Los preventorios del franquismo: centros de terror y castigo


Por Burgos Dijital

 El pasado 16 de junio tuvo lugar una interesante jornada sobre los preventorios, las cárceles infantiles del franquismo, organizada por Izquierda Anticapitalista. Acacio Puig, querellante ante la justicia argentina y militante memorialista, desgranó la represión franquista, de intensidad cambiante según el contexto social de cada etapa de la dictadura; ante la impunidad del franquismo, un régimen genocida, represor y autoritario, Acacio recordó que no existen los escalafones; sólo el estatus de víctima y combatiente, cuya memoria ha sido aniquilada de una historia escrita por los vencedores. 
La historia nacional-católica contestada por el archipiélago del movimiento memorialista, que infunde la memoria de la lucha como un legado imprescindible. El reto del proceso constituyente no puede pensarse sin la reparación a las víctimas, y los preventorios suponen otro ejemplo de la aniquilación de la memoria de l@s luchador@s antifascistas.

Ángela Fernández y Alicia García Romero proceden de familias republicanas que fueron represaliadas durante el franquismo; sufrieron en sus propias carnes, cuando aún eran niñas, los horrores del Preventorio de Guadarrama. A pesar de todo, nunca han renunciado a luchar porque se conozca la verdad, rompiendo el silencio impuesto a miles de niñas que, como ellas, padecieron la estancia en el preventorio bajo un régimen del terror; conservando siempre la alegría por vivir y las energías necesarias para seguir luchando.
Alicia García y Ángela Fernández en Burgos
Los preventorios eran vendidos como centros antituberculosos. Las mujeres de la falange ofrecían la posibilidad de unas vacaciones en la sierra madrileña, cuando en realidad se trataba de un experimento de adoctrinamiento y castigo, a través de técnicas represoras y autoritarias. La implantación de los preventorios, que perduraron hasta 1975, sigue el modelo nazi del “auxilio de invierno”; centros de castigo y educación autoritaria, aplicada a los descendientes de familias pobres, con especial incidencia en los descendientes del bando republicano.

Los niñas, de entre 4 y 13 años, pensaban que iban a pasar una temporada de vacaciones. Alicia y Ángela fueron encerradas durante meses, al igual que miles de niñas a las que no les permitían salir ni comunicarse con sus familias, dado que censuraban las cartas.  Cuando las niñas llegaban al preventorio de Guadarrama, eran despojadas de todo lo que habían llevado, desposeyéndolas de una identidad y humillándolas de forma constante. Nos llamaban escoria, decían que nuestras madres nos habían abandonado para así poder ejercer la prostitución — recordaba Ángela.
Las mujeres desglosaron alguna de las tácticas represivas que sufrieron, o de las que fueron testigo; parecía que nos querían engordar como a las reses. Las cuidadoras obligaban a las niñas a comer su propio vómito, propiciado por los excedentes de almacén que servían en el preventorio como comida, en la que flotaban los gusanos, surgiendo diversas enfermedades en unas niñas que habían acudido sanas hasta allí. Alicia estuvo enferma; no quería que la encerraran en la enfermería; por suerte, pudo contar con la ayuda de su hermana.

 Palizas y ejercicios de tortura que, en algunos casos, revestían semejanzas a aquellos aplicados a los adultos en la DGS u otras dependencias de tortura; introducir la cabeza de una niña en un pilón de agua y obligarla a aguantar la respiración. Se ha reportado el caso de un suicidio, así como el abuso sexual por parte del cura del preventorio de Guadarrama a una niña. Alicia recordaba que eran medicadas, sin que nunca se haya podido conocer qué medicamentos les suministraban; sospechamos que fuimos tratadas como conejillas de indias, nunca les entregaron a nuestros padres la libreta médica con lo que nos habían inyectado.

Preventorio de Guadarrama
Las condiciones inhumanas e indignas creaban una enorme confusión en las niñas, que eran obligadas a cantar himnos falangistas; la organización autoritaria del centro, llevada a cabo por la falange, se basaba en el adoctrinamiento y el ideal nacional-católico. Durante más de 30 años, los preventorios funcionaron en el Estado español como auténticas cárceles infantiles, que marcaron la vida de personas como el hermano de Ángela: estuvo seis meses en un preventorio, y cuando volvió no hablaba, estaba destrozado — recordó Ángela.

La labor realizada por 14 mujeres, entre las que se encontraban las ponentes, ha consistido en recabar cientos de testimonios sobre la estancia en los preventorios, que han sido añadidos a la denuncia contra la falange, la iglesia y el régimen franquista, incorporándose al proceso iniciado con la Querella Argentina contra los crímenes del franquismo. Las dificultades se han presentado a la hora de recabar información, dado que no ha podido encontrarse ni un solo expediente, de ninguna niña; como si el preventorio no hubiera existido. Sin embargo, que cientos de testimonios coincidan, demuestra la cruda realidad que se vivió en los preventorios, y que ha sido siempre ocultada.

Pero no pueden borrar la memoria de lo que ocurrió, ni silenciarla. El trabajo del movimiento memorialista se hace necesario para romper con la impunidad franquista, para reparar las piezas que faltan, y que de esta forma podamos re-explicarnos nuestra historia, sin que vuelva a repetirse.