Las verdades del banquero

Teresa Rodríguez | Público

A la gente le ha dado por mí, ¡banquero!, a la calle no puedo salir, ¡banquero!, si en el fondo yo soy un buenazo. Yo puedo ahora mismo repartir millones… de besos y abrazos, y puedo decir con orgullo, que yo no tengo na mío, yo lo que tengo es tuyo, y tuyo, y tuyo
Las verdades del banquero (Chirigota de Selu García Cossio)

http://www.youtube.com/watch?v=pYCtJDdZQ1E

Botín, al que nada le era ajeno (en todos los sentidos de la expresión), al parecer también opinó sobre Podemos antes de morirse. “Lo de Podemos es muy preocupante. No me cabe duda de que llegado el caso, con Rubalcaba el PSOE habría hecho un pacto con el PP; y tampoco tengo dudas si liderase el partido Susana Díaz; con Pedro Sánchez, aunque no he hablado con él, creo que tampoco habría problema”. No sé si le dio tiempo a telefonear un ratito o sentarse a charlar con el nuevo Secretario General del PSOE antes de que le llegara su día, seguramente lo tendría en agenda. Botín, el que presumió de que su banco había ganado dinero con la crisis todos y cada uno de los trimestres, el que dijo que “la situación es excelente” mientras la gente las pasaba, las sigue pasando, canutas, opinó también sobre la consulta catalana aludiendo a que es “cuestión de dinero”, de un acuerdo de números entre Mas y Rajoy. Todo esto se cuenta ahora de una cena del bisnieto, nieto, sobrino, hijo y padre de banqueros, recién difunto, con periodistas hace unos días en Milán.
Nada le era ajeno, tampoco lo que pasa en Palestina.


Justo antes de ésta dejé abierta en otra entrada de este blog la posibilidad de hacer una segunda crónica de nuestra visita parlamentaria a Palestina. Pues bien, todo lo que vimos después fue bastante más desolador que lo del campo de futbito. Una familia con miembros amputados por los bombardeos en Gaza en un hospital de Jerusalén Este. La mirada de pánico ante la comitiva del niño de apenas 5 años que había perdido casi la mitad de su dolorido cuerpecito me impidió entrar. La reunión en el patio de la casa de la familia de Mohamed Abu Jadeir, el chaval de 16 años que fue quemado vivo por colonos israelíes, racismo puro que el conflicto y el sionismo están alimentando en la zona. “Le llenaron el cuerpo y la boca de gasolina y le prendieron fuego”, decía su padre inmutable mientras la hermana nos servía café. Su madre llegó tarde, con signos claros de haber estado luchando consigo misma para salir a recibirnos, rota, sólo dio un dato en el que nadie se había detenido hasta el momento: “el colegio empezó hace tres días, mi niño no ha ido y estaba ya en el último curso”. Y luego llegó Hebrón con su centro histórico desierto por la ocupación de unas centenas de colonos radicales cuya barbarie vigilan y por la que velan unos miles de soldados israelíes. Eso y ocupar casas de lata sobre los negocios de los palestinos para lanzar basura y piedras que los resignados y arruinados comerciantes palestinos tratan de detener con precarias redes de metal improvisadas. ¿Se puede aguantar tanta humillación? No, no se puede.

Y eso qué tiene que ver con Botín, se preguntarán ustedes. Pues será que traigo las gafas puestas de lo que vi en Cisjordania, será que tengo palestinitis, pero de todas las “verdades del banquero” que se mencionan de soslayo en estos días: su capacidad para salir indemne de distintos intentos de procesamiento por cuestiones relacionadas con el fraude fiscal, su escaño privilegiado y vitalicio en todas las legislaturas de todos los gobiernos, sus 34 sociedades operativas en paraísos fiscales, su salida elegante de la acusación de cohecho, sin que nadie le pusiera al “querido Emilio” ni un pero; nadie se acordó de los obstinados y obstinadas activistas de Justicia i Pau, Setem y el Observatorio de la Deuda en la Globalización que llevan desde 2008 pidiendo acciones prestadas para poder acudir a la Junta de Accionistas del Santander a decirle a don Emilio en su cara que no es ético enriquecerse financiando a la industria armamentística. Y de todas sus denuncias, una se me clava en el corazón para no poder siquiera pensar en lo humano de solidarizarse con un muerto: 3,06 millones de euros en 2013, por ejemplo, para financiar a los fabricantes del AH-64, helicóptero Apache (no sé por qué puñetas los yanquis se empeñan en bautizar con nombres indios a sus helicópteros de combate) que, importado por Israel, sirve para matar niños en Gaza, para matarlos o para cortarles las piernas y el corazón, para cortarles la infancia, para hacerla imposible. Me pregunto por qué entre las peticiones de pésame que desfilan en estos días por toda la prensa, nadie le preguntó a los obstinados activistas que acudían nerviosos cada año, nerviosos y cargaditos de papeles, de argumentos y de corazón, a pasar un mal rato a la Junta de Accionistas del Santander para recordarle al señor Botín que la vida es más importante que el dinero. No sé si han sentido la pérdida, me arriesgo a sentir lo mismito que ellos y ellas en estos momentos.