¡QUE SE VAYAN TODOS!

Comunicado de Izquierda Anticapitalista

La catarata de casos de corrupción conocidos las últimas semanas –caso Bárcenas, caso Pujol, caso Bankia, caso Acebes, Caso Cotino, caso Granados…- viene a sumarse a la larga secuencia iniciada en el caso Gürtel. Todos ellos apuntan al PP como actor principal, si bien se vislumbra también la corrosión del PSOE– al que hay que añadir el asunto de los ERE y otros- e incluso de los grandes sindicatos, cuya participación en los consejos de administración les ha incapacitado para defender los intereses de las clases trabajadoras y los ha convertido en marionetas del capital.

Dos son las finalidades de los corruptos, bien financiar a su partido, bien financiar su bolsillo. Una es la finalidad del corruptor, que, no olvidemos, es el agente imprescindible y máximo beneficiario: obtener negocios ventajosos en régimen de semi monopolio, sin riesgo y con total impunidad. Ya se sabe: obra pública, autopistas, aves sin pasajeros, aeropuertos sin aviones, recalificaciones, etc… Ésta es la famosa “herencia recibida”: unos despilfarros que han engordado a las grandes fortunas a costa de hundir las finanzas públicas y no unos servicios públicos mal financiados y escasamente desarrollados, como nos quieren hacer creer las derechas.

El origen de esta corrupción generalizada no está, aunque existe y coadyuva a la existencia del mal, en la voraz codicia de individuos sin moral. El origen de la corrupción es un reparto muy desigual de la riqueza (y por consiguiente de la propiedad) y del poder político que es constitutivo del sistema capitalista. Su historia pone de relieve que todas sus grandes crisis han estado salpicadas de casos de corrupción, fraudes y estafas. La corrupción es el mecanismo mediante el cual el gran capital ejerce un poder político privado comprando decisiones favorables de un poder político afín. Es uno de los principales mecanismos para puentear la democracia política y someter el poder político a los poderes fácticos. El neoliberalismo de los últimos cuarenta años ha agudizado estas dinámicas: la combinación de un modelo económico auspiciado por los intereses inmobiliarios y bancarios, una política económica neoliberal que ha eliminado cualquier regulación y ha dado la orden del turboenriquecimiento y un marco institucional local, autonómico y estatal que ha favorecido la supeditación de lo político a lo económico y las autopistas de relación entre el mundo de la gestión de lo público y el mundo de los negocios privados.

Por tanto, el de la corrupción, no es un asunto individual que se resuelva “depurando las ovejas negras”, por más que todos ellos deben ir a juicio y prisión y deben reponer el erario robado y reparar el daño causado. El asunto de la corrupción está íntimamente ligado al capitalismo, y en particular al neoliberalismo -marca España o marca patriótica-, y al régimen de la reforma del 78. La arquitectura institucional se ha ido poniendo al servicio del capitalismo salvaje porque era la manera de subvertir el exiguo Estado del bienestar social que trajo esa reforma.
La creciente indignación popular ante el robo y el despilfarro en medio de una política de recortes anti sociales e incremento ilegítimo de la deuda pública, ha llegado al punto de decir basta. Ya no valen futuras leyes anti corrupción, ellos, los corruptos, no pueden hacerlas.
Las y los de abajo debemos utilizar cualquier acontecimiento y herramienta para sacar a estos politicastros de sus madrigueras. Y ello sea cual sea la secuencia de su realización. Vengan antes o después las elecciones locales o las generales. No podemos esperar al calendario “oficial” mientras realizan maniobras de distracción o cosméticas para evitar su derrumbe.

Las elecciones municipales y autonómicas son la ocasión para impulsar candidaturas ciudadanas de la honradez y en favor de los intereses populares. Vamos a convertir las elecciones en un paso para el cambio de régimen, en un giro en la política económica y social, en un paso hacia el cambio que necesitamos. En la batalla contra los vampiros de las arcas locales en su propio beneficio mediante una política urbanística anti social y anti ecológica. No necesitamos simplemente cambiar malos gestores por buenos gestores, queremos que los buenos gestores se pongan a la cabeza en unas municipales y autonómicas de la ruptura democrática.

Las elecciones generales son la ocasión para pugnar por un gobierno de la mayoría social y para mayoría social. Un gobierno cuya principal función es detener el austericidio e impulsar procesos constituyentes desde abajo y para los de abajo. No necesitamos cambiar unas siglas por otras o unos equipos por otros, queremos un nuevo equipo gubernamental para la ruptura democrática que se apoya y apoya la movilización y la organización del movimiento social para crear un contra poder de las gentes de abajo: el poder popular.

La situación de emergencia social y descomposición política exige cambios inmediatos. Ningún cálculo ni interés particular puede anteponerse al interés general. Los partidos de izquierda tanto de –ámbito nacional como del estatal- deben ponerse a la cabeza de la indignación en las manifestaciones para hacerlo después en las urnas. La indignación no puede esperar al calendario electoral, debe expresarse ya en las calles y plazas para desalojar a los partidos de la corrupción e imponer el calendario y agenda electoral favorable para el pueblo.

Desde Izquierda Anticapitalista:
  • Exigimos la dimisión del gobierno Rajoy y la convocatoria inmediata de elecciones generales, municipales y autonómicas.
  • Llamamos a la ciudadanía a la movilización contra el régimen de las sanguijuelas.
¡Que se vayan todos!

29-10-2014