De escritura y jazz vocal al filo de septiembre

Imagen tomada de http://www.janperssoncollection.dk/
En estas horas postreras de agosto, me siento en mi estudio, reformado para el ciclo laboral que mañana comienza. Sol espléndido. Relumbres matinales en las azoteas. Ausencia de pájaros en el aire cercano. Después de un verano de laxitud y abandono a los placeres del cuerpo, recupero actividades varias. Un libro de poemas avanzado, varios cuentos en esbozos. En breve espero corregir las galeradas de una antología de microrrelatos. Aguardo la respuesta de un editor sobre otro libro, de aliento parisino. Y he iniciado otro proyecto de mayor envergadura, de esos que llevan años de trabajo. Reviso y organizo papeles con la gratísima compañía de Shirley Horn (ahora suena Here's to Life). Pianista en edad temprana y dotada con una hermosa voz grave y a la vez ligera, esta dama del jazz vocal cautivó a Miles Davis y Quincy Jones en la ya lejana década de los sesenta del siglo pasado. No oculto que siento especial predilección por el jazz vocal y el blues femeninos. Junto a las voces más difundidas de Nina Simone, Dinah Washington, Billie HolidayElla Fitzgerald, hay otros nombres menos conocidos por el público en general que también me acompañan en la escritura: Bessie Smith, Betty Carter, Anita O'Day, Sarah Vaughan, Mary Lou Williams, Cassandra Wilson, Rita Reys, Jim Tomlison, Madeleine Peyroux,  Chris Connor, Daniela Schächter... A todas ellas habrá que añadir, tan pronto consiga su música, el nombre de la jovencísima (24 años) Cécile McLorin Salvant, que ha dejado largo regusto en el pasado Festival de Jazz de Vitoria. Lo dicho: escritura, proyectos y voces femeninas que nada han de envidiar a los coros de querubines y serafines. Como en el Paraíso, pero con los olores y colores de este mundo.