Nueva reseña

Ángeles Prieto reseña Zona de incertidumbre en el blog La tormenta en un vaso.

LOS PINGÜINOS DE LA CALLE FERNANDO VI DE MADRID.



El edificio de traza neoclásica y estructura de hormigón que se levanta en el número 3 de la calle Fernando VI, no siempre tuvo pingüinos. 

Foto: M.R.Giménez (2008).

Francisco Reynals Toledo, arquitecto poco escrupuloso con la seguridad de los obreros en los trabajos que ejecutaba, según la prensa del momento, realiza los planos de este edificio para Joaquín Ripoll entre los años 1924-1925. Bajo el epígrafe “Antiguo almacén para D. Joaquín Ripoll”, aparece en la guía del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. 

Foto: C.O.A.M
Fotografía anterior al año 1983.

El edificio de dos plantas fue inicialmente para la sociedad anónima “El Menaje Moderno” o “Casa Ripoll”, dedicada a la venta de artículos de cocina y similares así como cuantos objetos de hoja de lata, cinc y palastro (hierro o acero laminado) puedan ser útiles para la industria y el comercio, que ya era propietaria del inmueble antiguamente allí situado. 

No debieron ir demasiado bien las cosas para Joaquín Ripoll porque en el año 1925 se anuncia en los periódicos una solicitud para alquilar este edificio, que pasa a tener varios y diversos negocios de muebles: “Nemesio”, “El palacio del mueble”, “Alkázar del mueble”, entre los años 1927 y 1931. 

Foto: M.R.Giménez (2008)

En los años 40 del siglo pasado, llegan los pingüinos al antiguo almacén que fue de Joaquín Ripoll. Se instala aquí la fábrica de “Cervezas de Santander” con la marca “Cruz Blanca” cuyo logotipo (la bandera suiza) será grabado en el barril que aún hoy podemos ver bajo el brazo de cada uno de los ocho pingüinos que coronan el edificio. 

Tras la desaparición de la fábrica de Santander el edificio no abandona el negocio de la cerveza, convirtiéndose en el “Pub Santa Bárbara” en el año 1969. Allí se reunían abogados laboralistas, directores y actores de cine y de teatro, sindicalistas y estudiantes, feministas y agentes de paisano de la Brigada político social con la oreja puesta en las tertulias, según la progresía de la época, siendo en verdad un lugar poco representativo de la realidad social de entonces.

Malevo” fue el nombre elegido para la reconversión del Pub Santa Bárbara en un lugar más moderno y, por lo visto, acorde con el nuevo milenio. Pero tampoco duró mucho aquel café, durante la mañana, y “chill out”, por la noche. 

A día de hoy, el antiguo almacén de Joaquín Ripoll, permanece cerrado y a la espera, a pesar de que su degradación avanza. Mientras, los pingüinos continúan con su jarra de cerveza en la mano mirando para otro lado, del mismo modo que quienes están interesados en perder otro recuerdo de lo que “es” la historia de Madrid. 




Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
“Guía de Madrid” Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Cerveceriasantabarbara.com

Rock´n´Roll High School.


Una comedia musical americana de 1979. Producida por Roger Corman. Dura 93 minutos. 
Por Antonio Fernández Munárriz.
Roger Corman fue un productor y director de películas de bajo presupuesto. Recordado por las adaptaciones de historias de Edgar Allan Poe, como “El cuervo” (1963). Dio trabajo a actores que ya no eran aceptados en grandes producciones, como Vincent Price. En sus películas daba oportunidad a jóvenes y desconocidos talentos como Jack Nicholson y a directores que más tarde hicieron historia: Francis Ford Coppola, entre otros.
Detalle del cartel de la película.Aparecen Los Ramones,P.J.Soles y Dick Miller.

En 1970 creó la compañía “New World Pictures”, con la que produjo esta película. A comienzos de los años 80 la vendió y tras distintas vicisitudes terminó siendo absorbida por el canal de televisión americano FOX. Roger Corman comenzó una nueva etapa con la productora “New Horizon Films”. Esta película fue dirigida por Allan Arkush. En otras cintas fue ayudante de dirección del director y productor, Joe Dante; el director de "Gremlins" (1984).
Un grupo con una música, estética inconfundible y copiada: Los Ramones.
Los Ramones es un grupo de punk-rock mítico. Comenzaron su carrera musical a principios de los años 70 y esta película les supuso una gran promoción.
Ambientada en un instituto: Una comedia gamberra.
Hay una dimensión mundial en su argumento: A los jóvenes les gusta la música rock y Los Ramones en particular. Toda la iconografía en este tipo de comedias está presente. En esta alocada comedia musical para adolescentes entran todos los temas recurrentes en este tipo de producciones: Alumnos empollones, otros gamberros, profesores duros e intransigentes, bromas, humillaciones, chicas y chicos que explotan su imagen más sensual y sobre todo la música de Los Ramones. Una película hecha para su lucimiento y promoción.
Portada del DVD.
Los protagonistas: Los Ramones.
Pamela Jayne Hardon, con el nombre artístico de P. J. Soles interpreta a la fan Número 1 de Los Ramones. Antes del estreno de esta película se casó con el actor Dennis Quaid, del que se divorciaría posteriormente. Tiene un pequeño papel un habitual en las películas de serie B, Dick Miller; un habitual en las producciones de Roger Corman y recordado por el papel en "Gremlins" (1984) definiendo en la película el nombre de los pequeños monstruos.
Por supuesto, aparecen Los Ramones.
La amistad, la solidaridad, rebeldía y el amor; unidos con la música.

 Trailer de la película:

Un microrrelato sobre los efectos de la música

EL AFILADOR

El último afilador de la historia viaja escoltado por una gran bandada de aves negras. Nadie hasta la fecha ha sobrevivido para contar el porqué de este aéreo y funesto cortejo. Por el camino polvoriento de pueblos y aldeas, o por la carretera asfaltada que penetra hasta el corazón de las ciudades, aparece de repente subido en su vieja motocicleta. El afilador elige espacios abiertos y amplios solares para facilitar la concurrencia total de los vecinos, pone en marcha el motor que hace girar la piedra amoladera y sopla la tramposa siringa. De las chozas, casas, alquerías, tiendas, talleres y hospitales salen personas de toda edad y condición, portando en las manos cuchillos, navajas, tijeras, machetes, hachas, cinceles y bisturíes. Cuando el afilador termina la faena, abandona el lugar y enfila hacia el próximo destino, mientras los buitres ennegrecen el cielo esperando a que la música surta su efecto.

Microrrelato incluido en Zona de incertidumbre.

(La foto es de Alfonso Lazo: http://www.flickr.com/photos/alzzal/page4/)

Más: "la secta del microrrelato"

Otra prueba evidente de la ojeriza que algunos tienen hacia el microrrelato es el comentario que Indignada (así firma) ha dejado en el blog de Patricio Pron, que reproduzco, seguido de mi respuesta:

Patricio, yo leí este artículo como una ironía. Se ve que a la secta del microrelato le sobra soberbia y le falta sentido del humor. Un saludo. (Indignada)

El problema de debatir en Internet con argumentos y provecho es que siempre aparece alguien que descalifica. Indignada debería al menos tener la valentía de firmar con su nombre, para que todos sepamos quién habla de "secta del microrrelato" y escribe la palabra con una sola "r". (Antonio Serrano Cueto)

(San Miguel a punto de decapitar al Demonio.
Ornato de la calle San Miguel en Cádiz. Fuente: Silenos)

Suspicacias ante el microrrelato

He leído una reseña de mi último libro en el blog El Bibliófilo Enmascarado, en la que el autor, César, dice literalmente que no le acaban de agradar los microrrelatos, me parece como leer el prospecto de unas aspirinas. Al margen de que califica erróneamente Zona de incertidumbre como libro "de microrrelatos", cuando estos son los menos y hay muchos relatos que superan las cinco páginas, y dejando a un lado mis discrepancias sobre algunas valoraciones suyas, pues soy respetuoso con las opiniones ajenas, sin embargo no quiero pasar por alto un hecho que evidencian sus palabras: las suspicacias que siguen despertando los microrrelatos. Tampoco se expresó de modo diferente un conocido mío que examinaba Zona de incertidumbre en una librería. Antes de que pudiera decirle nada, me espetó: A mí no me van esas mariconadas de los microrrelatos. Debí de convencerlo de que ha de juzgarse después de leer y de que (una vez más) los microrrelatos alternan con relatos más extensos, ya que acabó comprando el libro. Hace algo más de un año, al reseñar en su blog Fuera pijamas, libro este sí todo de microrrelatos, Benítez Ariza escribía que estaba intentando encontrarle la gracia a un género hacia el que me siento más bien refractario. Hace poco menos de un mes el cartel del ayuntamiento de Puerto Real (Cádiz) que anunciaba la presentación del libro añadía "libro de microrrelatos". Afloran, pues, dos asuntos nada baladíes y estrechamente relacionados: el rechazo que genera (en buena medida a priori) el microrrelato en parte de los lectores y el asunto, discutido entre especialistas y escritores, de su extensión. Y si bien es cierto que no hay medida certera que pueda aplicársele, al menos convendremos, por negación, en que tres, cuatro o siete páginas ya no son microrrelato. En España tendemos a calibrarlo todo al peso, y la literatura no está al margen de este falso justiprecio. ¿Cuánta gente prefiere comprar un libro "gordito y que pese", sobre todo si es para regalo, antes que un volumen ligero que no alcance siquiera el centenar de páginas? Si a ello añadimos que nada hay más alejado de la gordura y el peso que un microrrelato (para algunos la antítesis de la novela, tan sobrevalorada), ya lo tenemos bajo sospecha. Sin duda muchos de estos mismos pesadores que practican el arte conjunto del ojeo y hojeo de un libro para hacerse una idea previa, al ver un microrrelato que pasa veloz ante su mirada, tilden el volumen completo por el relato volador, en una suerte de sinécdoque apriorística. Como si el microrrelato fagocitara, pese a adolecer de falta de corpulencia, el resto del libro. Siguen apareciendo libros de microrrelatos, antologías y análisis críticos rigurosos, y parece que se va caminando cada vez más sobre tierra firme. Mas aún queda camino por desbrozar entre el menosprecio y la ignorancia. Lograr que del prejuicio se pase a la lectura es tarea ardua. Conseguir la reconciliación con el género, como afirmaba Benítez Ariza al final de la citada reseña, se me antoja hoy un esfuerzo titánico.

La vanidad del escritor

Sé que escribir es un ejercicio de vanidad. Porque decidme, ¿qué motiva a alguien a sentarse delante del papel, cerrar los ojos en un gesto de concentración, estirar los brazos con los dedos cruzados para reafirmarse en un solitario “manos a la obra”, si no es la presunción de creer que las palabras que emanen de su tarea interesan a uno, cinco o, en el mejor de los casos, cien desconocidos? La vanidad es eso: la hinchazón que uno experimenta cuando piensa en sí mismo y, sobre todo, en la imagen sobresaliente que de él verán ─aspira a que vean─ los demás.

(Imagen: Museo de Cluny. París. Fuente: Silenos)

"MADAME PIMENTÓN", UN PERSONAJE QUE SÍ ENCONTRÓ AUTOR.

En Madrid siempre hubo mendigos, los hay y los habrá. Esta ciudad dura y acogedora, donde todo puede pasar, atrajo y atrae los sueños de aquellos a los que no se les permite anhelar la fantasía de un mundo mejor en sus lugares de origen. Unos triunfaron, pero otros quedaron expuestos al rigor con que se miden las quimeras.

FACUNDA CONDE MARTÍN.

Tras obtener el primer premio de piano en el Conservatorio de Madrid Yucunda, nombre artístico que le había escogido un novio de juventud, viajó por Europa cantando ópera hasta que su voz se perdió por una enfermedad que “no sé cómo se llama”. 

Había nacido en Villalón de Campos (Valladolid) en el año 1864 y relataba su historia a todo aquel que la quisiera escuchar. “El aguardiente hay que beberlo en la intimidad de la amistad. Yo lo bebo para aclarar la voz”, aunque la realidad era bien distinta. 

Tras un matrimonio fallido y desgraciado “Doña Gundi”, nombre por el que era conocida entre los vecinos, tuvo que buscarse la vida tocando el piano y cantando zarzuela en los cafés de Madrid. Su aspecto no tuvo más desaliño que el propio de una mujer que vivía de lo que le daban por sus pequeños recitales; peinaba con cuidado su moño de largo pelo, adornaba sus dedos con multitud de anillos de bisutería y vestía su pequeño y achaparrado cuerpo con un abrigo de astracán, tal vez residuo de lo que un día fue esplendor. 

La afición a la bebida hizo de su voz un amasijo de gorgoritos incomprensibles para los vanidosos que acudían a los cafés de entonces y Yucunda fue obligada, primero, a buscar auditorio entre el público de los cafés de barrio y poco tiempo después a cantar por sus terrazas y en las calles de Madrid. Se convirtió así en un personaje de sí misma que bajo el remoquete de “Madame Pimentón”, pasó a la historia.


Madrid era a principios del siglo XX una ciudad pequeña en la que todos sabían quién era el otro. Los mendigos tenían nombre, eran reconocidos y sus peripecias se relataban en los periódicos junto a los acontecimientos políticos y a los nombres de los gerifaltes del momento. Y “Madame Pimentón” se hizo famosa como personaje marginal, pero también por su dignidad y buena educación, por la generosidad al compartir lo poco que tenía y por el aguardiente. “Los escándalos que protagonizaba por las calles solían terminar en la comisaría, pero tenían su origen en la protesta por las burlas que se hacían sobre ella.”

En el mes de junio de 1910 un nutrido grupo de periodistas, escritores y dibujantes entre los que se encontraban: José López Silva, Luis Gabaldón, Juan Pérez Zúñiga, José Jackson Veyán y Luis de Tapia decidieron organizar un banquete homenaje, de los que estaban tan de moda entonces, a “Madame Pimentón”. 

                  

Con asistencia de “80 comensales, entre autores y compositores famosos, periodistas, intérpretes y otras muchas personas de la buena sociedad de Madrid” se celebró en el jardín del merendero de “Los Cipreses”, en la ribera del Manzanares, el insólito acto al que más de quinientas personas habían solicitado asistir sin conseguirlo. Allí recitó “Madame Pimentón” y cantó “La regadera” (canción de la revista “La alegre trompetería” de 1908).

                                                Youtube.com
                                            Olga Ramos canta "La regadera" en  Las Vistillas (1989).


Todos los organizadores del evento dedicaron a Yucunda creaciones compuestas para la ocasión. José López Silva (uno de los autores de la letra de “La Revoltosa” de 1898) entonó estos versos en su honor:



Los homenajes prosiguieron y así, poco después del banquete en “Los Cipreses”, el día 8 de junio de 1910 se organizó una función benéfica en honor a Madame Pimentón en el “Royal Kursaal” –antes Salón Regio- que estaba situado en la plaza de San Marcial, número 6 (ahora plaza de España).

Con el aforo completo del local “la popularísima cantante callejera” se sentó al piano y ejecutó varias piezas con mucho talento. Luego “cantó con singular maestría y rara atinación”, la romanza “El Trovador” “que tuvo que repetir en medio de una enorme ovación”. La comisión organizadora le regaló un mantón, 50 pesetas y un enorme ramo de flores, que ella agradeció con estas palabras: “Público amado y señor: Estas flores que me han regalado, como premio a mi modesto trabajo, os las ofrezco; repartíroslas, que yo tengo un sumo placer en obsequiar a mi público”. El público respondió con una gran ovación “y en serio”. 

Tras haber pasado 25 años cantando en las calles de Madrid, Facunda Torres Martín “Madame Pimentón” fallecía el 6 de febrero de 1928, a los 64 años, en su casa de la calle de las Virtudes, número 10 (Chamberí). Todos los periódicos se hicieron eco de la noticia y, como suele pasar, quienes de ella hicieron en otro tiempo mofa, befa y escarnio, reconocieron entonces virtudes de la artista que en vida nunca quisieron confesar. Incluso Conchita Supervia, conocida cantante de ópera en ese momento, sufragó los gastos del entierro y compró una sepultura perpetua para Yucunda, en el cementerio de la Almudena. 

Madame Pimentón no sólo tuvo notoriedad en los periódicos de principios del siglo XX, sino también en las obras de importantes escritores que la conocieron en vida. 

María Teresa León (1903-1988), escribió un cuento llamado “Madame Pimentón” en 1944, basándose en el personaje. Así mismo aparece en “Memoria de la melancolía”. 

Rubén Darío, Pío Baroja (“Desde la última vuelta en el camino”), Camilo José Cela (“La colmena”), Ángel Torres del Álamo y Antonio Asenjo (autores de “El gusano de luz”), José Manzano y Pedro Baños (autores de “Películas madrileñas” 1908) y muchos otros creadores en sus novelas, obras de teatro y biografías citan o parodian al personaje de Madame Pimentón, que sí encontró autor





Fuentes:

“Crónica de Madrid” Diario 16.

Hemeroteca B.N.E.

“Memoria de la melancolía” María Teresa León.

“La Colmena” Camilo José Cela.




Mis poemas, al árabe

Un grupo de alumnos de la Universidad Abdelmalek Essaadi (Tetuán, Marruecos), bajo la batuta del profesor y poeta Fathi Abderrahman, han traducido al árabe algunos poemas de No quieras ver el páramo. He aquí una muestra del que da título al poemario:


NO QUIERAS VER EL PÁRAMO

Desconcertada voz de la inocencia,
me preguntas si el mundo
es como tú lo ves, o lo parece.
Te confunde mi altura, la distancia
que media entre tus ojos y los míos.
Pensarás: desde ahí,
qué visión tan certera de las cosas.
Como si esta atalaya de los años
me regalase el don de las respuestas.
Pero aquí arriba hace frío
y arrecia la intemperie.
...................... ......... . Tan a solas.
No quieras todavía ver el páramo.



ألا تريد رؤية المكان المقفر

صوت البراءة المضطرب,
تسألني إذا كان العالم
كما تراه أنت أويبدو ذلك.
تخدعك قامتي , البعد
الذي بين عينيك وعيني.
ستفكر: من هنالك,
أي رؤية أكيدة للأشياء هذه.
كما لوأنَّ طول السنين
أهداني هبة الأجوبة.
ولكن هنا في الأعلى السماء تمطر والجو بارد
وتَقوى الاضطرابات الجوية.
فقط وحدي.............................
ألا زلت تريد رؤية المكان المقفر.

Autores: Mehdi Nakhla, Nabil Lamaissi, Taib Sekfi Laaroussi
Fotografía: Ramón Simón

Relámpago sobre el agua.


Película-documental alemán y sueco rodado en Nueva York que dura 91 minutos. Es de 1980.

Por Antonio Fernández Munárriz.

La dirige Wim Wenders junto a un Nicholas Ray agónico. Una dirección atípica debido al pésimo estado de salud del director de “Rebelde sin causa” (1955) o “55 días en Pekín” (1963), entre otras películas. Wim Wenders es un cineasta alemán admirador de Ray y ya consagrado cuando realizó esta cinta. “Relámpago sobre el agua” se grabó en un espacio de tiempo corto, justo antes de que el alemán comenzara a rodar “Hammett” (1982).
Portada del DVD.


Su comienzo es de falso documental: Wim Wenders visita de una manera sorpresiva a su amigo y admirado Nicholas Ray en su domicilio de Nueva York. Salvo estos primeros minutos estamos ante el espectáculo-documental de los últimos momentos de Ray. Nicholas Ray, enfermo terminal de cáncer, nos hace un retrato de su vejez y enfermedad. Junto al grupo de técnicos que participa en el rodaje, la joven pareja de Ray y el propio Wim Wenders nos introducen en el día a día de un enfermo que le queda poco tiempo de vida.
Resulta duro. Rodarlo es una delicada misión que por momentos genera preocupación en el director alemán. Más tarde declaró que no era una película para exhibirla por televisión, solo en las salas de cine para propiciar el recogimiento que amerita. Tras estrenarla en Cannes, en una versión más extensa, decidió reducir su duración; debido a las críticas recibidas.
Carátula del DVD.
Este documental de los últimos momentos del “maestro” retratados por su “pupilo” no se puede entender sin la presencia de una leyenda del cine y su heredero cinematográfico. Si fueran dos desconocidos y anónimos protagonistas, esta película no tendría ningún interés.


En un breve espacio de tiempo vemos a un Nicholas Ray cada vez más débil. El cáncer actúa muy rápido y de una manera cruel. Pero en este retrato del sufrimiento vemos risas, amor y momentos de absoluta vitalidad. Junto a su joven pareja, Susan Ray, hay momentos para pensar en un futuro, aunque sea de días.
La muerte se presenta como camino y así se representa en su último viaje: Un barco de vela chino lleva sus cenizas. Las gracias físicas divinas (sanaciones) están fuera de lugar en un retrato humano alejado de supersticiones y mojigaterías ligadas a la religión. Libre de hipocresía, Ray encuentra en sus amigos, pareja y su gran obra el apoyo que necesita.
El Sábado 4 de Febrero; la película fue presentada y hubo posterior coloquio, como ocurre siempre en la primera sesión de los Sábados en la Filmoteca de Cantabria, por Fernando Ganzo y José Luis Torrelavega.
Escenas de la película:



Humedades

Estaba húmeda. Por culpa del calentador. Ese era el delito. Pensarán ustedes que eso no constituye un delito. Un pecado en todo caso. De pensamiento y obra. Aunque tampoco lo sería de obra, pues el pensamiento llevaría a la humedad, pero esta sería involuntaria. Mas eso pertenece al ámbito de lo íntimo y lo que me propongo contarles es un asunto público. La pared del vecino de abajo estaba húmeda. Por culpa de mi calentador de agua. Y su compañía de seguros me llevó a juicio. No teman, no detallaré los pormenores del pleito. Un asunto bien prosaico y aburrido. Tampoco entraré en fantasías sexuales si es lo que estaban pensando. Un juicio que acabó en una orgía sexual con la magistrada siendo repetidamente poseída por el demandado, o sea, yo. Lamento decepcionarles. Tan sólo quiero contarles algunos detalles procesales de la vista. Cuyo motivo ya lo saben. Estaba húmeda. Por culpa del calentador...

Para seguir leyendo puedes Descargar Humedades

                                                           

Un lector, una reseña, una revista

Después de una jornada agotadora de trabajo, ha venido a verme José María, uno de los editores de GRUNDmagazine, "revista de actualidad cultural, social y política", según reza en la publicación (en papel y versión on-line, añado). Es una revista reciente (el número 1 es de noviembre de 2011), que responde a las inquietudes de un grupo de jóvenes vinculados a la facultad en la que doy clases, y a la que deseo desde aquí muchos éxitos en el proceloso mar de las publicaciones periódicas.
.....Nos habíamos citado en mi despacho a las 18:45. Me dice José María que quiere hacerme una entrevista, porque quiere reseñar mi Zona de incertidumbre en el próximo número de Gn. Le pregunto si le ha gustado como para hacer una reseña, y me responde que mucho. Constato en las preguntas que me hace que conoce bien el libro, que lo ha leído con interés. En breve saldrán entrevista y reseña. Y claro, no puedo evitar dos sentimientos encontrados, uno de recelo y otro mezcla de satisfacción y agradecimiento. Recelo porque me temo que lo que en un principio podía haber sido reseña inmaculada de un lector anónimo hasta esta tarde, haya devenido reseña contaminada por mis prolijas respuestas sobre algunas claves del libro. Satisfacción y agradecimiento porque un lector desconocido me confiese que ha disfrutado leyéndolo y quiera además dejar constancia de tal disfrute en su revista. Estos son los pálpitos que mejor suenan, los que llegan cuando no se esperan y desde donde uno ni siquiera sospecha. Y llegan así, gota a gota, formando ondas en la superficie plácida del estanque.

LA ESQUINA DE CONDE DE PEÑALVER (GRAN VIA) CON HORTALEZA, UNA FONDA Y UN CAFÉ.



Esa esquina, entonces turbia y peligrosa, la veía yo desde la ventana del hotel donde me alojé a veces en los años 80. Apareció de pronto cuando me puse a imaginar mi novela El invierno en Lisboa. Y también cuando escribía Ardor Guerrero.” Antonio Muñoz Molina.



Cuando el primer tramo de la Gran Vía de Madrid aún se llamaba Conde de Peñalver, se inauguró el edificio del Círculo de la Unión Mercantil e Industrial que ocupa desde entonces el solar donde estuvo el Palacio del conde de Santa Coloma, famoso en todo Madrid por el buen olor que salía de sus cocinas y más tarde por el abono de 601.140 pesetas, que se le hizo al conde por el derribo de su heredad (1592 m2.) en las expropiaciones para construir la Gran Vía.


                                                                              Fuente: Granvia.memoriademadrid.es
                                                Derribos de la Gran Vía (1910). Primer trozo.
Nota.- En el año 1910, época de la que data este plano, no debía estar decidido aún el derribo del Palacio del conde de Santa Coloma ya que el color gris con que esta finca se representa en el dibujo y las tenues líneas que marcan lo que habría de ser la nueva vía, parece que dejan a un lado este inmueble. 

Foto: M.R. Giménez
Esquina de la Gran Vía con la calle de Hortaleza. Círculo de la Unión Mercantil e Industrial.


Era el día 24 de abril de 1924 cuando se inauguró el Círculo de la Unión Mercantil, en el número 3 de la calle de Conde de Peñalver (hoy Gran Vía, 24 -Hortaleza, 2 y Reina, 2); un enorme edificio de los arquitectos Luis y Joaquín Sainz de los Terreros, con fachada de piedra a base de motivos neorrenacentistas que incluía espacios comerciales, salones para bailes y conferencias, local de cafetería y lujosas viviendas en alquiler. Aquí estuvo, hacia 1926, el concesionario de automóviles de lujo “Studebaker” y “Pañería- Sedería Red de San Luis”, con especialidad en paños de Bejar, establecimiento este último aún abierto cuando el autor de “El jinete polaco” miraba desde la ventana del hotel donde se alojaba en los años 80.

                                                            Fuente: ABC
                         Anuncios de los negocios que estuvieron situados en el edificio de la Unión Mercantil.

                                                                    Foto: L. Domínguez Fisa
Edificio Unión Mercantil e Industrial en los años 70 del siglo pasado. En primer plano la desaparecida fuente que sustituyó al templete de Antonio Palacios. En el fondo, los toldos azules de la pañería "Red de San Luis".


Antes de desaparecer bajo la piqueta el Palacio del conde de Santa Coloma, en su esquina de la calle de Hortaleza con la de la Reina, estuvo el café Nueva Iberia, llamado con anterioridad de La Marina.

El viejo local ya era café desde mediados del siglo XIX, cuando la Red de San Luis era una pequeña plaza en la que daba comienzo la calle de Hortaleza. En 1895, el café Nueva Iberia, fue el escenario de un crimen del que la prensa se hizo eco, como no podía ser de otra manera.

Bajo el epígrafe “El crimen de anoche” se relata como “A.S. emparentado con la nobleza madrileña” (razón por la que no sabemos su nombre completo) y muy conocido entre la gente llamada “del bronce (gente resuelta y pendenciera) se había encontrado dos días antes con otro llamado Félix, en la Pradera de San Isidro. Félix tenía “desconfianza de la conducta de una mujer amiga suya, conocida como la Rita, desconfianza a la que podía haber contribuido A.S.” por lo que ambos hombres se enfrentaron, resultando Félix agredido. La noche del crimen en el café Nueva Iberia, Félix llegó a él con una pistola; encontró a la muchacha sentada a la mesa con A.S. quien al verle, se puso de pie mientras Félix le disparaba en el pecho y salía huyendo del local. El agredido aún tuvo fuerzas para intentar una persecución, pero quedó tendido en la acera de la calle sin vida. “En sus bolsillos se encontraron 600 pesetas, un reloj y una pistola de dos cañones”.

Sobre el café Nueva Iberia no sólo se escribió por el fúnebre suceso relatado, sino también por haber sido el último lugar de reunión del “Bilis Club” o “sociedad literaria sin reglamento, sin junta directiva y sin domicilio” en la que participaban: Leopoldo Alas “Clarín”, Marcos Zapata, Armando Palacio Valdés, José Ortega Munilla (quien le puso el nombre), Eugenio Sellés, Adolfo Posada, Francisco Flores García, Luis Taboada y muchos más.

El Bilis Club comenzó siendo una reunión de amigos “de letras”, una tertulia en la que todos los temas eran posibles y donde la mordacidad de los comentarios allí expuestos trascendió a la prensa desde la década de los 70 del siglo XIX, época del inicio de este “club de bilis” en la Cervecería Inglesa de la Carrera de San Jerónimo.

                                                            Foto: M.R. Giménez
                                         Calle de la Reina (2012). Lugar donde estuvo la fonda Genieys.

Bajando por la calle de la Reina (antiguo número 8) y poco antes de llegar a  la calle del Clavel estuvo, hasta la demolición del edificio, la fonda Genieys que aparece señalada en el plano de derribos de la Gran Vía con el nombre de Casa de Victor Hugo.

El ciudadano Genieys” tenía su casa fonda en lo que había sido antes el palacio Masserano, convirtiéndola en uno de los mejores sitios para comer de Madrid, en tiempos de Larra y de Espronceda. Gioacchino Rossini (1792-1869) estuvo allí hospedado así como el general Joseph Léopold Sigisbert Hugo (gobernador de la provincia de Guadalajara, cuando José I) con su mujer e hijos, uno de los cuales era Victor Hugo (1802-1885).

En el año 1839 “chez Mr. Genieys” se traslada a la calle de la Salud porque el viejo caserón de la calle de la Reina estaba muy deteriorado. Se abre entonces en sus dependencias el colegio Polimático de primera y segunda enseñanza “para pensionistas, medio pensionistas y externos”. Durante los últimos años del siglo XIX los periódicos “El Resumen” y “Heraldo de Madrid” tuvieron en esta casa su sede así como el “Teatro Zorrilla”, que era de aficionados.

Entre el tercer trimestre del año 1910 y el final de 1911 se procede a la demolición de la práctica totalidad de esta manzana de casas, comprendida entre las calles de Hortaleza, Reina, Clavel y San Miguel, siendo el terreno de esta última absorbido por la nueva Gran Vía, al completo.

                                                      Fuente: Granvia.memoriademadrid.es
Desaparecida calle de San Miguel que iba desde la calle de Hortaleza hasta la de Caballero de Gracia. Su trazado sirvió para construir la Gran Vía.

                        Dedicado a Antonio Muñoz Molina, por su amabilidad.


Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
“Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Granvia.memoriademadrid.es
“Pombo” Ramón Gómez de la Serna



The Trotsky.


Es una película canadiense del 2009 que dura 120 minutos.
Por Antonio Fernández Munárriz.
Su director es Jacob Tierney. Es un actor, director y guionista canadiense de cine y televisión. Jay Baruchel es el actor canadiense protagonista de la cinta.

En el recuerdo: León Trotsky y Woody Allen.

El mimetismo del personaje de la película con el personaje histórico nos recuerda al falso documental de Woody Allen, “Zelig” (1983). Un hombre es conocido popularmente por adaptar su apariencia: El camaleón humano.
El joven protagonista de la película adquiere el físico, los gestos, la manera de hablar, vestir y comportarse del revolucionario ruso, León Trotsky.
El personaje real se enfrentó a Stalin, tuvo que exiliarse en México y terminó asesinado por encargo del líder ruso en 1940.
Las ideas de León Trotsky siguen siendo un referente en la izquierda de muchos países y fue importante su impronta en sindicatos de los EE.UU y Canadá.
El argumento.

El argumento va más allá de una comedia sobre adolescentes. Es una denuncia sobre la falta de valores y el hedonismo en la juventud actual.
Un estudiante comparte el mismo nombre que el personaje histórico y adapta su personalidad a la de él. En clave de comedia nos adentramos en sus difíciles relaciones de familia y con sus profesores debido a esta situación. A raíz de este hecho, que puede parecer un trastorno psicológico, nos adentramos en una sociedad consumista con un sistema económico depredador, duramente competitivo y que divide a la sociedad entre ricos y pobres. Un sistema injusto y nada igualitario que genera pocas oportunidades para la mayoría dejando a muchos en la cuneta. Situaciones cómicas que sirven también como denuncia.
Portada del DVD.

 Frente al carácter revolucionario y agitador del joven Trotsky; se encuentra a unos compañeros de instituto apáticos, con nulo compromiso social y que buscan el placer y la diversión ante todo. Un retrato del hedonismo en la sociedad canadiense, y más concretamente en la ciudad de Montreal donde está ambientada esta película.

La cinta se adelantó al Movimiento 15-M  y merece una reflexión desde esa mirada. Pertenece al cine independiente, que no solo busca entretener.





Trailer de la película:

Uno de tantos cementerios

Todo lo que vive muere. Cementerio de anclas en una costa cercana, luminosa a pesar de todo.

Mudanzas y desasosiego

Tarde soleada en el Sur, pese al frío siberiano. Como las cigüeñas y otras aves migratorias en busca de climas más bonancibles, así nos visita el frío siberiano, huyendo de sí mismo. Hace una semana justa celebrábamos el día de san Blas en un pueblo serrano, Benaocaz, y, en contra del dicho ("Por san Blas, la cigüeña verás"), no vimos cigüeña alguna. Los mayores advierten de las extrañas mudanzas de la naturaleza, que los más instruidos titulan, con énfasis apocalíptico, hechos contra natura. Quizás porque voy cumpliendo años, me parece percibir extraños paisajes, geografías que cuesta localizar en los mapas. Garzón es un indicio de esa inquietante transmutación.