El mal aliento y los corruptos, por @VzlaEntrelineas

Ma. Denisse Fanianos de Capriles Mie Oct 29, 2014
@VzlaEntrelineas

La semana pasada el Papa Francisco volvió a hablar muy duramente de los corruptos. Y dijo algo muy cierto y muy lamentable: “Los corruptos no perciben su corrupción. Es como el mal aliento: difícilmente quien lo tiene se da cuenta, son los otros quienes se percatan y deben decirlo. Por tal motivo, difícilmente el corrupto podrá salir de su estado”.

El Papa Francisco desde que llegó al pontificado no ha dejado de decir cosas durísimas acerca de los corruptos. Se ve que él en Argentina conoció muy de cerca a varios de ellos porque la forma como describe las cosas que hacen, su vida de derroche insaciable y cómo se hacen daño ellos mismos, a su familia y a la sociedad, es impresionante.

El jueves pasado el Papa dijo que “la corrupción es un proceso de muerte que se ha vuelto habitual en la sociedad” y que “es un mal más grande que el pecado”, pero que sin embargo no puede contra la esperanza traída por el Señor Jesús.

Esto lo dijo en un discurso que dirigió a una delegación de la Asociación Internacional de Derecho Penal y donde denunció que “la escandalosa concentración de la riqueza global es posible a causa de la complicidad de los responsables de la cosa pública con los poderes fuertes”. Algo así como lo que nosotros llamamos “tráfico de influencias”.

El Papa dijo que “hay pocas cosas más difíciles que abrir una brecha en un corazón corrupto... el corrupto vive del oportunismo e incluso llega a interiorizar una máscara de hombre honesto”. No es la primera vez que Bergoglio habla de las máscaras de los corruptos. En una ocasión, siendo Arzobispo de Buenos Aires, dijo que: “Los corruptos ponen cara que no han hecho nada. Deberían darles un Doctor Honoris Causa en cosmética social”.

Para quien ha tenido la oportunidad de conocer, tratar y ayudar a un corrupto esto que dijo el Papa a continuación es muy cierto: “El corrupto no puede aceptar la crítica, descalifica a quien la hace, busca disminuir cualquiera autoridad moral que pueda cuestionarlo e incluso ataca con insultos a todo el que piense diferente y si puede lo persigue”. ¡Qué lamentable! No aprovechan esa gran oportunidad que Dios les está dando, a través del ejemplo de otras personas, para salir de ese estado tan lamentable.

Son personas realmente enfermas, pienso yo. Pero ellos se creen reyes y señores, condes o condesas… Y es que el Papa dice que: “El corrupto se cree un vencedor. En un ambiente de triunfalismo, esta persona se pavonea para menospreciar a los otros”.

Y lo más doloroso de todo es que como dice el Papa: “El corrupto no conoce la hermandad o la amistad, sino la complicidad y la enemistad”.

El Papa denunció que la corrupción “se ha vuelto natural, al punto de llegar a constituir un estado personal y social ligado a la costumbre, una práctica habitual en las transacciones comerciales y financieras, en las contrataciones públicas, en cada negociación que implica a agentes del Estado. Es la victoria de la apariencia sobre la realidad y de la desfachatez impúdica sobre la discreción honorable”.

El Papa también se refirió a la corrupción dentro del sistema judicial al denunciar las sanciones selectivas. “Es como una red que captura solo los peces pequeños, mientras deja a los grandes libres en el mar”.

“Las formas de corrupción que se necesitan perseguir con mayor severidad son aquellas que causan graves daños sociales, sea en materia económica y social – como por ejemplo los graves fraudes contra la administración pública o el ejercicio desleal en las administraciones – como en cualquier tipo de obstáculo que interfiere al ejercicio de la justicia con la intención de procurar la impunidad de los propios delitos o de terceros”.

El Papa al final de su discurso señaló que “El Señor no se cansa de llamar a las puertas de los corruptos. La corrupción no puede contra la esperanza”.

Yo lo único que le pido a Dios es que estos seres, que parecen no escuchar, puedan olerse, y el olor los haga reaccionar. Y así puedan pedir perdón, pagar con cárcel todo el mal que han hecho y devolver ¡todo! lo robado. Sólo así podrán vivir en paz y salvar su alma cuando les llegue el momento de la muerte. Porque tarde o temprano a todos nos va a llegar ese día y ahí no habrá tráfico de influencia que valga.

Y como dijo el Papa Francisco en otra ocasión: “Recemos para que los corruptos se conviertan y devuelvan todo lo robado porque si no los perros del infierno se chuparán su sangre”.