Un poema de "Son caminos"

Ahora que se retiran las lluvias y nos quedamos con las aguas aparentemente remansadas, me acuerdo de un poema que publiqué en Son caminos. Cansado ya de huir de las Sirenas, el poeta desea perderse con ellas, descubir el secreto que solo Ulises conoce.



HOMÉRICA FORTUNA


Ulises, buen amigo,
muéstrame el norte fiel de las Sirenas,
la estrella que me guíe a sus mansiones.

Indícame la ruta del valor,
la oscura travesía sin retorno
que principia al abrigo de los puertos
y cumple en los confines de la nada.

Préstame para el viaje
el mástil permisivo con las voces,
clavado como lanza interrogante
en la cóncava quilla de la nave.

Concédeme tu homérica fortuna,
la visión de sus rostros femeninos,
el canto primitivo que las hace
tan terribles, azote y perdición
de la marinería más osada.

Dime, por favor, qué
te revelaron, qué secretos guarda
la mole descarnada de los huesos.

No temo, amigo Ulises,
acabar con mi cuerpo en la carroña,
si en la nota postrera de sus cantos
la oscuridad se tiñe de fulgores.

Estampa otoñal

Deja la tarde su rastro indefinido, la extraña prefiguración de lo que ya no somos. Cuesta mirar a poniente y no sucumbir ante la belleza efímera de la luz atrapada entre las nubes. Ha llovido, y con la lluvia se evidencia el tiempo circular. En la atonía de esa rueda que rueda y rueda cifro la única certeza, la certeza del carrusel de la vida. Un verso, acaso un verso, sirva de abrigo en los días grises. No lo sé. De momento miro por la ventana y sólo veo la tarde cenicienta. Detrás de los cristales aletea la lluvia como un pájaro cautivo del ocaso.

En busca del UML perdido

Años 90. Se puede considerar que por aquel entonces, en esto del desarrollo, estábamos en la época de las metodologías. Mentes pensantes se estrujaban las meninges para dar con el método perfecto que pudiera llevar a cualquier mindundi que no supiera nada a hacer programas, qué digo a hacer programas, ¡a hacer programas mantenibles y bien hechos!. Alguno igual hasta suspiraba porque su metodología fuera tan perfecta que los propios ordenadores fueran capaz de hacer sus propios programas, ellos solitos, mientras el programador daba cuenta de una jarra de cerveza. Se pensaba que si la metodología era buena, el programa resultante tenía que ser bueno.

Durante muchos años, la "cascada" era el modelo dominante, dentro de esas metodologías. Primero un señor A pensaba qué tenía que hacer el programa, y lo escribía todo en un documento. Luego, otro señor B pensaba cómo se iba a hacer lo que indicaba el señor A, y lo escribía todo en otro documento. Luego, el señor C, también llamado "el pringadete de turno" tenía que hacer el programa como habían dicho los otros dos. En la práctica, en cuanto el señor C empezaba a meterse en faena, se empezaba a dar cuenta de que había cosas que no cuadraban, otras que se habían pasado por alto, otras que no se entendían, otras que no tenían sentido, etc. Resultado: el proyecto se retrasaba horrores, el señor C hacía horas como un campeón y le tocaba tomar decisiones que no le correspondían, y los maravillosos documentos y esquemas realizados por los señores A y B quedaban anticuados a las dos semanas de trabajo de C. Al final, al cliente se le daban unos tochos de documentación, que le importaban un pepino y ni se molestaba en mirarlos para darse cuenta de que no estaban actualizados, y un programa que (con un poco de suerte) funcionaba pero se acababa convirtiendo en algo imposible de mantener (lo que viene a llamarse efecto bola de nieve). En definitiva, este método normalmente no funcionaba. Es más, esto causaba un divorcio entre el mundo académico y el mundo real, que necesita soluciones prácticas y eficientes para llegar a una solución.

Dentro de esa vorágine, aparecía el paradigma de la programación orientada a objetos. La mayor gracia de los objetos es que facilitan manejar un concepto que ya estaba haciendo mucha falta manejar: la incertidumbre. Vale, supongamos que somos humanos. Supongamos que no conocemos bien lo que se necesita hacer, que el desarrollo conlleva que el programador vaya aprendiendo gradualmente qué es lo que realmente se necesita. Supongamos que además, no conocemos qué se va a necesitar en el futuro, como van a evolucionar las necesidades y cómo van a ir cambiando las cosas. Supongamos, incluso, que esto que hemos hecho podemos acabar utilizándolo como parte de otros programas más grandes, reutilizándolo. En ese caso, necesitamos ser capaces de hacer estructuras y componentes que sean lo más flexibles posible. Eso es precisamente lo que permitían los objetos.

Por supuesto, como buena época de metodología en la que estábamos, rápidamente aparecieron más mentes pensantes buscando el método mágico con el que crear programas orientados a objetos fuera tan fácil que pudiera hacerlo hasta un niño de 3 años dormido y con las manos atadas a la espalda (y peor aún, en Lunes). Es más, aprovechando el vacío existente, cada mente pensante se inventaba sus propios diagramas para hacer el diseño del programa, con cajitas, nubecitas, flechitas o lo que fuera. Un carajal, vaya.

Un buen día tres de esas mentes pensantes que tenían sus propios métodos y notaciones (Booch, Rumbaugh y Jacobson) hicieron equipo, con el simpático nombre de los "three amigos", y en 1997 crearon una notación única para hacer diseño orientado a objetos, con ánimo de convertirse en un estándar (como así fue) y de que encajara en cualquiera de los métodos mágicos existentes. Había nacido el UML. La importancia de esto es grande, ya que con el UML se separaba el lenguaje de modelado de la metodología que se siga para obtenerlo, y se definieron los conceptos que se iban a manejar en el diseño orientado a objetos. Si tú veías un diseño orientado a objetos hecho en UML lo entenderías, independientemente de cómo se hubiera llegado a ese diseño. Y un diseño hecho en UML te da una perspectiva buenísima de cómo se ha pensado un programa, cómo se ha estructurado, cómo se ha diseñado. Esa perspectiva funciona tanto para el que lo está diseñando, que según lo va haciendo lo va entendiendo mejor, como para el que tiene que entenderlo para  modificar el programa más adelante y hacerle cambios sin volverse loco. Ayuda a pensar, ayuda a hacer entender.

No penséis que esta colaboración de los "amigos" vino propiciada por el buen corazón de estos tres tipos. Si fuera así, quizá habrían contado con otros teóricos notables de la época, como Martin Fowler ó Erich Gamma, que además habían hecho contribuciones importantes al empezar a proponer algo distinto a oooootra metodología mágica más: fomentar el uso de patrones. Un patrón no es más que un ejemplo "bien hecho" de cómo resolver de forma adecuada un problema común. O sea, básicamente permite que aprendas a diseñar "copiando" otras soluciones. Por tanto, no llegas a una solución buena por un método mágico, sino que llegas a ella copiándola de otro caso parecido, y al hacerlo, la aprendes y la haces tuya. Es como el que en arquitectura inventó la puerta, o la escalera de caracol, y luego todos copiaron la idea, o como el que inventó una forma innovadora de pintar los paisajes en los cuadros. Eso funciona.

Como decía, el motivo detrás de esta gran amistad tenía que ver con una empresa que había visto el filón que se le presentaba: Rational. Esta empresa contrató a estos tres amigos para impulsar la venta del que lanzaron como su producto estrella: Rational Rose. Sospecho que la jugada les salió bastante bien durante varios años. Sé que aunque mucha gente lo pirateaba, también había muchas empresas que pagaron licencias del producto, y realmente se llegó a "poner de moda". Los "amigos" no se quedaron ahí, y como buenos metodólogos, rápidamente inventaron también una metodología "única": el Proceso Unificado. El Proceso Unificado iba más allá de la cascada, y promovía el desarrollo basado en "iteraciones", en las que cada iteración venía a ser una mini-cascada.

Ahora, volvamos al presente (no se vaya a convertir esto en otra entrada en plan "abuelo cebolleta"). Han pasado ya unos cuantos añitos y se puede decir que los objetos han triunfado, sobre todo gracias a Java. Sin embargo, aunque se programa mucho con objetos, pienso que cada vez se ven menos diseños con objetos. La propia palabra "diseño" se usa hoy en día fundamentalmente para el diseño gráfico, más que para el diseño de software.

¿En qué momento se empezó a perder el diseño, si gracias a UML ya teníamos lo mínimo necesario, que es una notación común, y herramientas capaces de crear esos diseños con facilidad, y hace un rato he hecho un canto a las maravillas del diseño con UML?. ¿Qué pasó?. ¿Realmente hemos perdido algo, era útil, o era más bien prescindible?. ¿Todavía podría convertirse en algo práctico?. ¿Cómo?.

Daré mi opinión sobre todo esto en la segunda parte de esta apasionante saga, con el título provisional de "Herramientas y el UML maldito". Manteneros atentos y tened paciencia. Al fin y al cabo, cuando la serie acabe puede que el UML os haga cambiar vuestra forma de programar...

EL HOTEL FLORIDA DE LA PLAZA DEL CALLAO.


Entre los muchos disparates que se han llevado a cabo en el centro de Madrid, en pos de una modernidad extravagante y sobre todo durante los años sesenta del siglo pasado, hay que señalar el derribo del magnífico hotel Florida de la plaza del Callao, número 2. 

La especulación y el más insensato diseño originaron además un cambio hacia fachadas de cristal o ladrillo que nada tenía que ver con el conjunto de los edificios circundantes. 

Foto de la izquierda: Loty. Fuente: mcu.es (años 30 del siglo XX).
Foto de la derecha: M.R.Giménez (2012)
Junto al edificio de La Adriática estuvo el hotel Florida, que fue reemplazado por lo que hoy podemos ver.

El edificio es una verdadera joya de belleza y arte, se escribía en los periódicos el día 31 de enero de 1924 cuando tuvo lugar la inauguración del hotel Florida. Antonio Palacios Ramilo (1876-1945), su arquitecto, había realizado la obra del espléndido edificio en compañía de los ingenieros de caminos Dámaso Torán y Luis Harguindey, con la intervención de prestigiosas empresas de la época como la Casa Vers S.A. (entramado metálico) y Sucesores de G. Pereantón (cristalería y lunas). 

Fuente: B.N.E.
Habitación del hotel Florida en el año 1924.
 
Los diez pisos de altura del edificio albergaban, además del café La Granja Florida, doscientas habitaciones con baño, w.c. teléfono urbano e interurbano y calefacción. Justo y Francisco Aedo junto a Manuel Morán, eran los propietarios del hotel que respondía a las exigencias de las modernas corrientes, no faltando detalle alguno en punto a comodidad y confort. 

Fuente: B.N.E.
Entrada del hotel Florida (1924)
 
La decoración interior de los tres vestíbulos, el salón comedor, el café y el bar del hotel corrió a cargo de Luis Gómez y Virgilio Moreno, habituales colaboradores del arquitecto Palacios y cuyo taller se ubicaba en la calle del General Lacy, número 11. 

Fuente: B.N.E.
Restaurante del hotel Florida en el año 1924. 

El hotel Florida instaló la más moderna maquinaria, traída de América. Contaba con el lavado eléctrico del novedoso sistema “Crescent”, que lava la vajilla, colocada en unos cajones especiales donde los cacharros permanecen quietos mientras unos chorros de agua hirviendo llegan a todas las superficies y el “Autofrigor” o instalación frigorífica para la producción de hielo y la fabricación de helados. 

Tres meses después de su inauguración el hotel Florida fue objeto de un desafío protagonizado por el atleta portugués Néstor Lópes, que por entonces realizaba ascensos en solitario a los más conocidos monumentos europeos. 

A las 15 h. del día 5 de abril de 1924, Lópes escaló la fachada del hotel sin ayuda alguna. Una lluvia repentina propició que el atleta recurriera a una simple cuerda para culminar la ascensión del edificio, lo que constituyó para la prensa un ejercicio curioso e interesante. 

En el año 1926 el sótano o “cueva” del hotel Florida alojó una cervecería cuyo horario de apertura coincidía con la salida de los teatros. 

Fuente: Memoriademadrid.es
Entrada a "la cueva" donde se ubicó la cervecería del hotel Florida. Esta foto corresponde con la remodelación de 1935, cuando se inauguró el Florida Keller Club.
 
Sólo cuatro años después, en 1930, la cervecería se convierte en el Florida Keller Club, un salón de té y cock-tail, dotado de pista para el baile. Estaba abierto desde el medio día hasta las diez de la noche. La decoración de este nuevo local corre a cargo del entonces dibujante José Loygorri, que talló en madera la figura de una jirafa para convertirla en la mascota del establecimiento. 

Poco después se reinaugura el café La Granja Florida, cuya decoración también es realizada por José Loygorri. El local, en la planta baja del hotel, se convirtió en restaurante, confitería, mantequería y cafetería de servicio rápido. Sus “barras enfrentadas” constituyeron una innovación muy peculiar en el diseño de este tipo de establecimientos en España. 

Fuente: Memoriademadrid.es
Restaurante, confitería y cafetería "con las barras enfrentadas" de la Granja Florida. (1935).

No solamente fueron las innovaciones tecnológicas, lo céntrico de su ubicación y el exquisito diseño tanto de sus ambientes como de su fachada lo que proporcionaron fama al Florida de la plaza del Callao. Durante la Guerra Civil Española, el hotel se convirtió en el centro del que salían las crónicas informativas hacia todos los países del mundo. 

Tal vez el más popular de los corresponsales que se alojaron en el Florida fue Ernest Hemingway (1899-1961) que allí escribió “La quinta columna”, uno de los dos únicos textos teatrales del autor. 

Durante los años 1936 y 1937 también estuvieron en el hotel, entre otros cronistas: Mijail Koltsov (diario Pravda), John Dos Passos (revista Esquire), Gerda Taro y Robert Capa (revistas Vu y Regards), Martha Gellhorn (semanario Collier’s), Antoine de Saint-Exupéry (diario L’Intransigeant) y el director de cine documental Joris Ivens, que realiza “The Spanish Earth” (Tierra de España) en el año 1937, con la voz de Hemingway como narrador. 

Menos de cuarenta años después de la inauguración del hotel Florida, concretamente en 1962, el inmueble es adquirido por la entonces boyante y ya desaparecida empresa Galerías Preciados S.A. Los proyectos de expansión de estos grandes almacenes impusieron la demolición, en el año 1964, del bello edificio de Antonio Palacios para construir en su lugar el sombrío e incongruente inmueble que hoy podemos ver en la plaza del Callao, esquina a la calle del Carmen. El nuevo edificio fue inaugurado en el mes de octubre de 1968 por el gemebundo alcalde Carlos Arias Navarro con un discurso extremadamente servil hacia el fundador de los grandes almacenes, Pepín Fernández. Pero nadie lamentó la pérdida del hotel Florida, de su belleza y de su historia.



Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Wikipedia.org
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
“Idealistas bajo las balas” Paul Preston.
Memoriademadrid.es
Skyscrapercity.com
Urbanity.es

Amanece gris en Educación

Hoy ha amanecido gris en mi ciudad. Acaso el sol prefiere ocultarse para no alumbrar los dislates y barbaridades que asoman cada día con el alba. La tan manoseada Educación vuelve a ser objeto de nuevo allanamiento con ánimo de estupro. La séptima reforma en treinta años, el séptimo escalón en la bajada hacia nadie sabe dónde. De los polvos socialistas desde finales de los ochenta del siglo pasado, a estos lodos de la derecha que espesan el horizonte. ¡Qué cansados, hartos, hastiados, desnortados, perdidos en las aguas de la incompetencia estamos los docentes! Hay realidades que parecen predestinadas a convertirse en misterios indonsables. ¿Qué hemos hecho los españoles para tener que sufrir este continuo acoso de los ministros del ramo? ¿Por qué con cada reforma se reafirma la incompetencia del que la inspira? Hace tiempo que lo denuncio y ahora lo repito: el PSOE ha destrozado la Educación española en aras de una supuesta universalización de todo, incluida la banalidad y la mediocridad, el desgaste del profesorado y el abandono de su auctoritas ante un alumnado crecido por una falsa carta de derechos. Ejército de pedagogos, cadáveres de docentes. Pero el PP, lejos de hacer lo imprescindible, promover un pacto de Estado para fijar un modelo perdurable, deja en manos de Wert y sus adláteres un nuevo cambio, un nuevo vuelco (que no toca, por cierto, el disparate de que un niño pueda pasar de curso con dos y tres pendientes). Ese borrador trae una muerte anunciada que hoy ya lloramos. Que el griego deje de ser de modalidad en el Bachillerato de Humanidades y pase a ser optativa en competencia con, por ejemplo, Segunda Lengua, es como cerrar el grifo en casa del sediento. Habrá quien piense que esa materia es cosa de pocos, pero no nos engañemos: para los gobernantes españoles todo vale en Educación. Hoy son el Griego y la asignatura Economía; mañana será Física, Dibujo, Música... Cuando se gobierna a golpe de estulticia y oportunismo político, los criterios académicos no cuentan. Veréis cómo buena parte de las críticas (y las más poderosas y mediáticas) vendrán por la reducción del porcentaje que fijan las autonomías en las materias, o por el cambio de la asignatura de Ciudadanía por Educación Cívica y Constitución (el mismo perro con otro collar). De nuevo lo ideológico, lo político en la arena de la batalla; lo académico, en el lodazal.  

El borrador AQUÍ.

Historias del abuelo Cebolleta: Programar ahora es para nenazas

Debía ser alrededor de 1983-84, Navidades. Hay que ponerse en situación, en aquella época no era ni mucho menos tan común como ahora el uso de aparatos electrónicos. Ahora cualquier niño de 4 años enseña a su abuelo a usar el smartphone, y desde antes incluso andan aporreando el tablet para algún extraño juego educativo. Pero yo sí era uno de los afortunados que había tenido algún contacto con cacharrillos electrónicos. Como por ejemplo con un Pong que había tenido mi padre:


las míticas Game & Watch con las que nos pillábamos unos vicios de cuidado entre los hermanos y primos:


o la no demasiado conocida Philips Videopac:


Sin embargo, esas Navidades algo especial iba a suceder. Uno de esos acontecimientos que no ocurren más de una o dos veces en cada vida pero que la cambian para siempre, que activan resortes que siempre han estado ahí, tan sólo esperando un empujoncito, y que sin él podrían incluso quedarse latentes de forma indefinida, quizá sin llegar a manifestarse jamás. Pero el empujón llegó, ese año recibí de regalo... mi primer ordenador. Y en ese momento...

¡¡¡ HABÍA NACIDO UN MONSTRUO !!!


(vale, un baby-monstruillo... ¡¡¡joer, ya os avisé de que era un chavalín!!!)

Toca otra vez ponerse en situación. Por si con las fotos anteriores no os había quedado claro, debo decir que por aquel entonces un ordenador no era exactamente lo que ahora nos viene a la cabeza al oír esa palabra. Nada de discos duros. Nada de ratón. Teclado sí... bueno, es que el ordenador ERA un teclado, aparentemente. Sólo 48 kilobytes de RAM. Se conectaba directamente a la televisión, lo que ocasionaba unos tremendos problemas familiares hasta que tus padres sabiamente decidían darte una televisión vieja para que te callaras (televisión que a menudo era en "glorioso blanco y negro"). De cosas como "Internet" o simplemente "red" ni hablamos, aún quedaba tela para eso. Y lo mejor de todo: los datos no se cargaban con un pen drive, ni con un disco duro USB, ni con un DVD ó Blue-ray, no. ¡se cargaban con cassettes!. Aunque por supuesto todo esto ya lo sabes, porque si aún estás leyendo esto, ejem, es que sin duda eres alguien con amplios conocimientos sobre informática (o un carrozón de cuidado).

Sí, amigos, con todos vosotros... ¡el ZX Spectrum!


Al principio el joven Andrew hizo lo que todo buen niño haría: jugar (bueno, a decir verdad el joven Andrew jugó al principio, al menos principio y al final, y no ha parado de jugar con la vida desde entonces, aunque ya de "joven" Andrew tiene más bien poco). Pero sí es verdad que en los ratos libres ya entonces iba "coqueteando" con el manual del BASIC del Spectrum, con idea de hacer algo pero sin acabar de decidirme. Debía tener yo unos 11 años cuando en el colegio les dio por ser innovadores y un año se decidieron a darnos un curso de Informática. Sí, sí, ya por entonces se llamaba Informática. En ese curso lo que nos enseñaron fue precisamente el BASIC del Spectrum. No recuerdo demasiado sobre aquella época, pero sí me acuerdo de que el profesor (o profesora, vete a saber) era bastante malo. Lo que sí me permitió la clase es picarme la curiosidad, que al fin y al cabo era lo más importante.

El caso es que junto a otro chico que al año siguiente se fue del colegio y que la verdad, ya no recuerdo cómo se llamaba... ¡hice mi primer programa! Se trataba de un juego del estilo del Arkanoid llamado: Baloon Man.


Sí, el juego es tan espectacular como aparenta. La verdad es que programar en el BASIC del Spectrum era todo un reto. Tenía algunas ventajas, como que las palabras clave estaban asignadas directamente a las teclas, por lo que con un par de pulsaciones escribías cualquier palabra clave. Sin embargo, era más bien tedioso a la hora de manejar conjuntos de constantes. Eso de crear un array e inicializarlo en el momento tenía su aquel, con el uso de unas míticas instrucciones READ, DATA, RESTORE. Pero lo cierto es que tenía muchas de las instrucciones del lenguaje estructurado, aderezadas con otras no tan estructuradas como el inevitable GOTO. Lo peor, en cualquier caso, es que ese BASIC no estaba nada preparado para hacer juegos. Los gráficos se tenían que crear como "caracteres especiales" (GDU se llamaban), y estaban muy limitados.

Pero lo que hacía imposible programar cualquier juego con movimiento estaba muy claro: ¡era insufriblemente lento!. Eso no me paró para hacer otros pocos juegos más durante los siguientes años: Tragaperras, El Halcón Callejero, El Trueno Azul y Súper Racer (a algún tipo curioso le dio por poner todos estos juegos disponibles en World of Spectrum y hasta pedirme permiso, todavía estoy anonadado por ello).


Como a todo el programador casero de la época, el BASIC se me quedó pequeño. El siguiente paso dentro del mundo del Spectrum era el código máquina.

Rastro arriba, Rastro abajo, conseguí comprar todas las revistas Micro-Hobby antiguas que contenían de forma coleccionable un completo curso de código máquina. Uf, esto ya tenía tela. Además, yo no tenía un ensamblador, así que mi método de programación era: 1) Programar en papel, 2) Convertir las instrucciones y los datos en números, pasando muy a menudo normalmente por números binarios y forzando muchas veces el uso de operaciones binarias como OR, AND y XOR, 3) Picar los numerillos del programa en el Spectrum, numerajo a numerajo, mediante DATA.

Con el tiempo, llegué a manejar las potencias de dos y los números binarios en general con una velocidad inusitada. De hecho todavía soy capaz de pasar con bastante rapidez de binario a decimal y viceversa, y de partir un número de 16 bits en sus dos partes de 8 bits, pasando por binario y recodificando.

El caso es que tampoco llegué a hacer grandes cosas con el código máquina. Comencé con una rutina para hacer un "efecto espejo" en los gráficos y ahorrar memoria. Y más tarde hice un conjunto más gordo de rutinas para mover sprites por pantalla y animarlos con varios frames. O sea, programé mi primera librería.


Lamentablemente, aunque llegué a hacer demos con gráficos animados de verdad nunca llegué a concluir mi proyecto. Había acabado una aventura conversacional (otro día hablaré sobre ellas), en la que había utilizado la rutina código máquina de espejo, y mi nuevo proyecto pretendía ser una mezcla de aventura gráfica y conversacional, con gráficos enormes y mucho mucho código máquina. Pero rondaba ya el año 91, los PCs ya eran ordenadores serios, y ya existían juegos impresionantes, y aventuras gráficas potentísimas como el Monkey Island. El Spectrum estaba agonizando. Había llegado tarde.

Ahora, muchos años después, programo en Java. He reemplazado el cuaderno en el que escribía las instrucciones de código máquina por un potente IDE en el que casi no tengo que escribir porque el auto-completar se ocupa de casi todo. Mientras que antes un error en el paso de un número a binario o viceversa daba lugar a un error muy difícil de localizar, ahora cuando me equivoco en algo de sintaxis me lo marca en seguida y hasta me lo puede arreglar él mismo muchas veces. Y mientras que antes un error en la ejecución a menudo llevaba a que el ordenador se quedara colgado y hubiera que rebobinar el cassete hasta el punto en el que estabas antes y volver a cargarlo todo, ahora tengo un potente debugger en el que puedo ejecutar paso a paso y ver el estado en el que están todas las variables en cada momento, y todavía si algo falla me muestra automáticamente el mensaje de error y la traza de ejecución indicándome dónde ha dado el error exactamente. He reemplazado la programación de librerías por el uso de unas que ha hecho un tipo en su casa y que ya te lo dan todo hecho (¡decenas en cada proyecto!). He reemplazado el dibujo de gráficos en hoja de papel de cuadros, codificación de binario a decimal e introducción mediante DATAs, por una búsqueda en Internet para usar una imagen multi-color que otro tipo (o quizá el mismo de antes) ha hecho en su casa. He reemplazado el coleccionable de código máquina de la Micro Hobby por una búsqueda rápida en Internet para buscar cómo se hace cualquier cosa. Y así muchas otras cuestiones.

Comodidad infinita, reutilización en vías de ser sistemática, subida cada vez mayor del nivel de abstracción... y aún se puede mejorar. Todavía se puede programar con más comodidad, todavía se puede hacer reutilización de forma más sistemática, y todavía se puede subir el nivel de abstracción. Y esto es lo que más me apasiona de la programación.

Eso sí, cuando miro atrás y veo las movidas que había que hacer antes para programar cualquier chorradilla y lo accesible y cómodo que está ahora, no puedo evitar pensar ¡bah!, programar ahora... ¡es para nenazas!

Documental sobre Corea del Norte en los años 80: "País Socialista".


Se trata de un documental de Corea del Norte.

El documental lleva el título: “País Socialista”.


Por Antonio Fernández Munárriz.

Sigue la influencia del documentalismo soviético donde el ciudadano y su contexto es el objeto a retratar: Protagonista a través de las emociones.
 El día a día de la sociedad con hermosos paisajes y estampas del país. Cuenta con una banda sonora en la que se intercalan himnos y canciones populares en perfecta armonía con la imagen.


 
 
 
Incluye algunas entrevistas a sus ciudadanos y un narrador que nos explica las imágenes teniendo como referente su contexto social, cultural, político, económico e histórico (en inglés, subtitulado en alemán).
La ciudad es retratada como un escenario cercano y no hostil. La educación y la sanidad se destacan por su avance y universalidad. Es una dosis de optimismo, de visión sosegada de un país frente a los prejuicios.
 
Le encontramos en tres partes. Esta es la 1ªparte:
2ªparte:
3ªparte y última:
 
 
 



CASA MINGO.


Tras la inauguración de la Estación del Norte o del Príncipe Pío de Madrid, allá por el final los años ochenta del siglo XIX, aparece la sidrería Casa Mingo en el paseo de la Florida, número 34. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Casa Mingo, en la actualidad.

Las dependencias de la estación del tren se prolongaban hasta la glorieta de San Antonio de la Florida, junto a la ermita (1798) donde Francisco de Goya y Lucientes está enterrado, sin su cabeza, desde el año 1919. 

La zona, casi el confín de Madrid entonces, era utilizada para goce y alegría de quienes desearan asistir a sus merenderos, bailes y para celebrar la tradicional Verbena de San Antonio. La ausencia de tabernas o figones en esa parte tan despoblada de Madrid hizo que el asturiano Domingo García González ubicara una sidrería en las antiguas caballerizas de la estación, cuya clientela inicial estaría formada por los trabajadores ferroviarios. 

Fuente: B.N.E.
Anuncio en prensa de Casa Mingo, 1926.

Poco a poco el lugar fue tomando importancia llegando a ser centro de reunión de los asturianos que venían a trabajar a Madrid y la familia de Mingo optó por abrir una sucursal, con el mismo nombre, que ubicó en la calle de Echegaray, número 37, en la década de los años diez del siglo XX. 

Fuente: ABC
Foto de la desaparecida Casa Mingo en la calle Echegaray, 37, en la década de los años 70. En el mismo local Caco Senante instaló después y durante quince años "La bodeguita del Caco".

En el año 1936 Casa Mingo fue uno de los comercios que suministraron víveres para la expedición organizada por la Casa de Socorro del distrito de Palacio, con destino a los combatientes del bando republicano que luchaban en la sierra de Madrid. Al frente de dicha expedición estaba Eduardo Ortega y Gasset (hermano del filósofo), que en ese momento era el teniente de alcalde y presidente de la Junta de Beneficencia de Palacio. 

Fuente: Urbanity.es
Casa Mingo, en el paseo de la Florida, en el año 1935.
 
Platos asturianos como la fabada, la perdiz, el queso de cabrales y el pollo iban acompañados por la sidra, natural o achampanada, de las marcas “La Polesa” y “La Avilesina” registradas por la sidrería Casa Mingo, en cuyo local un explícito cartel siempre ha prohibido cantar

El local actualmente cuenta con una sorpresa más. Tras una discreta puerta de madera, junto a las pipas (toneles) en las que están dibujadas las letras de la marca Casa Mingo junto a dos paisanos y el escudo del Principado con dos Cruces de la Victoria, se encuentra una embotelladora de sidra. El producto llega de Asturias y se envasa en el mismo local, colocando la etiqueta de la marca “La Avilesina”. 

Foto: M.R. Giménez (2012).
Embotelladora de la Casa Mingo, instalada en el mismo local.
 
Hoy las especialidades de la casa son el pollo asado, el queso de cabrales y la magnífica empanada. 





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Urbanity.es
Agradecimiento muy especial al personal de Casa Mingo, por la información aportada y por su amabilidad para la realización de este artículo.   

Un poema de "Son caminos"

Son tiempos de desamparo.


SUPONGAMOS 

                         Hoy necesito el cielo más que nunca, 
                         No que me salve, sí que me acompañe.

Claudio Rodríguez

Supongamos que el cielo nos asiste,
que no es tan solo imagen envolvente,
dura cáscara azul de la que somos
la más alta progenie desprendida.
..
Supongamos también que nos acoge
en su abrazo de bóveda invisible,
que confina el destino de los hombres
en los límites justos del abismo.
 ..
Supongamos que cada paso nuestro
cuenta con protección y salvaguarda
que nos está vedado vislumbrar
por mucho que se esfume la neblina.
..
Supongamos, en fin, que estamos menos
solos de lo que exhiben las heridas,
clamor de cicatrices en latencia
bajo la tosca piel indumentaria.

(De mi libro Son caminos (Madrid: Del Centro Editores, 2012)

"Contra el tiempo", un homenaje a los actores secundarios

Estamos de estreno. El viernes 14, a las 19:30 h., se estrena en el Festival de Alcances (Cádiz) el documental largometraje Contra el tiempo, dirigido por mi hermano José Manuel, con guión de Montse Gómez y música de mi hermana Lola. Se trata de un homenaje a los actores secundarios del cine español (Lone Fleming, Antonio Mayans, Mabel Escaño, Carlos Bravo o Ricardo Palacios, Aldo Sambrell), en los que busca experiencia el actor Antonio Mora (La vida mancha). Un antiguo deseo de José Manuel hecho realidad: el público reconocimiento de quienes hicieron mucho cine (a veces con directores de prestigio, como Sergio Leone, que contó con Sambrell para su "Trilogía del dólar") y nunca recibieron el aplauso merecido. Plas, plas, plas. Allí estaremos.

Más AQUÍ.

CAFÉ EL GATO NEGRO.


En la calle del Príncipe, número 14 y junto al teatro de la Comedia (1875), estuvo el café más modernista de Madrid: El Gato Negro

Fuente: Urbanity.es
Café El Gato Negro (1907)
 
El Gato Negro era un café simpático, siempre lleno de público hasta que comenzaba la representación en el vecino teatro. Un timbre avisaba a la clientela del inicio de la función a la que se podía acceder a través de la puerta que comunicaba ambos locales, sin necesidad de salir a la calle.   

Propiedad de Tirso Escudero, también empresario teatral, este negocio fue inaugurado el día 22 de octubre de 1907 como cervecería y café. Su estilo art nouveau, correspondiente a la segunda época de apogeo de dicho movimiento artístico en Madrid, fue encargado al arquitecto Ricardo Magdalena Gallifa, que contó con la colaboración de la Casa Mauméjean para las vidrieras y de la Casa Férriz para los muebles. 

Una puerta giratoria daba acceso al local, que no poseía tanta luz natural como otros establecimientos ni techos demasiado altos, detalles que sin embargo lo convertían en un café más acogedor y cordial que muchos de los de su entorno. 

Fuente: ABC
Interior del café El Gato Negro (1907). En la pared se ven los gatos pintados por Enrique Marín.
 
Divanes de color rojo, columnas y gatos negros pintados en diversas actitudes sobre paredes y techo por Enrique Marín (pintor que también hacía jeroglíficos para periódicos y revistas), completaban la decoración interior. 

Como todos los cafés El Gato Negro también organizaba conciertos cada noche, hasta que debieron imponerse las tertulias. La más afamada de ellas tuvo lugar entre los años 1909 y 1910 formada, entre muchos otros, por Ramón José Simón Valle Peña (Valle-Inclán), Jacinto Benavente Martínez, Nilo Fabra Herrero, Santiago Rusiñol Prats, Ignacio Zuloaga Zabaleta, José Ortega y Gasset, el caricaturista Luis Bagaria y un joven Juan Ramón Jiménez Mantecón. 

Fuente: Elpasajero.com
Nilo Fabra aparece con una jarra en la mano junto a Jacinto Benavente.

El día que se anunció la muerte de Rubén Darío en el café, Valle-Inclán, muy compungido por la pérdida del poeta al que tanto admiraba, se puso en pie y comenzó a recitar el “Responso a Verlaine”, en medio de un silencio absoluto: 

Padre y maestro mágico, liróforo celeste 

que al instrumento olímpico y a la siringa agreste 

diste tu acento encantador; 

¡Pánida! Pan tú mismo, que coros condujiste 

hacia el propíleo sacro que amaba tu alma triste, 

¡al son del sistro y del tambor! 

(...) 

Las diferencias entre Valle-Inclán y Benavente propiciaron que el Premio Nobel presidiera en solitario la tertulia, al fondo a mano izquierda, del café El Gato Negro. Formada en su mayoría por gentes del teatro, patrocinó anécdotas como la del año 1926 en que el maestro elogiaba el último libro de Valle-Inclán, mientras varios tertulianos objetaban. Uno de ellos comentó: “Pues, le advierto que don Ramón afirma que usted es un mal escritor”. A lo que Benavente contestó: “Puede que él y yo estemos equivocados”. 

Así fue como el modernista café El Gato Negro continuó su historia, mientras servía los cafés con la leche de la Gran vaquería de Alfredo Fernández, de la Guindalera, que ordeñaba vacas especiales a la vista del público, para niños y enfermos. 

Foto: M.R.Giménez (2012)
Aspecto actual de lo que fue el café El Gato Negro.

El día 4 de septiembre de 1956, el café anuncia su cierre y de ello hacen noticia todos los periódicos de Madrid. 




Fuentes:
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
“El modernismo en la arquitectura madrileña: génesis y desarrollo de una opción ecléctica” Oscar Da Rocha Aranda.
Elpasajero.com
Urbanity.es
La más sincera gratitud al actor Miguel Ariza Santana por su afabilidad, cariño y asombrosa memoria.