Curar las divisiones, por @felixpalazzi

FÉLIX PALAZZI sábado 20 de septiembre de 2014

La ponzoña de la represión, la confrontación, el odio y la división ha alcanzado corromper aún más el estado de deterioro en el que nos encontrábamos. Sin duda alguna, el entumecimiento social evidencia la incapacidad de reaccionar activamente ante la lógica de la división. Sin embargo, en la difícil situación que atravesamos es esperanzador que todavía el veneno no haya alcanzado por igual a todas las facultades del cuerpo. Existe una gran capacidad de reflexión sin precedentes en nuestra sociedad; sin embargo, esta no encuentra cómo encauzarse en nuestra praxis colectiva.

Hoy, más que nunca, nos urge crear canales de encuentro, espacios de reconocimiento y acciones concretas que se transformen en antídoto eficiente ante el veneno del odio y la división. El Papa San Juan Pablo II afirmaba: "Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de comunión: ése es el gran reto que se nos presenta en el milenio que comienza" (Novo Millennio Ineunte, 43). Hacer de la Iglesia una "casa y escuela de comunión" es, sin duda, la tarea más acorde con la naturaleza de la Iglesia.

El antiguo arzobispo de Buenos Aires, ahora Papa Francisco, recordaba a todos sus sacerdotes y fieles: "Hay que mirar los ojos pacientes de nuestro pueblo fiel que tantas veces nos suplican que los ayudemos a curar las divisiones, esas que destruyen amistades y familias" (Card. Bergoglio 5/04/07). Ayudar a "curar las heridas" de la división será, tal vez, la tarea más digna y cristiana a la que los creyentes estamos convocados en nuestra sociedad. Pero no sólo estamos convocados a "curar las heridas" sino también a que no existan más heridos y frenar definitivamente la lógica de la división.

Sin duda alguna, algunos creyentes prefieren refugiarse en la intimidad de una fe desconectada de la realidad. Es entendible que cansados del odio, la política y la división, se quieran buscar nichos que, al menos, ofrezcan esa sensación en la que nada está pasando o por lo menos permitan pensar en otra realidad. Otros creyentes homologan e identifican la fe con el discurso del partido de gobierno o tendencias partidistas. Por ejemplo, es sorprendente cómo el reciente encuentro de las "comunidades cristianas de base", luego de reconocer el problema de la violencia nacional, termine condenando la "guerra económica" y "la ocupación a Palestina". Sin entrar en detalles del ya complejo panorama de la ocupación a Palestina, sorprende que estas comunidades no hayan condenado el "asedio y genocidio de sus hermanos cristianos en Medio Oriente". Esto evidencia que cierto número de creyentes de las comunidades populares o "comunidades base" asumen el lenguaje del partido de gobierno.

Lo importante no es condenar o desentenderse de una realidad nacional y en consecuencia también eclesial. Lo realmente necesario es hacer de la Iglesia "casa y escuela de comunión" y fraternidad. Lugar de reconciliación y encuentro de todos los venezolanos. No se trata de suplantar la labor de los partidos políticos o crear instancias ajenas a la Iglesia. Se trata, con amor misericordioso, de "curar las heridas de la división" y hacer todo lo posible para que no existan más heridos.