El diálogo y el CNE, por Omar Barboza Gutiérrez

Quienes sinceramente tenemos formación y vocación democrática, pensamos que el respeto a la libertad de pensamiento nos obliga a privilegiar el esfuerzo por convencer y descartar la imposición como forma para defender la vigencia de nuestras ideas, y que el diálogo es el mejor instrumento en una sociedad democrática  para avanzar sobre las bases sólidas de grandes consensos sociales.

Ante una crisis de las diferentes dimensiones como la que hoy afecta a la población venezolana y a sus instituciones, lo racional, lo civilizado, sería abrir un profundo diálogo con la participación de todos los factores que puedan contribuir a su diagnóstico y soluciones, para buscar salidas consensuadas, que constituyan bases eficientes para cumplir con nuestra responsabilidad ante el país.

Lamentablemente eso no es posible en la Venezuela de hoy, porque quienes deberían ser los primeros interesados en transitar este camino, es decir, los que están en el poder, tienen dos objetivos que son contrarios a la posibilidad de un diálogo constructivo que parta del principio del reconocimiento a todos los sectores interesados con respeto por su manera de pensar. Y esos objetivos se refieren en primer lugar, a imponer su visión totalitaria de lo que debe ser el Estado y la sociedad venezolana y en segundo lugar, conservar el poder como un fin en sí mismo y no como un instrumento para lograr el bienestar general en un clima de libertad plena para el ejercicio de todos los derechos ciudadanos.

Estamos hablando de las garantías elementales para que la vía electoral, sea confiable para la gran mayoría de los venezolanos que estamos convencidos, de que la solución de fondo a la grave crisis que sufre nuestro país, comenzará cuando se produzca un cambio político en Venezuela que restablezca la vigencia de todos los derechos ciudadanos y se inicie un período definitivo de desarrollo integral, con justicia social y libertad en nuestra nación.

Para ello es necesario que tengamos un árbitro electoral equilibrado que cumpla con su deber constitucional y que tenga la firmeza para garantizar la igualdad de las partes, en el próximo proceso electoral nacional por realizarse que son las  elecciones parlamentarias nacionales, en esas condiciones no tenemos ninguna duda de que la gran mayoría de los venezolanos votará por una Asamblea Nacional al servicio del pueblo, para sustituir a la actual Asamblea que solo defiende al Gobierno, contrariando totalmente su función constitucional. El cambio político comenzará por un Poder Legislativo Nacional que de verdad esté al servicio del pueblo.

De tal manera que en nuestro criterio la posibilidad de un CNE equilibrado, debe ser un punto previo a discutir si los buenos oficios del Nuncio Apostólico y de los Cancilleres de Mercosur logran restablecer el diálogo en Venezuela, sino hay sincera voluntad política para eso, no se justificaría continuar ese esfuerzo, lo cual aumentará la amenaza de que no sea posible la aspiración mayoritaria de una solución pacífica a la grave división que ha producido la pretensión hegemónica del oficialismo.

Si es verdad que creen tener el apoyo de la mayoría de los venezolanos, por qué  no contribuyen respetando la Constitución para que se exprese ante un árbitro imparcial y sin ventajismo. ¿A qué le tienen miedo?


Omar Barboza Gutiérrez
Diputado de la AN