Somos la poesía que festejamos: a propósito de Cernuda y JRJ

En la medianoche del pasado 31 de diciembre alguien volteó el reloj de arena de las celebraciones literarias y el bulbo de cristal que contenía la arena cernudiana ha comenzado a vaciarse por el orificio comunicante. El otro bulbo, en posición receptora, recibe, ya mudada, la arena juanramoniana. De un gran poeta a un magno poeta. Del medio siglo de ausencia del sevillano al siglo de presencia de Platero. ¿Qué dirían si pudiesen conocer esta concatenación de celebraciones? Fabulo con la imagen de Cernuda blandiendo su encono por JRJ y exigiendo mayor distancia entre ambos, mas gozando calladamente de la prelación fortuita. Imagino también al de Moguer malhumorado con esta transposición de su indiscutible magisterio. Busco en el recuerdo de mis primeras lecturas (allá por los tiempos del bachillerato) y veo a Cernuda semidesnudo, como un san Sebastián asaeteado por versos forjados en fragua al rojo vivo, un cristo en las sombras del Barroco portando la cruz dolorosa y doliente. Junto al poeta de Sevilla veo la grupa del burro de un poeta de Huelva, de brinco sonoro y mirar humano (y también doliente) por pagos y caminos, por calles y plazas. Entonces el adolescente que yo era no podía ni imaginar que más de treinta años después se sentaría a escribir este texto para celebrar y agradecer aquel temprano acercamiento. Somos la poesía que festejamos.