El timo de las 67000 revistas falsas

Hay que felicitar a la Policia ... ya era hora despues de tantos años actuando impunemente, pero mas vale tarde que nunca, aunque este delincuente llamada Antonio Pascual Fernández Muñozya está en la calle, haciendo nuevas estafas.

La Policía Nacional ha detenido en Elche, Madrid y Barcelona a 52 personas acusadas de estafar unos 15 millones de euros a más de 150.000 víctimas, entre autónomos y pymes, en toda España a quienes ofrecían anunciarse en revistas de temática policial que en realidad carecían de distribución pública ni en centros oficiales.

Imagen sacada de su página web teleges.com ... fíjate como se rie el indivíduo


Máquinas de impresión halladas en una nave de Elche (Alicante)


Los arrestados se hacían pasar por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para engañar a sus víctimas, principalmente trabajadores o responsables de pequeñas y medianas empresas a los que ofrecían insertar anuncios publicitarios en diferentes revistas por un coste usualmente inferior a los 400 euros, informó hoy la Policía Nacional.

Las publicaciones, tanto impresas como online, eran creadas por la propia trama e incluían contenidos de baja calidad, poco elaborados o copiados de fuentes oficiales relacionados con la temática policial. Incluso llegaron a publicar entrevistas y "homenajes" a funcionarios policiales, que desconocían sus prácticas fraudulentas, para generar mayor credibilidad.

Para promocionarse, contaban con más de 31 páginas web y más de 100 números de teléfono de información, lo que dificultaba y ocultaba en gran medida el seguimiento de su actividad criminal, al contar con la posibilidad de ser dadas de alta y baja de forma rápida y anónima. La organización disponía de un complejo entramado compuesto por más de 60 empresas que daban soporte a la organización criminal y servían para ocultar su actividad real y blanquear los beneficios mediante la falsificación de facturas y de documentación pública.


Denuncias en foros

La investigación comenzó hace dos años a raíz de las denuncias de afectados por la estafa y las publicaciones de particulares en foros, blogs y páginas web y permitió reunir y analizar miles de datos sobre los integrantes de la organización, así como su entramado societario y cuentas bancarias cuya actividad se había desarrollado durante los últimos catorce años. Los presuntos estafadores utilizaban técnicas autoritarias e incluso coercitivas de telemarketing para la captación masiva de clientes, los únicos a quienes la organización enviaba realmente los ejemplares, haciéndoles creer así que la distribución era real.

Los teleoperadores eran especialmente aleccionados por el cabecilla de la trama, quien llegó a utilizar como testaferros y responsables de sus empresas a personas de avanzada edad o en precaria situación personal y económica y controlaba todos los movimientos de las empresas del entramado, así como a sus trabajadores tanto a nivel profesional como personal. 

De los 52 detenidos en la operación, desarrollada por agentes de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Comisaría General de Policía Judicial con la colabroación de otras unidades, hay tres abogados que presuntamente asesoraban al líder de la banda en temas de blanqueo de capitales y trabajadores del entramado.

Además se han registrado ocho domicilios en Elche y se han incautado cerca de 46.000 euros en efectivo, 7 servidores (uno de los cuales se encontraba oculto en el falso techo de una de las empresas registradas), 31 discos duros, 3 coches y 1 motocicleta y varios dispositivos informáticos. Asimismo se han bloqueado los bienes inmuebles y cuentas bancarias de 32 personas físicas y jurídicas.

El presunto cabecilla de la red es un hiperactivo empresario valenciano, Antonio Pascual Fernández Muñoz, encarcelado el pasado junio y hoy en libertad condicional, a quien el juez le imputa los delitos de estafa, pertenencia a organización criminal y blanqueo de capitales. Según las fuentes de la investigación, el supuesto cerebro de la red manejaba además de la firma Centro de Marketing Teleges, de marketing telefónico, una imprenta y sociedades inmobiliarias, que servían presuntamente para camuflar la estafa a gran escala.
El dinero negro corría de sociedad en sociedad gracias a una trama de facturas falsas. Y servía también para premiar los éxitos comerciales de su agresiva red de teleoperadores que vendía la publicidad. La policía describe al principal detenido como un experto en técnicas de motivación. Organizaba fiestas y concursos para sus trabajadores. No tenía problemas en distinguir al empleado del mes si alguno lograba subir la facturación. Todos habían pasado un exigente proceso de selección. Y al entrar en la prensa eran adiestrados para vender.
Disponían de más de 100 líneas de teléfono para convencer a pequeños empresarios de todos los sectores. Tiraban de guías de teléfono, páginas amarillas y hasta de los folletos que anuncian las fiestas patronales de los pueblos. Los investigadores se encontraron decenas de ellos en los registros. En busca de anunciantes, los trabajadores llamaban a Ayuntamientos para hacerse con esas publicaciones locales donde se publicita el pequeño comercio. De bares a restaurantes pasando por panaderías y comercios. Hasta algún club de carretera. Todos cayeron en la tela de araña de la red, que no distinguía entre provincias. De norte a sur, las pymes recibían las supuestas revistas con los mismos contenidos, solo cambiaban los anuncios del centro. Primero fueron trimestrales, luego cada seis meses y al final ya no tenían periodicidad.
Los policías no encontraron ni un solo contrato mercantil en los registros. Los comerciales ofrecían a las empresas “colaboraciones” con revistas sobre cuerpos de policía. Y mantenían la ambigüedad sobre si se trataban de organismos oficiales. Una treintena de páginas web, todas muy rudimentarias, sirvieron para dar cobertura al timo. Pero empezaron a aflorar las denuncias que alertaban del engaño. Una cámara oculta de la televisión pública valenciana puso a la organización bajo el foco en marzo de 2010. En 2012 la policía agilizó sus investigaciones. La red cayó el pasado junio. Esta semana se ha levantado el secreto de sumario.

Expansión hacia Centroamérica

La red nació en 2001 con la creación de una asociación instrumental que simulaba agrupar a policías profesionales. El ideólogo de la trama situó de presidente a un policía municipal jubilado y rellenó el resto de la entidad con familiares cercanos. Pronto el colectivo contó con una revista asociada. La prensa empezó a tirar revistas, una por anunciante, y la publicidad empezó a brotar en la era de la burbuja inmobiliaria.
La máquina de hacer dinero funcionó engrasada hasta 2006, cuando empezaron a arreciar denuncias sobre una supuesta estafa. Muchos clientes tenían sospechas hacia la asociación, desconocida para el público en general. Fue entonces, según los investigadores policiales, cuando la red cambió de estrategia comercial y decidió utilizar como reclamo entidades reales. Vinculó sus publicaciones falsas a asociaciones policiales que sí operaban, legalmente constituidas. Las técnicas de venta, en las que eran adiestrados los teleoperadores, mantenían la ambigüedad sobre la relación entre la empresa y los colectivos profesionales.
Así lo relata una nota policial: “Para la captación masiva de clientes utilizaban técnicas ilícitas de telemarketing, autoritarias e incluso coercitivas. Los teleoperadores solicitaban ‘colaboraciones’ para el anuncio en las revistas. En muchos casos se presentaban o jugaban con la ambigüedad de pertenecer a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”.
Durante meses, los agentes rastrearon los archivos y los depósitos legales de diversas provincias. Ni en la Dirección General de Archivos Museos y Bibliotecas de la Consejería de Cultura de Madrid ni en el depósito legal de la Biblioteca Nacional encontraron rastros de las presuntas revistas policiales. La policía sí halló pistas de los planes de expansión de la organización. Estaba pensando en exportar su fraude a varios países de Centroamérica. Todos de habla hispana. Para no tener que traducir las revistas.