Anomalías de octubre

Octubre se ha vuelto estival. En este otoño anómalo, con árboles urbanos que se caen y virus apocalípticos, un calor húmedo recorre los cuerpos y agosta los espíritus. Con poco esfuerzo que se haga, el sudor asoma para recordarnos que somos, en gran medida, agua y sangre. Esta tarde me ha ocurrido, mientras enderezaba un poema empeñado en torcerse, en crecer a su aire, en encaminarse hacia latitudes poco aconsejables. Qué trabajo da un verso. Qué fatiga provoca cuando viene indómito. 
...
***
...
Quizá por mor de esta anomalía estacional, ando leyendo cinco libros a la vez. Ya van mediados la novela que Vargas Llosa dedicó a Flora Tristán y a su nieto, Paul Gaugin (El paraíso en la otra esquina), y el portentoso recorrido de Claudio Magris por ese Danubio inacabable. También está avanzada la lectura de Tardes de Salamanca, el poemario que amablemente me ha enviado Jaime Siles. Y, entre uno y otro y otro, me deleito con dos libros de mi querido Italo Calvino: El camino de san Giovanni y Los libros de los otros, ya mencionado en el post anterior. Lectura y sudor en estas jornadas nada otoñales y tan virulentas.
.