Silencio, lecturas y fragua de versos

Disculparán los lectores de estos Silenos el silencio prolongado. Si hasta hace un mes se debía a que otras ocupaciones me tenían cautivo, ahora se debe a que no tengo más acceso a la red que esta cafetería aledaña a un centro comercial, cercano a la zona de playa donde suelo pasar parte del verano. Si a ello añadimos que nunca hemos querido televisor en esta estancia estival, el resultado es una jornada larga, plena de lecturas y escritura, con alguna visita (obligada) al cine de verano. Me he traído cuentos de Chéjov (en la edición de Paul Viejo) y Thomas Mann (en Edhasa), obras de Italo Calvino para relectura, el Rojo de Pamuk y poesía francesa en Gallimard (Paul Éluard y otros). Ando además a la zaga con varios versos que una vez se presentaron, se enquistaron e insisten en permanecer en el limbo de los versos solitarios, impidiendo que aflore el resto del poema. Creo que fue JRJ quien dijo que las Musas insuflan el primer verso, pero el resto es trabajo, duro trabajo ("canto obstinado") de taller. Cincel y martillo bajo el sol, apremiante, del Mediterráneo.