“EL CREPÚSCULO DEL LADRILLO” EN LA NAVE TRAPECIO DE TABACALERA.


El pasado domingo 19 de mayo de 2013 se estrenó la ópera buffa de tiempos de crisis “El crepúsculo del ladrillo” de José Manuel Naredo, en la antigua Tabacalera de la calle de Embajadores, número 53, de Madrid. 


Foto: M.R.Giménez (2013)

Este neoclásico edificio, construido entre los años 1780 y 1792 por el arquitecto Manuel de la Ballina para albergar la Real Fábrica de Aguardientes y Naipes, luego reconvertido en Fábrica de Tabacos y Rapé en el año 1809, es en la actualidad el Centro Social Autogestionado de La Tabacalera que ofrece numerosas e interesantes actividades para todos.

Pulsar para ver el librero de la ópera.


La ópera fue representada por La Solfónica en colaboración con la Nave Trapecio de Tabacalera, Asambleas del 15M y muchos más…



¡Qué bello es el placer y la tranquilidad…!


La curia cardenalicia opina que es mala la codicia…


El sector terciario avanzado, hábilmente cementado y eventos bien sonados, son nuestra salvación, sí señor…



No sigáis con la extracción, el ladrillo y la especulación, ellos nos han traído a tan triste situación.
Dejad de trabajar sin ton ni son, recuperad vuestros oficios, vuestra libertad de acción, vuestra música y alegría, vuestro amor por la vida.


La ópera “El crepúsculo del ladrillo” finaliza con una jota que adapta el poema de Miguel Hernández Gilabert (1910-1942) “Vientos del pueblo”

VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
De la obra “Viento del pueblo. Poesía de la guerra” de Miguel Hernández, escrita entre 1936 y 1937.




Fuentes: 
Fotografías de M.R.Giménez
Tabacalera.net
Navetrapecio.blogspot.com.es
Crepusculodelladrillo.wordpress.com