Burla al pueblo



El cálculo de Maduro del salario de los venezolanos en dólares no quiere decir que él sea bruto, sino que está convencido de que los venezolanos lo somos.   Según el presidente, tenemos “el más alto Ingreso Mínimo Legal Mensual del continente” y ganamos, como mínimo, 1.097 dólares cada mes.  El argumento, además de falso, encierra otro mensaje no tan velado e igual de mentiroso: “afuera están peor” o, mejor dicho, “agradece, que afuera están peor”.  Es de un cinismo atroz y una burla perversa en la cara del pueblo decirle a un trabajador que su ingreso precario, ese que no le alcanza para hacer un mercado completo y pagar los servicios y las deudas, es de más de mil dólares.  Muy distinto sería el cuento de ser así.

La revolución nunca se equivoca.  Hay conspiraciones, componendas internacionales, sabotaje interno, inoculaciones secretas.  Su lógica orwelliana ha llevado a la élite de la revolución a una arrogancia tremenda producto del poder absoluto que degenera en una mirada de desprecio sobre los ciudadanos, de la cual se desprende la subestimación y que explica la facilidad con la que se burlan del pueblo.  Se vieron sorprendidos por una sociedad que, contrario a lo que pensaban, sí saca cuentas y sí es capaz de indignarse, y tras aumentar 45% los sueldos del partido (armado) de gobierno, que además acumula alrededor de 500% de aumentos en 15 años, la oligarquía roja tuvo que paliar esa indignación colectiva anunciando, improvisadamente como de costumbre, un aumento, esta vez de 15%, para ese estorbo de segunda que conforman los civiles en la sociedad.

20 bolívares diarios.  Ese es el aumento.  Le queda grande la palabra.  No alcanza ni para un café de barra, no es un cuarto de carrera de mototaxi ni da para una empanada en un país en el que el billete más grande compra si acaso la chuchería baratona del kiosco.  Aun así el gobierno, casi ofendido por la osadía de un pueblo sabio y molesto, ha salido a defender sus migajas.  El vicepresidente de Planificación y Conocimiento, Ricardo Menéndez, dijo que el aumento es mayor a la inflación y a la canasta básica.  Para no quedarse corto, afirmó también que el ajuste salarial garantiza la reducción de la pobreza.  No se trata solamente de una gran irresponsabilidad y mayor mentira, ni retrata apenas una desconexión total con los padecimientos de la gente, sino que expresa una burla deliberada y cínica a todos los venezolanos, especialmente a los más humildes y vulnerables.

El gobierno está acostumbrado a burlarse del pueblo, no es la primera vez.  La fantasía de la “guerra económica”, atapuzada por la propaganda oficial, se ha convertido en la excusa predilecta de un gobierno incapaz y de su modelo fracasado pero es, en esencia, la mayor de las burlas.  Son mil burlas, o la burla continuada: la escasez total del cemento y las cabillas, después de nacionalizadas ambas industrias, la violencia en la calle luego de más de veinte planes fracasados de seguridad y la rotación infinita de ministros, los atracos diarios en el transporte público luego de rimbombantes payasadas de militarizar el metro y los carritos por puesto, el horror carcelario luego de la creación de más burocracia en la forma de un nuevo ministerio que ha agravado el problema, el presidente de la Asamblea Nacional solicitando una fulana lista de corruptos cuando el gobierno sabe bien dónde están y quiénes son sin que pase nada, la importación de gasolina debido a la destrucción de la industria petrolera, la situación de los derechos humanos.  Iguanas, paramilitares, imperios, yo-no-fui.

Lamentablemente no tenemos un gobierno serio sino una pandilla de improvisados engolosinados con los privilegios y el poder.  En su infinita arrogancia de poderosos se burlan del pueblo todos los días mientras el país se cae a pedazos.  Por eso urge cambiarlos.  Los venezolanos merecemos recuperar la senda al progreso y el desarrollo, con un gobierno que crea en su gente y que apueste todo por ella.  La ruta no es sencilla e implica vencer a una camarilla incrustada y sin escrúpulos.  La próxima parada es la Asamblea Nacional.  Allí debemos impulsar un cambio en la correlación de fuerzas que le devuelva las funciones a un parlamento que no legisla y que se muestra subalterno al Ejecutivo, que es apenas una pantomima que nada hace por brindar respuesta a los problemas del país.  Traduciendo el descontento mayoritario de la calle en una mayoría clara en la Asamblea, podremos poner fin a la burla e impulsar los cambios que requiere Venezuela.