EL CAFÉ DE LEVANTE.


Desde que las botillerías de Madrid cambiaron su denominación por la de cafés, dando a estos negocios un nuevo aire que permitía la charla sosegada y la degustación de bebidas o viandas, el comercio hostelero de esta ciudad proliferó de forma asombrosa. 

Se abrieron cafés elegantes, cafés de barrio, cafés de conciertos y billares, cafés de cante flamenco, cafés con peor o mejor fama de sus parroquias, en suma, cafés para todos; pero una de las peculiaridades que más entorpecen, a la hora de indagar sobre sus historias, era la repetición casi obstinada de sus “marcas”. Parece que en los siglos XVIII y XIX nada impedía que un negocio semejante a otro llevara el mismo nombre; aunque los habitantes de aquel Madrid en miniatura, si se compara con el presente, sabían perfectamente donde se ubicaba el lugar al que deseaban ir. Así, al buscar la historia del café de Levante, nos encontramos con que al mismo tiempo hubo varios con esa denominación. De ellos nos quedaremos con dos: El situado en la calle del Arenal, número 15 y el de la Puerta del Sol, número 5. Ambos existieron simultáneamente durante casi medio siglo. 

El café de Levante de la calle del Arenal, fue inaugurado durante la década de los años cincuenta del siglo XIX. Altos espejos, relativa anchura, divanes con funda de “crudillo” en el verano (Tela áspera y dura, semejante al lienzo crudo, usada para entretelas y bolsillos) y billares, componían el decorado y los servicios del local. Era un café con música dotado de una plataforma, en el centro de la sala, donde se había instalado un piano de cola. El violinista Abelardo Corvino, regordete, coloradote y de cabello ensortijado, amable y simpático ejecutaba, junto al joven pianista Enguita, piezas de música clásica para un público eminentemente melómano. 

Café de Levante. Dibujo de Ricardo Baroja Nessi. 1905-1906.
Fuente: Museo de Bellas Artes de Córdoba.
 
En un momento dado, tal vez para diferenciar a este café de su homónimo situado en la Puerta del Sol, pasó a llamarse café Nuevo de Levante, pero todos lo conocían por “café Levante de Arenal”. 

Poco a poco el local se fue llenando de nuevos clientes dispuestos no sólo a escuchar música sino también a formar tertulias. Incipientes escritores y pintores, junto a niñas casaderas y comerciantes, formaban el heterogéneo público que asistía a las veladas musicales que, en ocasiones, eran motivo de discusión. 

Entre los años 1908 y 1914 Ramón María del Valle Inclán (1866-1936) tuvo su importante tertulia en el café Nuevo de Levante con la asistencia de José Augusto Martínez “Azorín”, Santiago Rusiñol Prats, Julio Romero de Torres, Pío y Ricardo Baroja Nessi, José Gutiérrez Solana y el joven Rafael de Penagos Zalabardo, entre otros muchos. 

Valle Inclán llegó a decir: El café de Levante ha ejercido más influencia en la literatura y en el arte contemporáneo que dos o tres universidades y que muchas consagradas academias. Y Ricardo Baroja, apostilló: Los académicos, los consagrados, los profesores de centros de enseñanza oficial del arte, nos temían como a la peste. 

A medida que la tertulia de Valle Inclán tomaba nombre y resonancia, muchos eran los que a ella se acercaban para escuchar o intervenir, mientras la música sonaba. Esto dio motivo a cierta confrontación entre melómanos y tertulianos hasta que un día Valle Inclán, que se distinguía entonces por su falta de oído musical, con voz áspera y sonora, gritó: ¡Qué se calle Wagner, que no deja que se me oiga!. Pero en aquella disputa ganó el alemán. 

Foto: M.R. Giménez (2011).
De la deteriorada fachada, a pie de calle, del número 15 de la calle del Arenal sólo se salva la placa en la que figura el año de construcción del edificio (1861) y la rejería con las iniciales R.P.M. que probablemente pertenecían al dueño del inmueble.
 
El café de Levante de la calle de Arenal cerró en el año 1915, anunciando en la prensa del mes de agosto: Se venden todos los enseres del café Nuevo de Levante, billar y licores finos. En su local se instaló un gran almacén de paños. 


El café de Levante de la Puerta del Sol, número 5 abrió sus puertas en la década de los años setenta del siglo XIX, pocos años después de que se completara el ensanche y la reforma de esta plaza semicircular cuyos edificios podemos contemplar en la actualidad. Pablo Gil y Calvo fue el primer propietario de éste que tuvo la marca de Antiguo café de Levante, donde se degustaban como platos estrella la ración de riñones y el bistec de la casa. 

Foto: Urbanity.es
La fotografía está tomada en la década de los años 30 del pasado siglo. El anuncio de los laterales dice "Primera casa de comidas a la carta. Se sirven medias raciones". A la derecha se ve el número 5 del portal de la Puerta del Sol.

El de Levante era un café tranquilo, cómodo, higiénico y de tertulias, donde todos los parroquianos se conocían entre sí. Una noticia en octubre del año 1899 indica que un caballero había olvidado una cartera con billetes de banco sobre una de las mesas del café de Levante de la Puerta del Sol. Cinco horas después volvió a preguntar por ella y tuvo la satisfacción de recuperarla merced a la hombría del camarero Juan López, que la devolvió enseguida, negándose a tomar ninguna gratificación por su honrado proceder. 

Foto: M.R. Giménez (2012)
Lo que fue el café de Levante de la Puerta del Sol, en la actualidad.
 
En el año 1892 el Antiguo café de Levante lleva a cabo importantes obras de restauración que serán objeto de noticia en la prensa. Ruiz y Morales, sus nuevos dueños, encargan al entonces afamado pintor Nicasio Pechuán la decoración interior. El local tendría un salón especial para señoras, con entrada por el portal del edificio y también modificaría sus billares de la planta superior. 

Los más de cien años de vida del Antiguo café de Levante dieron para multitud de tertulias. Toreros, actores y actrices de las varietés, periodistas y literatos principiantes o de reconocida fama, asistieron o formaron parte de las numerosas peñas de este café, mientras “el echador” ( Mozo de café encargado de llevar las cafeteras y echar el café y la leche en las tazas o vasos servidos por el camarero al consumidor) se paseaba entre las mesas: Jacinto Benavente Martínez, Sinesio Delgado García, Carlos Arniches Barreda, Félix Rubén García Sarmiento (Rubén Darío), el político José Martí, Mariano de Cavia Lac, José Francos Rodríguez, el torero Marcial Lalanda del Pino (para quien fue creado el pasodoble “Marcial, eres el más grande” por José María Martín Domingo) y hasta Ramón Gómez de la Serna llegó a frecuentar este café, durante el tiempo que le dejaba libre su Sagrada cripta del Pombo

Fuente: B.N.E.
Ramón Gómez de la Serna retransmite por radio una partida de billar en el salón del piso superior del Antiguo café de Levante. (1929).
 
Durante la Guerra Civil Española el Antiguo café de Levante se mantuvo abierto, pero a su finalización el ambiente de las tertulias había cambiado de forma imperativa, como en todas partes. Otras peñas, a pesar de la prohibición de la libertad de reunión vigente en el momento, obtuvieron el derecho a reunirse en los cafés; así, Ernesto Giménez Caballero fundó en los sótanos del Antiguo café de Levante la “Cripta de Don Quijote o de los libertadores de América” tertulia de americanistas que su fundador quiso convertir en un museo lleno de figuras en bronce de los libertadores americanos. 

El Antiguo café de Levante, que quien ésto escribe tuvo la fortuna de conocer, desapareció en el año 1966, siendo sustituido por una conocida zapatería. En la actualidad el local se ha convertido en una tienda de artículos deportivos. 



Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca del ABC.
Arbor.revistas.csic.es
Prensahistorica.mcu.es
Museo de Bellas Artes de Córdoba.