Cuestiones lapidarias (2): los números

Hay artesanos de la escritura lapidaria que se afanan por ofrecer un diseño grato a la vista. Una de las muchas formas posibles consiste en una disposición de las líneas en forma de copa o jarrón,  o de esbelto cuerpo de mujer. En ello debía de estar pensado el epigrafista de este mármol que cuelga en una céntrica y arbolada plaza de Cádiz, cuando, al llegar a la tercera línea, advirtió que un número tan expandido no le permitiría adelgazar el talle, y optó por una extraña mezcla de arábigos y romanos: MDCCC96. Mejor pensar eso y no, como algunos maledicentes difunden, que el pobre hombre no sabía contar con letras y palos.

(Placa en Plaza de Mina, 2. Fuente: Silenos)

El Rey de los Cielos

Podrá la torre Eiffel ser insignia universal y mirador deseado en todos los confines. Podrá la torre de Montparnasse arrogarse el título de ser casi tan alta como Eiffel y presumir de disfrutar de la tranquilidad que concede un menor reconocimiento. Podrán desde el cielo de ambas contemplarse, como diminutas huellas de la vanidad humana, el Louvre, el Panteón, el Arco del Triunfo, Notre Dame, el Sacré Coeur y los cementerios arbolados donde moran ilustres fantasmas, e incluso la curva de ballesta que traza el Sena (aunque no sea en torno a Soria, como quiso nuestro poeta) abrazando la literaria Rive Gauche... Podrán, en fin, codearse ambas construcciones colosales con los vientos altivos y vigilar desde sus cimas el vuelo de las aves más osadas. Pero en París solo hay un Rey de los Cielos, y por su voluntad cambian las nubes a diario el color de su existencia.

(Cine Grand Rex, en el Boulevard Poissonnière. París. Fuente: Silenos)

BARBIERI, UN CAFÉ QUE AÚN EXISTE Y UN TEATRO.

En la esquina de la calle del Ave María con la travesía de la Primavera, existe un café desde el año 1902. Lo sorprendente del lugar es que hoy en día podemos contemplar como fue hace más de cien años, con sus divanes y las mesas de mármol, las molduras del techo, sus columnas, espejos en las paredes y la musa Erato que parece presidir desde la altura todo lo que allí sucede. 


Foto: M.R. Giménez (2012)
Nuevo café Barbieri.

El café de Barbieri era un café de barrio, concretamente del de Lavapiés y en su época del Ave María, cuando Madrid era mucho más pequeño. En él se suministraban servicios de comida a domicilio (huevos, café, paellas, vino) y en demasiadas ocasiones el encargado tenía que denunciar la no devolución del servicio, que solía aparecer a la venta en algún puesto de El Rastro. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
La esquina de la calle del Ave María con la travesía de la Primavera.
El nombre de este café intercaló el adjetivo nuevo en varias ocasiones a lo largo de su dilatada historia, seguramente debido a los cambios de dueño y a las sucesivas remodelaciones del local. El juego de naipes más popular entre los parroquianos era el Giley o Gilé, en el que se utilizan sólo 28 cartas de la baraja española, y sus jugadores se denominan gileistas

Era el día 18 de septiembre de 1909 cuando se reunieron en él (entonces llamado café Barbieri, a secas) los supervivientes de la sublevación republicana que encabezó el general Manuel Villacampa del Castillo el día 19 de septiembre de 1886, sin duda alrededor de alguna botella de cognac “Los Ángeles”, muy famoso entonces y de venta en el local. 

Foto: M.R. Giménez (2012).
Interior del café con sus divanes, mesas con mármol y espejos en las paredes.
En mayo del año 1911, y bajo el epígrafe de “Las hazañas de un cojo” varios periódicos relataron la historia de un hombre que renqueaba lastimosamente y alquiló un coche en la plaza de Antón Martín. Durante una hora anduvo dando vueltas por Madrid sin destino aparente, hasta que mandó parar al cochero frente al número 10 de la calle de la Esperanza lugar donde vivía un pariente suyo, al parecer. El hombre subió a la casa, saludó a su pariente y envió a la criada al café de Barbieri a por dos cafés y ocho huevos fritos con tomate. Tras ingerir la pitanza ordenó a su familiar que abonase la cuenta, ya que él no disponía de dinero. Al negarse éste, el hombre insultó y agredió al dueño de la casa saltando por el balcón abierto, con mucha agilidad, ante el pasmo de la familia. En la cercana calle del Ave María fue detenido y conducido a la comisaría del Centro, acusado de estafa por valor de 65 pesetas. Ni el cochero ni el café de Barbieri consiguieron cobrar el importe de sus cuentas pendientes. 

Hoy el Nuevo café Barbieri sigue abierto. Desde los años ochenta del siglo pasado es famoso por sus tertulias de cinéfilos, recitales de música y las exposiciones de fotografía y pintura que se organizan en su interior. 

A muy poca distancia del café estaba el teatro Barbieri, en la calle de la Primavera, número 7. Fue inaugurado el día 1 de noviembre de 1899 con la obra “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla Moral. Este teatro ya existía desde el año 1880 con el nombre de teatro Madrid; contaba con dos pisos y un techo de hierro que se podía descorrer durante las noches de verano, en menos de cinco minutos. Su espacioso escenario tenía un telón de boca que representaba la Puerta de Alcalá. En el año 1898 el teatro Madrid se arrienda a otra empresa, se remodela y cambia su nombre por el del famoso compositor de zarzuelas Barbieri, para ser inaugurado al año siguiente. 

El mismo año de la apertura del teatro Barbieri es contratada la cupletista Augusta Berges, la primera artista de su género que alcanzó fama en Madrid. Su cuplé “La Pulga”, canción cuya letra (entonces en italiano) estaba salpicada de frases de doble sentido que Augusta acompañaba con movimientos pícaros y desenfadados en busca del insecto por todo su cuerpo, causó sensación en la época. 

“La Pulga” fue cantada por primera vez en España por la señorita Nelle Martini. De origen italiano, esta melodía fue después traducida a todos los idiomas dado el éxito que obtuvo. La versión española fue estrenada por Pilar Cohen en el Royal-Kursaal de Madrid. 

Fuente: Prensahistorica.mcu.es
Pilar Cohen buscándose "La Pulga" en 1910.

El teatro Barbieri fue destruido por un terrible incendio en diciembre del año 1927. Alguien había dejado un cigarro mal apagado sobre el diván de uno de los palcos; de madrugada comenzó a arder, despertando al conserje del teatro que tenía su vivienda en el mismo edificio y no pudo hacer otra cosa que avisar a los bomberos. Su esposa y los cinco hijos de la pareja, que habían quedado atrapados por el fuego en la vivienda, tuvieron que ser rescatados por un vecino albañil que trajo una escalera de mano. El incendio estuvo a punto de afectar a las casas colindantes al teatro cuyos ocupantes se vieron en la obligación de desalojarlas sacando sus muebles y enseres a la calle, que fueron custodiados por la Guardia Civil. El espectáculo en cartel, en el momento de los hechos, era un “music-hall” con la artista Antinea, quien perdió gran parte de su vestuario. 

Foto: ABC. (1913)
El teatro Barbieri volvió a construirse en la calle de la Primavera. Antes y después del incendio fue un local en el que se celebraban numerosos mítines políticos socialistas y republicanos, asambleas gremiales, actos reivindicativos y espectáculos cuya finalidad era la recaudación de fondos para familias de obreros sin trabajo. Anunciándose como cabaret también era baile hasta las nueve de la noche y ofrecía espectáculos de varietés, desde las once hasta la madrugada, en los años 30 del siglo pasado. 




Fuentes:
Hemeroteca digital de la B.N.E.
Hemeroteca digital del ABC.
Wikipedia.org
Prensahistorica.mcu.es
Agradecimiento especial al personal del Nuevo café Barbieri, por su amabilidad y a Vicente Valdés, quién me llevó a conocerlo.

Presentación del cortometraje “Oportunidad”, de Antonio Fernández Munárriz, en Santander.

Sede CASYC.

El Sábado, 30 de Junio, se presentará en el Salón de Actos CASYC(Obra Social de Caja Cantabria) el cortometraje “Oportunidad”. Comenzará el visionado a las 20:00h. Entrada libre.
Salón de actos-teatro CASYC.
 
Se trata de la presentación de diferentes cortometrajes basados en un mismo tema y utilizando los mismos medios técnicos. Un proyecto llamado: “Una historia con diversas miradas”. Con la colaboración de Casyc Up y la asociación ACuCA.
Además del cortometraje “Oportunidad” se visionarán otros cortos; en dos bloques, con una duración de alrededor de 50 minutos por bloque y un descanso de media hora.
El director, al fondo, en el Casyc Up; junto a otros
directores del proyecto "Una historia con diversas miradas".




El Salón de Actos CASYC dispone de aforo para 500 espectadores y se encuentra ubicado en el centro de Santander (Calle Tantín, nº25, al lado del Paraninfo de la Universidad de Cantabria y a un paso de la zona de Cañadío).
Estáis todos invitados.

Este es el cortometraje:


Título: Oportunidad.
Duración: 2 minutos 37 segundos (2:37 minutos).
Ficha artística:
Alberto J. Herrera.
Sandra Bolado.
Ficha técnica:
Guión y Dirección: Antonio Fernández Munárriz.
Cámara: Alberto J. Herrera y Jesús Cembrero.
Montaje: Alberto J. Herrera y Antonio Fernández Munárriz.
Sinopsis:
Una pareja se enamora. Recitan al unísono un poema que el espectador no puede escuchar. El cortometraje es mudo y solo se escuchan algunos ruidos.
Este es el poema:
“El viento retuerce y nos hace mudos
que no vemos por tener cerrados los ojos.
Nunca me pregunto nada.”
El deseo es omnipotente en cuanto que nada lo detiene. El encuentro genera una construcción, con palabras, sencilla pero imaginativa. Una historia de amor sin estridencias: Pausadamente.
Aparecen frases durante el cortometraje:
“El amor nos parece un sentimiento poderoso
capaz de transformar la vida.
¿Qué esperanza ponemos en el amor?.”
“Con dureza objetiva
Preparamos los caminos.
Es hora de enjuiciar al amor.”
“Volcado hacia el futuro
un apunte impresionista:
Una evolución en el sentimiento.”
Forman parte de la narración hacia un punto de pasión e idealismo. Más allá de las injerencias de los sonidos: Ruidos.
La pregunta: “¿Qué esperanza ponemos en el amor?”, pertenece a las encuestas del movimiento surrealista de principios del siglo XX.
Se trata de romper con la estética clásica del enamoramiento en un clima surrealista. Una gramática de los sueños desde un punto de vista caprichoso cultivando la provocación de una manera agresiva.
El cortometraje es una distorsión a vueltas con la realidad.
Por: Antonio Fernández Munárriz.



La hora vespertina

La distancia es sello irrompible, signo que fragua con golpe incandescente su dureza. Un antes y un ahora separados en el espacio, no en el tiempo. París ofrece su inocencia en la sordidez de las esquinas. Llueve sin pesar la lluvia y el vuelo irreverente de los grajos mancha con su negrura efímera el rostro ceniciento de la tarde.
 
 
 
(Interior peatonal del Pont du Carrousel. París. Fuente: Silenos)

Poesía en París: Legrand, Jaccottet, Mesanza

El domingo pasado se clausuró la trigésima edición del Marché de la Poésie, dedicado este año a Singapur. Como ya es tradicional, la Fuente de los Cuatro Obispos de la place Saint-Sulpice recogió su hermoso velo por unos días y en las casetas se expusieron, vendieron y recitaron los versos de antes y los de ahora. Curiosa feria esta, dedicada en exclusiva al género literario menos comercial de todos, y donde se dan cita editores, libreros y poetas durante cuatro días hasta la soirée. Algunos autores recitan sus versos al paso de los lectores y curiosos, en una práctica que no imagino en España, donde la recitación poética suele constreñirse a los actos y tertulias celebrados entre paredes, en cenáculos que tienen tufo de clandestinidad. Mientras acabo la lectura del libro de Alan Riding sobre el papel de los intelectuales y los artistas en París durante la Ocupación nazi, alterno versos de Jean Legrand (L'Amour insolent, La Termitière, 2002), Philippe Jaccottet (Poésie 1946-1967, Gallimard, 1977) y Julio Martínez Mesanza (Soy en mayo, Renacimiento, 2007). Voy, como sobre el vaivén de las aguas del Sena cuando se abren al paso de los barcos, de la mirada erótica de Legrand sobre su amada y musa Aurette, a los paisajes animados y enigmáticos de Jaccottet, y de estos a los encuentros marciales de los héroes de Mesanza, héroes que arrastran su extinguida nombradía sobre nobles caballos fantasmales:

Quand déferla le galop, nous etions au centre immobile du monde.

(Cuando se rompió el galope, nosotros estábamos en el centro inmóvil del mundo)

(Legrand, "Scénes normandes")

*  *  *
Oú serez-vous quand agira la mort,
lune aussi belle qu'un soleil
qui rouliez vers le bois marin,
oiseaux levés tous ensemble,
beaux ouvriers de l'aurore?

(¿Dónte estaréis cuando la muerte actúe,
luna tan bella como un sol
que rodabais hacia el bosque marino,
pájaros en vuelo todos juntos,
bellos obreros de la aurora?)

(Jaccottet, "Notes pour un petit jour")

*  *  *
Vagan grises caballos por la senda
nevada, y un anciano se detiene
y ve pasar jinetes y armas oye.

(Martínez Mesanza, "Retirada").

Sobre héroes y heroínas en otro París

Los héroes grandes causan asombro, admiración, pero rara vez conmueven. Porque, al ser semidioses, por sus venas circula otra sangre, una sangre legendaria que se derrama, pero que no es absorbida por la tierra. Sin embargo, los héroes pequeños, con su sangre efímera, que proclama su dolor cuando cae al suelo, sí conmueven. Rose Valland, solterona en la cuarentena, pintora por afición, trabajaba como conservadora de arte moderno en el Musée National des Écoles Étrangères Contemporaines, con sede en Jeu de Paume, en octubre de 1940, cuando los alemanes, en plena ocupación de París, se hicieron con el control de la galería. La mujer, discreta y eficiente, obtuvo el beneplácito de los invasores para continuar en su puesto. Sabía alemán, pero los alemanes no lo sabían, y también era ducha en taquigrafía. Con esas dos armas y mucho valor, durante los próximos cinco años se consagró a la tarea de salvar todas las obras de arte que pudiese del expolio nazi. Su objetivo era doble: seguir el rastro de las obras, con la esperanza de que pudiesen ser recuperadas algún día, e informar a la Resistencia de los trenes que partían con el preciado botín. Valland sobrevivió a la guerra, pues murió a los 82 años en 1980. Ese fue el pago que le hicieron los dioses en justicia por su generosidad. Los hombres también la premiaron, concediéndole el rango de officier de la Legión de Honor, la Medalla de la Resistencia Francesa y La medalla Presidencial de la Libertad de los Estados Unidos. Conocemos bien a Odiseo, Lancelot, el Cid Campeador, Juana de Arco... pero qué poco conocemos a Rose Valland.
(Imagen: Rose Valland. Collection C. Garapont/Association la Mémoire de Rose Valland)

La Guerra en Angola.

Fotograma del documental: Mapa de Angola.

Es un documental cubano de 1976. Seleccionado por la crítica en el Festival de La Habana. Fueron premiados y seleccionados otros documentales del director en Europa y Cuba, en toda su carrera.
Por Antonio Fernández Munárriz.

La narración corre a cargo de Pedro Luis Fernández, un veterano locutor cubano de Radio Rebelde y Radio Reloj.

El guión es de Miguel Fleitas y Julio García Espinosa. Miguel Fleitas, además, es su director. Julio García Espinosa es director y guionista. En el 2004 recibió el Premio Nacional de Cine por toda su carrera.

Miguel Fleitas (1926-2002) era escultor, pintor y escenógrafo, además de director de documentales y corresponsal de guerra.
Miguel Fleitas.

 Fue producido por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos y los Estudios Cinematográficos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Cronológicamente, se analiza la historia de la guerra anticolonial y más tarde civil en la década de los años 70. Todas las imágenes del documental son reales y evidencian la crueldad de la guerra y el sufrimiento de la población.
Fotograma del documental: Soldados cubanos en Angola.
Por capítulos, se analiza el papel de las tropas coloniales portuguesas, la injerencia a través de mercenarios provenientes de los EE.UU, la invasión del gobierno racista de Sudáfrica y la división del país en señores de la guerra financiados por los EE.UU en contra, todos, de los independentistas y patriotas angoleños. En el fondo: El control de las riquezas minerales, petróleo y madera por grandes corporaciones americanas y la influencia geoestratégica por parte de los EE.UU y su aliado sudafricano.
En el documental tiene un amplio espacio las tropas cubanas que lucharon con los independentistas angoleños. Una lucha anticolonial (Portugal, EE.UU y Sudáfrica) contra toda forma de pobreza y de exclusión, a favor de la independencia no solo política; también económica.
Miguel Fleitas.
El documental comienza a relatar los hechos desde 1975, en los prolegómenos de la independencia de Portugal gracias al golpe de estado de la “Revolución de los Claveles” en la metrópoli, que provocó la caída de la dictadura.
Este documental se enmarca en la misión de llevar las imágenes de una guerra y su narración por encima de un mero conocimiento superfluo. Desde el testimonio personal de los cubanos que participaron en la contienda como en el relato pormenorizado de las batallas, este documental es una libre propuesta por conocer la verdad de los hechos.
El comienzo del documental:



Mis microrrelatos en Cátedra

Acabo de terminar la lectura de la Antología del microrrelato español (1906-2011) preparada por Irene Andres-Suárez. Y la he leído siguiendo escrupulosamente el orden, pese a que, al estar mis tres relatos casi al final, me enfrentaba desde el principio a una especie de examen propio por comparación. De vez en cuando me ha venido a la memoria aquella advertencia de Whitman de que no estaba tocando un libro, sino a un hombre palpitante (de puro susto, no de temblor poético). Supongo que es normal cuando a uno lo incluyen en un libro en el que sobran prestigio y nombradía. He de decir que he disfrutado mucho y admirado el talento de no pocos compañeros de volumen. Mis tres microrrelatos seleccionados por la antóloga, procedentes de Fuera pijamas (2010), son "El nombramiento", "El lector noctámbulo" y "Seducción". Os dejo aquí el tercero:


SEDUCCIÓN

Voluptuosa. Señora del aire y del espacio. Así era plantada delante de mí, tan cerca. Tanto, que me resultaba imposible escapar a la indómita redondez de sus pechos. En esas situaciones uno no sabe qué hacer con la mirada. Tontos miedos de ultimísima hora, porque ella, organista doctorada, estaba en lo suyo, preparando los instrumentos para extraer la música de mis entrañas. Y yo tumbado en esa postura inerte, con la mirada vertical clavada en el blanco perpetuo del techo. Cuando al fin acercó el escalpelo a mi frente, me hice el muerto por pura vergüenza. Y aun así se me abrieron las carnes.

El final en el andén


Palabras, palabras. La vista fija en la página. El suave arrullo del tren. El canalla, la bella, el guapo. Yo no soy yo. Vivo en el libro, amo, sufro, lloro, río. El destino se acerca. En el texto y en la vía.  Acelero en el libro, decelera el tren en la vía. Ambos desenlaces son inminentes, Él muere. Ella está al borde del abismo. Vislumbro un atroz final. El tren se detiene. Apuro en el vagón y bajo apresurado. Termino las dos últimas páginas en el andén. Ella, ella… ¡Oh no! 
¿Qué preparo para cenar?

El Fauno parisino

Ya quisieran mis Silenos bailar al ritmo desinhibido de este Fauno parisino del escultor Eugène-Louis Lequesne, célebre por estar en un emplazamiento célebre: le Jardin du Luxembourg. Cada vez que paso por allí, me acuerdo de las criaturas de este blog, humildes aprendices al mando de un corifeo que a menudo los desatiende. Vaya, pues, la imagen en honor de mis Silenos, que bien poco se quejan y tienen razón para ello.

(Faune dansant. Eugène-Louis Lequesne, Jardin du Luxembourg, 
París. Fuente: Silenos)

LA FONDA Y EL CAFÉ DE SAN SEBASTIAN, EL RELOJ DE CANSECO Y UN CEMENTERIO.

Resulta asombroso comprobar la historia que nos cuentan muchos de los rincones del centro de Madrid. Esquinas por las que mil veces hemos pasado con ligereza nos relatan su vida al descubrir una fotografía, alguna noticia en un periódico antiguo o al escuchar el comentario de alguien que vivió en sus inmediaciones. Tal es el caso de la pequeña extensión que abarca la plaza del Ángel y la calle de San Sebastián en Madrid. 


Foto: M.R. Giménez (2012)
Plaza del Angel esquina a la calle de San Sebastián, fachada del Palacio de Tepa. 

El neoclásico Palacio del Conde de Tepa del arquitecto Jorge Durán, que hoy es un hotel, ocupa el número 2 de la calle de San Sebastián y tiene fachadas a la plaza del Ángel y a la calle de Atocha. Este edificio fue inaugurado en el año 1808 y construido en el solar que dejó uno anterior propiedad del hostelero italiano Juan Antonio Gippini, que llegó a ser el dueño del café de la Fontana de Oro

Foto: M.R. Giménez (2012)
Fachada del Palacio de Tepa, en la calle de San Sebastián. Al fondo se aprecia la torre del edificio que fue de los Almacenes Simeón y hoy es un hotel.
En el edificio propiedad de Gippini y hasta el año 1766, fecha en que fue derribado, estuvo la Fonda de San Sebastián y su café, local que alojó uno de los cenáculos con más influencia en la opinión y en los gobiernos de la época. Era allí donde se reunían los ilustrados Nicolás Fernández de Moratín (Flumisbo Thermodonciaco) y su hijo Leandro, José Cadalso Vázquez de Andrade (quien allí presentó sus “Cartas Marruecas”), Ignacio López de Ayala, Francisco Cerdá Rico, Vicente de los Ríos, Pietro Napoli Signorelli y Juan Bautista Conti, entre otros. La obra satírica “La comedia nueva o el café” de Leandro Fernández de Moratín, está ambientada en este establecimiento. 

Gippini, el dueño de la fonda, solía colocar en las paredes del recinto letreros normativos como “Prohibido hablar de política” y “Sólo se puede hablar de toros, teatro, versos y cosas de amor” a los que los contertulios no prestaban demasiada atención, obviamente. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Rótulo que señala la ubicación de la antigua Fonda de San Sebatián.
En la esquina de la calle de San Sebastián (antes calle del Viento) y la plaza del Ángel, estaba instalado el famoso Reloj Canseco. 

Foto: Urbanity.es (1920).
La calle de San Sebastián esquina a la plaza del Angel y a la izquierda, la calle de las Huertas.  Se ve la parte trasera de la iglesia y lo que fue su cementerio. En la derecha, adosado a la fachada del palacio de Tepa, el Reloj Canseco. 

Hasta bien entrado el siglo XX el reloj del palacio de Tepa dio la hora puntual. Antonio Canseco Escudero, que había patentado el “sistema Canseco” para un reloj sin pesas, tenía tienda en el antiguo número 10 de la plaza del Ángel. En su escaparate instaló "el de los Chinosde madera pintada, con las coletas hasta los pies y las caras y manos amarillas. A la altura de sus cabezas hay un boquete negro y lóbrego con un complicado mecanismo de ruedas, campanas, poleas y cadenas. Cuando las agujas del reloj se van uniendo y acercándose a las doce, hay un ligero estremecimiento en los brazos de los "chinos" y de pronto, al sonar la primera campanada un chirrido de muelles los pone en movimiento y un chino pequeño sale de una caja cuya puerta se cierra de golpe y montándose a caballo en una campana da un fuerte golpe en ella con un martillo muy grande saliendo despedido al voltear la campana y quedando colgado de la trenza, entre un estruendo de hierro que arman los dos chinos gigantes tirando de unas cadenas. 

Otro café de San Sebastián o Gran café de San Sebastián se instaló, tras la edificación del palacio de Tepa y junto a éste, en la calle de Atocha, antiguos números 45 y 47, también con entrada por la plaza del Ángel, en el que fue su número 11. 

Foto: M.R. Giménez (2012).
Ubicación del Gran café de San Sebastián, en lo que hoy es el número 35 de la calle de Atocha. El local sigue teniendo salida por la plaza del Angel, hoy número 10.
El nuevo café de San Sebastián abrió sus puertas durante la primera década del siglo XIX y era famoso por permitir el paso entre la calle de Atocha y la plaza del Ángel, como camino más corto para llegar hasta la de Espoz y Mina. Tenía una sala habilitada para señoras en la que se servían hojaldres, dulces de ramillete (de almendras), jamón fiambre, etc. Todo con mucha equidad y esmero. A mediados del siglo XIX, adosado a su puerta de acceso por la calle de Atocha, había un puesto de libros de medicina, cirugía, farmacia e historia natural, propiedad de José Dochao con precios sumamente arreglados

El Gran café de San Sebastián desapareció en la segunda década del siglo XX, cuando una taza de café con azúcar o una copa de aguardiente de Francia costaba 1’17 reales. 

Otra sorpresa, en forma de antiguo cementerio, aún nos reserva esta calle de San Sebastián. 

Foto: M.R. Giménez (2012).
Verja del antiguo cementerio, hoy vivero de plantas, de la iglesia de San Sebastián, vista desde la calle del mismo nombre. Aún se aprecia la placa indicativa del enterramiento de Félix Lópe de Vega en la que figura el año de su fallecimiento.

Adosado a la Iglesia de San Sebastián, cuyas primeras piedras datan del año 1554 y cuyas sucesivas remodelaciones no han parado hasta el año 1959, se encuentra hoy un jardín convertido en negocio de venta de plantas. 

El terreno, con entrada por las calles de San Sebastián y de las Huertas, fue el antiguo cementerio de la iglesia y era conocido como “El jardín de los cómicos”. En el recibieron sepultura, entre otros muchos, Félix Lópe de Vega y Carpio, Buenaventura Rodríguez Tizón (Ventura Rodríguez), Juan Antonio de Villanueva y de Montes (Juan de Villanueva) y María Ignacia Ibáñez, actriz muerta prematuramente y de la que José Cadalso se enamoró tan perdidamente que el día 22 de abril de 1722, intentó desenterrarla al no poder soportar su pérdida. 

El cementerio de la iglesia de San Sebastián fue clausurado por orden de José Bonaparte, en el año 1809, quien ordenó que las necrópolis estuvieran fuera de la ciudad. Así los restos mortales de todos los enterrados en este lugar fueron sepultados en una fosa común, cuyo paradero hoy se desconoce. 




Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Cervantesvirtual.com
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Vegasdelcondado.com
“Guía de Madrid” Ángel Fernández de los Ríos.
 Jardindelangel.es

Rudo y Cursi.



Es del 2008. Dura 1h 41m y es una película mexicana.

Escrita y dirigida por Carlos Cuarón. Nominado al Oscar por el guión de otra cinta. Es una película producida por Guillermo del Toro, director y productor con prestigio en España (El Orfanato, 2007), EE.UU y México.

Por Antonio Fernández Munárriz.

Es una comedia ácida con crítica social. Retrata el ascenso social desde la miseria de dos personajes marginales, interpretados por Gael García Bernal (“Cursi”) y Diego Luna (“Rudo”), gracias al fútbol.

Dos actores muy conocidos fuera de las fronteras de su país: Gael García Bernal “La mala educación”, 2003 (nominada al Goya), “Diarios de Motocicleta”, 2004 (nominado su guión al Oscar y ganó su canción), etc; Diego Luna “Mi nombre es Harvey Milk”, 2008 (Sean  Penn ganó un Oscar en esta película), etc.
El encuentro casual con un representante y ojeador de fútbol argentino, interpretado por Guillermo Francella (cómico argentino), cambia sus vidas.
Los anuncios de lujosos coches, que primero veían inalcanzables, se convierten en la ventana posible hacia la opulencia. Lo mismo ocurre con sus relaciones con las mujeres, amigos y familia.
El fútbol se convierte, como pasa en la vida real, en la única salida para progresar económicamente. Sin formación, abandonan los trabajos precarios, duros y mal pagados para conseguir el éxito. El sector más frágil de la sociedad pasa a soñar en una vida digna. En la película se expresa cuando el Club de fútbol le da una lujosa vivienda y un gran todoterreno.

Gael García Bernal se atreve a cantar música popular en esta cinta. Una banda sonora basada en el sonido “grupero” característico del norte de México. Destaca al final de la película una excelente versión de “I want you to want me”, originariamente de los Cheap Trick (banda de rock americana de finales de los años 70); la versión corre a cargo de “Los Odio”. “I want you to want me”, presente en otra versión; esta vez interpretada por Gael García Bernal, al estilo “grupero”. La versión interpretada por el actor forma parte de la comedia, frente a la versión de “Los Odio”, más cercana a la canción original.
Rudo y cursi” es una promesa del cine mexicano actual. Con vibrante energía retrata a una nueva generación. La realización de esta película demuestra que hay gente con talento que esperan ser descubiertos por el público. Un esfuerzo en renovar el cine mexicano y construir una poderosa herramienta para retratar la sociedad.



Trailer de la película:
La versión, estilo “grupero”, de “I want you to want me” interpretada por Gael García Bernal:











BOTÍN, EL RESTAURANTE DEL ASADO AL ESTILO CASTELLANO.


Desde que el cocinero francés Jean Botín llegó a Madrid en el siglo XVII, muchos corderos y tostones (cochinillos) se han comido en esta capital. 

La plaza de Herradores era por entonces aquel sitio en que los nobles buscaban a los escuderos que habrían de llevar sus sillas de mano, y en ella abre "Botín" su figón el día 27 de enero de 1620, sitio donde Francisco de Quevedo y Villegas tuvo que refugiarse una noche de sus perseguidores. 

Parece que las especialidades de aquel local eran el pastel de liebre, el cochinillo (rostrizo) asado, la sopa con huevo y las auroras (leche de almendra con canela), para el postre. El establecimiento no había cambiado su fisonomía a principios del siglo XX manteniendo, como al principio, sus paredes de azulejos blancos ribeteados de colores, pequeñas mesas y sillas de madera, todo lo más sencillo posible. 

Foto: Todocoleccion.net
La primera "Casa Botín" de la plaza de Herradores. Hoy este edificio no existe.
La fama de este primer Botín fue en aumento hasta llegar a inaugurar, en el año 1920, una sucursal en la Dehesa de la Villa que ofertaba “cenas al fresco”. 

Volviendo a los inicios hay que decir que Jean Botín, el cocinero francés, estaba casado con una mujer de origen asturiano y la pareja no tuvo descendencia. A su fallecimiento el negocio de la plaza de Herradores (más tarde señalado con el número 7), pasó a manos de un sobrino de su mujer, manteniendo la marca “Botín”. 

Foto: Todocoleccion.net
Comedor de la antigua "Casa Botín" de la plaza de Herradores.

Un siglo después de inaugurar este negocio, ya en el año 1725, Cándido Remis, otro descendiente de la familia que llevaba el de la plaza de Herradores, se emancipa e instala una posada en la calle de Cuchilleros (que luego y hasta la fecha, sería el número 17). En aquellos tiempos no estaba permitido vender vino en este tipo de establecimientos ni tampoco otras vituallas, por lo que el viajero debía traer sus propias viandas para que le fueran preparadas. En la nueva fonda, allá por el año 1765, un joven Francisco de Goya y Lucientes encontró trabajo en sus cocinas mientras buscaba recursos para viajar a Italia y así continuar con sus estudios de pintura. 

La casa en la que se ubicó la nueva fonda de Botín, en la calle de Cuchilleros, ya existía en el año 1590. Su propietario había abonado la cantidad de 150 Ducados por el “privilegio de la exención de huéspedes”, impuesto que se pagaba por no albergar en el edificio a los miembros de los cortejos reales que venían a Madrid. (Hay que recordar que desde el año 1561, Felipe II convirtió a Madrid en capital de España; todos los edificios con más de un piso de altura estaban obligados a alojar a los funcionarios y al séquito real, imposición intercambiable por el impuesto de exención de huéspedes. Así surgen las “casas a la malicia” o construcciones que desde la calle figuraban tener sólo una altura y ocultaban otras dependencias superiores, de manera ingeniosa). 

Ambos negocios de marca “Botín”, el de la plaza de Herradores y el de la calle de Cuchilleros, coexistieron durante un tiempo. El hecho de tener el mismo nombre y dedicarse casi a la misma actividad, sin ser sucursales, originó algún que otro pleito entre ellos, hasta que en el año 1886 la “Pastelería de Cándido, sobrino de Botín” de la calle de Cuchilleros, número 17, fue legalmente autorizada para poner en su muestra, en el membrete de sus facturas y sellos, la marca de la casa. 

Foto enviada por Carlos González "Restaurante sobrino de Botín".
La fotografía es del año 1887 y en ella aparece todo el personal del negocio. Puede apreciarse la marca "Pastelería de Cándido, sobrino de Botín". Calle de Cuchilleros, 17.
El antiguo local se reforma entonces, se instalan escaparates y un gran mostrador de pastelería para vender pestiños, bartolillos, suizos y glorias. (Nota.- Las pastelerías de Madrid, hasta bien entrado el siglo XX, también asaban cochinillos y corderos, por encargo). Los alojamientos de las alturas superiores desaparecen y el horno del siglo XVIII, que aún podemos contemplar, no ha parado todavía de asar exquisiteces. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
El horno del siglo XVIII y su producción de cochinillos.
La fama de “Botín” de la calle de Cuchilleros fue en auge, mientras que el de la plaza de Herradores desaparecía en el primer tercio del siglo pasado. 

Hacia los años 30 del siglo XX Emilio González y Amparo Martín, adquieren el viejo horno de asar y lo convierten en el “Restaurante Sobrino de Botín”. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Portada del restaurante. A la derecha de la foto, sobre la puerta, se ve la inscripción del año 1725, cuando se inauguró la fonda. 

Modificaciones posteriores han ido haciendo de la casa de Cuchilleros, 17 uno de los más afamados e históricos lugares de Madrid, ostentando el título de restaurante más antiguo del mundo y siendo uno de los más mencionados en la literatura contemporánea. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Rincón de Hemingway. “Comimos en Botín en el comedor de arriba. Es uno de los mejores restaurantes del mundo. Cochinillo asado y rioja alta...” Ernest Hemingway – “Fiesta”. 
Benito Pérez Galdós: “España trágica”, “Realidad: novela en cinco jornadas”, “Fortunata y Jacinta”, “Torquemada y San Pedro”, “Misericordia”. 

Indalecio PrietoTuero: “De mi vida”. 

Arturo Barea Ogazón: “La forja de un rebelde”. 
“...se va sola, o con uno de nosotros, a casa de Botín, que es un restaurante muy antiguo de Madrid, y manda asar un cochinillo. Se lo come –si no vamos nosotros- ella sola, con una fuente grande de lechuga y un litro de vino”. 

Carlos Arniches Barreda: “La fiesta de San Antón”. 

Francisco de Sert Welsch (conde de Sert): “El goloso. Una historia europea de la buena mesa”. 

María Dueñas Vinuesa: “El tiempo entre costuras”. 

John Dos Passos, Scott Fitzgerald, Graham Greene, Frederick Forsyth, James A. Michener y, por supuesto, Ernest Hemingway

Todos estos autores han incluido al restaurante Botín en sus obras. 





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
“Las calle de Madrid” Pedro de Répide.
“Historias y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
“Pombo” Ramón Gómez de la Serna.
Agradecimiento muy especial a Carlos González por la excelente aportación documental y a todo el personal del “Restaurante Sobrino de Botín” por su amabilidad.
Dar las gracias a Carlos Osorio http://caminandopormadrid.blogspot.com.es/ por su magnífico blog y por su cortesía.