Para el 2013, no lo dudes... ¡Apaga y vuelve a encender!

Llega un nuevo año y quien más quien menos, casi todos caemos en la tentación de hacer un repaso mental del año y hacer nuestros propósitos para el siguiente. Que luego llevemos a cabo alguno de esos propósitos es harina de otro costal, claro...

Por mi parte no tengo grandes propósitos, nunca he sido muy amigo de hacerlos. En cuanto a mis inquietudes informáticas, intentar aprender algo de Android, llevar a cabo algún proyecto de los que tengo en mente o a medias (que los tengo, seguro que alguno acabo haciéndolo), mirar mejor alguna de las tecnologías que están saliendo en cuanto a desarrollo web puro, como LESS-SASS ó Bootstrap, quizá mirar un poco Scala y otros lenguajes funcionales que ahora parece que se están poniendo de moda, quizá algo de BDD... ¡yo qué sé!. Sobre todo, seguir con este blog, en el que hable de lo que he dicho antes unido a otros intereses como buenas prácticas de software y mi gran pasión en esto del desarrollo, que hasta ahora no estoy sacando mucho, la reutilización.

Para los demás, desde este blog tengo un mensaje ineludible. Si estás triste, desprecias a los políticos del mundo (bueno, eso lo hacemos todos), la crisis te tiene agobiado o peor aún, estás en paro y no te sientes útil, o si no consigues que te salga nada de lo que intentas, o si estás harto de la saga Crepúsculo, o si sientes que este mundo no es para ti... en definitiva, si tu vida no es tal como te gustaría y el rumbo no parece muy claro, la solución universal a todos los males del mundo está clara, atrévete... ¡¡¡apaga y vuelve a encender!!!.

Verás lo saludable que puede resultar.



¡¡¡FELIZ 2013 A TODOS!!!

En las postrimerías de 2012

Es tradición, al filo del año, hacer balance. Nuestra cultura cristiana tiene buena culpa de ello, pues nos ha inculcado desde la cuna la revisión periódica de nuestros actos y, en el momento crucial, la humilde aceptación de lo realizado o el arrepentimiento in extremis. El propósito de enmienda es la sal de las religiones. 
.....Si excluimos la miseria económica y el despeñadero social al que nos lleva el Gobierno de España (¿puede excluirse tanto perjuicio?), 2012 ha sido para mí un año con más luces que sombras. He perdido a un amigo, pero he reforzado lazos con otros y hasta he sumado a algunos nuevos. He vivido en París varios meses y he vuelto a Berlín. He publicado un poemario y he escrito al menos la mitad de otro. He sido incluido en varias antología de microrrelatos (entre ellas una publicada en la veneranda Cátedra) y también he logrado armar buena parte de un nuevo libro. He concluido e iniciado otros trabajos literarios, estimulantes siempre. He leído mucho, hasta llorar en el esfuerzo. He recuperado ilusiones que creía maltrechas. He tenido achaques, pero el saldo, a día de hoy, no parece negativo. Y mañana amanecerá, que no es poco.

FELIZ AÑO 2013, AMIGOS

PARA TODOS LOS QUE HOY CELEBRARÁN LA ENTRADA DEL NUEVO AÑO.

CON UVAS, CON SIDRA, CON AGUA O CON UN BESO...

LOS ANTIGUOS CAFÉS DE MADRID OS DESEA, EN CUALQUIER PARTE DEL MUNDO DONDE ESTÉIS,

¡¡¡FELIZ AÑO 2013!!!

Foto: M.R.Giménez
La muchacha de la Carrera de San Jerónimo.

Lecturas pre- y navideñas

A la espera de que los Reyes Magos de Oriente me dejen al menos un libro (regalo, por fortuna, que sobrevive a la crisis), dedico estas fiestas a asuntos domésticos siempre aplazados, a escribir y a leer. Después de meses leyendo sobre todo cuentos (Gracia Arméndariz, Brasca, Moyano, Mellado, Merino, Obligado y varias antologías...) y poesía (Éluard, Jacottet, Prévert, Rimbaud... y, entre tanto francés, relectura de Valente), con ratos dedicados a Los labertintos bizantinos de Perucho, me entretengo y aprendo ahora con un ensayo de Attilio Brilli sobre los viajes y la peregrinación: El viaje a Italia. Historia de una gran tradición cultural (Madrid, Antonio Machado Libros, 2010). Mis recuerdos de Italia son muchos, pero especialmente gravitan sobre la ciudad de Bolonia, donde viví tres meses en 2002. El libro de Attilio fue publicado por primera vez, en italiano, en 2006 en esa bella ciudad del norte. 
.....Siempre me ha interesado la literatura sobre el viaje en tiempos pasados, y a ello (en tiempos presentes) he dedicado mi último poemario, Son caminos. Acaso porque llevo tiempo buscando mi sitio en el marasmo del mundo moderno; acaso porque últimamente he buscado en el movimiento lo que empiezo a encontrar en la quietud y el sosiego. Alguien pensará que es la edad. Y sí, es la edad, que va situando las piezas del puzzle con mayor tino. Donde antes había una silueta vacía, ahora se adivina la forma, los colores, el perfil de una tesela que siempre estuvo a la vista.

(A. S. C. en la Biblioteca Comunale dell' Archigimnasio de Bolonia, 
sede antigua de la Universidad, en 2002. Fuente: Silenos)

EL CAFÉ DE CORREOS, LOS DE “RAYADILLO” Y ABDONA GARCÍA.


Entre la infinita historia, los abundantes cafés y la multitud de personajes que pasaron y pasan por la Puerta del Sol de Madrid, resulta difícil destacar algo que no se haya dicho con anterioridad. Esta plaza, que no es tal, sin puerta, aunque dicen que la tuvo, remodeló sustancialmente su estructura durante los años de 1857 a 1862 para configurarla como la vemos en la actualidad, absorbiendo los callejones de la Duda y de Cofreros, la calle de la Zarza y parte de las de Montera, Carmen, Preciados, Arenal y Mayor. 


Fotografía de Charles Clifford.
En este montaje de dos fotografías se aprecia como era la Puerta del Sol cuando daba comienzo su remodelación de mediados del siglo XIX. A la derecha se ve con claridad la calle de la Montera.

En la Puerta del Sol o en sus aledaños hubo varios cafés llamados de Correos, dada la proximidad a la Real Casa de Correos (hoy Comunidad de Madrid) que en el siglo XVIII proyectara el arquitecto Jaime Marquet. El último de los cafés con este título se situó en el número 9 (anterior nº 10) de la Puerta del Sol, con salida a la calle de Tetuán, número 14, junto a Casa Labra. 

Fotografía: M.R.Giménez (2011)
En este edificio de la Puerta del Sol estuvo el acceso principal del café de Correos.

El café de Correos remataba la Puerta del Sol con la calle del Arenal y parece que fue inaugurado nada más terminar la remodelación de la zona, alrededor del año 1865. 

Los asiduos a este café con derecho a publicar en los periódicos, se referían a él como un sitio por el que pasaba demasiada gente, lleno del humo de los cigarros y carente de personalidad. Era el más gregario de los cafés de la Puerta del Sol. Su horario lo mantenía abierto las veinticuatro horas del día y se le conocía como un asilo benéfico de golfos. Negociantes recién llegados a Madrid constituían su parroquia, entremezclados a veces con las tertulias de José Augusto Martínez Ruíz (Azorín), Pío y Ricardo Baroja Nessi y Pedro de Répide Gallegos, entre otros. 

Hasta el año 1906 el café de Correos compartía los locales del edificio de la Puerta del Sol con la sociedad francesa Credit Lyonnais. Esta entidad financiera propuso a Villamil, dueño del café, la compra del local ante su necesidad de expansión, a lo que este propietario se negó rotundamente. El desacuerdo entre los dos negocios se hizo patente en la prensa del momento hasta que un día del año 1905, el dueño del café de Correos compró el edificio entero de la Puerta del Sol echando de él a su adversario financiero, que se vio obligado a trasladarse a otro inmueble de la calle de Alcalá. 

Fuente: Crónicasderetaguardia.es
Fotografía tomada durante la Guerra Civil Española en la que se aprecia la fachada del café de Correos, a la izquierda. La calle de Preciados es la que se ve a la derecha. El edificio resultó casi destruido por los bombardeos fascistas.

La acera de la Puerta del Sol (entre las calles del Arenal y de Preciados) en la que estuvo el café de Correos, era conocida como “la de los repatriados” ya que fue en ella donde se reunían aquellos desdichados hijos de España a su regreso, tras el Desastre del 98 o pérdida de las colonias españolas en ultramar. Conocidos como “los de rayadillo”, por el dibujo de la tela de sus uniformes militares, aquellos soldados deambulaban por la zona sin más porvenir que su recíproca compañía. Homenajes farisaicos e imposición de medallas sin más, serían los únicos pagos que recibieron  después de llegar a España anémicos y sin fuerzas, tras la contienda. Aún en el año 1904, los periódicos hablan de 3.000 españoles cautivos, que esperan su redención de los poderes públicos y se pronunciaban enérgicos discursos abogando porque se pagara el rescate de los prisioneros, por parte de la Casa Real y el clero, cuyos intereses defendieron aquellos desventurados. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
 La acera de los repatriados en la actualidad, donde se juntaban "los de rayadillo" hasta que fueron desapareciendo. 

Pero nada de esto sucedió ya que aún en el año 1956, en plena dictadura franquista, “los de rayadillo” ya muy ancianos, se concentraron en la misma acera de la Puerta del Sol pertrechados de todas sus vanas condecoraciones, con el fin de solicitar una paga de 5.000 pesetas anuales para su manutención. La respuesta siguió siendo la misma: Los expedientes de cada uno de los soldados se estaban tramitando (cincuenta años después) y ya obtendrían respuesta. Naturalmente, la resolución nunca llegó. 

El café de Correos servía de paso entre la Puerta del Sol y la calle de Tetuán. Muchos eran los que atajaban por ese camino entre las dos vías hasta que en el mes de octubre de 1921 un ex concejal del ayuntamiento se precipitó por la cueva del café, que tenía su puerta abierta por obras. El hombre, que era corto de vista, resultó herido de gravedad. 

Fuente: Cronicasderetaguardia.es
Calle de Tetuán  con escombros durante la Guerra Civil Española. Se ve la salida trasera del café de Correos junto a Casa Labra, que aún existe. 

Otro hecho curioso sirvió de noticia a todos los periódicos de Madrid, en el año 1930. La tarde del día 14 de abril entraron en el café de Correos dos caballeros altos de cuerpo, de miembros avellanados y elegantemente vestidos. Cruzaron rápidamente el local mientras arrojaban billetes de 20 duros del Banco de España. Se trataba de billetes chachipén, que diría un castizo saliendo por la puerta velozmente. Un parroquiano, a los pies del que había caído gran cantidad de parné, lo recogió del suelo para entregárselos al camarero, por si alguien preguntaba por ellos. 

Los vendedores ambulantes poblaron las aceras de la Puerta del Sol hasta que el año 1908 el ayuntamiento ordenó su dispersión y Abdona García González era una de ellos. 

Toda una institución portasoleña, Abdona era la decana de quienes se ganaban la vida expendiendo insólitas mercancías como los palillos de enebro para la dentadura, las gomas de paraguas, Toribio saca la lengua, El Zaragozano - calendario que acierta siempre y no se equivoca nunca - o las cerillas de la Concepción, sin trampa ni cartón, siendo sus principales clientes “los de rayadillo”. 

Había comenzado a trabajar en las aceras de la Puerta del Sol en el año 1870, cuando apenas era una niña y continuó haciéndolo hasta el final de su vida, pero trasladándose a la puerta de La Almudena, cuando un bando municipal permitió únicamente a los vendedores de periódicos vocear sus mercancías. Murió en el año 1956, con casi noventa años, sin dejar de vender sus artículos para poder supervivir. 








Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Prensahistorica.mcu.com
Cronicasderetaguardia.es

Un microrrelato jazzístico


Se acerca el final de 2012, annus horribilis como pocos. Mientras avanzo en varios proyectos literarios, escucho jazz en una emisora on-line. No se me ocurre otra forma mejor de alejar los malos espíritus, que ya acechan al otro lado del calendario. Pienso en los dioses Saturno y Jano, a los que he dedicado sendos escritos en estas fechas de años pasados. Pienso en un 2012 sombrío, aunque con islas de luz. Y como estoy convencido de que la música (como la poesía) es un salvaconducto para la Gloria (o para el Infierno, según se mire), os dejo un microrrelato que publiqué en Fuera pijamas:



EL MÚSICO TRACIO

.....Atardece en la Calle Principal y el músico triste sigue tocando el saxo. Hace días que toca y toca sin descanso desde el alba. Su soplo melan­cólico insufla una extraña mansedumbre en el corazón ajetreado de la ciudad. Los coches ralentizan su paso, las sirenas no rasgan el aire, los gritos enmudecen bajo amables susurros, los operarios golpean a la sordina en las obras... Y el pasado desconocido del misterioso músico va estimulando la imaginación de la gente:
.....―Dicen que viene desde Oriente y que ha tocado su música lastimera en las principales ciudades del mundo. Con lo joven que es.
.....―¿De qué hablará esa música sombría que culebrea en el aire sin pájaros?
.....Anochece y el músico, que no parece cansado, sigue soplando. Cuando las calles se vacían en la madrugada, se sienta afligido en el suelo y despliega sobre sus rodillas el oscuro mapa del Infierno. 
  
De Fuera pijamas, Ayto. Montcada i Reixac-DeBarris, p. 41.

(Imagen del disco tomada de http:/www.jazz.com)

Versos y felicitación

La tarde, siempre la tarde,
territorio propicio para el verso,
mirador abismado al talud de las horas.


FELIZ NAVIDAD, amigos.






(Arcada del Pont du Carrusel. Al fondo, Pont Royal. París. Imagen: Silenos)

El lenguaje de las ciudades

Las ciudades tienen su lenguaje. Hay que andar muy atento para percibir las señales. De cintura para arriba, se expresan a través de balconadas, ventanales, azoteas y tejados, y de no pocas lápidas con historias memorables... De cintura para abajo, su voz juega en la sombra de los zaguanes, se enreda en las arcadas de los soportales, salta saltarina con el agua de las fuentes, se mece delicada en las flores de los jardines... Cuando cree que nada tiene que decir en los aires de arriba, la ciudad habla para sus adentros. Entonces su voz desciende a las tinieblas a veces triunfadora, a veces lastimera. Por ahí, por el subsuelo, las ciudades se comunican entre sí. Por las oquedades de la tierra sortean ríos y mares, volcanes y montañas. No necesitan  artilugios electrónicos. Nadie puede saber qué se cuentan las ciudades, y es bien seguro que se informan de nuestros movimientos, que antes de que lleguemos a una de ellas, la anterior que visitamos ya le haya advertido de nuestros pasos. Lisboa, París y Berlín me recibieron la última vez como si me esperaran, y como si estuvieran prevenidas de que no supongo una amenaza. Mientras los humanos hablamos de nuestra vida insignificante, por canales bien profundos, inalcanzables para nosotros, las ciudades chismorrean, comparten noticias, maquinan quién sabe con qué intenciones.

(Fuente en Benaocaz, Cádiz. Imagen: Silenos) 

LA CASA DEL NEW CLUB Y EL CAFÉ MAISON DORÉE.


El edificio que hace esquina entre la calle de Alcalá y la de Cedaceros es conocido con el nombre de “Sociedad Nuevo Club” o “Casa del New Club de Madrid” y fue construido en el año 1902 por el arquitecto José Grases Riera, por encargo de dicha sociedad. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Fachada de la Casa del Nuevo Club de Madrid. A la derecha la calle de Alcalá.
 
El New Club o Nuevo Club era una sociedad seria y responsabilísima de un carácter eminentemente inglés, formada por jóvenes distinguidos prevenientes de las familias más aristocráticas de Madrid. Este club se formó a partir de una escisión del “Veloz-Club”, fundado en diciembre del año 1870, también para hijos de familias nobles madrileñas cuyo carácter “sportivo” propiciaba el aprendizaje y la utilización de un invento puesto de moda en el París de entonces: El velocípedo o biciclo. 

En los años finales del siglo XIX, se constituyó la sociedad “Casa del Nuevo Club” con el propósito de comprar el edificio y el solar que había en la calle de Alcalá, entonces número 44 (hoy 24), haciendo esquina con la de Cedaceros (por aquel tiempo llamada de Nicolás María Rivero), para construir un nuevo inmueble en el que instalar el “Nuevo Club de Madrid”, reservando la planta de calle para alquilar locales a otros negocios. Así aparece sobre el año 1903 la joyería “Kaas Frères” afamados artífices de la rue La Paix en París, en la redonda esquina del edificio, “La Paulide” floristería de plantas y simientes, en la calle de Cedaceros, número 2 y la tienda de ropa para señoras “Modern Style” con los últimos modelos de París, en el año 1905. 

Fuente: Urbanity.es
La Casa del Nuevo Club de Madrid entre los años 1903 y 1908. Se aprecia, en su esquina, la joyería "Kaas Frères" y contigua, en la calle de Cedaceros, 2 la tienda "Modern Style".
 
Con el tiempo aquellos negocios fueron siendo sustituidos; de esta manera la joyería pasa a llamarse “J. Díaz” en el año 1912 y aparece la “Camisería Burgos”, en 1909, propiedad de Julián P. Burgos, establecimiento que se mantiene en la actualidad en la calle Cedaceros, número 2. 

Andando el tiempo, en el año 1933, la esquina del edificio del Nuevo Club se convierte en uno de los cafés más modernos y refinados de la zona. El café Ivory. 

Fuente: Davidzuker.com
Esquina de las calles de Alcalá y de Cedaceros, en el año 1933.
 
Inaugurado el día 30 de diciembre de 1933, fue diseñado por los arquitectos Eduardo Nueda y Diego Méndez González con fachada en mármol, cristal y metal. Los grandes ventanales exteriores permitían su apertura total, mediante un complejo mecanismo instalado en el sótano del establecimiento, de modo que la terraza y el interior del café fuesen un lugar diáfano durante los meses más cálidos del año. Sillones cromados, techos con cerramiento en lujosa madera de bubinga (procedente de África, de color rojizo y con vetas púrpuras), remates en cobre y paredes pintadas en tonos claros, constituían la decoración interior del espacio irregular del café Ivory. 

Fuente: Oa.upm.es/Laura Ferández Quinteiro.
Plano del café Ivory. Las mesas se situaban en la parte más ancha del local y la barra en la zona más estrecha.

Fue en el Ivory donde se realizó la primera obra de Madrid que montaba grandes superficies de duraluminio sin tornillos, ya que los mostradores del café estaban recubiertos de este material. 

Fuente: ABC (1933)
Mostradores del café bar Ivory, recubiertos de duraluminio sin tornillos.
 
Anaquelerías y mesas de servicio se revistieron de cristal vitrolite, lavable e inalterable en su brillo y color, lo que también constituía una novedad. 

El café bar Ivory se mantuvo abierto durante la Guerra Civil Española, ofertando cervezas, aperitivos y licores. Es probable que fuese reemplazado por otro café, pero lo cierto es que ahora, como no puede ser de otra manera, su local está ocupado por una sucursal bancaria. 

En el edificio contiguo a la “Casa del Nuevo Club” estuvo uno de los cafés más emblemáticos de la calle de Alcalá: Café Maison Dorèe. 

Fuente: Urbanity.es
Fachada del café Maison Dorèe, en el año 1905.

Maison Dorèe, que también aparece en la prensa como Maisón Doré o Maison Dore, fue un café modernista inaugurado el día 1 de mayo de 1905. Este café coexistió con el Ivory durante sus últimos años de existencia. 

Los arquitectos Miguel Mathet Coloma y su hijo, Jerónimo Pedro Mathet Rodríguez fueron los diseñadores de este local que, en el momento de abrir sus puertas, estaba en el número 42 de la calle de Alcalá (hoy nº 22). 

Durante los meses más cálidos del año, al igual que su vecino el café Lion D’Or, sacaba terraza a la calle de Alcalá y de ese modo, las tertulias en las que participaban Felipe Sassone Suarez, Felipe Trigo, Antonio Zozaya Jou, Pedro Muñoz Seca, Manuel Bueno Bengoechea, Eduardo Marquina Angulo, Carlos Arniches Barreda y el caricaturista Manuel Tovar Siles, entre otros, pasaban de la Maison Dorèe al Lion D’Or, indistintamente. 

Anunciado como café-brasserie por sus propietarios, Gisbert y Grasses, pretendía tener el gusto francés de moda entonces. Fue un café artísticamente decorado al que pueden asistir las señoras. Pero tras su cierre, al comenzar la década de los años cuarenta del siglo XX, un cronista dijo de él que fue un café de moda que se perdió entre las nuevas modas de los nuevos cafés. 




Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Colegio oficial de arquitectos de Madrid.
“El Modernismo en la arquitectura madrileña: Génesis y desarrollo de una opción ecléptica”. Oscar Da Rocha Aranda.
Es.wikipedia.org
Urbanity.es
Davidzuker.com
Oa.upm.es/Laura Fernández Quinteiro.

Grisura descendente

Sábado gris en los cielos, que amenazan con hacer que su grisura descienda y nos atrape. El silencio pesa a esta hora de la tarde más que la niebla descendente. Es extraño silencio, silbido sutil, como un motor apagado en la lejanía que reclama su runrún de otros tiempos. En tardes como esta la poesía abre los ojos, se incorpora, se arma de valor frente al mundo declinante.


(Calle de Benaocaz, pueblo serrano de Cádiz, la semana pasada. Fuente: Silenos)

EL CAFÉ DE LA CALLE DE LA VICTORIA.


Mucho antes de que la desamortización de Mendizábal (1836) hiciera desaparecer, entre otros, al convento de Mínimos de San Francisco de Paula, ya existía la calle de la Victoria (que también se llamó del Empecinado, durante algunos años del s. XIX) cuyo nombre tomó prestado a ese convento levantado en el año 1561. 

Fuente: Arquimatica.com
Plano de Madrid de Pedro Texeira (1656).
 
En el número 5 de esta calle, justo frente al pasaje Matheu, estuvo desde el año 1851 el café de la Vizcaína. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Vista del Pasaje Matheu. Al fondo la calle de la Victoria y lo que fue el café de la Vizcaína.

Parece que toda la historia de los cafés de la calle de la Victoria fue absorbida por el revolucionario café de La Fontana de Oro, que desde el siglo XVIII se encontraba en la misma esquina de la Carrera de San Jerónimo con la calle de la Victoria, siendo el lugar de encuentro más famoso y plataforma de oradores exaltados y defensores de los ideales libertarios durante, por ejemplo, el Trienio Liberal (1820-1823). Pero al decaer éste café y reemplazar el edificio en el que estuvo situado por el actual, en el año 1859 (Viviendas para Esteban Muñoz), comenzaron a tener vida o a abrirse nuevos locales a la sombra de lo que fue La Fontana de Oro, aunque algo más tranquilos. 

El café de la Vizcaína era un lugar modesto y reducido que cambió varias veces de dueño y nombre. Su importancia radica en que hoy en día podemos acceder a su interior bastante modificado, naturalmente, porque sigue siendo un negocio de restauración. Ya no es café, pero sí mantiene la barra y las mesas al haberse convertido en un restaurante. Su sótano, el que se anunciaba en el año 1890 por mantener la cerveza fría natural, debido a las excelentes condiciones de su cueva, hoy es un comedor abovedado. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Edificio y local donde estuvo el café.

A finales de los años ochenta del siglo XIX, el café de la Vizcaína fue adquirido por Severo Belmonte y Juan Fernández Sanseroni, pasando a llamarse café de la Victoria. Sus nuevos dueños anunciaban en los periódicos que ofrecen a sus nuevos y antiguos parroquianos el exquisito café al precio de 40 céntimos a domicilio y mesas de billar a 50 céntimos la hora

Uno de los parroquianos de este café de la Victoria era el camorrista “Pepe el Huevero”, que protagonizó varios altercados en diversos establecimientos del Madrid de entonces. En el año 1907, propinó un tremendo botellazo en la cabeza a un infeliz paleto llamado Eulogio, motivo por el que tuvo que rendir cuentas ante los tribunales. En su declaración Pepe contaba así el motivo de su ira: “Hallábame yo sentado en una mesa del café de la Victoria cuando estando hablando con una camarera, observé que el que luego lesioné me hacía objeto de sus burlas con cuyo motivo yo me cegué, y cogiendo una botella se la arrojé a la cabeza”. El fiscal solicitó para Pepe seis meses de arresto. 

Sólo tres años después, en 1910, “Pepe el Huevero” volvió a protagonizar otro alboroto en el café de la Victoria. Junto con un amigo, pertrechados de un estilete afilado y una faca (navaja), entró en el local para robar al dueño, a quien se dirigió con estas palabras: “¡Caballero! Aquí el compinche y un servidor necesitan veinte machacantes por prescripción facultativa”. 

Foto: M.R.Giménez (2012).
Interior del local con parroquianos de hoy.
 
El café de la Victoria cambió de nombre entre los años 1905 y 1909, pasando a llamarse café del Pasaje. Pero en 1910, retoma el nombre de la Victoria. 

En el año 1932 el negocio se convirtió en una cervecería y “colmao” andaluz con el nombre de Eritaña, que supervivió hasta los años setenta del siglo pasado. 





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
“Historia y Anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
“Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936)” José Blas Vega.

Literatura y pintura en Benaocaz

Durante estos días festivos en torno a las fiestas de la  Constitución y la Inmaculada, en Benaocaz, pueblo serrano de Cádiz, se ha celebrado la fiesta del arte (Arte para todos). 
Pintores de la zona, muchos de ellos de larga y sólida trayectoria (José A.  Martell, Manuel Morgado, Jose L. Mancilla, Javier Molina, Caridad Soto, Antoniop Benítez, Paco Gil, entre otros), han convertido la pequeña plaza consistorial en una galería al aire libre, incluso bajo la lluvia y la niebla matutinas del viernes. A ellos nos hemos sumado, como el año pasado, dos escritores con vínculos serranos: José Manuel Benítez Ariza y servidor. Mientras ellos exhibían su mercadería de colores, nosotros voceábamos la nuestra de sílabas huidizas. A nuestro lado, Lourdes Rodríguez, llegada desde Sevilla, vendía su bisutería de espirales y geometrías serpentinas. La fiesta se inauguró el jueves, a la hora del ángelus, con la presentación de dos libros nuestros que son maridaje de literatura y arte: el relato Bum (de José Manuel), ilustrado por Javier Molina, y mi poemario Son caminos, ilustrado por Manuel Morgado.
Ofició Nieves Vázquez Recio, la directora de Cuadernos de Kronion, la colección tan bellamente editada por Del Centro Editores (Madrid) que acoge ambos libros. Una buena excusa para un encuentro de amigos en estos tiempos maltrechos. Gracias, como siempre, a Martell y Susana, excelentes anfitriones en toda ocasión que se presente.





(Arriba, en el acto, de izquierda a derecha: Ana Belén García, primera teniente de alcalde del ayuntamiento de Benaocaz; Javier Molina, José Manuel Benítez Ariza, Nieves Vázquez Recio, ASC, Manuel Morgado. En la tercera imagen, Lourdes Rodríguez. Abajo, fachada del ayuntamiento con artistas, escritores y visitantes)

Lápices protectores y Almacén 102. Cortometrajes de animación de Corea del Norte.



아동영화 줄백이의 뉘우침

아동영화 연필포탄
Por Antonio Fernández Munárriz.

En 1957 se crearon los Estudios de Cine de Animación “26 de Abril” en Pyongyang, capital de Corea del Norte.
En un edificio de 16 plantas se trabaja en series y películas de animación. Son los dibujos animados que ven los niños de Corea del Norte.
 
Series y películas educativas y de entretenimiento, que ahora también se realizan a través de las nuevas tecnologías.
 


 Desde sus inicios adoptaron la estética de la animación soviética hasta ir evolucionando a la animación oriental y sobre todo China. Actualmente es una ilustración ecléctica, conciliadora con la tradición nacional.
 
A continuación dos ejemplos:
En el primer cortometraje de animación los protagonistas son unos niños en el papel de pequeños héroes.
Lápices protectores.
Dibujos animados de Corea del Norte. De los años 90. Dura 9minutos y 32 segundos.
 Los niños se esfuerzan por aplicar a la vida cotidiana los conocimientos en matemáticas y otras materias que se les enseña en la escuela.
El argumento gira alrededor de un sueño: Los niños se enfrentan a los americanos con lanzacohetes construidos con lapiceros; y de esta manera consiguen repeler un intento de invasión. La escuadra, cartabón, transportador, el cálculo de distancias y ángulos; hacen llevar los cohetes-lapiceros a sus objetivos y destruyen al enemigo. Evoca heroicidad y estímulo por aprender asignaturas generalmente  áridas y poco atractivas para los niños.
Almacén 102.
Es un cortometraje de animación de Corea del Norte. Es del 2010 y dura 15 minutos.
Ha sido realizado por medio de las nuevas técnicas de animación, mezclando maquetas y muñecos.
El argumento trata el tema de la superación personal, la amistad y compañerismo con el objetivo de la defensa del bien común.
El almacén de los animales es vigilado por los gatos. Guardan los alimentos de la comunidad. Las ratas intentan por todos los medios asaltarlo. El joven gato es valiente pero torpe, con la ayuda de otro gato y un pato consiguen derrotar a las ratas y salvar las provisiones. Las ratas utilizan el engaño, la violencia, la burla y están organizados.

En el contexto diario del niño, la historia desarrolla un ideal de persona. Cada uno en función de sus posibilidades pone su grano de arena en defender lo de todos. La solidaridad frente a la codicia.
 

 
아동영화 연필포탄 Lápices protectores:
 

 아동영화 줄백이의 뉘우침 Almacén 102: