CUEVAS DE SÉSAMO – Música de piano.

Esa pequeña fachada del local situado en el número 7 de la calle del Príncipe, en Madrid, alberga las Cuevas de Sésamo. Un lugar en el que desde su apertura se dio cita lo más bohemio de la ciudad atraído por su música de piano y sus tertulias literarias.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
La cabeza de caballo de las Cuevas de Sésamo.

Lo que se inició como la pequeña cafetería Sésamo en 1950, propiedad de María del Carmen Ponte, iba a convertirse un año después y por azar en algo bien distinto. Tomás Cruz Díaz, republicano represaliado y esposo de la dueña, descubrió un buen día que bajo el suelo del recinto existía una cueva olvidada que pareció sugerirle la inmediata transformación del negocio. Así fue como la cafetería pasó a ser bar, descendiendo de piso y ocupando los abovedados techos del sótano; se le dotó de un piano, los pintores comenzaron a cubrir sus paredes de cuadros y sobre los gruesos muros se escribieron frases concisas y solemnes de poetas, escritores, filósofos y artistas, ofreciendo a la clientela sangría, entre otros licores, y únicamente raciones frías. 

Fuente: Bibliotecavirtualmadrid.org (años 50) / Fotografía:M.R.Giménez (2014)
A la izquierda, una noche de premios. A la derecha el mismo rincón de Sésamo, en la actualidad.

Desde el principio las Cuevas de Sésamo se comprometen con la expresión artística en todas sus manifestaciones y comenzarán las tertulias, abarrotando el local aquellos jóvenes a los que la prensa más conservadora del momento (prácticamente toda) denominaría peyorativamente como ye-yés, melenudos o barbudos y que poco a poco irían cambiando chaqueta y corbata por un jersey negro de cuello vuelto.

Será en el año 1952 cuando se crea el primer Premio Sésamo para obras de teatro en un acto, dotado con 1000 pesetas, que recaería en Evaristo Acevedo Guerra con “Cerebro con derecho a cocina”. Como finalista quedó la obra “Historia de Juana” de Jesús Fernández Santos. 

Mientras tanto el pintor argentino Bruno Venier comenzó a pintar los primeros murales sobre las paredes de Sésamo.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Mural del pintor Alberto Moreno, en el que figuran los nombres de los ganadores de los premios Sésamo hasta el año 1957.

Tres años más tarde, en 1955 y hasta el año 1967, también se instauraron en Sésamo los premios de pintura y cuentos, resultando ganadores en la primera edición el pintor Lucas Castell y el escritor Jesús López Pacheco. A ellos les seguirían, en sucesivas convocatorias, los pintores Alberto Moreno, Xavier Pousa, Máximo de Pablo o los escritores Medardo Fraile, Fernando Quiñones, Luis Goytisolo, Miguel Buñuel, José María Riera de Leyva, Víctor Mora (creador del “Capitán Trueno”) entre otros muchos.

Fuente: ABC (años 70) / Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Concesión de los premios Sésamo y el mismo lugar en la actualidad.

Se puede decir que la llamada Generación del 50 pasó en pleno por las tertulias y por las diversas convocatorias del Premio Sésamo, siempre escuchando la música de piano del maestro Manuel Vázquez Amor, compositor de la zarzuela “María Pepa, la huertana” y de varios conocidos boleros. 

Fuente: ABC (1977)

En 1956 se creó el Premio Sésamo de novela corta, cuyo primer premio recayó en la obra “El mar está solo” de Vicente Carredano. A partir de entonces, muchos serían los escritores que obtuvieron este galardón, que habría de ser considerado como prestigioso, aunque no estuviera dotado de una cantidad económica relevante. Así autores como: Juan García Hortelano (1957), Eduardo Mendicutti (1973), Juan José Millás (1974), Soledad Puértolas (1979), entre otros muchos, se cuentan entre sus ganadores. La última edición de los premios fue en el año 1991, siendo obtenido por el escritor José Antonio Biosca.

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Fachada de las Cuevas de Sésamo.

Hoy el estrecho acceso de las Cuevas de Sésamo recibe con un vestíbulo desierto y una solitaria columna de hierro, a quien desee entrar. Un cartel luminoso señala el camino y, bajo él, parte de un poema de Paul Valéry: “Depende de quien pasa que yo sea tumba o tesoro…”. 

Dos tramos de escalera conducen a las Cuevas que muestran sobre la barra del bar, como para darnos la bienvenida, el autógrafo original de Ernest Hemingway y frente a él la fotografía que Juliette Greco, musa de los existencialistas, se hizo allí hace ya muchos años. Pequeñas mesas con mantel, sillas y taburetes se distribuyen en el local dividido por el gran muro abierto en su centro, que retiene en su interior una escultura de la cabeza de un caballo semejante a la que Fidias realizó para el Partenón, pero ésta ensartada en dos travesaños. Rincones más o menos cercanos al piano, que también ha cambiado con el tiempo, y desde donde se escuchan las canciones de siempre. 

Fotografía: M.R.Giménez (2014)
Entrada de las Cuevas de Sésamo con su solitaria columna.

Así continúa siendo Sésamo, el lugar donde únicamente varían las frases pintadas en sus paredes por la necesidad de enlucir el local y que de inmediato serán reemplazadas por otras tan contundentes como las anteriores.





Fuentes:

Cuevassesamo.com
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
Diariomadrid.net
Bibliotecavirtualmadrid.org
“Génios, locos y picaros” Manuel Martínez Pastor.

Agradecimiento a Jose, camarero de las Cuevas de Sésamo, por la información aportada y las facilidades para la realización de fotografías.