Brasil, otro Modelo Económico exitoso


Por Jesús Alexis González, 03/04/2014

Brasil, es una República Federal sustentada en una democracia parlamentaria donde el Presidente es Jefe de Estado y de Gobierno; es uno de los países más grande del mundo con una superficie de 8.514.880 kilómetros cuadrados con una población que supera los 200 millones de habitantes, y es la economía número 7 del mundo por volumen de PIB con un perfil de economía mixta ante la presencia de un capitalismo de mercado y una planificación socialista, ocupando hoy día el puesto 77 de 178 países en el Índice de Desarrollo Humano. Es de resaltar, que Brasil hasta el inicio de los años 60 asumió un modelo de desarrollo expansivo hacia adentro con énfasis en la promoción de las exportaciones tanto de materias primas como de productos industriales, que en simultaneo estimulaba la masificación del mercado interno; hasta su interrupción en 1964 a la luz de un golpe de Estado que instauró un largo periodo de gobiernos militares. A partir de los años 70 (coincidiendo con la crisis mundial), el modelo es orientado a un endeudamiento externo en aras de intentar mantener el crecimiento económico, lo cual obviamente condujo al país a un alto nivel de deuda y marcado estancamiento económico que para 1982 presentó una recesión propiciadora de un crecimiento negativo del PIB en un –3,3% durante 1983 (por vez primera en muchos años), hecho que impulsó la aplicación de un plan de ajuste general dirigido a reordenar el sector externo y controlar la inflación, el cual surtió efectos favorables hasta 1985 siendo que en 1987 reaparecen los síntomas recesivos, al extremo que para 1988 el PIB se estancó e indujo un crecimiento negativo en 1990; situación que dio paso a un ambiente nacional de inestabilidad política e institucional.

En la actualidad, Brasil es el primer productor mundial de café, caña de azúcar, naranjas y uno de los primeros productores de soja; cuenta con el mayor volumen de ganado comercial del mundo y es el cuarto exportador mundial de madera, segundo exportador mundial de hierro y principal productor de aluminio y hulla;  ese desenvolvimiento, le ha permitido un crecimiento ininterrumpido del PIB con un máximo del 7,5% en 2010. Cabe preguntarse: ¿cómo fue posible tal éxito? En 1994, siendo Ministro de Economía el economista Fernando Henrique Cardoso (posteriormente electo Presidente a finales de ese año) se instrumentó el denominado Plano Real de combate a la inflación poniendo en marcha políticas económicas parcialmente restrictivas a la par de un tipo de cambio controlado y bastante cercano al US$, hasta fijar en 1999 la libre fluctuación del cambio reemplazando el anclaje cambiario de la inflación por un ancla monetaria que respondía a metas de inflación predeterminadas; acción que se tradujo en su caída desde 2.477% en 1993 hasta 22% en 1995 y un 7,4% en el lapso 1995—2002; todo lo cual impulsó una estabilización de la economía y del entorno político—institucional. El Plano Real, se armonizó con un modelo económico claramente perfilado que posibilitó que en apenas 16 años (1994—2010) se revirtiera la crisis en favor de la elevación del bienestar general; con fundamento en 3 pilares fundamentales (y básicos). (1) un sistema de metas de inflación para mantener los precios domésticos bajo control (estabilidad) teniendo como norte la no tolerancia a la inflación; (2) flexibilidad cambiaria y (3) solvencia del sector público, en función a una disciplina fiscal generadora de superávits (alejándose de toda posibilidad de emisión de dinero inorgánico) que complementariamente aminoraba los riesgos de insolvencia del sector, gracias a la eficiente coordinación de las políticas fiscal y monetaria, en un marco de disociación entre el ciclo político y el ciclo económico. Resulta pertinente resaltar, que el éxito del modelo económico motivó su aceptación por parte del nuevo Presidente Lula da Silva (año 2003), quien con apropiado pragmatismo le confirió continuidad a la política económica del “Gobierno anterior” propiciando, entre otras favorables reacciones, que el riesgo—país que se había situado en 2.062 puntos cuando era candidato (octubre 2002) disminuyera hasta 490 puntos al final del primer año de Gobierno; en estricta obviedad ante los resultados favorables que mostraba, tanto la política macroeconómica relativa a la estabilidad de precios y control de la inflación (desde 9,3% a finales de 2003 hasta un promedio del 5,1% en el periodo 2007—2010); como la responsabilidad fiscal y la solvencia del sector público, en conjunto con la flexibilidad cambiaria y la reducción de la deuda pública que se tradujo en una acumulación de reservas internacionales que facilitó la puesta en marcha de una política social, complementada por na expansión del crédito (prestamos) al sector privado a un ritmo promedio del 20% durante los 8 años de gobierno del Presidente Lula da Silva.

Ahora bien, nos surge otra interrogante: ¿se mantuvieron los pilares del modelo económico durante el primer Gobierno de Dilma Rousseff? Algunas realidades muestran que no, al referenciar temas como (a) el populismo subyacente en las políticas sociales en Programas como “Luz para Todos”, “Mi Casa Mi Vida”, “Bolsa Familia” (entre otros), que al amparo del crecimiento económico se enfocan (con justicia) en intentar reducir la desigualdad sin atacar a fondo el problema de la pobreza (que se mantiene como táctica electoral); (b) disminución de la autonomía legal del Banco Central, abriendo de tal manera la puerta a las presiones políticas; (c) instrumentación de una política fiscal expansionista con consecuente efecto sobre la inflación (desviando el objetivo del Plano Real); (d) trabas a las inversiones extranjeras;(e) intromisión gubernamental en la elección de los representantes de los Consejos Populares; y (f) aumento en el índice de Percepción de la Corrupción del Sector Publico, alimentado por el caso Petrobras que según denuncias “transfirió” al partido de gobierno (entre 2006 y 2012) el 3% del monto de todos los contratos otorgados por la industria petrolera estatal.

En fin, pareciera que en 2015 se inicia un franco deterioro del modelo económico vigente, siendo que algunos organismos internacionales anuncian que el PIB caerá hasta un –0,3% en 2014.  Finalizamos con otra interrogante: ¿en 2018 se rompe la continuidad gubernamental del “lulalismo?