EL CAFÉ CASTILLA, LAS CARICATURAS DE SIRIO Y UGALDE.

Poco más de una década antes del comienzo de las obras de la Gran Vía de Madrid, en la planta baja de la cercana calle de las Infantas, número 29 - duplicado - junto a la Casa de las Siete Chimeneas (s. XVI), estuvo el café Castilla

Foto: M.R. Giménez (2012)
Aspecto actual de lo que fue el Café Castilla. A la derecha de la fotografía, la Casa de las Siete Chimeneas.
 
La calle de las Infantas (renombrada por la II República Española como calle de Rosalía de Castro y cuyo apelativo inicial recuperó tras la Guerra Civil) era paso habitual de gentes de los circos-teatros cercanos, de reporteros, literatos y de Federico Agustí que, no pudiendo ser actor, decidió fundar un café de artistas que atrajo a la intelectualidad del momento. 

Foto: Diego González Ragel (Archivo Ragel)
El café Castilla alrededor de los años 50.

Más de sesenta años de vida resistió el café Castilla donde tuvieron tertulia y escribieron: Benito Pérez Galdós, Ramón María del Valle-Inclán, Carlos Arniches Barreda, Jacinto Benavente Martínez, Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, José Serrano Simeón (Maestro Serrano), Mariano de Cavia, Emilio Carrere, Pedro de Répide, Enrique Jardiel Poncela, actores, actrices, empresarios teatrales, artistas circenses, deportistas, músicos y periodistas. 

El Castilla era un café de barrio recatado y cordial, que se había especializado en chocolates, almuerzos, cenas y fiambres, además de servir la cerveza alemana en “bock” (jarro con asa). 

Fuente: B.N.E.
Rincón de Benito Pérez Galdós en el café (de) Castilla. "Tenía su despecho en la tercera mesa del café, entrando, a mano derecha".

Eran las 2h. de la madrugada del día 1 de junio de 1906, cuando entró en el café un sujeto que pidió al camarero un helado, pero al haberse acabado el género solicitó un “bock” de cerveza. Durante cuarenta minutos estuvo sentado ante el velador escuchando los comentarios de la noticia del día: El atentado contra Alfonso XIII, en la calle Mayor de Madrid. 

Una tertulia cercana compuesta por varios hombres, algunos de ellos militares, comentaban con frases duras las consecuencias del criminal hecho, mientras se fijaban en el individuo sin compañía vestido con americana, chaleco color café oscuro, corbata oscura, cuello blanco a la marinera y sombrero flexible color café que estaba sentado cerca de ellos. El hombre, al sentirse observado, abonó la consumición y salió precipitadamente del café. 

Los periódicos daban cumplida información sobre el curso de la investigación policial. Detalles como la localización de las ropas manchadas de sangre del presunto terrorista, semejantes a la indumentaria del individuo que había tomado una cerveza en el café Castilla unas horas después del brutal atentado, permitieron demostrar que Mateo Morral Roca había estado deambulando por Madrid durante todo día de los hechos y de madrugada había recalado en el café. 

Foto: Eugenio Mesoreno Romanos (31 de mayo de 1906). (Memoriademadrid.es).
Atentado de la boda de Alfonso XIII, en la calle Mayor de Madrid.
 
Una noche del mes de septiembre del año 1927, Elroy “el hombre de los pies maravillosos” visitó el café Castilla acompañado por su secretario e intérprete. 

Inglés de Mánchester, alto, seco, de perfil agudo, ojos vivos y frente despejada, hablaba con gran corrección mientras descalzaba sus pies y subía uno de ellos sobre la mesa. Elroy era un gran contorsionista y al haber perdido ambos brazos en un incendio a la edad de 2 años, tuvo que aprender a valerse por sí mismo utilizando sus extremidades inferiores. Escribía correctamente, pintaba, barajaba y repartía las cartas para jugar al póker, al que era muy aficionado. Se había formado en el oficio de grabador, pero al no obtener trabajo decidió dedicarse al mundo del espectáculo, recorriendo el mundo con el circo. Era un hombre feliz al que contrariaba la piedad, muy educado, dotado de una increíble elasticidad y con un sorprendente dominio de los músculos aductores de piernas y dedos de los pies, en uno de los cuales llevaba un anillo con un brillante de gran valor. Siempre llevaba su dinero en el zapato y al despedirse, extendía su pulcro y arreglado pie a la mano del interlocutor. 

Dibujo de Emilio Ferrer (B.N.E.)
Ilustración de la entrevista a Elroy "el hombre de los pies maravillosos" (1927).

Uno de los caricaturistas más famosos de las décadas de los años diez, veinte y treinta del siglo pasado fue Sirio (Sirio Abel García Hernández. 1901-1937). 

Fuente: B.N.E. Fotografía: Díaz Casariego.
Sirio, en pie a la izquierda, en el café Castilla. En la parte superior se aprecia el zócalo con la exposición de sus caricaturas (1929).
 
Sirio había venido de Cuba donde, apenas con pantalón corto, frecuentaba las tertulias de periodistas y escritores como un niño prodigio. Llegó a España con dieciséis años y, aunque le hubiese gustado ser músico, tardó poco en colaborar con numerosos periódicos haciendo caricaturas de los más famosos artistas, políticos y escritores. 

Los rasgos estilizados y la economía de líneas dotaban a sus dibujos de un carácter peculiar. No reproducía grotescamente los defectos del personaje, como los demás, sino que con el menor número de trazos expresaba a la perfección la psicología del modelo. Eran caricaturas por eliminación, hechas sólo con contornos, con frías siluetas que adquieren de pronto extraña y fogosa vitalidad y humor, descubriendo los matices personales característicos

Federico Agustí, dueño del café Castilla, encargó a Sirio las caricaturas de los famosos que pasaran por el local, para colgarlas de sus paredes. Poetas, dramaturgos, pintores, músicos, hombres de ciencia, políticos, todos pasaron por la mirada miope del artista y fueron objetivo de su agudo lápiz. 

Fuente: B.N.E.
Caricaturas de Sirio. La central expresa "Cómo me ven las mujeres" y "Cómo quisiera yo que me vieran". 

En el mes de septiembre del año 1929 los periódicos de Madrid hacen referencia a la exposición que, con más un centenar de caricaturas, se inauguró en el café Castilla para mantenerla de forma permanente y que contó con la asistencia de todos los caricaturizados. 

Sirio fallece joven de una pleuresía que degeneró en tuberculosis en plena Guerra Civil Española, cuando ya era un artista consagrado y famoso. Sus caricaturas continuaron formando parte del alto zócalo que, para acogerlas, había sido encargado por el dueño del café en la reforma total del establecimiento que tuvo lugar en el año 1934. 

Otro caricaturista pasó a ser sucesor del malogrado Sirio: Paco Ugalde (Francisco Ugalde Pardo. 1903-1978). 

Fuente: ABC.
Autorretrato de Paco Ugalde
 
Este prolífico aragonés, vino a Madrid para trabajar en el diario ABC. Reflejó con sus más de cien mil caricaturas peculiarísimas la actualidad del teatro, del cine, de la música, del deporte. No fue cruel con sus personajes nunca. Casado con la actriz cómica Soledad Domínguez, también inauguró una exposición en el café Castilla con sus dibujos, acto que fue retransmitido en directo por Radio Nacional, en el mes de abril de 1944. 

Poco tiempo después de la muerte de Federico, el dueño del café Castilla, su viuda decidió modificar el local para darle un aire más elegante y convertirlo en sala de té. Ofreció las caricaturas de Sirio y Paco Ugalde, de la exposición permanente, al Círculo de Bellas Artes de Madrid, pero el álbum de autógrafos de las personas más relevantes que durante tantos años habían pasado por el local, nunca pensó en venderlo. 

Hoy en día los doscientos cincuenta dibujos de actores, autores, toreros, intelectuales, personajes pintorescos y asiduos del café Castilla, forman parte de la colección del Museo Nacional del Teatro, con sede en Almagro (Ciudad Real). 

El café Castilla cerró definitivamente en el año 1964, para convertirse en una oficina bancaria. En la actualidad su local está ocupado por un restaurante que, tal vez, desconozca la historia que se vivió entre sus paredes desde el último año del siglo XIX, cuando se inauguró aquel famoso café. 






Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Museo Nacional del Teatro de Almagro.
Heraldo.es
Memoriademadrid.es
Flickr.com

Un poema de vuelta a casa


A mi regreso, en casa me espera una docena de publicaciones (propias y ajenas) que han salido durante estos tres meses. Entre ellas, el número 7 de Isla de Siltolá. Revista de Poesía. Junto a las contribuciones de muchos amigos y poetas admirados, en la página 55 puede leerse este poema mío:


ESTABAS EN EL NOMBRE

Estabas en el nombre sin saberlo,
inexistente tú en el silencioso
prólogo de tu vida.
Bastaba con nombrarte,
con solo pronunciarte los amigos
asomabas henchido de fonética.
Pendías de esas voces,
por ellas te encarnabas y adquirías
forma, color, durable permanencia…

Ya todas se apagaron,
de los tuyos aquí no queda nadie.

(Arenas de Lutecia. París. Fuente: Silenos)

Orden 027.






Es una película de acción de 1986 que dura 1h17minutos. Es de Corea del Norte.

Dirigida por: Ki Mo Jung y Suk Kim Eung.

Interpretada por: Sung Chol Cha, Cha Sung-chol, Kim Yong-Woon, Jeong Kim Woon, Lee Won y Li Won-Bog.

Un comando de élite del Ejército Popular de Corea se infiltra tras las líneas enemigas para obtener valiosa información que servirá para ganar la guerra y destruir centros de formación militar. Asistimos a una película de acción: De artes marciales, uso de distintas armas de fuego, persecuciones y explosiones que hacen vibrar al espectador.

Escenas de lucha cuerpo a cuerpo, disparos y asalto a un tren incluido. Escenas de drama inspirados en el heroísmo: Dar la vida por altos ideales y patriotismo. Hombres y mujeres sin distinción de rango.

El ejército del sur y su sociedad, se muestra con un alto grado de corrupción. Una sociedad decadente que ha perdido el horizonte y que se ha convertido en una sociedad marginal, sin ideales ni moral.

El ejército del sur es una copia de la sociedad capitalista norteamericana y su ejército. Usan vehículos y armas con emblemas de los EE.UU para atacar a sus paisanos del norte. En la imagen de los mandos del sur está diseccionada la mente y silueta de alguien despiadado. Al igual que Caín, son capaces; por dinero, envidia, manipulación o maldad, matar a sus hermanos del norte.
La escena final, a bordo de un helicóptero de los EE.UU es el momento cumbre del heroísmo.
Una película recomendada para todos los que les gustan las películas bélicas y de artes marciales.
Copia de la película doblada al ruso:

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Es el primer libro que aborda este cine. Está orientado al lector cinéfilo pero sin excluir a todas las personas curiosas que buscan conocer cosas nuevas y los interesados en todo lo referente a Corea.





De nuevo hacia el sur

Queridos amigos, a partir de mañana los Silenos retornan a su lugar de origen; cambian, pues, las riberas del Sena por la orilla atlántica de Cádiz. Un abrazo.

(Sileno con Baco niño. Jardines de Versalles. Fuente: Silenos)

La Sinfonietta San Francisco de Paula triunfa en París

Dentro de un recio y duro caparazón, guarda la nuez su fruto,  tan grato y preciado que parece imposible que germine y madure en tan severo encierro. París ofrece muchas nueces al nativo y al visitante, a poco que sepan afinar el olfato. Uno de esos frutos dulces, memorable por su regusto, nos fue regalado ayer miércoles en pleno corazón de Le Marais. Mientras fuera, al fresco de la soirée, se llenaban las terrazas de la rue des Archives, en la pequeña Église des Billetes, apenas percibida entre el rumor de los vasos, las charlas y la circulación, tenía lugar un concierto menudo en la apariencia, colosal en el resultado. Los músicos llegaban de Sevilla, 15 en número y acaso no más de 17 de media en edad. La jovencísima (fue fundada el año pasado) Sinfonietta de San Francisco de Paula, dirigida por el músico Archil Pochkhua e invitada por la Asociación Le Concert de Monsieur de Saint Georges, era el fruto que encerraba el austero templo luterano, de paredes desnudas y vitrales sin imágenes ni policromía. Una docena de piezas (Jiri Antonin Benda, Vivaldi, Bizet, Le Chevalier de Saint-Georges, Mozart, Pablo de Sarasate...), más varios bises pedidos por un público agradecido al que costaba creer que tan petits musiciens produjeran esa música celestial. Espléndida la orquesta, espléndidos los cuatro solistas, bajo la batuta entusiasta y certera de Pochkhua. Cuando salimos fuera del templo, la rue des Archives parecía más calmada. El prodigio de unos adolescentes que habrán de regalarnos en el futuro más y excelentes frutos.
(Fotografía de Francisco J. Centeno)

La higienista bucal


Estupendo, la boca está perfecta. Ni una carie, dijo el dentista, que dio media vuelta y se alejó de mi lado. Su edad, rozando los cincuenta y sus ademanes pausados infundían una tranquilidad que no lograba vencer el miedo cerval que producían su profesión, sus métodos y herramientas. ¿Desea entonces una limpieza de boca?

Para seguir leyendo puedes Descargar La higienista bucal

El pronto regreso

Hay en el Barrio Latino de París una calle de la Serpiente (rue Serpente), que trae a la memoria la de la sierpe sevillana, aun cuando no huela a incienso ni sombreen los parasoles en los tejados. Aquí se ubica la Maison de la Recherche, un centro universitario dedicado especialmente a la investigación doctoral. En este edificio comenzó, hace ya casi tres meses, mi estancia parisina. De ahí a otros centros y bibliotecas de la vieja Sorbona (Michelet, Jaurès, Sainte-Geneviève) y a las salas de lectura de la moderna y acristalada Bibliothèque Nationale (François Mitterrand). Ahora que afronto los días finales antes de regresar a España, pienso que nada hay más certero que la velocidad oscura del tiempo. Pesa mucho al principio (sobre todo, si, como en mi caso, se está solo), pero se vuelve liviano, flecha alada, metro que se salta ciego las estaciones a poco que nos descuidemos. Y ahora que toca volver, con un libro universitario enriquecido, incontables horas de paseo por la inmensa geografía de la ciudad, algunos versos dignos y otros prescindibles, varios microrrelatos y un sinfín de anotaciones, varios libros leídos (en francés y español) y un puñado de experiencias nuevas, ahora me pregunto qué quedará de todo esto cuando aterrice en el aeropuerto de Sevilla y venga a recibirme en persona una España más arruinada que cuando me fui.

EL CAFÉ DE LAS SALESAS, ANTONIO MACHADO Y ROSARIO DEL OLMO.

Foto: Alfonso
Esta es la fotografía íntegra tomada en el café de las Salesas el día 8 de diciembre de 1933. En ella aparecen Antonio Machado, Rosario del Olmo y el camarero Braulio.
(Extraida del blog minernm.blogspot.com)


Desde el mes de diciembre de 1878, cuando la actual calle del Conde de Xiquena tenía por nombre el de calle de las Salesas (cuyo cambio de denominación se produjo en el año 1901) y hasta el mes de septiembre de 1945, estuvo abierto en Madrid el café de las Salesas

Con divanes de rojo peluche y espejos en las paredes para multiplicar las dimensiones del local pequeño e irregular, el café de las Salesas estuvo situado en el actual número 17 de la calle del Conde de Xiquena y hacía esquina a la plaza de las Salesas. Era un café de barrio, entonces apartado del centro, tranquilo y popular, recatado e íntimo. 

Gracias a su cercanía al Palacio de Justicia, que desde el año 1870 ocupa el antiguo monasterio de la Visitación de las Salesas Reales (1758), este café siempre tuvo abundante y pacífica clientela compuesta por los abogados, testigos y parientes de los procesados, alguaciles, escribanos, procuradores y los numerosos periodistas que por el café pasaban para indagar sobre las noticias más señaladas de las causas juzgadas en los tribunales y que solían hacer mención en sus crónicas de los riñones salteados, las tortillas, el “beefteak” con o sin patatas que incluía el menú de los jueces más afamados. 

Uno de los casos que más revolucionó tanto la opinión pública como la prensa de Madrid, fue el famoso Crimen de la calle de Fuencarral. En 1888, año del suceso, el café de las Salesas fue el establecimiento más beneficiado por haber aumentado sus ganancias de manera espectacular, gracias a que todo el mundo acudía a él en busca de noticias. También el café de las Salesas servía consumiciones a los detenidos. 

El dramaturgo y escultor Francisco Oliver Crespo (1873-1957), que fue el primer presidente de la Sociedad General de Autores, sitúa la acción de su obra “El crimen de todos” en el café de las Salesas. 

En el año 1918 una huelga del gremio de camareros dejó sin servicio a los cafés de Madrid, lo que provocó un desfavorable ambiente público. Un anuncio en prensa del día 3 de octubre avisaba de la incorporación al trabajo de los mozos del café de las Salesas como consecuencia de haber aceptado el dueño del mencionado establecimiento las bases presentadas por los camareros

Fuente: B.N.E.
Anuncio de los grandes conciertos del café de las Salesas, que también contaba con billares.

Entre las innumerables tertulias que tenían lugar en el café de las Salesas hay que destacar la de “Los salesianos”, por su variopinta composición. Desde las 11 horas de cada mañana y hasta la 1’30 horas de la tarde, esta peña mantenía sus reuniones diarias con la máxima de jamás se riñe, sólo se discute sin violencia. Lo más curioso estribaba en que únicamente se hablaba de política, siendo los integrantes de ideas tan dispares como Marino García, militante comunista y Francisco Olías, representante de la derecha más recalcitrante. El periodista Augusto Vivero Rodríguez, era el presidente de la tertulia, en la que también participaba Eduardo Ortega y Gasset (hermano mayor del filósofo). Ex directores generales, ex gobernadores, abogados componían el curioso y dialogante grupo que usaba como distintivo plumas estilográficas de una marca determinada, cuya obligatoria adquisición era imprescindible para participar en la peña de “los salesianos”. 

Fuente: B.N.E.
Tertulia o peña de "Los salesianos" en una fotografía de Alfonso (1935).


En numerosas ocasiones elementos fascistas, en los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil Española, prorrumpían en el café con ánimo de provocar disputas contra el grupo de “Los salesianos”. Bajo la consigna de no atacar, pero sí defenderse, cada uno de los integrantes de la peña asía con fuerza la botella que estaba consumiendo, mientras la charla continuaba. 

El café de las Salesas desapareció, como tantos otros de Madrid, pero su recuerdo quedó vivo en la memoria de todos gracias a una fotografía de Alfonso (Alfonso Sánchez García. 1880-1953). 

El día 8 de diciembre de 1933 la periodista Rosario del Olmo se reunió con el poeta Antonio Machado Ruíz (1878-1939) en el café de las Salesas, con el fin de realizar una entrevista para el periódico “La Libertad”, que no saldría publicada hasta el día 12 de enero del año siguiente y cuyo título era: “Deberes del arte en el momento actual”. 

Fuente: B.N.E.
Esta es la fotografía que ilustra la entrevista del periódico "La libertad" publicada en el año 1934 y tomada en diciembre del año 1933.


Por alguna razón desconocida, la magnífica fotografía tan sólo apareció casi íntegra en el momento de ilustrar la interviú. Luego fue recortada. En la actualidad sigue siendo una de las imágenes más famosas y bellas del poeta Machado. 

Se aprecia en el primer original el interior del café de las Salesas en el año 1933. Cómo eran las mesas de mármol, los espejos de sus paredes en donde se reflejan las columnas y lámparas del local, el teléfono de campanillas, un calendario marcando el día 8 y la imagen discreta de Braulio, el camarero. 

El poeta aparece tranquilo, apenas con un atisbo de sonrisa, mientras que Rosario del Olmo manifiesta mayor complacencia ante el fotógrafo. Ambos morirían en el exilio, tras la Guerra Civil. 

Pocos datos biográficos se han podido encontrar sobre la periodista Rosario del Olmo, que escribió en los periódicos: “Nuevo Mundo”, “El Heraldo de Madrid”, “La Esfera”, “La Libertad”, “La Luz”, “Mundo Obrero” y la revista republicana “El Mono Azul” que se publicó durante toda la Guerra Civil. 

Rosario escribía reportajes sobre lugares y monumentos españoles, ya en 1928, pasando a realizar crónicas de opinión y entrevistas en el año 1931. 

Fuente: B.N.E.
Congreso Internacional de Escritores Antifascistas (1937). Rosario del Olmo se sitúa en la parte izquierda y junto a ella aparece María Teresa León, compañera de Rafael Alberti.


Comunista de afiliación firmó declaraciones contra la pena de muerte junto a otros intelectuales, rubricó el Manifiesto de la Alianza de Escritores Antifascistas para la defensa de la cultura y participó, en el año 1937, en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura celebrado en Valencia, con María Teresa León, María Zambrano, Margarita Nelken, Amparo González Timón, Juan Negrín, Bernardo Giner de los Ríos, Luis Cernuda, León Felipe, Rafael Alberti, entre otros nombres destacados. 

En palabras de Arturo Barea Ogazón (autor de “La forja de un rebelde”), a quien Rosario del Olmo sucede como jefa de la Oficina de prensa de Madrid durante la Guerra Civil Española, ella era una chica pálida e inhibida, discreta, severa y rectilínea que se mantuvo en su puesto hasta el final y de la que sabemos poco ya que es otra de las Mujeres Olvidadas. 

La verdad se le debe a todos los hombres del mañana” Rosario del Olmo – 1932. 





Fuentes:
Minernm.blogspot.com (Miner)
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.

Papeles secundarios desde París

He corregido las pruebas de Papeles Secundarios, el libro con una selección de entradas (de 2008 a 2011) de este blog que publicará en breve Isla de Siltolá. Extrañamente me ha gustado el conjunto, el maridaje siempre difícil de estampas poéticas, narraciones breves y reflexiones. El tiempo nos muda a cada instante, y ocurre a menudo que la lectura tardía de lo escrito mucho antes despierta recelos, espolea el caballo de la insatisfacción. Sin embargo, esta vez no ha sido así. Acaso se deba a la distancia que me separa de mis hábitos cotidianos, a este retiro parisino que va llegando a su final y que me ha arrebatado los sentidos y parte del entendimiento.  



(Detalle de la fachada del Théâtre de la Renaissance. 
Boulevard Saint-Martin. París. Fuente: Silenos)

De nuevo contra los funcionarios

Dado que las cosas han empeorado, recupero un artículo que publiqué en La Voz de Cádiz hace siete meses. 

A los funcionarios de carrera,
que, pese a todo, dignifican el trabajo 
 



El injusto descrédito del funcionario

Es sabido que toda crisis económica siembra el camino de amenazas y oscurece la razón. A los fantasmas personales que genera el subconsciente atribulado hay que añadir el peligro colectivo, alentado a menudo desde el poder con la música de las trompetas apocalípticas. Con recurrencia injusta se ha señalado al inmigrante como usurpador del salario patrio, no porque las sociedades modernas sean xenófobas o racistas, que lo son poco, sino porque son, y mucho, clasistas: despreciamos al inmigrante pobre, pero acogemos con alfombra y papel couché al inmigrante rico, sea negro, árabe o venido desde las estepas de Mongolia. Sin embargo, como los inmigrantes pobres sufren igualmente el azote de la crisis, el ojo censor ha clavado su mirada en otro colectivo de trabajadores, los funcionarios, esa raza de seres escogidos de dudosa humanidad. En tiempos de bonanza se vuelven invisibles, ocultos detrás del grato runrún que emiten los pistones bien engrasados del Estado. Sin embargo, cuando vienen mal dadas, se tornan cigarras estridentes y despreciables, indignas de convivir con las sufridas hormigas. Y quienes antes cabalgaban a lomos de la maquinaria del bienestar que médicos, profesores, policías, jueces, fiscales, administrativos, bomberos… engrasaban en silencio, ahora los titulan casta de desaprensivos. Si lamentable es que un pobre nacional criminalice a un inmigrante tanto o más pobre que él, no lo es menos que sean otros trabajadores los que desacrediten al funcionario con el mantra de que “tienen trabajo fijo, son intocables y egoístas”. Y mucho más triste oírlo en boca de allegados. Qué pronto se olvidaron estos, pese a la cercanía y el afecto, de que ese funcionario (fiscal, médico, profesor…) dedicó dos, tres, cinco o más años de su vida a preparar en la sombra unas durísimas oposiciones, mientras que ellos disfrutaban de soleadas fiestas y romerías, para luego emprender un camino laboral expedito en la empresa privada; o simplemente decidían no opositar a los cuerpos del Estado para no verse obligados a mudar casa a una ciudad lejana. Con qué facilidad se silencia u oculta esa cruz del funcionario de carrera, los años (diez, quince en algunos casos) en un destino alejado, muchas veces separado de la familia por decenas o cientos de kilómetros, sujeto a una movilidad que consume buena parte de ese sueldo fijo ahora tan ambicionado. Somos esclavos de nuestras elecciones, para bien o para mal. Pero tan simple axioma se enturbia en tiempos de crisis y en este río revuelto pescan los poderes político, empresarial y financiero, propiciando con sus declaraciones públicas una falsa oposición entre funcionario y parado, como si la desdicha de este fuese consecuencia de la estabilidad del aquel. Brutal ejercicio de demagogia, uno más de tantos con los que se pretende desviar la atención del enriquecimiento de banqueros y grandes empresarios y del despilfarro de la hacienda pública que han practicado los gobernantes: infraestructuras costosísimas e ineficaces, multiplicación de sedes oficiales, hinchazón de cargos de designación, subcontratas millonarias de empresas de amigos, políticas de subvención universal sin discriminación de rentas, dietas, viajes, coches oficiales de gama alta y un largo etcétera del que solo vislumbramos la punta. Los mismos gobernantes, por cierto, que ahora dan ruedas de prensa compungidos, arrugan el ceño y entonan la letanía de la solidaridad colectiva, con escandalosa exclusión de los más ricos y pasando de puntillas por los sueldos y prebendas de la clase política. ¿Por qué quienes sirven de voceros contra los supuestos privilegios del funcionariado no denuncian a voz en grito la costosa inutilidad del Senado, o el mantenimiento por años de esa legión de consejeros variopintos y asesores de agencias nacionales e internacionales que garantizan la jubilación política de tanto amigo del partido? ¿Por qué en España se guarda tan vergonzante mutismo sobre el hecho de que los dos últimos inquilinos de la Moncloa lleven vidas de ricos y sigan cobrando un sueldo vitalicio que pagan nuestros impuestos? Mientras que muchos de los responsables de esta crisis apenas han modificado sus hábitos de vida ni han visto mermados sus privilegios, los funcionarios sentimos continuamente la espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Con la tristeza de ver que ya la empuñan otros trabajadores.

(La ilustración, que acompañaba el texto en el periódico, es de José Ibarrola)

Escena en la plaza de toros de la película “El Mercenario”, de Sergio Corbucci.



Un género cinematográfico capaz de cambiar la percepción de la realidad es el western. En la película de 1968, “El Mercenario”, también llamada “Salario para matar” nos encontramos con una escena, testimonio del sentido teatral, ilógico e irreal del spaghetti western. La imagen y la banda sonora de Ennio Morricone nos acercan a un rito: Una profundidad más allá de la fuerza de la voluntad por entender una historia.
Por Antonio Fernández Munárriz.
Con Jack Palance y Franco Nero como cabezas de cartel nos introducimos en una historia más sobre la Revolución Mexicana como trasfondo histórico. Los actores y el director coincidieron en otro mítico western también rodado en España: “Compañeros” (1970), conocido como “Vamos a Matar, Compañeros”; también con banda sonora de Ennio Morricone.
La escena: Un asesinato, se convierte en un duelo al aparecer el mercenario interpretado por Franco Nero. El payaso (interpretado por Tony Musante), los sicarios de un pistolero interpretado por Jack Palance y el propio “Rizos” (Jack Palance) aparecen en la escena. Al toque de una campana se realizan los disparos, antes la presentación y justificación de los actores y la historia.

En cinco minutos los espectadores asistimos a una magistral puesta en escena con profusión de planos en absoluta armonía con la música. Una escena mítica del western recordada por su influencia, e incluso copia, en muchas películas de acción.
En “Kill Bill”, de Quentin Tarantino vemos su influencia y escuchamos la melodía.
Esta es la escena:


La Bastilla en los campaniles

Repique de campanas en la iglesia evangélica de la rue de la Roquette, muy cerca de donde vivo, cerca de la Bastilla. Detrás de este campaneo vecino se adivinan otros: el de Saint-Etienne du Mont, Saint-Germain-de-Prés o Saint-Sulpice en la Rive Gauche, el de Saint-Ambroise, Saint-Augustine o Saint-Vicent-de-Paul en la otra ribera. El Sena (femenino en francés, la Seine, como el agua nutricia y la tierra alma) cruza hoy despacio, atento a la broncínea agitación de los aires. Después de días de lluvia, las nubes parecen buscar con auxilio del viento las tierras del norte, acaso las llanuras de la Picardie. La fiesta nacional francesa se viste de colores marciales, cuelgan banderas patrias en balcones y torretas y las palomas y los cuervos ceden por una horas el paseo triunfal de Les Champs Elysées. Se prevén en plazas y bulevares músicas, canciones y juegos, y un castillo de pirotecnia aguarda mudo en el Campo de Marte a que llegue la noche. Celebra esta fiesta la reconciliación que siguió al asalto por el pueblo de aquel edificio infamante que fue la Bastilla. El pueblo soporta lo indecible, hasta que revienta de rabia. En España no hay Bastillas, pero sí hartazgo. Mucho hartazgo. Y una Iglesia cuyas campanas guardan en estos días aciagos un silencio cómplice.  

(Saint-Vicent-de-Paul. París. Fuente: Silenos)

Grillo


La chica es guapa, muy guapa, Erbo. Y sonríe sensualmente. No cabe la menor duda de que se siente atraída por ti. Apenas unas palabras amables y te acompañará a casa. – La voz del asistente electrónico personal con visión y audición sale algo metálica del pequeño auricular acoplado en la oreja,  justo por encima del nivel de la música del local. Pepito Grillo o simplemente Grillo es el nombre con el que Erbo ha bautizado a su segunda conciencia. 

Para seguir leyendo puedes Descargar Grillo


La chica de las flores.


Es una adaptación al cine de una ópera revolucionaria de 1930, que lleva el mismo título que la película, y que fue escrita por Kim Il Sung(fundador y líder de Corea del Norte). Un melodrama histórico. Dura dos horas y sus directores son Pak Hak y Ik Gyu Choi. Es una película de 1972, de Corea del Norte.

Por Antonio Fernández Munárriz.

Se trata de una recreación histórica del periodo de la ocupación japonesa de Corea. El argumento gira en torno a la vida de una humilde mujer llamada Kotpun (interpretado por Hong Yong Hui) y su familia que recoge flores en los montes para venderlas en la ciudad. A través de su vida descubrimos una sociedad pobre y sin futuro. Los japoneses mantienen una sociedad feudal. Trabajos forzados, cárcel, violencia y otras humillaciones mantienen al pueblo sumiso.
Como es habitual en el cine de Corea del Norte y sus recreaciones históricas, esta mujer y las injusticias, vejaciones y malos tratos que recibe de los japoneses y de la sociedad inmoral en la que vive (su madre enferma y no tiene dinero para comprar medicamentos, cuando consigue la medicina es demasiado tarde, también vemos a un casero brutal; además de otras desgracias), provoca un estallido social que amalgama el orgullo de los coreanos y funde la revolución socialista en un estallido social contra los colonizadores, contra el sistema injusto que les mantiene en la miseria y no les deja progresar: El capitalismo. Su hermano, Kim Chol Ryong (interpretado por Kim Ryong Rin) después de unos años en prisión, huido y ahora miembro de la guerrilla, vuelve para liderar la revolución.
Un final de esperanza en el futuro. Escuchamos canciones pop-tradicionales (fusión de ambos estilos), típico también de China y muchos países del lejano oriente.
Mural con la imagen de la chica de las flores.
Una película musical llena de simbología revolucionaria (las flores son una constante en el simbolismo revolucionario) y que sigue presente en la iconografía del país por medio de imágenes en billetes de la moneda de Corea, murales, cuadros y etc. Al final de la película comprendemos el significado de las flores.
Imagen de un billete del país con la chica de las flores.

La película subtitulada en inglés:





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Es el primer libro que aborda este cine. Está orientado al lector cinéfilo pero sin excluir a todas las personas curiosas que buscan conocer cosas nuevas y los interesados en todo lo referente a Corea.








Un libro, los artistas e intelectuales y los dislates de una traducción

He terminado la lectura del libro de Alan Riding, Y siguió la fiesta. La vida cultural en el París ocupado por los nazis (Galaxia Gutenberg, 2011). Lo he leído en suelo parisino, viendo con ojos de hoy muchos de los lugares que los alemanes creyeron suyos durante cuatro largos años. He imaginado los inmensos estandartes colgando de los muros del Palais du Trocadero, los coches oficiales de la Wehrmacht deteniéndose en la puerta del hotel Lutetia, o ante el majestuoso edificio de la Opéra Garnier. Delante de las placas que recuerdan en cada escuela elemental el exterminio, he imaginado el futuro de miles de niños judíos. Pero lo que más me ha costado imaginar es que la vida cultural de París continuara durante la ocupación al ritmo que narra Riding. Porque ese es el propósito de este libro: mostrar que la actividad cultural (cine, literatura, pintura, música, danza...) se mantuvo en su apogeo, pese a que se pueda pensar que sin libertad no florece una cultura. Cada lector debe responder a una pregunta clave: ¿seguir haciendo lo que antes de la ocupación hacían los escritores, actores, cineastas, músicos, pintores... es una acción censurable, es un acto de colaboracionismo? Se trata de un libro riquísimo en datos, como si Riding hubiera seguido los hilos del destino de cada uno de los miles de nombres que cita. Asisitimos, por ejemplo, al heroísmo del americano Varian Fry, al que con solo treinta y dos años se le encomendó viajar a París y salvar a cuantos artistas e intelectuales pudiera (y bien que cumplió); a la valentía silenciosa de Rosa Valland, la rescatadora de cuadros; a la silueta menuda de un lloroso Jean Cocteau, que teme represalias después de la liberación por sus vínculos con los alemanes; al antisemitismo de Céline; al cinismo de rico vividor de Sacha Guitry; al descaro de la actriz Arletty, que justificó en el juicio por colaboración su relación con un militar alemán con una frase memorable: "Mi corazón es francés, pero mi culo es internacional"; a la pericia para la supervivencia en tiempos tan espinosos de Picasso, Jacques Prévert o Gaston Gallimard; a la reinvención de su propio papel durante la ocupación de Sartre... La vida cultural siguió en París pese a la guerra, pese al invasor, pese a las deportaciones y encarcelamientos de judíos y resistentes, pese a que los alemanes intentaron a toda costa que la cultura francesa (admirada en todo el mundo) sucumbiese a la alemana. 
.......Es una lástima que un libro de contenido tan interesante y digno se vea desmejorado por la forma. Me explico: además de numerosas erratas (que disculpo, aunque son muchas), hay serios dislates y errores sintácticos, achacables no solo al traductor, sino también a la editorial por no haber revisado (¿o sí?) el texto. Pondré solo algunos ejemplos. Cada vez que aparece citado el apellido de Charles de Gaulle, la preposición va en minúscula (de Gaulle). Esto chirría sobre todo cuando justo delante la frase exige otra preposición: "era el texto del llamamiento de de Gaulle" (p. 137) o "las Fuerzas Francesas Libres de de Gaulle" (p. 161). Lo mismo ocurre con Nicolas de Stäel: "obras de Kandisky, César Domela y de Stäel (p. 205). Hay casos de expresiones acuñadas en español que aquí no se corresponden con lo esperado: "con actores que a bien seguro" (por "a buen seguro", p. 266), o "y se dedicaron a venderlos de bajo mano" (por "bajo mano", p. 283). También se observan muchas omisiones de la preposición a en los objetos directos de persona: "La historia termina cuando el ejército envía los alemanes" (p. 165). Añádase a todo esto la forma tan arbitraria de citar los títulos de obras literarias, teatrales, películas... Siempre van citadas en el original francés, pero una veces se añade detrás la traducción española entre paréntesis y otras muchas no. Entiendo que esto sí podría ser imputable al autor más que al traductor (es una mera conjetura, pues no tengo delante el original inglés), pues acaso Riding traduzca al inglés solo algunos títulos y estos son los que el traductor vierte al español. En cualquier caso, no entiendo tanto descalabro en un libro estupendo.

El Infierno.



Documental francés del 2009, de 102 minutos.

Dirigido por Serge Bromberg (productor, director y presentador de televisión) y Ruxandra Medrea (actriz). En el guión colabora el cineasta, Claude Chabrol.

Por Antonio Fernández Munárriz.
El Infierno fue una película inacabada y nunca estrenada. A partir de las horas de material rodado, sin sonido, se ha podido volver a visionar para realizar este documental; pues las latas con las cintas habían estado guardadas desde su rodaje en 1964.

Una historia de amor y celos en un hotel al lado de un lago protagonizado por Romy Schneider, la gran actriz del momento y que recordamos por “Sissi”, película austriaca de 1955 en la que Romy Schneider interpreta a la popular princesa.
Dirigida por el más prestigioso director francés del momento, Henri-Georges Clouzot. Director de “Las Diabólicas” (1955), con Simone Signoret.
Película de gran presupuesto que contaba con los mejores técnicos (Claude Renoir, sobrino de Renoir, el cineasta, era el director de fotografía) y que terminó siendo maldita. La indisposición del protagonista y el posterior infarto del director en medio del rodaje dieron al traste con la cinta.
Rodaje lento (el lago donde rodaban iba a ser vaciado por la compañía eléctrica en un plazo corto de tiempo, una auténtica cuenta atrás), perfeccionismo del director que raya la locura y tiranía (Clouzot sufría insomnio y trabajaba con los técnicos por la noche impidiéndoles dormir). Los efectos visuales de la película se repetían una y otra vez: Unos efectos que recuerdan a escenas de “Vértigo” (1958), de Alfred Hitchcock: Un trabajo al servicio de la creación en un ambiente irrespirable que condujo al fracaso.
Existe un sustrato poderoso: Podemos ver las pruebas de vestidos de los actores, el storyboard realizado por Clouzot y escenas impactantes con fabulosos efectos visuales subjetivos.
 Las escenas actuales que recrean escenas de la película y rodadas exclusivamente para el documental, desalientan al espectador, entorpecen su visionado y alargan innecesariamente la historia. Romy Schneider llena la pantalla en uno de sus mejores trabajos. El documental incluye abundantes conversaciones con técnicos que participaron en la película y cuentan anécdotas del rodaje.
El documental glorifica la cinta al mejor estilo de Hollywood: Podía haber sido la más taquillera y premiada película del cine francés.
Fue visionada en la Filmoteca de Cantabria el 12 de Mayo del 2012 y contó en el prólogo y su posterior debate, con José Luis Torrelavega y Fernando Ganzo.