La educación en Finlandia, por Miguel Méndez Rodulfo

Miguel Méndez Rodulfo 10 de octubre de 2014

Lo que ha ocurrido en los últimos 40 años en Finlandia es, ciertamente, una verdadera revolución educativa que sacude los cimientos del modelo de la educación mundial; en efecto, el país nórdico encabeza la lista de las naciones que se someten a las pruebas PISA, en los renglones en que se mide este examen: lectura, matemática, ciencia y resolución de problemas; es decir, son primeros en todo. Cuando los finlandeses, orgullosos, muestran los resultados de sus sistema educativo, no mencionan el número de escolarizados, ni la cantidad de aulas disponibles, ni el total de escuelas en funcionamiento o el monto del gasto público en el área; se circunscriben a la medición externa que hace el sistema PISA y que los compara con los 29 países restantes de la OCDE y otros 13 países más asociados a ese organismo. La verdad es que haberse planteado hace 40 años una transformación total de la educación, sin un modelo referencial, sin resultados concretos en otros países, con las inmensas dudas que debieron haberlos perturbado por haber dado un salto hacia adelante, que pudo haber sido al vacío, ya que nadie podía tener clara la senda a recorrer, ni podía dar garantía de éxito, fue sin duda una apuesta muy riesgosa.

Pero tales han debido ser sus certezas acerca de que el modelo no funcionaba y que había que cambiar las cosas, y a tal punto los análisis y estudios de un conjunto de especialistas, han debido ahondar en la problemática y creativamente, con una visión de futuro, haber vislumbrado al nuevo sistema, que estos razonamientos los convencieron de que, aunque novedosa, esa era la vía. Pero más que convencerse los especialistas, lo que ha debido ser más difícil, pienso, fue convencer a las autoridades académicas y al liderazgo político, con todo y que Finlandia era y es un país abierto a la innovación y a las nuevas ideas. Lo cierto es que 40 años después el éxito es clamoroso y hoy ese modelo es objeto de la envidia del mundo y muchos países quieren entenderlo para ver como lo replican. El problema es que se requiere una nueva mentalidad académica, una apertura al cambio, una audacia y capacidad de asumir riesgos, una seriedad en el estudio así como aplicación del modelo, una claridad en el rumbo y una convicción inquebrantable en no desviar la ruta.

¿En qué consiste el modelo a grandes rasgos? Bueno, inicialmente se parte del principio de que  “Todo alumno es importante”; luego el modelo contempla en primer lugar, colocar al alumno en el centro del sistema; esto es lograr un individuo feliz, seguro de sí mismo, con equilibrio emocional, capaz de solucionar sus conflictos con armonía, que progrese a su ritmo y que  tenga una atención especializada en forma individual. En otras palabras se está construyendo un ciudadano más sano psíquicamente, más respetuoso de la convivencia humana y más integrado a la familia y al medio ambiente, con lo cual la sociedad ahorra inmensas cifras en materia de salud, prevención y seguridad.  Otra clave significativa fue la enseñanza de la lectura a partir de los 7 años; en los niveles previos de jardín de infancia y prescolar a los alumnos se les desarrollan sus aptitudes y destrezas, así como también se les refuerza la curiosidad. También, muy importante es que antes de los 9 años los alumnos no son evaluados con notas; a partir de dicha edad son evaluados por primera vez, pero sin emplear cifras. Esta política evita el estrés de las evaluaciones mientras se aprenden los saberes fundamentales. Las calificaciones con notas, se aplican a partir de los 13 años.

En las pruebas PISA la proporción de alumnos que obtuvieron bajos resultados en matemática es mucho menor en Finlandia que en cualquier otra parte (6% contra un 21% de la media de países de la OCDE); sin duda el hecho de que los alumnos finlandeses tienen una gran confianza en sí mismos, en sus competencias y en su potencial de aprendizaje, es clave para estos resultados. Otra cosa es que el sistema toma muy en cuenta el ritmo del aprendizaje de cada alumno, e inmediatamente trata en forma especial a los alumnos que se quedan atrás, recuperándolos y colocándolos al mismo nivel que el resto.

Miguel Méndez Rodulfo

Caracas, 10 de septiembre de 2014