Sobre “Podemos” e Izquierda Unida

Javier Valdés, Militante de Izquierda Anticapitalista - Andalucía
Seguramente podremos llenar ríos con los artículos que en tan solo una semana han surgido en toda la prensa progresista en relación a la necesaria unidad de la izquierda ante las elecciones europeas. Se está generando un ambiente de presión para que IU coja el guante lanzado inicialmente por Pablo Iglesias y entre en el proceso de Podemos. En ese sentido van la mayoría de los tiros, y ya se han gastado muchas balas. Pues bien, con este artículo no pretendo ser un perro verde, un paria o un ratón “colorao”, aunque de hecho los argumentos que voy a plantear se dirigen “aguas arriba” de ese río que, enarbolando únicamente la unidad de la izquierda, pretende arrastrar a IU hacia Podemos.

Cuando el fin es acabar con el bipartidismo parece que la unidad de la izquierda (sin incluir al PSOE, claro) es el único medio para realizarlo. Pero: ¿nuestro fin es acabar con el bipartidismo? ¿es el bipartidismo el único pilar del régimen nacido de la transición? ¿puede la dominación de clase sobrevivir al bipartidismo? En este sentido pienso que el bipartidismo funciona, aunque sea de manera no intencionada, como el señuelo que hace correr irreflexivamente a los galgos en pos de la unidad de la izquierda. Nuestro fin no puede ser exclusivamente acabar con el bipartidismo, y más si en ese camino pasamos por encima de otras cuestiones estratégicas, cual si la superación del mismo fuera una etapa necesaria en la historia de la emancipación de la clase trabajadora en el estado español. En este sentido, Podemos debe relacionarse de forma política y no sectaria con Izquierda Unida, pero no puede obviar lo que significa para la izquierda y para el movimiento social y sindical en Andalucía el cogobierno de la mano del PSOE, el mismo partido que cambió el artículo 135 de la Constitución, en base al cual el Gobierno Rajoy justifica todos los recortes y regresión de derechos.


Cuando Podemos hace el llamamiento a la unidad a IU, debe de introducir una serie de condicionantes de tipo político. La gestión de los recortes en Andalucía es un lastre demasiado pesado para cualquier iniciativa de izquierdas, no por una cuestión de pureza ideológica, sino por una cuestión de credibilidad política, virtud demasiado denostada últimamente y lamentable no solo en las altas esferas, pero que está en el corazón de la reconstrucción de cualquier iniciativa de izquierdas. Cuando IU cogestiona las políticas de austeridad y recortes en Andalucía, lo que le está diciendo a sus votantes de izquierdas y base social es que no hay horizonte más allá de la gestión blanda del programa saqueador de las clases dominantes. La lección para la clase trabajadora es terrible: no hay otra forma de hacer política. Hoy nos obligan desde Madrid, mañana nos podrán obligar desde Bruselas. Este problema no tiene nada que ver con cuestiones meramente teóricas, porque cuando los trabajadores y trabajadoras -ya sean del Parque de las Ciencias de Granada, de los 4500 docentes interinos despedidos, de las trabajadoras de la ayuda a la dependencia despedidas, de las 850 administrativas represaliadas en el sector educativo, de los y las despedidas en los centros de acogida, de los trabajadores de Delphi, etc.- se ponen de huelga y se movilizan en defensa de sus empleos, lo hacen frente a las delegaciones gestionadas por el PSOE e IU o directamente frente a sus sedes partidarias. Quienes luchan se movilizan contra los recortes vengan de donde vengan, y en la medida en que tiemblan sus condiciones vitales no se tragan el anzuelo de recortes buenos “made in” Sevilla y recortes malos “made in” Madrid. De forma que pasar por alto en el debate sobre Podemos e IU la gestión del cogobierno andaluz es un error inaceptable. Hacerlo supone no comprender que para lograr imponer un programa de oposición a la Troika van a hacer falta algo más que unos comicios electorales, puesto que esto sólo podrá realizarse desde la calle y con el apoyo de una mayoría social movilizada, parte de la cual hoy grita en Andalucía frente a las instituciones capitaneadas por Susana Díaz y Diego Valderas.

Para que Podemos represente una regeneración política de la izquierda y pueda plantear un programa de superación del capitalismo, es necesario que sea una candidatura creíble, no sólo en las formas, sino también en el contenido. En ese sentido es menester que una nueva fuerza política de la izquierda se caracterice por hacer lo que dice, por lo que en Podemos no deberían tener cabida partidos que aplican los recortes y las políticas de austeridad de la Troika. Por lo tanto, una de las formas de relacionarse con IU debería ser la de poner como condición sine qua non para cualquier tipo de unidad electoral la ruptura del cogobierno andaluz, clarificando la relación con el social liberalismo. Este es un elemento político que debería de estar hoy en el centro del debate, y no los lugares comunes a los que se llega cuando se solicita la unidad de la izquierda sin más. Existen, por supuesto, otros nudos gordianos de la política española y europea que hacen que la relación política de Podemos con IU deba enriquecerse con otras cuestiones que ahora no tienen cabida en este texto, pero que no por ello son de menor calado: el derecho de autodeterminación de las nacionalidades oprimidas y el impago de la deuda ilegítima. Elementos políticos, éstos, que valen tanto o más que la superación del bipartidismo y que no podemos relegar a una etapa posterior, como si no hubiera relación entre unos y otros.

La “necesaria” unidad de la izquierda no es un escenario en el que todos y todas nos ponemos una venda, escurrimos el debate, pero vamos de la mano. Hace falta decir para qué esa unidad, puesto que lo que se pretende es que el Gatopardo esta vez se equivoque y cambie todo, no para que no cambie nada, sino para imponer una lógica política desde abajo y a la izquierda: cambiar todo, para que todo (o casi todo) cambie. Y ese sentido a IU hay que decirle que: o se está gestionando las políticas de miseria y barbarie del capital o se está en la calle construyendo las resistencias frente a las mismas. No se puede estar en los dos sitios, porque este tipo de trastornos bipolares de la izquierda no son comprensibles por la mayoría de la población, por lo que suponen un verdadero obstáculo para la regeneración política (no sólo en el sentido electoral) de la izquierda y para la popularización de un programa rupturista.