Sentarse con el escultor Cornelis Zitman

Sentarse a esperar a quien un día prometió imposibles. Sentarse a descansar, mermadas las fuerzas y agostado el ánimo. Sentarse a contemplar el vuelo enigmático de las aves. Sentarse a leer un libro que palpita en las manos. Sentarse a... ¿Por qué siempre con un propósito? ¿Por qué no sentarse sin más, como sin más respiramos? Un acto tan simple, tan cotidiano, merece estar despojado de fines y liturgia. Acomodemos el cuerpo al asiento, hasta fundirnos con él en negro bronce, y abracemos la indolencia de los objetos.





(Exposición de esculturas de Cornelis Zitman 
en la Casa de Iberoamérica, Cádiz).