UN PEDAZO DE LA GRAN VÍA DE MADRID EN LA CALLE DE TETUÁN DEL VIEJO SAN JUAN (PUERTO RICO).

El número 260 (antiguo 26) de la calle de Tetuán del Viejo San Juan, nos reserva sorpresas. 

Foto: Manuel Chamorro
Fábrica de Sodas de la calle Tetuan, 26 en el Viejo San Juan de Puerto Rico.


Con el nombre de “Polo Norte – Fábrica de Sodas de Rivero y Compañía, Sucs.” escrito sobre el fondo amarillo de unos azulejos confeccionados en Madrid por “Casa González” Gran Vía, número 11 podemos descubrir mucho sobre la historia de la ciudad de San Juan, de este negocio abierto en el año 1902, que popularizó la Kola Champagne y sobre su fundador Ángel Rivero Méndez.

Ángel Rivero Méndez, antes de dedicarse al negocio de las sodas, fue un militar liberal. Hijo de inmigrantes canarios, nació en el año 1856 en Trujillo Bajo (pueblo hoy anexionado a la capital de Puerto Rico). Realizó sus estudios en la Escuela Insular de Entrenamiento Militar de la Academia de Infantería de Puerto Rico, trasladándose después a España para continuar su formación en Toledo y en Segovia. A su regreso a la isla, es elegido para gobernar el Castillo de San Cristobal, desde donde el día 10 de mayo de 1898 dispara el primer cañonazo de la Guerra Hispano-Estadounidense contra el “Yale”, barco norteamericano que bloqueaba el puerto de San Juan.


Foto: Manuel Chamorro
Pudo ser este cañón desde el que Ángel Rivero Méndez  disparó contra el  "Yale".



Firme defensor de su país, siempre rechazó la americanización cultural impuesta por los Estados Unidos, a quien tuvo que entregar Puerto Rico el día 15 de octubre de 1898. Tras la guerra, en el año 1922, publicó “Crónica de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico” y escribe bajo el pseudónimo de “Remigio” en la prensa de Puerto Rico. El 23 de febrero de 1930 se suicidó con un disparo en la cabeza.


El oso polar, símbolo de la empresa “Polo Norte – Fábrica de Sodas de Rivero y Compañía, Sucs.” y elegido en plena fiebre expedicionaria por descubrir el Polo Norte geográfico, se encuentra en la fachada de la fábrica de sodas que fundó Ángel Rivero Méndez, junto al rótulo que señala el lema de la fábrica “¿Gaseosas Polo Norte? ¡Ni una palabra más!”, mientras sostiene en su mano una botella del refresco estrella de la empresa, una variante de la cola inventada en 1886 por Pemberton, en Atlanta.

Foto: Manuel Chamorro
El oso polar, símbolo de la empresa. Se puede leer la frase:  "¿Gaseosas Polo Norte?¡Ni una palabra más!" sobre la figura.




Bajo uno de los paneles cerámicos de la fachada, en el que se representa una máquina embotelladora del refresco estrella de la fábrica de Rivero, la Kola Champagne, se aprecia la firma de la empresa que realizó sus azulejos: “Casa González. Gran Vía ..?. Madrid”.


Foto: Manuel Chamorro
Embotelladora de la "Kola Champagne" con la firma de la "Casa González. Gran Vía. Madrid".


Los hermanos González Álvarez-Ossorio, procedentes de Sevilla donde comienzan con la fabricación y venta de materiales para la construcción en los primeros años del siglo XX, deciden abrir en septiembre del año 1917 en la Gran Vía, numero 11 (entonces número 14) una lujosa tienda de sanitarios, rejería y cerámicas artísticas. El establecimiento se llamó “Casa González” y expuso un muestrario de productos, del que se han conservado sus cerámicas artísticas diseñadas por el pintor Gustavo Bacarisas con los escudos de Sevilla, Madrid, Málaga, Córdoba y Huelva, provincias donde la empresa tenía sucursales.

Foto: ABC.
Inauguración de la tienda "Casa González" en la Gran Vía, nº 11, en el año 1.917.


La tienda, que contaba con dos pisos del inmueble, tenía una valiosa escalera decorada con azulejos neorrenacentistas diseñados por Manuel García Montalbán, que aún se puede admirar.


Foto: M.R. Giménez
Escalera y azulejos de lo que fue "Casa González", en la actualidad.


El más conocido de los Hermanos González era el arquitecto Aníbal González Álvarez-Ossorio (1876-1929), creador de la Plaza de España de Sevilla y de la ampliación del edificio del ABC, en el paseo de la Castellana de Madrid, entre otras obras. Bien pudiese haber sido también el artífice del edificio de “Polo Norte – Fábrica de Sodas de Rivero” del Viejo San Juan, pero lo que sí podemos confirmar es que los azulejos de su fachada son de su empresa familiar de “Casa González” Gran Vía, Madrid.

La “Casa González” cerró esta tienda de la Gran Vía en el año 1930 y su local fue ocupado por la papelería “E. Pérez Vallejo”, que conservó intacta la decoración cerámica en su interior. En la actualidad un hotel mantiene este espacio como tránsito hacia sus dependencias superiores.






Fuentes:
http://home.coqui.net/sarrasin/bio.rivero.htm
Hemeroteca ABC
Hemeroteca B.N.E.
Agradecimiento muy especial a Manuel Chamorro, por sus fotografías y por descubrir el “Polo Norte” del Viejo San Juan (Puerto Rico).


La fuente de las mujeres.


Es una película francesa estrenada en el Festival de Cannes 2011, ambientada en Marruecos. Dura 120 minutos. Es del 2011.
Por Antonio Fernández Munárriz.
El guión y la dirección es del director rumano afincado en Francia, Radu Mihaileanu. El productor es el director de cine francés autor de películas de éxito (“El quinto elemento”, 1997 o “Nikita, dura de matar”, 1990), Luc Besson.
Portada del DVD, blu-ray disc.

Radu Mihaileanu es un director judío que ha tratado en “Vete y vive”(2005) el drama de cientos de miles de judíos etíopes que escaparon del hambre en 1984. Un traslado en aviones de la comunidad judía etíope a Israel que llevó el nombre de “Operación Moisés”.
La música es de Armand Amar, nacido en Israel pero afincado en Francia. En el 2010 recibió un Premio Cesar del cine francés por componer la música de otra película de Radu Mihaileanu. Un compositor imprescindible en el cine y televisión de Francia.
Basado en una historia real con influencia de la Grecia Clásica en pleno siglo XXI.
Con “La fuente de las mujeres” hace un análisis del mundo rural musulmán a raíz de un hecho real que ocurrió en Turquía en el año 2001, cuando las mujeres de un pueblo; hartas de recorrer un largo y tortuoso camino para recoger agua se negaron a hacer el amor con sus maridos hasta que estos canalizasen el agua hasta el pueblo.
Portada del DVD.

Este hecho inaudito nos lleva al recuerdo de la Grecia Clásica y en concreto a una obra de teatro de Aristófanes (un escritor de comedias que falleció en el año 385 Antes de Cristo). En “Lisístrata”, esta mujer jura no hacer el amor con su esposo en señal de protesta: Una huelga de amor; tal y como trata la película.
La protagonista es Leila, interpretada por Leila Bekhti (Premio Cesar del cine francés a la mejor actriz revelación por “Tout ce qui brille” (“Todo lo que brilla”, 2010). Una actriz que se ha convertido en una celebridad en Francia, participando en cine y televisión.
El argumento: Una comedia.
La historia, en clave de comedia, es intimista y a veces dramática. La metáfora de la vida es el agua. Un camino de penalidades en lo alto de una montaña que conducen a la fuente: Accidentes, celebraciones y misterios.
 Aspectos históricos de un pueblo rural y atrasado, cuestiones de fe que fluctúan entre un Islam rígido y otro más tolerante; y sobre todo, la temperie cultural de una sociedad en transformación debido a la emigración y al turismo.
Las mujeres toman la iniciativa y se revelan haciendo una “huelga de amor”. Solicitan lo que tiene el resto del mundo: Agua y electricidad en sus casas. Como mujeres, les toca por tradición cargar durante kilómetros y tortuosos caminos con calderos llenos de agua. Frente a la mujer de ciudad, libre y de vida cómoda; nos encontramos con la mujer rural, sometida al hombre y con trabajos, cultura y relaciones interpersonales ligadas al Medievo.
Ha sido exhibida en los cines Groucho, de Santander.


Sigo aquí (y un microrrelato)

Me han preguntado si tengo alguna dolencia que me impide escribir en este blog, o si me he cansado de la blogosfera, a juzgar por el poco movimiento que hay últimamente en los Silenos. No. Ni estoy enfermo, ni me he cansado del blog. Ocurre que en las últimas semanas se me han impuesto, a golpe de reloj y premuras, varias tareas universitarias que me tienen como perro ensogado. Creo que en unos días estaré más liberado y podré seguir la danza con el ritmo que merecéis, queridos lectores. De momento, os dejo un microrrelato.


EL PORTERO Y LA PORTERA

Al portero lo vemos a menudo cortando las flores del jardín, limpiando los portales, acarreando herramientas para asuntos varios y, sobre todo, ganándose la confianza de los niños de la urbanización con animalitos que él mismo fabrica con el envoltorio de los caramelos. En cambio, a ella nunca la hemos visto fuera de la casita de colores que huele a azúcar y regaliz. Dicen que la portera atesora entre las paredes el secreto de su obesidad y que solo asoma su rostro impaciente de luna vieja detrás de los visillos con la luz vespertina, cuando por el camino de tierra que llega del bosque se divisa la triste silueta del portero bajo la mole
del saco.

EL CAFÉ DEL DESENGAÑO, EL “TÓXPIRO DE DAZA” Y EL CAFÉ DE LOS BASILIOS.

La calle del Desengaño, donde estuvo el Café de su mismo nombre, hubo un tiempo en que se llamó calle de San Basilio por el convento que desde el siglo XVII allí se ubicaba. En la época de Fernando VII los frailes que en él vivían decidieron, vaya usted a saber por qué, degollar al guardián que les ayudaba; su pena fue abandonar el convento y desde 1835 quedó su iglesia a merced de otras actividades consecutivas: cuartel de artillería, teatro Lope de Vega, un molino de chocolate y la Bolsa de Comercio. En el año 1850 es derribado todo el complejo y sobre su solar se procedió a la construcción de casas particulares.

Foto: Flickr.Nicolas1056
Aspecto de la calle del Desengaño durante los derribos para la construcción de la Gran Vía.

El café del Desengaño ya existía en 1836 y estuvo situado en el número 15 (antiguo) de esta calle, antes de ser amputado su primer tramo por la construcción del edificio de Telefónica y por las obras de la Gran Vía. Su dueño, Manuel Molina, en 1898 abre una suscripción para “favorecer el invento del compatriota Daza”.

El Tóxpiro. Manuel Daza Gómez (1852-¿), ante la inminente  Guerra Hispano-Estadounidense  de 1898, concibe un proyectil aéreo, cónico, con aletas en sus lados y que lleva explosivos en el interior. Este cohete, al que llamó “Tóxpiro”, duplicaría el alcance de otros, podría construirse en todos los calibres y se dispararía eléctricamente desde un aparato especial a gran distancia del objetivo. El proyecto es presentado al Ministro de la Guerra, general Azcárraga, en junio de 1897, pero al realizar las pruebas de demostración en Murcia los resultados no fueron satisfactorios y el Tóxpiro se abandonó.

Manuel Daza era “un hombre exclusivamente dedicado a la ciencia, a la mecánica; ni conoce ni ha conocido otras ocupaciones ni tiene otros recreos que los que le proporcionan los libros de estudio”. Era miembro honorario de la Academia de Inventores de París, como reconocimiento al haber inventado un aparato electrónico para perforar pozos artesianos.

El café de los Basilios estuvo en la calle del Carbón, número 2 y ya existía en el año 1850. Esta calle del Carbón desapareció con los derribos de la Gran Vía, pero en sustitución y muy cerca de dónde estaba aquella se trazó la que hoy conocemos como la calle de Gonzálo Jiménez de Quesada.

El cronista de Madrid Ángel Fernández de los Ríos (1821-1880), vivió en el número 1 de la calle del Carbón, frente al café de los Basilios. Este café cambió varias veces de dueño, se remodeló por completo en diversas ocasiones, pero siempre mantuvo el mismo nombre. 

Pascual Madoz 1848. Aparecen señaladas la calle del Carbón y el Convento de San Basilio, que en ese momento era la Bolsa.

En mayo de 1893 fue noticia un “lunch” ofrecido en este café a la entonces famosísima cupletista “La Bella Chiquita” (Diana Dunosse) que “cantó cupléts acompañados de movimientos de culebra, lo suficientemente honestos para no alarmar a los mojigatos; pero también lo suficientemente expresivos para provocar el aplauso entusiasta”  según informa la prensa de aquel tiempo, que la describe así: “Era una bailarina antillana, de escultural figura, de cándido rostro e ingenua expresión, que ofrecía en el escenario el original espectáculo de una danza que movió en acción de protesta a la Asociación de Padres de Familia, y que las autoridades se vieron obligadas a prohibir por razones de moralidad y de orden público”.




Fuentes:
“Guía de Madrid”  Ángel Fernández de los Ríos.
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
Cartotecadigital.icc.cat

El hijo del cantor.


 Es de EE.UU, en idioma yiddish. Dura 80 minutos y es de 1931.

Por Antonio Fernández Munárriz.
El argumento y sus protagonistas.
Un niño de la atrasada Europa se escapa de casa y emigra a la tierra de las oportunidades: América. Tras muchas penalidades triunfa como cantante y encuentra el amor. Un melodrama romántico-musical lleno de buenas canciones  y con bastante comicidad. El idioma yiddish y su melodiosa pronunciación acompaña perfectamente a la música.
Su protagonista, Moishe Oysher, era un apreciado cantante y actuaba en bodas y celebraciones judías. La cinta sin ser autobiográfica, tiene coincidencias con el protagonista y también con el director.
Sidney Goldin es su director. También trabajó como actor en cine y teatro yiddish. Un cineasta yiddish europeo que se trasladó a los EE.UU para triunfar, al igual que el protagonista de esta película. Durante el rodaje sufrió un ataque al corazón del que se recuperó y fue sustituido por Ilya Motyleff. Esta es la causa, que dependiendo de la fuente, la película esté firmada por uno u otro director.
La otra cantante de la cinta es Florence Weiss. Pareja en la vida real del protagonista, Moishe Oysher.
“Campos verdes” (1937). Otra película yiddish.
El yiddish: Más que un idioma.
El yiddish engloba a todo lo relacionado con los judíos de Centroeuropa. Unidos por una lengua con varios dialectos dependiendo de su localización geográfica pero teniendo como base la mezcla del alemán, ruso, y polaco; junto al hebreo y arameo: Esto forma el idioma yiddish.
De este modo hablamos del cine yiddish como extensión de lo judío. Un cine de bajo presupuesto dirigido a los judíos y producido desde los años 20 a los 40 del pasado siglo. Trataban leyendas y temas recurrentes de su comunidad unidos por su idioma.
 Las preocupaciones y valores de los judíos estaban reflejados en las cintas que se distribuían en Europa y América. Rodadas indistintamente en ambos continentes. Su origen es teatral y la más destacada fue rodada en Polonia antes de ser invadida por la bota nazi, “El Dybbuk” (“Espíritu malicioso”), está basada en una obra de teatro de 1914.

Cartel del ciclo en la F. Botín.

Leyendas, dramas, comedias y musicales tenían cabida en este tipo de cine. Una reafirmación de su cultura e idioma frente a la homogenización que se producía en la industria del cine.
Esta película tuve la oportunidad de verla el 11 de Enero del 2012 en la Fundación Botín, de Santander. Fue presentada por Richard Peña, profesor de cine  y director de programación del Film Society of Lincoln Center.



LA PLAZA DE SANTO DOMINGO, TRES CAFÉS Y UNA PROCAZ ESPECULACIÓN.

Desde que en el siglo XIII comenzara a levantarse el convento de Santo Domingo, extramuros de la puerta de Balnadú (que estuvo situada cerca de lo que hoy es el Teatro Real) y hasta la fecha, la cuesta y la plaza de Santo Domingo de Madrid han sido objeto de especulativas y disparatadas transformaciones; a pesar de ello, hubo un tiempo en el cual aún no se había convertido en una caótica zona de paso rápido de transeúntes y vehículos, en el que las prisas contaban menos, sus edificios tenían un máximo de cinco alturas y los ruidos estaban mitigados por los árboles del jardín que luego ocupó un chocarrero aparcamiento para coches.

Foto: Urbanity.es
Plaza de Santo Domingo (1913)

Cuando a mediados del siglo XIX la de Santo Domingo era “plazuela” y la cuesta de su mismo nombre era conocida como “subida o bajada”, hubo aquí tres destacados cafés.
El Café de los Realistas o de Santo Domingo, que de ambas maneras alternaba su nombre, estuvo en lo que fuera el número 16 de la plazuela de Santo Domingo, esquina con la calle “Ancha” de San Bernardo.
Las primeras noticias de este café proceden del año 1823, época en la que era conocido como Café de los Realistas. El extranjero podía saber, leyendo el rótulo del establecimiento, la clase de gobierno que dominaba en España. En tiempo del absolutismo decía el rótulo Café de los Realistas y para puntualizar más su índole, el retrato de un voluntario realista aparecía pintado sobre la puerta. Posteriormente, aparecieron un guardia nacional o un miliciano urbano, signos del cambio de régimen”.
Tras la muerte de Fernando VII el establecimiento volvió a llamarse por su nombre primitivo, Café de Santo Domingo, a pesar de ser aún frecuentado por los realistas. Sus asiduos no paraban de narrar, en las tertulias, hasta el más insignificante episodio de la pasada Guerra de la Independencia (1808-1814). Todo era antiguo en este café y, a decir por los comentarios de los anales de la época, “entrar en él era como retroceder medio siglo”.
En 1850 la casa del café de Santo Domingo va a ser demolida y se hace almoneda con todo lo que el establecimiento tenía en su interior: Espejos, relojes de música y péndola, un molino de piedra para almendra, mostrador, anaqueles y una mesa de billar donde tantas partidas jugó el célebre Toriño, rival de otro afamado jugador barcelonés llamado Peret (Perico).

Foto: Urbanity.es
Plaza de Santo Domingo (1934). A la izquierda se ve la cuesta de Santo Domingo.  En la derecha el final de la calle de Jacometrezo. Al fondo, a la derecha, comenzaba la calle "Ancha" de San Bernardo, donde estaba el café. 

El Café de los Ángeles estaba situado en la cuesta de Santo Domingo, en una zona que entonces también formaba parte de la plazuela y frente al número 26 de ésta, junto a un lapidario.
Nota.- Por haber sido completamente modificada la zona a la que se hace referencia, los números de las casas son aportados como curiosidad, tal y como figuran en la prensa de la época.
Este café tenía un afamado billar y fue noticia en febrero de 1849 por haber sustituido las bandas de goma de la mesa de juego por otras metálicas de nueva invención, ante la admiración de los jugadores.
Contaba el café de los Ángeles con un parroquiano excepcional, Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), quien solía ir a escribir cada tarde. Publicaba sus escritos como colaborador en el periódico “El Contemporáneo”, dirigido por José Luis Albareda hasta que en noviembre de 1864 toma él mismo la dirección del diario, como se anuncia en el recorte de prensa.

Recorte de "El Contemporáneo" 9/Noviembre/1864. Fuente: B.N.E.

Un año después del derribo de la última parte del convento de Santo Domingo, en 1869, el lado izquierdo de la cuesta, “antes de la rinconada”, lugar donde se encontraba el café de los Ángeles, fue remodelado y alineado con el resto de la calle; de esta manera fue configurándose lo que sería una plaza, en vez de una plazuela, con un jardín de árboles.

Foto: Urbanity.es
Cuesta (subida o bajada) de Santo Domingo. Al fondo los edificios demolidos de la Plaza.

Pasan los años y el café de los Ángeles es restaurado y redecorado, anunciando su nueva apertura en 1892. El señor Mayorales, su dueño, encargó al “inteligente pintor Sr. Pechuga” la ornamentación del local que abriría sus puertas el día 19 de noviembre con un concierto de la banda de música del Batallón de Cazadores de Puerto Rico, “que tocará las mejores piezas de su escogido repertorio”.
El más joven de los cafés de esta zona de Santo Domingo fue el Café Asprón, que estuvo ubicado en lo que fue el número 18 de la plaza, haciendo esquina con la calle de Preciados.
Se anunciaba como Restaurante café Asprón Hermanos allá por el año 1910, ofertando menús económicos, a la carta. Tenía las puertas y ventanas decoradas con vidrieras de colores en las que se podían ver figuras de cariocas bailando. Más tarde fue convertido en un “tupi” o local de pequeñas dimensiones donde se podía tomar de pie cafés y licores. Pero este café desapareció con la especulación más exorbitante de las llevadas a cabo en el barrio del Centro por el Ayuntamiento de Madrid, entre los años 1967 y 1976, gracias a los ignominiosos esfuerzos de dos alcaldes: el gemebundo Carlos Arias Navarro, (de 1965 a 1973) y el impenitente Miguel Ángel García Lomas (de 1973 a 1976).
desestimados sus recursos por el Tribunal Supremo. La finalidad de este plan, según el Ayuntamiento, era “el ensanchamiento de la plaza de Santo Domingo y la apertura de la calle de Jacometrezo con objeto de facilitar la circulación del sector y la creación de un amplio lugar de estacionamiento de vehículos”. Todo ello suponía (y supuso) la demolición de, nada menos que, veintidós edificios localizados no sólo en la plaza de Santo Domingo sino también en las calles de Silva y de Jacometrezo.
El aparcamiento de Santo Domingo, que ya se había llevado por delante el jardín arbolado de la plaza en el año 1957, no parecía ser suficiente para los Alcaldes Arias Navarro y García Lomas; su justificación de convertir el centro de Madrid en una autopista con garaje para los coches, sin pensar en los vecinos y en pos de una modernidad descabellada e ignorante, incluía soterrada otra realidad: Una operación especulativa a gran escala.
Foto: Ayuntamiento de Madrid.
Aparcamiento antiguo de la plaza de Santo Domingo, donde antes había un jardín.

El 4 de mayo de 1969 un acuerdo de la Gerencia Municipal de Urbanismo actualiza la ordenación de la plaza de Santo Domingo. La zona es declarada de reparcelación “obligatoria”. Pero hasta el 23 de abril de 1976, con García Lomas como Alcalde, la ordenación de la plaza de Santo Domingo está en fase ejecutiva habiendo fallado el Tribunal Supremo el último de los recursos interpuestos. Comienza las demoliciones y la inminente construcción masiva de los edificios de más de diez alturas que contemplamos a día de hoy.

Fuentes:
Hemeroteca ABC
Hemeroteca de la B.N.E.
“Las calle de Madrid” de Pedro de Répide.
  Recuerdos personales de Rosario González Truchado.

El cortometraje: “Oportunidad”.

Pincha encima de este enlace y podrás ver mi cortometraje:

http://www.youtube.com/watch?v=oYoKKG_mgO4&feature=share

Si lo deseas, también puedes ver el cortometraje a través de este otro enlace:

Título: Oportunidad.
Duración: 2 minutos 37 segundos (2:37 minutos).
Ficha artística:
Alberto J. Herrera.
Sandra Bolado.
Ficha técnica:
Guión y Dirección: Antonio Fernández Munárriz.
Cámara: Alberto J. Herrera y Jesús Cembrero.
Montaje: Alberto J. Herrera y Antonio Fernández Munárriz.
Sinopsis:
Una pareja se enamora. Recitan al unísono un poema que el espectador no puede escuchar. El cortometraje es mudo y solo se escuchan algunos ruidos.
Este es el poema:
 “El viento retuerce y nos hace mudos
que no vemos por tener cerrados los ojos.
Nunca me pregunto nada.”
El deseo es omnipotente en cuanto que nada lo detiene. El encuentro genera una construcción, con palabras, sencilla pero imaginativa. Una historia de amor sin estridencias: Pausadamente.
Aparecen frases durante el cortometraje:
“El amor nos parece un sentimiento poderoso
capaz de transformar la vida.
¿Qué esperanza ponemos en el amor?.”
“Con dureza objetiva
Preparamos los caminos.
Es hora de enjuiciar al amor.”
“Volcado hacia el futuro
un apunte impresionista:
Una evolución en el sentimiento.”
Forman parte de la narración hacia un punto de pasión e idealismo. Más allá de las injerencias de los sonidos: Ruidos.
La pregunta: “¿Qué esperanza ponemos en el amor?”, pertenece a las encuestas del movimiento surrealista de principios del siglo XX.
Se trata de romper con la estética clásica del enamoramiento en un clima surrealista. Una gramática de los sueños desde un punto de vista caprichoso cultivando la provocación de una manera agresiva.
El cortometraje es una distorsión a vueltas con la realidad.
Por: Antonio Fernández Munárriz.


Reyes, libros y la polvorienta espera

A diferencia de otros años, los Reyes Magos me han traído esta vez pocos libros: los ensayos de T. S. Eliot recopilados por A. Jaume en La aventura sin fin (Lumen), y los cuentos de Italo Calvino recogidos en Por último, el cuervo (Siruela). Bien es verdad que a mi mujer le han dejado otro par que también será para disfrute mío: La rama dorada (Fondo de Cultura Económica), de James G. Frazer, y Ragtime (Miscelánea), de E. L. Doctorow. En los últimos meses había ingresado en nuestra biblioteca un buen número de títulos, regalos de escritores y envío de editores los más, y acaso esa sea la razón de esta discreta dádiva de ahora. Los libros, como todo lo que se acumula y exige su parcela de atención, ocasionan un tipo de estrés de baja intensidad, suave pero constante, amable pero también insistente. Cuando lloran, los niños borran el mundo para erigirse ellos en el único planeta, con una suerte de geocentrismo que los padres asumimos entre la resignación y el espanto. Cuando los libros se quejan del abandono, de que llevan demasiado tiempo esperando turno, cuesta oír el lamento, a menos que este se produzca en el silencio acompasado de la noche y traspase las fronteras del sueño. Sin embargo, no pocas veces la espera merece la pena (la del libro y la del lector), pues, como el vino añejo, los libros cubiertos de polvo saben mejor.

UN CAFÉ, DIEZ CRÍMENES Y UNA PARRA EN LA ANTIGUA CALLE DE LAS BEATAS.

Ni el poeta cordobés Antonio Fernández Grilo (1845-1906) ni las Beatas de Santa Catalina de Sena del siglo XVI, tuvieron la culpa de los diez crímenes que sucedieron en esta pequeña calle de Madrid entre los años 1932 y 1964.

La calle de Antonio Grilo (llamada así desde el 15 de marzo de 1899) comienza en la de San Bernardo y termina en la plaza de los Mostenses, aunque en el plano de Pedro Texeira (1656) era algo más extensa. Antes de su cambio de nombre y hasta 1899, esta calle se llamó de las Beatas.

Foto: M.R. Giménez
                                      Aún puede verse una de las placas con el antiguo nombre de esta calle. 

El nombre de Beatas le vino a esta vía por el beaterio de Santa Catalina de Sena que allí existió en el siglo XVI y cuyo edificio fue posteriormente ocupado por el convento de los Premostratenses de San Norberto (Mostenses), desde 1611. Muchos fueron los cambios acometidos en este inmueble desde su inauguración, apareciendo ya en obras en el plano de Texeira, siendo el más significativo el realizado por Ventura Rodríguez (1717-1785) quien construyó en 1754 la iglesia dedicada a San Norberto, que posteriormente sucumbió a la piqueta de José Bonaparte junto a todo el recinto del monasterio, en el año 1811.

Foto: Skyscrapercity

                                                    Iglesia de San Norberto de Ventura Rodríguez.

Como hecho curioso e indicativo de la desidia administrativa hay que citar que en el año 1887 Pedro Carvajal de Castro, ferrolano, vecino de Madrid y rico hacendado muere dejando en su testamento, entre otras posesiones, un solar de 131 m. sito en la calle de las Beatas, número 13, esquina con la plaza de los Mostenses, número 8. Dicho legado queda para su mujer o para sus tíos, en caso de fallecimiento de aquella, al no tener descendencia de su matrimonio y a la muerte de todos estos herederos se registra que sus bienes quedarán para la beneficencia municipal (Asilo de San Bernardino, ya desaparecido y casas de socorro de Madrid). Pero hasta el 6 de mayo del año 2000, el Ayuntamiento de Madrid no aprobó aceptar le herencia de Pedro Carvajal y al regularizar la posesión del terreno en el Registro de la Propiedad para incorporarlo al inventario del patrimonio municipal, se comprobó que hasta la fecha no se había producido la aceptación oficial de este legado. Dadas las circunstancias, tras 113 años desde la muerte del donante hasta la aceptación de su herencia por el Ayuntamiento de Madrid, el solar de la calle de las Beatas se encuentra ocupado,¡cosas de la vida!, por un edificio de oficinas (69 m.) construido en los pasados años 60 y por la vía pública, respectivamente.
Todas las muertes violentas que se produjeron en esta calle tuvieron lugar en la acera de los nùmeros impares, que cuenta con tan sólo once portales. La primera de ellas, por orden de antigüedad, acaeció en el  en el ya conocido café de San Bernardo.

El café de San Bernardo fue durante mucho tiempo punto de reunión de los estudiantes de la cercana Universidad. En 1930 fue escogido para homenajear a los señores Llabré, Subrá y Tena, afamados autores de la zarzuela “¿Qué tiene la jota, madre?” estrenada en Madrid el 6 de agosto de ese mismo año, con gran éxito. Así mismo, la peña de autores noveles “Seis autores en busca de un personaje” hizo de este café su sede. Pero en octubre de 1932 un brutal suceso se produjo en la cocina del local y con el título de “Sangrienta riña de dos pinches” se relató en la prensa de la manera siguiente: “A la hora de comer y sentados a la mesa con el cocinero y otros dependientes del establecimiento, los dos pinches empezaron a lanzarse unas frases aparentemente en broma. De pronto uno tomó una botella de vino y golpeó al otro en la cabeza. Ese, sin mediar palabra, tomó un cuchillo de cocina que es una herramienta monstruosa por su tamaño y la clavó en el vientre de su compañero produciéndole una tremenda herida, tan tremenda que le atravesó el cuerpo. Llevaron a los heridos a la Casa de Socorro, en donde a éste último le fueron aplicadas unas inyecciones para sostener el funcionamiento del corazón, pero falleció a los 10 minutos. Su lesión estaba situada en el vientre y medía unos 15 centímetros, con salida del paquete intestinal y extensa hemorragia”. Por si ésto fuera poco, el redactor de la noticia precisa que “Además advirtieron otra herida en forma de sedal en el hombro derecho. Esta lesión última era de pronóstico reservado”. 

Foto: M.R. Giménez
                                               Calle de Antonio Grilo, lo que fue el Café de San Bernardo.

 El número 3 de la calle Antonio Grilo tiene especial relevancia por los luctuosos hechos que allí acaecieron entre los años 1945 y 1964.

En noviembre del año 1945 y en el primer piso de este edificio unos ladrones dieron muerte a un hombre, de oficio camisero, con objeto de robarle. El cuerpo fue hallado unos días después en estado de descomposición, con un fuerte golpe en la cabeza y sujetando en la mano un mechón del pelo de su agresor. Nunca se averiguó quién fue el asesino.

En el mes de mayo de 1962 un sastre, en el tercer piso, mata a sus cinco hijos y a su mujer. Antes de pegarse un tiro exhibió los cadáveres de tres de sus víctimas en el balcón de la casa, ante un aterrorizado vecindario.

El último de los hechos macabros tuvo lugar en 1964, cuando fue hallado el cadáver de un recién nacido en el cajón de un mueble en el tercer piso de la casa. Su madre, una joven soltera de 20 años, lo había estrangulado con sus manos ocultando el cuerpo durante varios días.

En otro orden de cosas hay que contar que frente al portal número 3 de la calle de Antonio Grilo, había una parra. 

Foro: Claudio Álvarez (2004) 
                                                           La Casa de la Parra, que ahora es un solar.

La casa era tan antigua como cualquiera de las que aún conserva la calle de Antonio Grilo. A penas dos pisos de altura, de larga fachada y con un gran portal para entrada de carruajes, el número 8 de esta calle era conocido en el barrio como la Casa de la Parra porque su fachada estaba recorrida por esa enorme planta que salía desde el interior. Los vecinos la conocían desde siempre, no pudiendo precisar su edad. Pero un día del año 2005, cuando ya el edificio estaba vacío de inquilinos, tuvo lugar la demolición que se llevó por delante casa y parra, dejando un solar sombrío y triste, hasta la fecha.        


Fuentes:

Hemeroteca ABC.
“Las calle de Madrid”, Pedro de Répide.
Hemeroteca B.N.E.

"Presencias" en Columna de humo, de J. M. Benítez Ariza

José Manuel Benítez Ariza comenta hoy en Columna de humo mi relato "Presencias", que forma parte del libro Zona de incertidumbre.

Fanny y Alexander.


Es de 1981/1982. Una producción de Suecia, Francia y Alemania. Ganó cuatro Oscar.
Por Antonio Fernández Munárriz.
Una película en dos versiones: Una muy extensa y por capítulos para la televisión y otra más corta para el cine, de 188 minutos.
El guión y la dirección son de Ingmar Bergman.
Ambientada en la ciudad sueca de Uppsala, la misma donde nació su director.
Es una película que pone frente a la realidad lo místico. Un retrato de una sociedad burguesa en una pequeña localidad de Suecia a principios del siglo XX.
Un teatro, los actores, un judío comerciante de antigüedades y títeres, un obispo luterano estricto, disparatados acontecimientos y revelaciones que unen el más allá con el mundo real.
Una historia por momentos sensual que es un homenaje a la vida del director. Con tintes autobiográficos resalta la personalidad del obispo, que representa al padre de Bergman. La vida disipada y alegre de los acomodados burgueses representan a su madre.
Escenas perfectamente adheridas a la realidad que se combinan con el simbolismo y las apariciones de fantasmas. Incluida la especial comunicación mental entre los dos personajes con ambigüedad sexual de la película. Una unión mental que es capaz de matar.
La justicia y misericordia de una sociedad que se debate entre la modernidad y su tradición luterana. Un cristianismo excluyente, castrador e intolerante.
Caratula del DVD.
Los protagonistas son dos niños de horizontes abiertos. Frente al gélido hogar de su padrastro se abre la luz y el calor del sol de la familia de su madre.
El 29 de Diciembre del 2011 se visionó la película en la Filmoteca de Cantabria. Contó con la presencia del profesor y crítico de arte Alberto Ruiz de Samaniego. Con su presentación y posterior coloquio recorrió el camino de la vida a través de esta película. El horizonte de lo sensible que envuelve la trama de la cinta.




"El códice purpúreo" de Herminia Luque

Pese a las reservas sobre la novela histórica que expresé en mi anterior entrada, acabo de leer y anotar El códice purpúreo (Paréntesis, 2011), la segunda novela de Herminia Luque (la primera, también en Paréntesis, fue Bitácora de Poseidón) He de admitir que en un primer momento el título me puso en guardia, pues la estampa del término "códice" (o su equivalente, "manuscrito") en la cubierta induce a pensar que se trata de la enésima novela en cuyo meollo tiene parte esencial una revelación escrita (tablillas, papiros, códices, palimpsestos, impresos, inscripciones sepulcrales, mapas...), un misterio oculto las más de las veces en sórdidos espacios subterráneos en torno a cuyo desciframiento gravitan todos los elementos de la ficción. Pero no. El lector descubre, bien andado el trecho de la lectura, que el códice purpúreo es una metáfora de otra cosa, como se verá.
.....Estamos a finales del siglo IV en la Bética (exactamente en los años 379-380), apenas a tres lustros de la ruptura en dos del Imperio Romano. Una adolescente llamada Ávita ha fallecido de inanición como consecuencia de una abstinencia severa de alimentos basada sobre todo en el ascetismo pesimista de la secta de los maniqueos. Sobre esta suerte de anorexia fatal, Luque crea una trama de correspondencia epistolar (once epístolas en total, más dos epitafios, uno al inicio y otro al final del libro) entre los personajes que sobreviven a la joven, comenzando por su madre Honoria. Aunque no todas las epístolas son consolatorias, en la mayor parte late la pérdida temprana de Ávita. Parejo al dolor de la madre y la nodriza corren intereses varios que hurgan en la herida, desde los manejos del obispo Gregorio por convertirla en mártir cristiana a las intrigas libidinosas de Teodora-Flavia y Licinio. Las epístolas van ampliando datos tan sólo esbozados antes y arrojando nuevas luces sobre las circunstancias que llevaron a la joven a su aniquilamiento, de manera que ante el lector se van alzando los perfiles de los personajes (apenas una veintena, sumando a los corresponsales otros personajes tan sólo citados) y el verdadero propósito y parte que tienen en la muerte.
.....Al optar por una historia con trasfondo cristiano, Luque se enfrentaba a una época compleja, a la par que apasionante. Desde que Constantino promulgara el Edicto de Milán (313), los sucesivos emperadores han contribuido a la expansión del cristianismo, rematada por Teodosio, que lo convierte en la religión oficial del Imperio (Edicto de Tesalónica, año 380). Pero en su asentamiento como Iglesia oficial, ésta ha de combatir en varios frentes: contra los resabios del paganismo
(Juliano el Apóstata es el último intento serio por recuperarlo), el inconformismo de los judíos, que no aceptaban las normas cristianas, y los movimientos heréticos en su propio seno, como los gnósticos, los maniqueos y los arrianos. Uno de los peligros emanados del paganismo y alimentado por las herejías era el de los demonios, contra los que la Iglesia esgrimía -entre otros medios- la protección que le brindaban las reliquias y los despojos de las santas y los santos. Pues bien, de todo esto hay en El códice purpúreo
..... Luque presenta la porción de ese
mundo que todavía se debate fuertemente entre el paganismo y el cristianismo recurriendo a la separación de personajes cristianos (Ávita, Honoria, Gregorio, Jerónimo...) y paganos (Vibia, Marcelo...), así como a referencias a escritores y divinidades paganos (Homero, Aristóteles, Platón, Virgilio, Juno, Júpiter, Láquesis, Fama, Aurora...) y a personajes y conceptos bíblicos y cristianos (Adán, Eva, Jesucristo, Gólgota, Pablo, crismón, concilios...), entreverados con alusiones a citas de las Sagradas Escrituras. Igualmente hallamos en las epístolas la huella de los gnósticos y los maniqueos todavía en el siglo IV, así como la doctrina más reciente de Arrio. También está presente el asunto de las reliquias, en la persona difusa de esa santa Tecla que quedó cautiva de las prédicas de Pablo, según un apócrifo del siglo II. Y hay antijudaísmo en la escritura del obispo Gregorio de Elvira. A ello hay que añadir un asunto nada baladí, y que afecta de lleno a Ávita: la exaltación de la virginidad y la castidad que hacen, por motivos diferentes, Gregorio y la esclava Vibia. Ello casa bien con la defensa que hallamos en escritores cristianos de entonces, como Paulino de Nola y Draconcio. Dicha renuncia al placer de la carne suele acompañarse en estas apologías de la castidad con encendidas soflamas contra el ornato y los afeites que usan las mujeres. Así lo encontramos en las cartas de Gregorio y así, de nuevo, puede verse en Paulino de Nola.
..... Para ambientar la historia y que no quedarse tan sólo en reflexiones filosóficas y espirituales, Luque recurre con frecuencia a aspectos varios de la vida cotidiana, como los alimentos, el cuidado del ganado, la reforma de la vivienda de Licinio o el uso constante de los útiles de escritura.
..... Me gusta la lectura "subterránea" de algunos pasajes, donde la autora emplea el arte de la alusión para complacer a lectores aventajados en estas cuestiones. Por ejemplo, cuando en la primera carta Flavia, al hablar de su secretario, escribe: "Siente, dice él, con mucho dolor, que más que cristiano es ciceroniano" (p. 39), está aludiendo al célebre sueño de san Jerónimo, origen de infinidad de visiones y sueños semejantes a lo largo de toda la Edad Media. Otra muestra se halla en la epístola de Gregorio a Honoria, cuando, al referirse a Ávita, dice que "ella escogió, en su infancia aún, el prado florido de la virginidad". La relación entre la virginidad y las flores, en especial la recolección de flores (la anthologia), forma parte de la tradición literaria e iconográfica, como muestra que Perséfone y Europa, entre otras, fueran secuestradas por varones con una finalidad sexual cuando se hallaban recolectando florecillas. Cabe añadir a ello,
como muestra admirable del manejo que Herminia Luque logra del lenguaje, el uso frecuente de proverbios solapados, símiles (muchos de ellos con plantas y frutos) y metáforas. La más llamativa de todas, sin duda, la que da título al libro: el códice purpúreo como trasunto de la vulva femenina. A partir de esta clave, revelada en la última carta, todo el relato adquiere una luz intensa y se clarifica.
..... Sirva todo lo dicho como evidencia de que he leído con sumo interés la novela y la creo digna de circular en letras de molde; aplaudo además que Herminia Luque se haya atrevido no sólo con una época, como dije, tan compleja, sino también que lo haya hecho con una historia sin estridencias, reducida a un ámbito familiar y estrecho de los personajes, alejándose de los fuegos de artificio tan frecuentes en la novela histórica. Sin embargo, he de poner algunos leves reparos a este libro, como debe ser en toda crítica literaria seria. Veamos.
..... Aprovechando que la historia circula en cartas y que algunos de los corresponsales pertenecen a la clase acomodada y pueden permitirse escribientes, la autora recurre con frecuencia a referencias a los útiles de escritura. Para mi gusto, abusa de esto, en especial del término "cálamo". Lo mismo ocurre con algunas expresiones de cuño clásico, como la referencia geográfica "Columnas de Hércules", que encuentro varias veces. Noto variación en el estilo epistolar de los personajes, lo cual es imprescindible. Sin embargo, Licinio alterna el retoricismo (carta III, sobre todo al principio) con un lenguaje a veces demasiado llano (carta VII). Por otra parte, me resulta extraño el voseo reverencial que emplean los esclavos Marcelo y Vibia para dirigirse a su dueña. Si se trataba de marcar distancias, hubiera bastado "usted". Y no hubiera estado de más la datación de las epístolas.
..... Acaso motivada por su formación de historiadora, Luque ha incluido un apéndice al final sobre las fuentes documentales utilizadas. Esto es innecesario en una novela. Con todo, he de decir que me ha aclarado un par de cosas: que Licinio se inspira en el poeta Ausonio, algo que sospechaba desde que se refirió en su primera carta al centón nupcial, y que Jerónimo se inspira en el santo homónimo. Aquí creo, no obstante, que hubiese sido mejor cambiar el nombre del personaje. Y, finalmente, echo en falta algo más (hay, pero poco) del marco político, como los esfuerzos del mantenimiento del poder imperial frente al acoso de los pueblos bárbaros (visigodos, alamanes, hunos...) que acabarían, pasada una centuria, con el Imperio de Occidente. Pero entiendo que los intereses de Herminia Luque iban por otros derroteros, y esto es una preferencia mía y no un demérito suyo.
..... En suma, se trata de un libro recomendable, de una novela histórica
global en su alcance, pero cuya médula espinal discurre por un episodio particular de la vida cotidiana: la muerte prematura de una joven y el esclarecimiento, hasta donde el alma humana se deja, de esa muerte. Mi enhorabuena, pues, a Herminia Luque.