Crisis de Estado, por @carlosvalero08

Carlos Valero octubre de 2014

La defenestración pública del Mayor General Miguel Rodríguez Torres, golpista originario que fue derrotado por Doña Blanca de Pérez cuando intentó, a plomo limpio, tomar la Casona, tiene graves connotaciones para la paz de la república, debido a que pone al descubierto lo que hasta ahora era una sospecha generalizada: el monopolio del uso de la fuerza no lo tiene el Estado, lo comparte con los llamados “colectivos armados”, especie de grupos de choque, encargados de enfrentar a la oposición.

Rodríguez Torres merecía ser despedido desde hace mucho tiempo por su incapacidad para detener la matanza de venezolanos en manos del hampa y por la forma inescrupulosa en que dirigió la represión contra las protestas estudiantiles de principio de año. Sin embargo, su salida del despacho de relaciones interiores obedece a otras motivaciones. En primer lugar, existe la hipótesis de que el enfrentamiento ocurrido en el edificio Manfredi, donde pierden la vida 5 personas vinculadas a los colectivos, produce una presión pública de estos grupos, quienes el jueves pasado amenazaron con realizar una marcha en Caracas. Esta marcha fue suspendida y produjo el pronunciamiento vía twitter de varios miembros de los colectivos, diciendo que habían logrado el objetivo de destituir al Ministro y que ahora faltaba verlo tras las rejas. Nadie oficialmente ha confirmado la existencia de una negociación entre el alto gobierno (sin la participación de Rodríguez Torres) y los colectivos para cambiar la marcha por la cabeza del ministro, pero los hechos indican que la misma ocurrió. Se suspendió la movilización y fue despedido el personaje.

El estado surge como una necesidad del hombre precisamente de limitar el uso de la violencia, para dirimir las diferencias políticas, económicas, sociales o personales. Los hombres renuncian al uso de la fuerza y se someten al imperio de la ley, como una forma de lograr un mínimo de convivencia social. Desde la época de Chávez, y ahora en pleno desarrollo del Cabello-Madurismo, el discurso oficial ha planteado como un imperativo revolucionario la desaparición del Estado burgués, lo cual para muchos implicaba desaparecer los supuestos productivos y economicistas en la gestión pública, para imponer el llamado poder comunal, pero al parecer están dispuestos a ir mucho más lejos y en la cabeza de algunos jefes del proceso, el “nuevo Estado” incluye compartir poder de fuego con grupos paraestatales a cambio de preservar el poder.

Las consecuencias dentro del Madurismo del enfrentamiento entre los “colectivos” y el ministro que cumplía la orden del presidente de aplicar el plan desarme están en pleno desarrollo y habrá que esperar un poco para medirlo, no obstante resaltan algunos elementos: i) es falso la tan cacareada unidad monolítica dentro del oficialismo. Al contrario, las diferencias son tan profundas que al parecer se dirimen por la vía de las armas; ii) dentro del gobierno estamos viviendo un proceso de balcanización, donde las distintas facciones parecieran contar no sólo con influencia dentro del partido y de la organización del gobierno y del Estado, sino también con sus propios grupos de choque. Tristemente pareciera que se están repitiendo los caudillos y las montoneras que el General Gómez había extinguido a principios del siglo pasado y, iii) se observa un peligroso debilitamiento del concepto de Estado, o por lo menos una mutación a una especie de “estado malandro”, donde prevalece la ley del más fuerte.

Desde la alternativa democrática se ha pedido una y otra vez el desarme de los llamados colectivos. Hoy esa petición cobra mucha más vigencia. Debemos estar atentos y acompañar al pueblo frente a una potencial crisis de Estado producida por la irresponsable manera de manejar un tema tan delicado como lo es la administración de la violencia. La Constitución Nacional prohíbe expresamente la existencia de grupos para estatales. El gobierno juega con candela al aupar y obedecer a estos grupos. Cría cuervos y te sacarán los ojos. Hoy fue Rodríguez Torres, mañana pueden pedir la cabeza de Cabello y pasado mañana la de Maduro.

Carlos Valero

@carlosvalero08