chávez y en el presente a Nicolás Maduro, Evo Morales, Cristina Vda. de Kirchner, Daniel Ortega, y Rafael Correa, en España ahora nos encontramos ante dos populistas, uno se encuentra en Barcelona promoviendo la separación de España, nos referimos al presidente regional, el nacionalista Artur Mas, el otro es el líder de Podemos, Pablo Iglesias, quién tiene todas las características para seguir los pasos de estos latinoamericanos, Iglesias se le mira “populista, nacionalista y demagogo versado en las artes histriónicas y con unas ansias de poder ilimitadas, lo vemos y lo oímos que se siente un iluminado, el “salvador” de los españoles, típico de estos enfermos de poder, un megalómano más, aunque se exponga como el que no lo quiere, no le creemos, su discurso nos recuerda al difunto Hugo Chávez en su primera campaña política y a muchos otros locos con esas características que han aparecido a través de la historia”.

Todos los mencionados menos Iglesias que no ha gobernado aún, se han aprovechado de la democracia en el pasado y en el presente para concretar sus fines en donde gobiernan.