Eficacia y amplitud

Cuando me incorporé a la Juventud del MAS, allá por los años 70, la lucha interna era feroz. Los plenos juveniles eran una mezcla de Campus Martius con Ágora griego,  sitio de libre discusión y rudos debates, donde era prudente saber quién estaba con quién antes de intervenir. Con el pudor del recién llegado y el juvenil apuro por hacerme notar, le pedí  a Manuel Rodrígo una pista para identificar las tendencias de los oradores y me dio una clave aún hoy  vigente: los que piden eficacia, respeto a los organismos de dirección, etc. son los que controlan la organización y los que están en minoría son los que reclaman amplitud, participación etc. Sabia y muy práctica guía, de aplicación universal, que he usado no pocas veces. Esta dialéctica entre eficacia y amplitud  es la parte más dinámica de la vida interna de las organizaciones políticas, casi siempre es la grieta por donde se rompe la unidad partidista, pero es también el combustible para el avance poderoso de las ideas que le dan razón de ser a los partidos.

Manejar esto bien es ser un buen dirigente político y saberlo usar para ampliar los logros, en vez de reducir los alcances  la organización, es el reto. Si esto es complejo en un partido, con programa y planes comunes y disciplina compartida, se vuelve tarea ciclópea cuando de un abanico tan variado como el que apoya a la oposición se trata. Hay que saber combinar la sabiduría de curtidos políticos de largas trayectorias, algunos con 15 años de exclusión encima, con impulsivos jóvenes con algunas victorias recientes en las manos. Una masa (muy) crítica de inmensa sabiduría que busca, no siempre orquestadamente, hacerse oír para enmendar algún error que perciben en la original y exitosa estrategia que desplegó Capriles, junto a decididos emprendedores políticos, con muchas fe en las modernas TICs.

Como en el PSUV solo se obedece, sus voceros ven en este enriquecedor debate, la fuente de todas las divisiones, perdiendo así la información política que genera  esta nutritiva experiencia inédita de unidad. No es fácil poner en comunión, en una consigna, propuestas de tan variado origen y destino; tampoco es sencillo aceptar que hoy hay otras formas de hacer política que ponen en dudas ciertas verdades estandarizadas. Menos fácil aún es hacer la síntesis de todo esto en una línea política electoral que haga de la amplitud y la eficacia la gasolina del Autobús del Progreso, sin ceder a las tentaciones de la vanidad antes que a lograr la victoria, ni a las tentaciones de la autoridad antes que a la inclusión de los distintos.

A los que creen que ya ganamos, les recordamos que avanzar rápido no es llegar. A los que sienten que no ganaremos si no “hacemos algo” particular, los invitamos a recorrer el país para que palpen allí que algo bueno está pasando, que escogimos un gran candidato en febrero. La gesta  me entusiasma a seguir con el mismo impulso que en aquel pleno del MAS. Casa por casa y pueblo por pueblo, crece la esperanza.