Tal cual somos, por OSWALDO BARRETO

OSWALDO BARRETO 20 de octubre de 2014

El "Grupo de trabajo de detenciones arbitrarias", organismo de la ONU, se dirigió el pasado 23 de septiembre al Gobierno de Venezuela para exigirle tanto la inmediata puesta en libertad de Leopoldo López como que "se le otorgue una reparación integral, incluida la compensación de carácter indemnizatorio y moral, así como medidas de satisfacción como pudiera ser una declaración pública de desagravio a su favor"

En las últimas Coordenadas, que escribimos cuando ya oscurecían el horizonte de nuestras ya menguadas actividades las nefastas amenazas sobre la supervivencia de Tal Cual, anunciamos lo que se nos antojaba el tema prioritario para esta columna: suministrar las Coordenadas de la resolución de un organismo de la ONU exigiendo la libertad inmediata de Leopoldo López.

Varias semanas han transcurrido desde entonces y a lo largo de ellas hemos vivido asuntos que han sacudido la opinión de todos nuestros sectores sociales y por tanto temas legítimos y quizá hasta de mayor urgencia para estas páginas. Pero la misma forma como se han vivido estos acontecimientos nos retrotraen a nuestro propósito inicial.

El "Grupo de trabajo de detenciones arbitrarias", organismo de la ONU, fundado en 1991 y ratificado en 2006 por la Comisión de Derechos Humanos de lo que sigue siendo la suprema instancia del derecho y la convivencia internacional activa, se dirigió el pasado 23 de septiembre al Gobierno de Venezuela para exigirle tanto la inmediata puesta en libertad de Leopoldo López como que "se le otorgue una reparación integral, incluida la compensación de carácter indemnizatorio y moral, así como medidas de satisfacción como pudiera ser una declaración pública de desagravio a su favor" Difundida esta comunicación como una respuesta del mencionado organismo a la detención arbitraria de López, una lectura más cuidadosa del mensaje nos muestra que el Grupo ha formulado esta petición al Gobierno venezolano porque en el caso de López "el derecho a un justo juicio ha sido tan gravemente violado que invalidó la posterior detención" Despojada de toda ambigüedad, la exigencia del organismo de la ONU se presenta, entonces, por una parte, como un acontecimiento único en la historia de este país y, por la otra, como un inesperado procedimiento que acarrearía consecuencias de incuestionable validez para modificar radicalmente la situación política actual. Y, por ambas razones, por lo insólito del acontecimiento y por su alcance, nos vemos obligados a indagar sobre su origen, su validez y su real alcance

¿SUPREMA BENDICIÓN O ILUSIONES COMUNES?

Imaginemos por un instante que el Gobierno actual hubiera respondido a tan civilizado y legítimo mensaje acogiendo positivamente todo cuanto se le exige. Imaginemos que Nicolás Maduro hubiera ordenado la inmediata puesta en libertad de López y hubiera llevado su rehabilitación en todos lo planes a las que acceden aquellos injustamente condenados a quienes se les devuelven todos los derechos y libertades propios de todos ser humano. Imaginar tal cosa significa, bien lo sabemos, imaginar una revolución copernicana como se han dado muy pocas en la historia.

¿Soñaban, deliraban, entonces, en un acto no de imaginación sino del más crudo realismo, los que elaboraron semejante pliego de peticiones? Y al plantearnos esto nos vemos obligados a indagar qué seres humanos conforman ese grupo cuyas actividades excluyen todo candor o fantasía para regirse estrictamente por el principio de realidad? Gracias a Internet y a los archivos del propio GTDA llevados a lo largo de dos décadas de trabajo, nos enteramos de que este tipo de exigencias ­liberar a detenidos­, han sido comunicadas por el grupo a varios otros Estados. Sucintamente, el GTDA ha pedido la liberación de detenidos a Turquía, Armenia Israel, Egipto y Colombia.

A los Estados de los tres primeros países el GTDA ha solicitado en diversas ocasiones que aquellos detenidos por razones de conciencia moral o religiosa, objetores de conciencia, sean puestos de inmediato en libertad. Al Estado egipcio, el GTDA se ha dirigido en varias ocasiones con el mismo tipo de exigencia y más recientemente para reclamarle la puesta en libertad de Maihel Nabil Sanad, un "bloguista", como la cubana Yoani Sánchez, que critica severamente a los militares. Y a Colombia, la exigencia era distinta, aunque también ligada con los militares, el GTDA le pidió al Estado colombiano que lieberara a todos aquellos que hayan sido detenidos en las "batidas" o redadas que suele practicar el Gobierno como método de recluta militar.

Esas incursiones del GTDA en la vida penitenciaria o en los procedimientos penales de Estados soberanos tienen dos características de hecho que las justifican o, por lo menos, las aclaran perfectamente. Por un lado, las peticiones que hacen que pueden ser acogidas por los Estados a quienes se les hace (como efectivamente parece que lo han sido en varias ocasiones), sin que tal aceptación perturbe para nada la estabilidad y el soberano funcionamiento de esos Estados y de quienes los gobiernan. Y, por el otro lado, los GTDA proceden a formular tales peticiones cuando son reclamadas por organizaciones de cada nación, bien sean partidos políticos u organizaciones de la sociedad civil.

LOS VERDADEROS RESPONSABLES

Quiénes, entonces, son responsables de aquellos sueños y aquellas ilusiones. Sé que esta pregunta no es pertinente para todos los que piensan que denunciar a un gobierno que sistemáticamente viola los derechos del hombre y pisotea las libertades públicas es una de nuestras primeras necesidades.

Pero si nos situamos en el terreno de la lucha real, de la economía que tenemos que tener en el empleo de los recursos con que contemos y, sobre todo, en el cuidado de arrastrar al combate efectivo a todos los que efectivamente padecen esta situación, creemos que no es absurdo afirmar que también nosotros, los de oposición, nos comportamos tan irresponsablemente como se comporta el gobierno ante las exigencias de nuestro orden democrático y ante el orden mundial.