EDUARDO ALFONSO, MÉDICO NATURISTA.

Sobre la fachada del número 26 de la calle del Arenal de Madrid, a la altura del primer piso, se encuentra esta curiosa placa.
 
Foto: M.R.Giménez (2011)
Calle del Arenal, 26.

La información que recoge es minuciosa: Nombre y apellido de un doctor, fecha y hora exacta de su nacimiento además de la ubicación del piso en que éste tuvo lugar. No parece que algún grupo de insignes próceres haya subvencionado tal homenaje al médico naturista del que allí se habla, tampoco el ayuntamiento o cualquier otra entidad popular. Pero en esa fachada, a escasa distancia de otra placa que la alcaldía sí inauguró con ceremonia y que está dedicada a Isaac Albéniz, se encuentra el singular recuerdo a Eduardo Alfonso Hernán (1894-1991), uno de los primeros médicos naturistas españoles. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Vista del portal número 26 de la calle del Arenal.

Conocido como “doctor Alfonso”, el que fuera alumno de Santiago Ramón y Cajal se doctoró como médico y cirujano en la Facultad de Medicina de Madrid en el año 1927. Junto con los doctores Enrique Jaramillo Guillén y Casiano Ruiz de Azagra Ibarra formó el grupo de los primeros médicos naturistas de Madrid llegando a ser elegido, en el mes de junio de 1936, presidente de la Federación Naturista Madrileña. 

A la edad de veinticuatro años ingresa en el Ateneo de Madrid y junto a Mario Roso de Luna, también masón y ateneísta, funda en el café Gijón la Schola Philosophicae Initiationis en 1928, cuyo objetivo declarado era: “El estudio de las filosofías, ciencias y artes, comparadamente y en sus mutuas relaciones, y por finalidad la salud y cultura de sus miembros y su progreso moral”. Esta organización filosófica establece su centro de estudios en Manzanares el Real (Madrid), donde construye “La Casa del Filósofo”. La dictadura franquista terminó con el proyecto, tras la Guerra Civil Española. 

Fuente: Picassaweb.google.com
Alrededor del año 1929.

El doctor Alfonso se entregó de lleno a la medicina naturista, que promocionaba incansable a través de publicaciones como la revista de carácter médico “Acción Naturista”, de la que fue director y sus muchas obras de medicina natural (“Cocina vegetariana. El arte del bien guisar para los sanos y los enfermos”, “Compendio y atlas de Embriología”, “Curso de medicina natural en 40 lecciones”, “La salud de los niños por la higiene natural”). Pero también estudió y publicó sobre materias como la historia (“Compendio de Gramática Jeroglífica del Egipto Clásico”, que fue la primera Gramática jeroglífica egipcia en castellano), la música (“Guía lírica del auditor de conciertos”), la pintura y la filosofía (“Historia comparada de las religiones”). 


Fuente: "Curso de medicina natural en 40 lecciones" Editorial Kier (Buenos Aires)
 
Perteneciente a la llamada “Generación de 1914” o de la preguerra, de médicos estrictamente europeístas, puso en marcha numerosas campañas sanitarias y dio multitud de conferencias desde su licenciatura. Así, en el año 1929, un joven médico fisiatra (naturista) Eduardo Alfonso inaugura el curso organizado por la Sociedad Española de Alpinismo Peñalara disertando sobre “La higiene en los deportes de montaña” en donde puso de relieve la importancia de la respiración y de la alimentación en la práctica deportiva y “Salud, nutrición y régimen vegetariano”. 


“Tampoco estaría de más, 
ya que de baños de sol hablamos, 
que se terminasen las mojigaterías municipales 
y de moral epidérmica que 
padecemos en las playas españolas, y 
se dejase exponer a las personas algunos 
centímetros más de piel al sol”. 

1/9/1927 (Artículo publicado en “España Médica” por Eduardo Alfonso). 



Al terminar la Guerra Civil Española, el doctor Eduardo Alfonso fue represaliado y encarcelado por la dictadura franquista en el penal de Burgos durante varios años, tras los que vino el exilio en América. En el año 1948 se instaló en Chile, donde prosiguió con las conferencias sobre la medicina naturista y más tarde, en 1953, pasa a San Juan de Puerto Rico para ejercer como profesor de Biología en la Universidad de Río Piedras y de Biología e Historia en el Junior College de Puerto Rico, nacionalizándose estadounidense. 


Comienzo del prólogo de la primera edición de “CURSO DE MEDICINA NATURAL EN 40 LECCIONES”. Dr. Eduardo Alfonso. Ed. Kier (Buenos Aires). 

Esta obra tiene una singular historia que no está de más exponer. Fue comenzada en 1936 y terminada en 1939. Es decir, fue hecha durante la guerra que azotó a mi patria durante tres años inolvidables. Muchas veces la confección de sus líneas fue interrumpida por la granada de cañón que estallaba a no más que metros de distancia, o por el silbido de una bala, el tableteo angustioso de las ametralladoras o el bordoneo trágico de la aviación que obligábamos a descender a refugio más seguro. 

Sus páginas, escritas todas sin excepción, en Madrid, saben de hambres y privaciones, de inviernos fríos sin carbón, de noches largas sin más luz que una lamparilla de aceite o una vela, a cuyo mortecino fulgor fueron escritas decenas de ellas. Han sido el fruto de una época de forzoso ascetismo y renunciación, en que nos habíamos familiarizado con la idea de la muerte. 

Vivíamos en plenitud de espíritu por la alimentación menguada y la presencia constante del peligro. Y así, como en oración permanente, fueron hilvanadas sus páginas, pensando que quizá estaba escribiendo mi testamento. 



El doctor Eduardo Alfonso Hernán, médico naturista, falleció en Madrid el día 17 de abril de 1991. 






Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Ateneodemadrid.es
“Madrid, Museo de Medicina: El oficio médico a través del arte y la historia de la ciudad” Fernando López-Ríos Fernández.
Medicina e Historia. “El naturismo médico español” Alejandro Arteche García.
Medicinanaturista.net
“Mis recuerdos” Eduardo Alfonso y Hernán.


Maven. Te quiero. Te odio

Querida... amada Maven:

Ya sabes que nuestra relación ha sido siempre muy complicada. Hemos tenido que pasar por mil y una dificultades, hemos tenido que sortear cientos de obstáculos y aunque siempre parecía que lo nuestro no funcionaba, una y otra vez conseguíamos encontrar esa solución mágica que nos hacía superarlo.

En cuanto te conocí me di cuenta al instante de que recogías muchas de las virtudes que llevaba tanto tiempo buscando. Me volvía loco tu repositorio y tu gestión de las dependencias, con ese toque de transitividad que sabías darle, como nadie había sabido hacer hasta ese momento. Y eso a pesar de que la inseguridad que conlleva la primera vez te llevaba a menudo a no dejar claras tus prioridades. Pasaron años hasta que fuiste capaz de organizarte para que no quedara nunca la duda sobre qué versión elegir. Sólo esto ya era suficiente para estar contigo. Todavía hoy no he visto nunca otra que te haga sombra en esto, como mucho algunas lo que hacen es copiarte sin siquiera querer ocultarlo. No sólo eso, desde el principio me aportaste algo más que necesitaba mucho en ese momento, como es la posibilidad de orquestar varios proyectos y tener una gestión clara de la creación y gestión de sus versiones. Y también facilitabas e integrabas muy bien la ejecución de las pruebas unitarias.

No todo fue bonito, ni mucho menos. Siempre te gustó jugar conmigo, siempre te gustó ponérmelo difícil. Cada vez que se me ocurría proponer algún plan que se saliera de a lo que estabas acostumbrada en cuanto a la construcción de los paquetes y componentes, tú te ponías nerviosa y colocabas barreras para que conseguirlo fuera un suplicio. Algo que parecía muy sencillo se convertía en complicado, y a menudo tenía que buscar cómo engañarte para que te acabara gustando lo que te proponía.

A esto contribuía mucho la falta de comunicación que teníamos. Nunca me decías cómo te sentías realmente, te ponías misteriosa y no me ayudabas a sacar las cosas adelante. Muchas veces me contabas verdades a medias sobre tus plugins, o me dabas información anticuada que había cambiado lo suficiente como para que ya no me valiera, y a menudo tenía que explorar en lo más profundo de tu ser, llegando hasta el mismísimo código fuente, para descubrir lo que te ocurría realmente.

Parte de la culpa de todo esto la tiene seguramente mi ex-novia, Ant, que no tenía ninguna de tus mejores virtudes pero que si brillaba en algo era precisamente en la construcción personalizada de los componentes. Tú siempre has valorado más la construcción estandarizada, y no te lo reprocho, pero no creo que lo uno tenga por qué interferir con lo otro. De hecho mi ex, corroida por la envidia, te intentó copiar y se compró un coche llamado Ivy para competir contigo en la parte más básica, la gestión de dependencias. Mi ex tiene su público, claro, pero cuanto más tiempo ha pasado más me he dado cuenta de lo anticuada que es en realidad. Ahora veo que estandarizar la construcción tiene bastantes ventajas.

En cualquier caso, seguramente lo peor por lo que he tenido que pasar en nuestra relación es que te integrabas muy mal con mis amigos del club Eclipse. No te querías ni acercar por allí, y me obligabas a hacer malabarismos para que no chocarais en vuestros planes. A veces coincidíais tangencialmente y teníais algún tipo de contacto, lo suficiente para aprovechar sobre todo tus maravillosas dependencias, pero el contacto nunca llegaba a ser realmente amistoso.

Con el tiempo mi paciencia fue dando frutos, y gracias a eso te fui descubriendo nuevas sorpresas. Ese repositorio Nexus que mejoraba el rendimiento y hacía de repositorio central corporativo, esos arquetipos que hacían que no tuviéramos que empezar siempre desde el principio, esa integración con herramientas como OneJar y Launch4j que comentaba en mi artículo de hace varias semanas... y sobre todo fue un gran descubrimiento el día que se unió a nosotros nuestro fiel perro, Jenkins. Gracias a él muchas de tus incomodidades se gestionaban mejor, y perdía mucho menos tiempo con todos esos deploys que tenía que hacer tan a menudo. Debo decir que él y tú sí que encajabais perfectamente y parecíais hechos el uno para el otro.

Pero... no quiero salirme del tema. Te escribo esta carta porque me siento engañado.

La otra noche pasé por el nuevo local del club Eclipse en la calle Juno. La verdad es que llevaba mucho tiempo sin conocer ninguno de los locales que habían ido abriendo por la ciudad, quizá con miedo de que tu falta de integración se acrecentara en ellos.

Y cual fue mi sorpresa cuando... te vi allí, en el club. Alternando con todos, como una ramera barata. Dejando que cualquiera te tocara el culo sin poner ningún tipo de oposición. Hablando con todos, ayudando a todos. Con todos, hasta con el más tonto de los dummies. Cualquiera era capaz de manejarte, de entenderte, así de fáciles les ponías las cosas. De repente, dejaste de lado todas esas dificultades que me habías puesto a mi. Hacías que usarte fuera lo más fácil del mundo, que prácticamente no hiciera falta saber nada. Que con dos clicks tuvieras creado tu proyecto y que con otro más añadieras las dependencias que necesitaras. Por supuesto, sé que debes seguir teniendo complejidades escondidas, que irían apareciendo con el tiempo. Pero llegar a ti es ahora mucho más fácil.

Sé que no te diste cuenta, que me confundiste con cualquier otro de los múltiples acompañantes que tuviste, pero esa noche... esa noche yo también te usé. No pude evitarlo. Ya no soy importante para ti... debería matarte, o al menos abandonarte para no volver a verte jamás. Los celos me carcomen, no puedo soportarlos. Pero ya no puedo vivir sin ti. Es mucho lo que me das.

A partir de ahora seré uno más en tu vida, otro usuario anónimo que entra y sale pasando desapercibido. Pero quiero que sepas que nuestra historia fue muy especial durante mucho tiempo y que no te olvidaré jamás. No es una carta de despedida, pero sí que es la última vez que te hablaré como alguien especial y cercano a ti.

Te quiero. Te odio.


P.D.: Tengo una nueva vecinita llamada Gradle que me está intentando seducir. Sabe qué teclas tocar, ya que afirma que reúne tus ventajas con las de mi ex. Por ahora me resisto, he sufrido demasiado y no me siento con fuerzas para empezar otra vez, pero como un día me dé por conocerla mejor igual te acabas olvidando de mi para siempre...



EL PASADIZO DE SAN GINÉS.


No es poca la historia que recoge este singular callejón o pasadizo, de apenas sesenta metros de longitud y que siempre fue peatonal debido a su poca anchura. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
El pasadizo de San Ginés desde la plazuela, en la madrugada de un día de otoño.

El pasadizo de San Ginés comienza en la calle del Arenal y termina en la plazuela con el nombre de ese santo, coincidiendo toda su fachada del lado derecho con el lateral de la iglesia de San Ginés de Arlés (s. XVII), cuyo arquitecto fue Juan Ruiz. 

La mayor curiosidad de este pasadizo radica en la bóveda o arco que se encuentra adosada al muro del templo y a la casa número 5, siendo el lugar donde finaliza la vía. Según Pedro de Répide Gallegos (1882-1948) hubo allí un túmulo funerario que servía a la iglesia para los aniversarios y exequias (honras fúnebres). 

También en este pasadizo estuvieron los telares y la primera prensa calandria de Madrid en la fábrica de holandillas (tejido de seda), para darles lustre (brillo) propiedad de Francisco García Navas, allá por la primera década del siglo XVIII. 

Fuente: Prensahistorica.mcu.es
Vista del pasadizo en el año 1923, subiendo desde la calle del Arenal.

El más antiguo de los establecimientos que aún existe en este pasadizo se sitúa en su número 2 y es la hoy llamada Librería San Ginés. Adosada al muro de la iglesia y haciendo esquina con la calle del Arenal, hay noticia de este “puesto de libros” en la prensa del año 1805, aunque con toda probabilidad es anterior. Siempre fue y hoy continúa siendo una librería de lance. 

Foto: M.R.Giménez (2010)
Librería San Ginés, en el número 2 del pasadizo.

Conocemos por los periódicos que el Ayuntamiento de Madrid en el año 1899 concedió licencia a Francisco Irawedra para el puesto de libros de San Ginés. Más tarde, en el año 1922, el propietario de la librería ya era Antonio Sánchez y doce años después el mismo negocio pasa a llamarse Librería Rubiños. Pero ahí sigue con sus anaqueles de madera y tejadillo, resguardados por persianas, y su caseta-despacho para que el librero no pase frío en invierno. 

El sábado 30 de septiembre de 1871 se inaugura el Salón Eslava, en el pasadizo de San Ginés, número 3. El edificio, propiedad de Bonifacio Eslava y diseñado por el arquitecto Bruno Fernández de los Ronderos resultó un precioso teatro con dos plantas, platea y principal, y reunía especiales condiciones acústicas y de perspectiva. Hermosamente decorado por los artistas: Ferri, Foreti, Marín y Vallejo, fue inicialmente una sala para conciertos. 

En la parte baja del teatro y también con entrada por el pasadizo de San Ginés, número 3, estuvo el café de Granada. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Entradas de los antiguos Salón Eslava y café de Granada, hoy salidas de emergencia de la discoteca instalada en el edificio.

El café de Granada fue inaugurado a la vez que el Salón Eslava. Era espacioso, pues contaba con una superficie de 7.000 pies, tenía una profusa iluminación y estaba decorado por el pintor-escenógrafo Antonio Bielza. Sus escaleras anchas y elegantes daban paso al teatro sin necesidad de salir a la calle. 

Este café alcanzó gran celebridad por ser citado en “El tango de la Menegilda” de la zarzuela “La Gran Vía” de Federico Chueca, Joaquín Velarde y Felipe Pérez, estrenada en el año 1886. 

“Pobre, chica, la que tiene que servir…” 

En el año 1881 el negocio se remodeló convirtiéndose en Teatro Circo Eslava, desapareciendo el café de Granada para anexionar su espacio a la sala de espectáculos. 

Otro de los establecimientos que más importancia tuvo en el pasadizo de San Ginés fue el instalado en el año 1884 por Lázaro López, que vino a abrir una sucursal de su bodegón “Le petit Fornos” situado en la calle de Capellanes, número 1 (hoy calle del Maestro Victoria). 

Fuente: B.N.E. (año 1884)
 
Lázaro, industrial hostelero, se marchó a París en el año 1884 para estudiar repostería y cocina en el Grand Hotel, nada más inaugurar su nuevo negocio del pasadizo de San Ginés, número 5. El local se convertiría, a su retorno, en un restaurante de menús muy variados inaugurando un comedor para sesenta cubiertos en el piso principal de la finca. 

En el año 1888 el restaurant se amplió con la Fonda de Lázaro López, que se hizo muy popular y en la que el viajero puede comer a la hora que tenga por conveniente. 

Fuente: B.N.E. (año 1888)
 
El día 28 de junio de 1903, a las 4 de la tarde, Lázaro López aparece muerto en una habitación del primer piso de su fonda, donde vivía con sus hijos y con otros familiares. Víctima de una grave enfermedad detectada pocos meses antes de su muerte, el hostelero fue encontrado muerto sentado sobre una mecedora y con un revolver en el suelo. Se había disparado en la sien derecha sin dejar ninguna nota o carta explicativa. 

El último de los antiguos negocios que hoy prosperan en el pasadizo de San Ginés es la famosa chocolatería. 

Fuente: Rayosycentellas.net / Foto: M.R.Giménez (2012)
Aspecto deteriorado del pasadizo de San Ginés en el año 1966 e imagen actual.

La chocolatería San Ginés abrió al público en el año 1894 como churrería (buñuelos, churros y porras que entonces se realizaban de forma manual). 

Tuvo el apodo de “El Maxim’s golfo” durante los años veinte del siglo pasado, según el periodista Cesar González-Ruano, porque al cerrar todos los cafés de la Puerta del Sol era el único establecimiento abierto donde poder tomar algo caliente y recién hecho. 

Durante la II República se llamó “La Escondida”, por su ubicación en el recóndito pasadizo y poco a poco fue ocupando lo que antaño era el bodegón de Lázaro López. 

Hoy es, tal vez, la chocolatería más antigua de Madrid. 






Fuentes:
Hemeroteca digital B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
“La parodia teatral en España (1868-1914)”. Francisca Íñiguez Barrena.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Chocolateríasangines.com
Es.wikipedia.org
Rayosycentellas.net

Señales y amistad en sábado

Una amiga me escribe desde el otro lado de este espejo falsario, me anima al gozo de gozar con los pocos víveres de mi talega. Mi corazón, aturdido en estos días menguados, sabe que ese es el camino: salir a campo abierto y rodar por la loma, enfangarse en el hilo fluyente de un venero, beber vino bajo un acebuche centenario, estrenar la luz con cada parpadeo de asombro. Mi amiga me manda una señal sin saberlo. Detrás vendrán otras, lo sé, en una suerte de mise en abyme. Miro hacia la ventana del estudio, en cuyos cristales a veces pega su rostro picudo una gaviota oceánica. Parece que me espía; o tal vez se compadezca de mi espalda dolorida y sin plumas. Hoy aún no ha venido, mas espero esa señal inequívoca. Ayer logré escribir algo y revisar parte de lo escrito anteriormente. Trabajé sobre los recuerdos de un París neblinoso, el pálpito de la lluvia sobre mis pasos inquietos, la febril contención de los deseos. No es fácil reducir a teselas el gran mosaico de esta urbe. Y, sin embargo, quiero ver en este esfuerzo decidido otra señal, la pura invitación a conocerme en lo menudo, la firme exigencia de no seguir mirando entontecido hacia un infinito irrevocable.

Un poema inédito

Escribí estos versos hace meses, ante la imagen fugaz de un sueño. Aún no han pasado a libro alguno, pues andan en el limbo literario de la indefinición. En los últimos días se me ha cruzado de nuevo la imagen, cual Dafne perseguida por Apolo. Los traigo aquí y dedico a todos los Apolo perseguidores y a todas las Dafne que huyen, huyen, huyen...


FUGA Y EPIFANÍA

Si detrás de la risa no te hallo,
es que no estás aquí, donde nosotros,
sino en el lado oscuro del recuerdo.
El gesto complaciente no te hospeda,
es máscara vacía, resonancia
alegre que percute en el silencio.

Al seguirte me abismo en los cristales,
por el fondo del mar te veo en sueños,
inasible y veloz, de tan marina.
¿Acaso se te alcanza en las honduras,
con pronta transparencia revelado,
el misterio que arriba no transige?

Si ahora refrenases tu carrera,
mi sombra buscaría guarecerse
debajo de tu sombra
(confieso que este afán es mi condena).

Allí donde la música suspende
sus notas concordantes en el aire,
allí donde se tiñe de crepúsculo
la quietud vespertina de las aves,
donde rinde la luna sus secretos
a los fieles corsarios de la noche,
allí te me apareces como
.......................................... isla
temprana y sin ropajes,
desnuda en tu verdor de cicatrices.

(Imagen: Dafne, de María Carrera, 1004)

Metodologías ágiles. ¿Me las creo o no me las creo?

Últimamente parece que los congresos y otros saraos sobre metodologías ágiles de desarrollo aparecen de debajo de las piedras. Están de moda, está claro. Ante todo, debo reconocer que aunque realmente me encantaría haber podido hacerlo, hasta ahora no he participado nunca en un proyecto en el que se siga alguna metodología ágil. Así que en este artículo parto del desconocimiento y diré irremediablemente un montón de tonterías. En cualquier caso, ya adelanto que las metodologías ágiles me generan tanto entusiasmo como dudas.

En el año 2001, Kent Beck (que básicamente quería vender su libro) convocó a unas cuantas mentes pensantes del desarrollo software y, con una cerveza en la mano, les dijo algo así como: "Señores, ¿están tan hartos como yo de tanta tontería?". El resto se miraron unos a otros, pensando cada uno en ese sufrimiento que les acarreaba el día a día en el trabajo: la incomprensión de sus jefes, ese documento que no vale para nada y nunca se acaba, el echarse las culpas unos a otros... Así que cogieron la petaca de whisky, la apuraron de un trago y todos al unísono gritaron: "¡¡¡Cambiemos el mundo!!!". Vale, seguramente no fue exactamente de esta forma, pero ey, si yo fuera a hacer una película sobre el tema la haría así, ¿qué pasa?.

El caso es que dice la leyenda que estos 17 tipos se pusieron de acuerdo para redactar los 4 principios maestros del desarrollo ágil, recogidos en lo que vinieron a llamar el manifiesto ágil (por cierto, cualquiera que haya estado en una reunión de su comunidad de vecinos sabrá que el que 17 tipos se pongan de acuerdo en algo en una tarde es cuanto menos difícil de creer, pero atribuyamos el mérito al alcohol y créamoslo, que al fin y al cabo da un poco igual si sucedió así o no). Los 4 principios tienen la forma "X mola más que Y", que no es que Y no mole, que si hay que ir se va, pero es que X es la leche y es lo que hay que potenciar. Estos son los 4 principios o valores.

1. Viva la gente (la hay donde quiera que vas)



Como comentaba en mi primer artículo sobre UML, unos años atrás las mentes pensantes del desarrollo de software se estrujaban las meninges buscando una metodología que hiciera el desarrollo tan fácil que cualquier mequetrefe fuera capaz de hacerlo con los ojos cerrados. Se pretendía que el desarrollo no fuera un proceso creativo, sino que siguiendo unos pasos bien definidos se pudiera casi automatizar.

Pero esto no es cierto. Lo cierto es que para hacer un buen diseño, que sea flexible y mantenible, tienes que ser creativo. Tienes que pensar. Y está demostrado que un buen desarrollador cunde más a largo plazo que muchos malos.

Por otra parte, también está demostrado que el rendimiento de una persona que está motivada con lo que hace es infinitamente superior al de la que no lo está. Esto tiene muchas implicaciones. No es fácil estar motivado. Tienes que sentir que controlas completamente el software que estás haciendo, que lo conoces bien, que tienes tu parte de responsabilidad sobre él. Tienes que hacer tareas creativas, no tareas aburridas.

Y aquí llega mi primera duda. Porque la vida real... ¿es así?. ¿No aparecen día sí y día también tareas soporíferamente aburridas, que no se pueden atajar haciendo de otra forma y que además no hay más remedio que hacerlas?. ¿No hay un montón de gente que se ha metido en el desarrollo porque da de comer, pero que realmente ni se sienten especialmente motivados ni les interesa sentirse así, sino que se prefieren limitarse a "cumplir órdenes"?. ¿Dónde encaja todo esto en las metodologías ágiles?.

2. Muerte al papel (efecto Fahrenheit 451)



Tradicionalmente creo que ha habido dos grandes problemas con la documentación. El primero es que muchas metodologías "de las antiguas" requerían una cantidad indecente de documentación. Yo personalmente he trabajado en proyectos en los que el equipo que había se tiraba más de un año haciendo toneladas de documentación, y cuando se querían dar cuenta no habían hecho nada de software real y el tiempo se estaba acabando. Al final resulta que se tiene que hacer todo el desarrollo corriendo y sin que la mayor parte de la documentación existente ayudase demasiado. Es una pérdida de tiempo y de energías, y además, desmotiva.

Pero el segundo problema creo que es aún peor, y tiene que ver con el paso del tiempo. Ocurre porque el software y la documentación son entidades diferentes. Están disociadas. Llega un momento en que, una vez entregada la primera fase del proyecto, dentro del mantenimiento se modifica el software pero no la documentación. ¿Para qué sirve una documentación que no está actualizada?.

Para resolver esto, en mi opinión lo que hay que hacer es integrar la documentación en el propio software. Olvidar la idea del "documento". Un gran ejemplo de esto es el JavaDoc. Pero creo que no basta con eso. Creo que aún nos falta subir más de nivel de abstracción. En mi segundo artículo sobre UML ya mencionaba la importancia de que los diagramas UML estuvieran integrados con el código Java, usando lo que se llamó (entre otros nombres) "live round-trip". Y aún podría ir más allá, porque también tengo mis propias ideas sobre el análisis de requisitos integrado con el código. Pero eso ya lo contaré en otra ocasión (me queda mucho de lo que hablar hasta llegar ahí)...

En este punto de la documentación, la verdad es que mis dudas son menores. Lo único que me pregunto es: ¿la gente estará siendo capaz de medir bien y ser racional con la documentación que se produce para el software?. En esto de la documentación, yo casi siempre lo que he visto han sido extremos: o te obligan a documentar demasiado, o no se documenta nada. Es decir, ¿se estará usando esto como excusa para no documentar nada de nada?. ¿Ni unos mínimos JavaDoc, ni una mínima documentación de intenciones, nada de nada?.

3. El cliente es tu amigo



Tengo que reconocer que la idea es muy buena. Es difícil que el software que se produzca satisfaga al cliente y cumpla sus necesidades cuando el cliente no está ahí siempre que haya alguna duda. Si hay que esperar a que haya una reunión para preguntarle, todo se retrasa. Muchas veces se tira "por el camino del medio", acertando en algunas ocasiones y en otras no. Muchas veces esas reuniones, cuando por fin llegan, se estiran y estiran y cuando sales te das cuenta de que no le has preguntado nada de lo que necesitabas saber (y que te duele la cabeza, además). Pero también muchas, muchas veces, el cliente se para a mirar lo que llevas hecho cuando sólo quedan dos semanas para la puesta en producción. Y entonces decide cambiarlo todo.

La idea, como digo, es buenísima, que el cliente participe dentro del propio desarrollo, que haya una comunicación frecuente con él y pueda resolver todas las dudas rápidamente. Pero... ¿es realista en la mayor parte de las ocasiones?. ¿De verdad los clientes se prestan a colaborar en los proyectos?. En mi experiencia, muchos clientes tienen su propio trabajo que sacar adelante, y consideran que no tienen tiempo para eso. Consideran que es tu problema. No entienden la importancia de ese tema. Ya te han contado qué es lo que necesitan, así que déjales en paz. Por supuesto, hay clientes y clientes. Pero me surgen muchas dudas sobre la resistencia que presentarán muchos clientes en contra de esa colaboración.

4. Be water, my friend



Ya he comentado en alguna ocasión que el desarrollo de un producto de software es un proceso de aprendizaje. Según se va profundizando en él, mejor se va entendiendo, y al hacerlo se van descubriendo nuevas implicaciones del desarrollo. Cosas nuevas que hay que hacer, o cosas que cuestan mucho más de lo que se había pensado al principio porque obligan a cambiar otras cosas o no se pueden plantear como se tenía previsto. Esto hace que los planes a largo plazo (e incluso a medio, y diría que muchas veces hasta a corto) sean difíciles de seguir, porque lo normal es que se descubran cosas nuevas sobre la marcha, y en ese caso siempre hay que acabar sacrificando algo. O el proyecto sale menos rentable, o se resiente la calidad del producto, o (más a menudo de lo que debería, sobre todo en consultoras) lo que se sacrifica es el tiempo de los programadores, que acaban haciendo horas no retribuidas como campeones, apelando al "compromiso con la empresa".

En cualquiera de los casos, se propaga un sentimiento de culpabilidad: "alguien ha hecho algo mal". "Esto no debe seguir así". "A partir de ahora vamos a hacer las cosas bien, y vamos a... planificar más cosas y mejor".

Las metodologías ágiles afrontan este problema dándole más importancia a la "respuesta al cambio" que al plan. Esto tiene una implicación enorme sobre la forma de trabajar de las empresas con sus clientes: requiere cambiar la forma en la que se hacen los contratos con el cliente. Ya no valen contratos cerrados, tipo "me haces todas estas funcionalidades en este tiempo y yo te pago esto". Nos vamos a una facturación por tiempo trabajado. Por un lado eso invalida directamente este tipo de desarrollos con determinado tipo de contrataciones, por ejemplo, cualquier proyecto con la administración pública, que tiene que ser cerrado por definición. Aparte de eso, ¿cuál es el problema de esto?. Que requiere una gran confianza. Confianza del cliente hacia la empresa del desarrollo, para que no piense "estos me están queriendo timar, me están cobrando una barbaridad para lo que están haciendo". Confianza del gestor de la empresa de desarrollo con el equipo que va a programarlo, para que no piense "estos se están pasando el día tocándose las narices, y el cliente se va a cabrear y nos va a dejar tirados".


¿Y en el fondo, no es ese el principal problema que tienen las metodologías ágiles? (aparte del hecho de que hay un conjunto grande de gente y/o situaciones para las que sencillamente no valen). Que requieren confianza. Que requieren querer hacerlo. Confianza del programador en el resto del equipo, confianza en que se está haciendo lo correcto, confianza en que la dirección lo va a soportar, confianza en que el cliente lo va a apoyar. Confianza de la dirección en el equipo de desarrollo, confianza en que va a funcionar bien, confianza en que al cliente le va a gustar. En definitiva, requieren que todos los implicados crean en lo que se está haciendo, desde el cliente que pone el dinero hasta el becario que echa una mano con lo que sea. Requieren que todos crean en el trabajo de ese equipo y de todos y cada uno de sus componentes.

¿Y sabéis qué?. Que yo me creo todo eso. Creo en la sinergia. Creo en que cada persona es capaz finalmente de asumir responsabilidades por sí misma, cuando se le otorga la confianza para que lo haga.

Pero no estoy seguro de que el mundo esté preparado para ello. Me parece un cambio de orientación demasiado grande y que afecta a demasiadas partes. Tengo muchas dudas. Me cuesta creer que las metodologías ágiles se estén usando de forma generalizada.

Así que si estás leyendo esto y has tenido ocasión de trabajar en algún proyecto siguiendo una metodología ágil, por favor, deja un comentario y comparte tu experiencia. Cuéntanos cómo convenciste a tus clientes y a tus jefes. Yo estoy dispuesto a apurar mi petaca de whisky y gritar: "¡Cambiemos el mundo!".


NOTA: Sí, los chistecillos son míos, haciendo un poco el tonto con el Inkscape juntando personajes que he cogido de por aquí y por allá (he procurado que fueran todos de dominio público). La mayor parte proceden de Open ClipArt.

Un microrrelato amable para tiempos inciertos



LA GLORIETA DEL SUEÑO

Cada noche de plenilunio, a una hora incierta, ella recorre descalza el pasillo del piso superior, baja las escaleras, abre la puerta y cruza la calle despreocupada. Cuando llega a la glorieta, él, que ya recorrió descalzo otro pasillo, bajó otras escaleras, abrió otra puerta y cruzó despreocupadamente la misma calle, hace mucho que la espera junto a la fronda dormida del viejo olivo. Sentados en el banco, entrelazan sus manos y anudan sus silencios. No es posible medir las horas en la glorieta del sueño. Luego ella vuelve sobre sus pasos sin mirar atrás, el camisón henchido por la noche lunar, y regresa a la cama. A la mañana siguiente suelen cruzarse camino del instituto, pero Selene y Endimión ignoran que en la oscuridad se aman.

(Del libro Fuera pijamas, Ayto. de Montcada - DeBarris, 2010.
Imagen: M. Enkell, Diana y Endimión, 1921 )

EL CAFÉ DE SANTA CRUZ Y LA IGLESIA MALDITA.


Nada más iniciar la calle de Atocha, desde la plaza de la Provincia, se encuentra una recóndita calle, hoy llamada de Santo Tomás, que en tiempos fue titulada del Verdugo, por tener allí su cuarto el ejecutor de la justicia. En la esquina de ambas estuvo el café de Santa Cruz. 

Fuente: Urbanity.es
Fotografía de Jean Laurent (1875).
Café de Santa Cruz en la esquina entre la calle de Atocha y la de Santo Tomás, en la casa que aún existe. Junto al café se ve parte de la antigua iglesia de Santa Cruz. 

Este café, abierto en la década de los años setenta del siglo XIX, no tuvo tertulias de afamados literatos, toreros o políticos de renombre. Era un lugar “tan alejado” del centro de Madrid que no contaba más que con la parroquia del barrio. 

Las noticias que de él nos traen los periódicos son relativas a algún robo, el impago de la cuenta o peleas, con más o menos suerte de unos contrincantes que solían terminar en manos de la fuerza pública o bien, en algún caso, en el Juzgado de guardia y en el Hospital general. El dueño del café en el año 1911 era Jesús Vizmanos, que trató de dar popularidad a su nuevo negocio anunciando incansablemente en la prensa la remodelación tanto de sus salones como de los billares, a pesar de lo cual tuvo que cerrarlo cuatro años después. 

El motivo por el que resulta curioso hablar sobre este café no es otro que la fotografía que Jean Laurent tomó en el año 1875 para recordar la iglesia de Santa Cruz, entonces en fase de demolición y en la que se ve el claramente la fachada del café de Santa Cruz. La casa en la que estaba ubicado este local sigue aún en pie milagrosamente, tras los avatares sufridos por la iglesia, que aparece junto a él. 

Fuente: H-plazamayor.com
Lo que fue el café de Santa Cruz es hoy una cervecería y en el edificio remodelado se encuentra un hotel.
 
La actual iglesia de Santa Cruz, se ubica en el número 6 de la calle de Atocha y fue construida entre los años 1889 y 1902. Su estilo neogótico resultó más atractivo que el barroco de la anterior, para los cronistas de la época, y parece haberse salvado de la maldición que durante tres siglos acompañó a su antecesora, hasta que fue demolida. 

Fuente: B.N.E.
A la izquierda la portada barroca de la primitiva iglesia de Santa Cruz, en 1885. A la derecha, el dibujo publicado en 1902 de la nueva y actual iglesia. 

La primitiva iglesia de Santa Cruz fue construida en el siglo XVII, anexa al convento de Santo Tomás (1583), que era sucursal del de Nuestra Señora de Atocha de la orden de Santo Domingo (1523). Diego de Chaves, maquiavélico dominico y confesor de Felipe II, decidió crear una Cátedra de Predicadores más cerca de la Plaza Mayor, constituyéndola en este convento de Santo Tomás, del que se nombra prior. 

Comenzó la construcción de la antigua iglesia de Santa Cruz en el año 1636, pero tan sólo unos años después, en 1652, el edificio sufrió su primer incendio. Casi un lustro más tarde se inicia la reconstrucción del templo, ya con trazas barrocas. En el año 1726 la cúpula de la iglesia se desplomó de improviso sobre los asistentes a un acto religioso, resultando muertas ochenta personas. Vuelve a levantarse y de nuevo en el año 1872 fue pasto de unas llamas que se vieron desde todo el Madrid de entonces. Este último incendio se inició en el altar mayor, extendiéndose con rapidez por todo el recinto, atrapando a un significativo número de frailes que se hallaban en su interior y pedían socorro por las ventanas. Tras este desastre se decidió derribar la iglesia. 

Fuente: Memoriademadrid.es
Dibujo de Evaristo Casariego, publicado en 1966, del último incendio de la iglesia de Santa Cruz. 
 
No terminan los desastres y las muertes en la iglesia de Santa Cruz con el incendio de 1872. A punto de completarse su derribo, en el año 1888, la bóveda de la capilla del marqués de Cerralbo cayó sobre los ocho obreros que trabajaban en la demolición del recinto, de los que sólo cuatro consiguieron sobrevivir. 

Hasta aquí la crónica de la iglesia maldita de Santa Cruz, pero el convento de Santo Tomás también tuvo su historia. De él partía la aterradora comitiva de los autos de fe, como el que en el año 1683 recoge en su pintura “Auto de fe de la Plaza Mayor de Madrid”, Francisco Ricci (1614-1685), representando el obsceno espectáculo público que tuvo lugar el día 30 de junio de 1680. 

Fuente: Museo del Prado.
Cuadro de Francisco Ricci "Auto de fe de la Plaza Mayor de Madrid"

Andando el tiempo, tras formar parte de los edificios propiedad de la iglesia desamortizados por Mendizábal, el convento de Santo Tomás fue cuartel de milicias y albergó al Batallón primero de Madrid, donde se sublevaron contra los franceses algunos oficiales amigos de Luis Daoíz y Pedro Velarde. También la Sociedad Landaburiana, donde discutían acaloradamente políticos como Antonio Alcalá Galiano, Juan Romero Alpuente y Juan Antonio de Padua Florán Pastorís, entre otros, tuvo en este convento su sede durante los años veinte del siglo XIX hasta que el gobierno, que veía con temor a esta logia, decidió clausurarla pretextando el mal estado del edificio. 

El convento de Santo Tomás aún seguiría en pie algunos años más. En 1836 el Ateneo de Madrid se alojó en la planta baja del convento y en el ángulo del piso principal en que está la sala de la biblioteca. Poco después se instala en el edificio Capitanía General, su juzgado y dependencias, la Auditoría de guerra y el Tribunal Supremo de Guerra y Marina. De este convento salió el militar Diego de León Navarrete para ser fusilado en las afueras de la Puerta de Toledo, en el año 1841. Murió gritando al pelotón que lo apuntaba con sus armas: “No tembléis: ¡al corazón!. 







Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Guía de arquitectura y urbanismo de Madrid. C.O.A.M.
“Guía de Madrid, manual del madrileño y del forastero” Ángel Fernández de los Ríos.
Urbanity.es
Es.wikipedia.org
Ateneodemadrid.com
Bibliotecavirtualmadrid.org
h-plazamayor.com