EL PERRO PACO.

Entre los muchos personajes populares que deambulaban por los cafés y las calles de Madrid durante el último cuarto del siglo XIX, estuvo el perro Paco. La prensa de los años ochenta de la antepasada centuria comentaba casi diariamente sus hazañas y aún hoy es posible encontrar alguna referencia a este mítico perro independiente, simpático, callejero y astuto que se ganó el cariño de todos los habitantes del Madrid de aquella época. 

Fuente: ABC.

Dada la popularidad que alcanzó este animal, las numerosas noticias encontradas sobre su origen e historia son contradictorias en muchas ocasiones. Así aparece escrito que su dueño era Francisco Lozano, quien le puso el nombre de Paco y que trabajaba como mayoral de las diligencias entre los municipios de Colmenar Viejo y Chinchón (Madrid), empresa propiedad del torero Salvador Sánchez Povedano “Frascuelo”. En otras ocasiones se hablaba de que Paco era un perro callejero y de origen desconocido, siendo bautizado por Gonzalo de Saavedra Cueto (alcalde de Madrid en el año 1884), durante una cena en el café de Fornos

Lo cierto es que Paco pasó del anonimato a la celebridad debido a su casi inteligencia, llegando a figurar en la obra “Cuentos Morales” de Leopoldo García-Alas Ureña “Clarín” y en “Pedro Sánchez” de José María de Pereda y Sánchez Porrúa. También fue protagonista de numerosas aleluyas (Dibujo que forma parte de una serie de ellos contenidos en un pliego de papel con la que se explica un asunto, generalmente con versos pareados al pie), se compuso para él una polka canesca con texto, llamada “El perro Paco” de autores desconocidos y se dice que fue el rey Alfonso XII quien, anónimamente, escribió su biografía en la obra de 320 páginas “Memorias autobiográficas de don Paco”. 

Fuente: B.N.E.
Portada de la polka canesca "El perro Paco" compuesta por los distinguidos canes Turco y Palomo, que se vendía en el almacén de música de Pablo Martín en calle del Correo, nº 4 de Madrid.

El origen de esta historia se remonta al año 1879 cuando un perro sin raza, callejero, pequeño, con la cola mutilada y de pelo negro entró por la puerta del famosísimo café de Fornos en busca de un terrón de azúcar. Pasó entre las mesas y los comensales fueron obsequiándole con pedazos de carne y otros condumios, que él comió con entusiasmo. Como agradecimiento empezó a dar volteretas, lo que hizo tanta gracia a la concurrencia que desde aquella noche tuvo la cena pagada en este café por Gonzalo Saavedra. 

Fuente: Urbancidades.wordpress.com
El café de Fornos en el año 1908.
 
Altos espejos, columnas, anchos divanes granates conformaban el decorado del café de Fornos que estaba situado en la esquina de la calle de Alcalá con la de Peligros y era el más famoso de Madrid en la época. Pinturas de Emilio Sala Francés y de Antonio Gomar Gomar, adornaban este lujoso café inaugurado en la década de los años setenta del siglo XIX y del que hoy sólo queda una placa indicativa. 

Foto: M.R. Giménez (2008).
Placa indicativa del lugar en donde estuvo el famoso café de Fornos, en la calle de Alcalá esquina con la de  Peligros.

El perro Paco dormía en las cocheras del tranvía de la calle de Fuencarral y nunca accedió a ser acogido por dueño alguno. El animal en cautividad dejaba de comer y beber hasta que exhausto, era puesto en libertad. 

Sus paseos por la Puerta del Sol, calle de Sevilla, Carrera de San Jerónimo y El Retiro eran saludados por todos e incluso era mostrado a los provincianos que llegaban a Madrid como una curiosidad más de la ciudad. Sin duda el perro Paco era la figura más interesante de esta corte, el héroe favorito de los madrileños

Al perro Paco le gustaba ir a las carreras de caballos en el hipódromo de la Castellana, no se perdía las paradas militares ni las procesiones, pero donde verdaderamente se divertía era en los toros. 

La antigua plaza de Felipe II era su lugar predilecto, donde llegó a tener un lugar reservado en el tendido número 9. Paco iba y venía por cada rincón del coso sin que nadie entorpeciera su camino. 

Fuente: Urbanity.es
Plaza de toros de Felipe II (hoy Palacio de los deportes), sobre el año 1890.

Los periódicos de los años ochenta del siglo XIX dieron completa información sobre todos los detalles relativos a las corridas de toros que tenían lugar en Madrid. Allí se podían leer las faenas de toreros como Fernando Gómez García “El Gallo”, Manuel Hermosilla Llanera “Hermosilla”, Rafael Molina Sánchez “Lagartijo” o “Frascuelo”, los pormenores de cada toro y las gestas del perro Paco que solía saltar al ruedo, tanto para enfrentarse con el astado mordiendo su hocico como para intervenir en el paseíllo del diestro. Los achuchones, revolcones y cogidas de relativa importancia que sufría el tuso estaban bien detallados en estas crónicas, así como sus partes médicos. 

Parece que la salud mental del perro Paco fue deteriorándose con el tiempo. Los golpes y testarazos recibidos de los morlacos llegaron a convertir a este perro callejero, aunque bien alimentado, en un peligroso mordedor. En el mes de mayo de 1882 Paco agredió a un transeúnte y a una niña en la calle de Sevilla, por lo que fueron muchos los comentarios en prensa pidiendo al ayuntamiento ¡Qué le den la morcilla! (matar con morcilla envenenada) porque el perro Paco se ha hecho insoportable

El día 21 de junio de 1882 el gremio de vinateros celebró una becerrada en la plaza de toros de Madrid. El novillero José Rodríguez “Pepe el de Galápagos” (que posteriormente sería elegido concejal del ayuntamiento) remataba ya su faena cuando el perro Paco saltó al ruedo para realizar la suya. El becerro se lanzó a por el animal con tan mala suerte que tropezó contra el novillero e hizo que éste diera con sus huesos en el suelo. Al levantarse iracundo fue directamente a por el perro que le entorpecía, asestándole una estocada entre las costillas ante el estupor del público. 

El cabo de areneros (encargado de mantener en condiciones convenientes, durante la lidia, la superficie de arena del redondel.de la plaza) recogió al animal herido y trató de reanimarle, aunque nada se pudo hacer por su vida. 

Nadie quiso olvidar al perro Paco. Su cadáver fue llevado al famoso disecador Ángel Severini, que tenía su negocio instalado en la Carrera de San Jerónimo, número 21, en el año 1882. 

Fuente: B.N.E.
Noticia en prensa del fallecimiento y disecación del perro Paco.

La conmoción que sufrió la ciudad de Madrid por la triste pérdida del perro Paco hizo que todos se agolparan ante el escaparate de la tienda de Severini, para despedirse del animal. Posteriormente fue expuesto en una taberna de la calle de Alcalá y más tarde fue Rafael Sanjaume, dueño de la herboristería de la calle del Desengaño, número 22 (hoy Droguería Manuel Riesgo), quien se hizo cargo de la figura disecada del malogrado perro Paco. 





Fuentes:
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC.
Bib.cervantesvirtual.com
Urbancidades.wordpress.com
“Madrid en la vida de…” José Montero Alonso.