Coca-Cola y Panrico, una cara de la lucha de clases

Antonio Liz

En el mismo día hemos recibido las trabajadoras y trabajadores dos noticias muy importantes. Una, que la Audiencia Nacional ha rechazado el ERE de Coca-Cola. La otra, que las trabajadoras y trabajadores de Panrico han levantado la huelga.

La primera noticia es una victoria parcial, la segunda una derrota parcial. Las trabajadoras y trabajadores de Panrico y Coca-Cola se han hermanado públicamente, su lema “Panrico y Coca-Cola, la lucha es una sola” marca la línea correcta de la lucha de clases en los conflictos laborales. El resultado, hasta hoy, de las dos huelgas tiene una sencilla explicación.

Las trabajadoras y trabajadores de Panrico de Santa Perpetua (Barcelona) han tenido de partida todo en contra: que la empresa pudo justificar las supuestas pérdidas, la traición de la burocracia sindical, el apoyo de la Generalitat a la empresa y la sentencia desfavorable de la Audiencia Nacional. Pero a pesar de todos estos obstáculos las compañeras y compañeros se alzaron como gigantes y combatieron denodadamente durante ocho meses. Lo han hecho de tal forma que su lucha ya ha entrado en los anales de la Historia del Movimiento Obrero. Han salido derrotados por la fuerza de sus enemigos y no por su impresionante capacidad de resistencia –ocho meses, se dice pronto pero no se hace casi nunca. Además, han apuntalado la subjetividad de la clase trabajadora ya que han demostrado que se puede luchar aún con todos los elementos internos (burocracia sindical) y externos (patronal, gobierno y jueces) en contra. Su lucha pues, no ha sido en vano. Aún ahora mismo, cuando han decidido en asamblea dejar la huelga, la empresa hará menos daño del que tenía previsto porque sabe que las trabajadoras y trabajadores de Panrico están heridos pero no muertos.

Las trabajadoras y trabajadores de Coca-Cola han tenido una sentencia de la Audiencia Nacional favorable, que tumba el ERE, porque la empresa no ha podido justificar unas pérdidas inexistentes y porque la vanguardia de esta lucha, las trabajadoras y trabajadores de la planta embotelladora de Fuenlabrada (Madrid), no se han visto traicionados por la burocracia sindical ya que el Comité de Empresa mismo lideró la lucha, y que cuando comenzaron a luchar tenían la referencia de la ya por entonces lucha emblemática de Panrico, lo que le dio la fuerza inicial para oponerse al cierre de la planta de Fuenlabrada y a los despidos.

Las victorias parciales y las derrotas parciales son normales en la lucha de clases en las empresas. Siempre depende de una serie de factores, de relaciones de fuerza que varían de un conflicto a otro. A pesar de los matices de cada lucha, de cosas que la favorecen o la obstaculizan, la primera enseñanza es que sin luchar, sin oponerse a los designios de la patronal, no se consigue nada. Nada es exactamente lo que se obtiene cuando no se lucha, además de sentirse un paria, un don nadie, un vulgar cero a la izquierda. Un esclavo asalariado que no se rebela no consigue otra cosa que profundizar su esclavitud.

La lucha sindical es una forma concreta de la lucha de clases, conseguir unas condiciones laborales y salariales dignas. Ahora bien, esto se conseguirá parcialmente cuando las relaciones de fuerzas lo permitan. En esta relación de fuerzas entra la capacidad de lucha de los sindicatos, la energía de las compañeras y compañeros que van a la huelga y el ambiente político y social existente. Así y todo, la lucha sindical, la lucha por mejorar las condiciones económicas y de trabajo, es sólo una parte de la lucha que tiene que llevar la clase trabajadora, la otra es la política. Sin la lucha política la clase trabajadora nunca podrá dejar de ser una masa asalariada y la esclavitud asalariada nunca debemos admitirla como un hecho social normalizado sino como algo a suprimir, a eliminar. Reivindicarnos como trabajadoras y trabajadores no tiene nada que ver con aceptar la esclavitud asalariada. En último extremo, la lucha política de la clase trabajadora para conquistar el poder y construir una sociedad basada en la justicia social es el quehacer fundamental si aspiramos a desprendernos de las cadenas de la explotación asalariada. La sentencia contraria al ERE de Coca-Cola y el levantamiento de la huelga de Panrico nos deja un sabor agridulce pero al mismo tiempo nos permite ver que las heroínas y los héroes sociales existen por millares entre la clase trabajadora, la clase que es la esperanza de toda la humanidad, la única partera posible de un mundo donde la socialización de la economía, de la política y de la cultura serán los cimientos del mundo nuevo. Honra y gloria para nuestros héroes, honra y gloria para las trabajadoras y trabajadores de Panrico y Coca-Cola.

Madrid, 14, junio, 2014